Blowup

Manager of Chelsea Maurizio Sarri, pictured during a press conference for his unveiling at Stamford Bridge, London
Picture by Romena Fogliati/Focus Images Ltd 07576143919
17/07/2018

El British Film Institute (BFI) se encuentra a los pies del Támesis, en la orilla sur. Está justo debajo del puente de Waterloo, desde donde se divisa Westminster al oeste y la City al este. Merece la pena cruzarlo al atardecer de un día soleado; no se dan muchos, pero por esa misma regla se aprecian más. Cantaban los Kinks: “As long as I gaze on Waterloo sunset, I am in paradise (Tan solo con mirar una puesta de sol en Waterloo ya estoy en el paraíso)”. El paseo a la vera del río, con sus puestos de libros de segunda mano y las vistas de la neoclásica Somerset House en la otra orilla, es ideal para matar tiempo entre película y película.

Al BFI se podría ir día sí y día también a hacer una doble sesión. Es una catedral para cinéfilos. Cada barrio cuenta con sus respectivos cines, muchos de ellos con verdadero encanto; luego está el BFI, integrado en un complejo de edificios de rasgos brutalistas que componen uno de los principales centros culturales de Europa: el BFI es vecino del National Theatre, la Hayward Gallery y tres grandes salas de conciertos y de eventos. No da la impresión de ser el típico cine, ni tampoco pretende serlo. El BFI es una institución que, entre otros proyectos, cuenta con este espacio en el que proyectan películas de gran calidad.

Aunque siempre tienen en cartelera un par de los estrenos más interesantes, el BFI es en esencia un cine de repertorio. Además de la constante programación de películas clásicas o de culto, cada mes organizan varios ciclos de cine que exploran en profundidad una temática o un movimiento determinado, la carrera de un director, las interpretaciones de un actor o una actriz en concreto… El amante del cine podría vivir entre sus cuatro salas. Uno puede dejar el frío atrás, subirse al coche con Anna Karina y Jean-Paul Belmondo y plantarse en la Costa Azul. Uno puede perder el empleo un lunes por la mañana, ir a ver ‘El séptimo sello’ y pensar “bueno, podría ser peor”.

Este mes de febrero, Michelangelo Antonioni fue el protagonista. “Confronting the modern world with style (Afrontando el mundo moderno con estilo)” fue el título escogido para este ciclo de cine durante el que se proyectó casi toda la filmografía del cineasta italiano. Incluso rescataron sus cortometrajes y documentales menos conocidos, y la que fue su mujer hasta el día de su muerte, Enrica Fico, acudió a introducir algunas sesiones, aportando toda clase de anécdotas y curiosidades. Habló de cómo Antonioni sufría durante los rodajes porque “hacer poesía visual es muy duro” y describió su anhelo constante por “fusionar sus ideas con la realidad para crear algo más real que la realidad misma”. Qué pedante puede llegar a sonar todo. Pero luego empiezan a sucederse los planos y uno puede comprender por qué Martin Scorsese escribió estas líneas en el New York Times cuando Antonioni falleció en 2007: “Sus películas planteaban el misterio de quién somos y qué somos, con respecto a los demás, con respecto a nosotros mismos, con respecto al tiempo. Se podría decir que Antonioni se centraba directamente en los misterios del alma. Más que una historia, sus películas eran un poema”.

Antonioni hacía películas sobre la condición humana en un mundo cambiante, y lo hacía de una manera muy particular. Su estilo generó admiración y aversión a partes iguales. Unos le tachaban de genio innovador, de gran maestro; otros de aburrido, de pretencioso. Casi todas sus películas han estado sujetas a los mismos elogios y las mismas críticas. Desde la trilogía espiritual L’Avventura, La Notte y L’Eclisse hasta Zabriskie Point o The Reporter, pasando por Blowup. Esta última, Blowup, fue su primera película de habla inglesa. Trata de un fotógrafo londinense en los días del Swinging London, aquella revolución sociocultural que vivió la capital británica durante los 60, reflejada principalmente en la moda, los peinados, la música, la libertad sexual, las drogas blandas y las no tan blandas.

Fotograma de "L'Avventura", de dominio público.
Fotograma de “L’Avventura”, de dominio público.

