Castillos en el aire

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Rellenar la quiniela en el parón de selecciones es como hacer un examen tipo test sin estudiar. El otro día me pareció escuchar en la administración de lotería que una señora preguntaba si los errores descontaban. Algo tiene la quiniela que siempre vuelve. Yo intento huir de ella cada temporada, pero no hay manera. Hasta he escrito relatos sobre la quiniela para lo que escribimos todos: para olvidar. Escribir es escupir; las letras son el vómito.

De la quiniela no me queda nada que decir, que no es más que otra forma de no tener ni idea. Lo que más me gusta es que hace creer a todo el que la toca que no depende de la suerte. El azar influye en la primitiva, en el euromillón. En los números. “Pero esto es fútbol, amigo”, susurra cada boleto. ¿Cómo va a saber más la suerte de fútbol que nosotros?

La quiniela nos recuerda a un ser querido. A mí me metió en el mundillo mi abuelo, que ya no está pero me ha dejado el vicio dentro. Cuando me preguntaba por los partidos de Barça y Madrid, yo respondía seguro. Él movía la cabeza hacia los lados, hacía caso como todo buen abuelo, pero apostillaba un lema que podría servir para cualquier campaña: “Una quiniela sin sorpresas ni es una quiniela ni es nada”. Métodos hay tantos como personas. Hay quien cree que la vida es lógica y lo traspasa a la quiniela: los favoritos ganan. Algunos pocos privilegiados han descubierto que nada influye más que el azar en la quiniela y echan cada partido a suertes. Nadie se ha atrevido, como el protagonista del relato que escribí, a poner el mismo resultado en todas las casillas.

La quiniela tiene sus propias reglas. Hay que ser muy valiente para poner tres empates seguidos. Es difícil no dejarse llevar por la tentación de, después de haber puesto un ‘1’ y una ‘X’, poner un ‘2’ para que formen una maravillosa y lineal diagonal, como si de repente hubiéramos cambiado de juego y hubiéramos conseguido la victoria, al menos, en el tres en raya. Qué decir de los partidos de segunda. Cualquier motivo es bueno para acabar con ese suplicio. En esas últimas casillas, que cada vez son más, la quiniela se parece más que nunca a la primitiva: es un juego de afinidades.

Creo que si seguimos echando la quiniela es porque importa muy poco el dinero. Hay un primer premio que es rellenarla. Cumplir la liturgia. Coger un lápiz bien afilado y marcar las cruces con lentitud mientras se escucha uno de los sonidos más bonitos: el roce con el papel al escribir. Hay otro premio, quizás el más importante: la ilusión hasta el primer fallo. Últimamente intento tirar la quiniela los lunes, así hasta que llega el primer error han pasado unos cinco días en los que he pensado que podía ser rico. Ya dijo Borges que no hay nada menos material que el dinero. “Cualquier moneda es, en rigor, un repertorio de futuros posibles. El dinero es abstracto, el dinero es tiempo futuro”, escribió en El Aleph.

El dinero también puede ser una droga, un vicio. Un personaje de Plata quemada, un libro de Piglia en el que se roba un banco, dice que lo fundamental es saber que el dinero está ahí. “Tocarlo, revisarlo entre el ropero, ver que hay medio kilo, quedarse tranquilo”. De vicios sabía mucho Onetti, que miraba fijamente un cigarro antes de fumárselo. Qué decir de la bebida, de la que Bukowski encontró su tan ansiado secreto: “Si ocurre algo malo, bebes para olvidarlo; si ocurre algo bueno, bebes para celebrarlo; y si no pasa nada, bebes para que hacer que algo pase”, sentenció en Mujeres. El alcohol se parece a las abuelas: te hacen verte más guapo y te hacen pensar que estás haciendo bien lo que estás haciendo mal.

Todos tenemos un arsenal de castillos en el aire. Lecheras por doquier. Conjugamos la vida en condicional. “Si me toca la quiniela, si no piso las líneas blancas del paso de cebra…” La quiniela no es más que el triunfo de las expectativas, la aceptación de que la ilusión dura poco, como toda buena ilusión. En Sed en la Condomina, Luis María Valero recuerda una reflexión con su amigo Alejandro Oliva, que ya es el amigo de todos: “Mi rojo va para el ya casi, ya inminente, para la promesa de cosas excitantes al volver la esquina”. Los sueños están bien incluso cuando no se cumplen, de hecho a veces están mejor si se quedan en lo que pudo ser y no fue. Cuando deseamos algo hay que pensar en el protagonista de El crepúsculo de los dioses, que siempre quiso tener una piscina y cuando la consiguió acabó ahogándose en ella.

No sé para qué darle tantas vueltas si al final todo está en Bolaño. En Los detectives salvajes un personaje sueña con los signos de la quiniela, la rellena y gana 950.000 pesetas. Al poco tiempo, se repite la misma operación. Pero unas noches después sueña con la iglesia de la calle Balmes, en Barcelona. “Creí comprender el mensaje. Hay que rezar y trabajar, no andar jodiendo la paciencia con las quinielas. Ya no quiero más quinielas”. Quizás esa sea la única forma de abandonar la quiniela: que toque.

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Foto de portada: MarcadorInt.

12 comments

Me ha encantado. Esas quinielas en las que vale más lo bonito de la distribución de las X que los resultados. Sólo lamento que donde yo la echo el boli haya sustituido al lápiz.

Me ha encantado el artículo Sergio, muchas gracias por tus artículos de los domingos.

Mi hermano y yo llevamos desde 2003 haciendo todas las semanas dos quinielas, una “razonando” y otra poniendo siempre los mismos signos independientemente del partido, pues bien, siempre que hemos cobrado más de 100 euros ha sido con la quiniela aleatoria (que tampoco es que haya sido muchas veces para llevar 16 años…). No sé si el protagonista de tu relato hace esto (por cierto, me gustaría leer ese relato) o lo que hace es poner 14 “X” ó 14 “2”.

Muchas gracias por la lectura y el comentario. Pues el protagonista del relato le pone todo X. En el minuto 0 lo tiene todo acertado. Si me dejas una forma de contactar contigo te lo hago llegar. Gracias por el interés, un abrazo.

Muchas gracias Sergio. Acabo de enviar un correo a MI para que puedas contactar conmigo.

Que buena idea la de las 14 ‘X’, desde que se sella la quiniela hasta que se marque el primer gol (“si es que se marca”) es virtualmente millonario!!!

Abrazo

A mi siempre me ha hecho gracia, cuando la echaba y no me tocaba prácticamente nunca nada, la gente de mi entorno me decía que como no acertaba más sabiendo tanto de fútbol. En fin, o lo veo mal o el azar cuenta más de lo que puede aparentar en este boleto, como bien comentas en el texto

Gracias por la lectura y el comentario. Si la quiniela está al lado de la primitiva y el euromillón, por algo será. Un abrazo.

Brillante. Voy a atreverme a decir que es el mejor texto de los que has publicado desde aquel primer día de septiembre. Muchas gracias, Sergio 🙂

Esta semana he llegado tarde, que me perdone el bueno de a Sergio que no ha faltado a su habitual gran articulo. Ya estoy esperando el del domingo!

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