Cagar o tirarse pedos

Team substitutes during the Bundesliga match at Rhein-Neckar-Arena, Sinsheim
Picture by EXPA Pictures/Focus Images Ltd 07814482222
16/05/2020
*** UK & IRELAND ONLY ***
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Han hecho falta tres jornadas para confirmar una teoría que sospechábamos. A los equipos alemanes les pasa lo mismo que a nosotros durante el confinamiento: no están a gusto en casa. Desde que se retomara la Bundesliga, sólo ha habido tres victorias locales. A la espera de que la muestra sea mayor para valorar si la falta de público influye en el marcador -en segunda división se da el caso opuesto- lo que está claro es que el público forma parte del espectáculo. De repente hay un factor menos, es como si en un partido hubieran borrado las líneas, hubieran quitado los palos o los árbitros no existieran. Falta algo. En Fiebre en las gradas, Nick Hornby elaboró una lista con siete ítems para que se diera un partido perfecto. Uno de ellos era la presencia de un público bullicioso.

En estos meses que dure el fútbol amputado, tiene la oportunidad de emerger un tipo de futbolistas que hasta ahora estaban condenados al fracaso: los jugadores de entrenamiento. Un artículo de El País recogía esta semana unas declaraciones de Franz Beckenbauer: “Ha llegado la hora de los campeones del mundo de los entrenamientos. De pronto, veremos a jugadores que hasta ahora nunca habían existido”. A veces el mismo factor influye de forma muy distinta en los futbolistas por su personalidad. Un estadio vacío puede estimular a unos y frustrar a otros. La presión desaparece. La diferencia la explicó a la perfección Quique Sánchez Flores en una genial entrevista en Jot Down, como todas las que hace Álvaro Corazón Rural. “A veces te pasa que hay gente que se sale entrenando y luego a la hora de la verdad no está […] Una vez ya me pasó con un entrenador de los ochenta, no voy a dar su nombre, que criticó a un compañero que en los entrenamientos se iba de todos, pero en los partidos de nadie: «Mire, usted se tira pedos pero nunca caga»”.

Ha hecho falta la ausencia de gente en las gradas para darnos cuenta de que el fútbol va mucho más allá de las cualidades en el campo. También influyen las lesiones, el azar -siempre está el azar- y la personalidad del futbolista. El éxito y el fracaso viven en un edificio de dos plantas y es muy fácil pasar del uno al otro. En otro artículo de El País, sobre el triunfo ligado a la competitividad, la psicóloga Inma Puig afirmaba que “la persona desobediente llega a donde él quiere; el obediente, a donde quieren los demás”. A veces en el fútbol triunfa el más cabrón. Es como volver a la ESO, cuando el más guay era el que copiaba y fumaba. El que hacía lo que no se debía hacer.

En España lo van a intentar remediar con un ambiente enlatado. Supongo que pasará lo de siempre, al principio nos extrañará y luego nos acostumbraremos, como nos acostumbramos a las risas enlatadas de 7 vidas o Punky Brewster. El ser humano se adapta a todo, especialmente a lo malo. “Las costumbres, Andrée, son formas concretas del ritmo, son la cuota de ritmo que nos ayuda a vivir. No era tan terrible vomitar conejitos una vez que se había entrado en el ciclo invariable, en el método”, escribió Cortázar en Bestiario.

Pese al público de Black Mirror, por primera vez el fútbol puede ser de los apocados, de los que se vienen abajo con los insultos de la grada. Son los más terrenales, los que más se parecen a nosotros en su objetivo: no salir trasquilado. A veces sales de casa y sólo esperas pequeñas victorias: colar un escupitajo por una rendija, entrar en el metro cuando se cierran las puertas y tener el dinero justo en una tienda en la que no se puede pagar con tarjeta.

Foto de Portada: EXPA Pictures/Focus Images Ltd

4 comments

Buena columna, Sergio. Me siento muy identificado porque yo también fui un claro campeón del mundo (o más bien de la provincia) de los entrenamientos de baloncesto. Tremendas sesiones en las que podía llegar a los 30 puntos casi sin fallo, que se traducían en unos discretos 6.5 puntos de media en partido de liga. Así es la vida.

Yo por el contrario, tímido por naturaleza de pequeño, entraba a un campo de fútbol y sentía una especial excitación que me hacía dar lo mejor de mí.
La verdad es que el fútbol sin aficionados parece desprovisto de su esencia. Pero bueno, deberíamos quedarnos con lo positivo. Por suerte tú, Sergio, no nos has abandonado.
Gracias por otro gran aporte otra semana más.

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