El pasado verano, 62 años después de que Antonioni rodara Blowup en Londres, otro maestro italiano se embarcó en su primer proyecto de habla inglesa. Maurizio Sarri llegó a Chelsea, precisamente el barrio en el que vivía el fotógrafo protagonista de Blowup (aunque si nos ponemos quisquillosos, Stamford Bridge está pegado a Chelsea pero técnicamente pertenece al barrio de Fulham).

Tanto Antonioni como Sarri estudiaron económicas. Después ambos acabarían destacando en campos bastante distintos al mundo de las finanzas. Igual que Antonioni, Sarri llegó a Londres tras haberse hecho un nombre en Italia, con un estilo ya definido. Tanto el cineasta como el técnico cuentan con un término reconocido en la enciclopedia italiana Treccani: existen las entradas antonionismo y sarrismo. Ni Antonioni ni Sarri se criaron en el sur de Italia, pero ambos confeccionaron ahí dos obras que elevaron sus respectivas carreras: Antonioni rodó L’Avventura en Sicilia y Sarri forjó el sarrismo en Nápoles. El fútbol con el que Sarri ganó popularidad en el Calcio destacaba por su tempo y su carácter ofensivo. Con un juego vistoso, su equipo trató de mantenerle el pulso a la Juventus. Aunque no consiguió arrebatarle el Scudetto, sí que logró ganarse admiradores en todo el panorama futbolístico europeo. Por eso el Chelsea le contrató como reemplazo de Antonio Conte. Pero la transición no está siendo sencilla para ninguna de las partes.

Artículo relacionado: “Descubriendo a Maurizio Sarri”, por Toni Padilla

El proyecto que Antonioni rodó en Londres se tituló Blowup, que se traduce como ‘ampliación’, en referencia al proceso fotográfico que seguía el protagonista de su filme. Si al proyecto de Sarri se le tuviese que haber puesto título hace una semana, Blowup también hubiese servido, aunque en este caso haría referencia al otro significado de la palabra: encontronazo. El pasado lunes el Chelsea recibió al Manchester United en los octavos de final de la FA Cup. Al descanso el United ganaba 0-2, y con ese resultado terminó el encuentro. Siguiendo la misma melodía con la que hace no tanto coreaban el nombre de Antonio Conte, los aficionados del Chelsea cantaron en contra de su sucesor. “Fuck Sarriball (que le den al estilo de Sarri)”, se escuchó primero, y después le dedicaron el clásico “you’re getting sacked in the morning (mañana te despedirán)”. La fricción entre la grada y Sarri había alcanzado su punto más álgido hasta la fecha. “Me preocupan los resultados, no lo que canten los aficionados”, dijo el técnico tras el partido.

Cuando Sarri llegó al Chelsea, avisó de que implementar su estilo llevaría tiempo. Pocos apuntaban a su equipo como candidato para el título, sobretodo teniendo en cuenta que el Manchester City, el Liverpool y el Tottenham tenían proyectos mucho más rodados y que el Chelsea no había hecho una gran inversión. Pero empezaron el curso con buenos resultados y los aficionados blues empezaron a hacerse ilusiones. Aunque las sensaciones todavía no eran óptimas, no dejaban de sumar. Hasta que poco a poco fueron recibiendo algunas dosis de realidad en forma de derrotas. A medida que se alejaban de la cabeza de la tabla, los aficionados del Chelsea se tuvieron que resignar y asumieron que su equipo ahora pelea por terminar en puestos Champions. 

Manager of Chelsea Maurizio Sarri, pictured during a press conference for his unveiling at Stamford Bridge, London Picture by Romena Fogliati/Focus Images Ltd 07576143919 17/07/2018
Los buenos resultados al inicio de la temporada dispararon la ilusión entre la hinchada del Chelsea. Foto: Focus Images Ltd.

Pero hubo dos derrotas seguidas fuera de casa que pasaron factura. Primero perdieron por 4-0 en Bournemouth. Un resultado humillante que parecía destinado a ser algo anecdótico cuando el Chelsea venció por 5-0 al Huddersfield en su siguiente partido. No fue así. Una jornada más tarde visitaron al Manchester City y sufrieron un histórico 6-0. Ese amplio marcador puso a Sarri en la cuerda floja, o por lo menos eso transmitieron los medios, y después la derrota ante el United en FA Cup, con aquellos cánticos, no hizo sino corroborar el descontento de la afición. La final de la Copa de la Liga ante el City era una oportunidad para redimirse, pero aunque tuvieron una gran actuación, el título se lo llevaron los de Guardiola y la noticia del día fue el incidente con Kepa. En esta jornada intersemanal se reencontraron con el triunfo venciendo al Tottenham por 2-0. Sarri optó por planteamientos de tendencia más pragmática que le han permitido evitar que la directiva del Chelsea le enseñara dónde está la puerta.

El denominador común de todas las quejas de la afición del Chelsea acerca de Sarri es su poca flexibilidad. Le reprochan que no introduzca variaciones, que cada partido sea lo mismo y que pase lo que pase recurra siempre a los mismos futbolistas y al mismo esquema. En estos últimos dos partidos ante el City y el Tottenham ha modificado su planteamiento habitual, pero sí que es cierto que venía repitiendo la misma dinámica jornada tras jornada. Su equipo, que venía de jugar bajo las órdenes de Mourinho y de Conte, no plasmaba la idea de juego de Sarri. Y el propio Sarri no se adaptaba al equipo. Los rivales pronto lo cogieron el truco al Chelsea: ponían un hombre encima de Jorginho, el regista que Sarri se trajo de Nápoles, y la circulación de los blues sufría horrores. El Chelsea acababa practicando un fútbol espeso y predecible, lejos de lo que se conoce como sarrismo.

James Maddison of Leicester City pushes Jorginho of Chelsea during the Premier League match at Stamford Bridge, London Picture by Romena Fogliati/Focus Images Ltd 07576143919 22/12/2018
Las vigilancias individuales a Jorginho han entorpecido el juego del Chelsea. Foto: Focus Images Ltd.

Para Antonioni el paso de las películas de habla italiana a las de habla inglesa fue importante. Pero un desafío de la misma magnitud, o quizás más imponente, fue el proceso de adaptación a las películas a color. Il deserto rosso, estrenada en el 64, después de L’Eclisse y antes que Blowup, fue su primera película a color. “He intentado explotar todos los recursos narrativos que ofrece el color de manera que contribuyan al clima de cada secuencia”, explicó cuando salió la película. El gran paso para Sarri probablemente había sido el salto del Empoli al Nápoles, pero lo lógico sería imaginar que esa transición ha sido superada por este proceso de adaptación a la Premier League. No está siendo un primer año redondo. Un caso comparable, salvando los evidentes matices, es el de Pep Guardiola, que tuvo una primera temporada por debajo de las expectativas en el City. A diferencia de Guardiola, sin embargo, Sarri no podrá contar con nuevos futbolistas en el mercado de fichajes de seguir en el cargo, ya que el Chelsea ha sido sancionado.

A pesar de todas las dificultades, quizás el tiempo permita que el Chelsea de Sarri prospere. Eso sí, mucho tendrá que mejorar la situación para que se gane a la afición. Pero nunca se puede tener a todo el mundo de tu parte. También le pasaba a Antonioni. Blowup ha trascendido como una obra de culto de los años 60, pero en su día recibió críticas tan duras como la siguiente: “Es una película de habla inglesa, pero se podría traducir a cualquier idioma del mundo con el sonido de un largo bostezo”. Los paralelismos entre el fútbol vistoso y el cine mueren porque un arte está sujeto a los resultados, que son datos irrefutables, mientras que el otro depende de la crítica, algo subjetivo. Será interesante ver si Sarri tendrá la continuidad necesaria para implementar su idea con éxito o si, en su afán por ser más competitivo en el fútbol inglés, se distanciará cada vez más de su estilo. “En Blowup utilicé mi instinto”, aseguró Antonioni en una entrevista.

Foto de portada: Romena Fogliati/Focus Images Ltd

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4 comments

En ajedrez dicen que es mejor tener un mal plan que no tener ninguno.
El Chelsea no lo tiene, ni lo ha tenido en la era Abramovich más allá de ser el primero en hacer grandes inversiones fuera de la capacidad intrínseca del propio Club y acertar con la contratación de un Mouriño estelar.
Thank you again Sir Mosquera.

el caso de Chelsea esta temporada es muy curioso ya que en algunos partidos juegan con una apatia que parece que le están tendiendo la cama a Sarri y en otros como da la impresion que de verdad están comprometidos con el “proyecto” ,uno ya no sabe que pensar.

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