Cinco claves tácticas del fin de semana

Paulo Dybala ha cuajado grandes partidos esta temporada. Foto: Antonio Polia/Focus Images Ltd

Gaizka Garitano 1-1 Diego Pablo Simeone

Diego Pablo Simeone sigue siendo uno de los técnicos más intervencionistas de LaLiga. Y este domingo, a pesar del empate de su equipo en San Mamés, volvió a demostrarlo. Después de una primera mitad en la que el Athletic Club de Gaizka Garitano fue mejor (aunque Diego Costa acabó empatando justo antes del descanso), gracias, en buena parte, a un Iker Muniain muy activo en la mediapunta del 4-2-3-1, el ‘Cholo’ consiguió girar por completo el encuentro en la segunda parte a través de su pizarra. Si en la primera fue el Athletic quien más y mejores cosas propuso desde la posesión, tratando de iniciar y hacer avanzar el juego a partir de constantes triangulaciones cerca de las bandas, involucrando para ello a centrales, laterales, pivotes y mediapuntas, en los segundos 45’ fue el Atlético el que encontró el modo de que el partido se jugara todo el tiempo en campo contrario. Retrasando a Saúl a la misma altura que los dos centrales (Giménez y Savic) en cada fase de iniciación, situándolo por izquierda para que Lodi (lateral) cogiese altura y diese amplitud por fuera, el movimiento desencadenó en el apoyo interior de Lemar (extremo en la segunda mitad) para ofrecer junto a Koke dos líneas de pase verticales a Thomas (pivote). Tras la última tanda de cambios fue Herrera quien acudía abajo y Saúl el que se movía por delante del balón, pero esta iniciativa llevó al Atlético a posicionarse por encima de la divisoria. No puede decirse que mejoró directamente la calidad de la circulación, pero sí distribuyó las piezas de una forma mucho más eficiente en caso de pérdida. De hecho, si algo consiguió el Atlético a raíz de esto es que el Athletic no corriese al espacio. Fue en un partido que acabó en empate, en el que ambos equipos tuvieron opciones de haber sumado algún gol más a su casillero, pero en el que, por encima de todo, quedó bastante claro que tanto Diego Pablo Simeone como Gaizka Garitano siguen siendo dos muy buenos estrategas. Y la opción de los cinco cambios es una oportunidad para que ambos sigan cambiando partidos desde la pizarra. Sobre todo ahora que nadie va especialmente sobrado de piernas, como volvió a quedar de manifiesto.

El juego de aproximación del Inter no surtió efecto 

Al SSC Napoli le bastó con una salida rápida al espacio, un balón largo de Ospina a la carrera de Insigne y Mertens, para sellar su billete con destino al Olímpico de Roma (aprovechando el 0-1 de la ida en Milán). El cuadro de Gennaro Gattuso se mostró bastante reactivo durante gran parte del encuentro, y especialmente en el último tramo, cuando optó por proteger el resultado desde el espacio y con el balón. Y en ataque consiguió rentabilizar al máximo uno de los pocos errores que concedió el Inter abajo. De hecho, motivado por la desventaja que arrastraba de la ida, el equipo de Antonio Conte expuso más cosas a través de la pizarra que su rival; y de no haber sido por el gol encajado justo antes del descanso, poco después de que Ospina salvase a los suyos del segundo tanto nerazzurro, podría decirse que el Inter fue mejor durante los primeros 45 minutos. Lateralizando la posición de su mediocentro, llevando a recibir a Brozovic muy cerca del costado izquierdo e incluso en ocasiones incrustado en la misma línea que De Vrij y Skriniar (con lo que Bastoni, central izquierdo, escalaba unos cuantos metros por fuera), el Inter trató de progresar a través de sus alejados con una serie de envíos muy directos hacia sus dos delanteros. Iniciando y progresando por fuera, consiguiendo que el Napoli no pudiese ocupar todo el ancho ni proteger la espalda de Demme, su mediocentro, el Inter le garantizó bastante tiempo y espacio a sus dos carrileros (Candreva, en derecha, y Ashley Young, en izquierda) para llegar de manera muy vertical al área napolitana. El juego de posición del Inter no fue el más fluido, las cosas como son, porque esa intención de atacar tan rápido el área le llevó a prescindir de ciertos pases y, en consecuencia, a no tener una respuesta eficaz tras pérdida, así que esta vez Conte no pretendió avanzar desde sus triangulaciones en banda. El Napoli mejoró (con y sin balón) en el segundo tiempo con la entrada de Callejón (extremo derecho) y Fabián Ruiz (interior). Pero en el último tramo, tras el ingreso de Alexis Sánchez, con lo que el Inter ganó un apoyo muy valioso por delante del balón, se conformó con proteger el área ante la insistencia de los Lukaku, Biraghi, Moses y compañía. Todo ello en una noche en la que Dries Mertens se convirtió en el máximo goleador histórico del club partenopeo: son 122 goles en 310 partidos oficiales.

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El Bayern se queda a un solo paso

La victoria del Bayern Múnich ante el Borussia Mönchengladbach ha dejado vista para sentencia la Bundesliga 2019/20. Sin Lewandowski ni Müller, ambos sancionados (por acumulación de amonestaciones), Hans-Dieter Flick construyó su 4-2-3-1 con Cuisance (mediapunta) y Zirkzee (delantero) juntos en ataque. No fue la versión más brillante del Bayern, pues esta vez llegó al juego a través del 1-0 (aprovechando un error en la entrega de Sommer) y no al contrario, pero aún así consiguió que todo el segundo tiempo se jugase en campo contrario. El partido del joven Joshua Zirkzee fue bastante positivo en términos cualitativos, además de ser el autor del primer gol de la tarde. Se movió mucho entre líneas, descolgándose de su posición de delantero para ofrecerse de espaldas al área y darle continuidad a la circulación a partir de sus desmarques de apoyo, y con ello consiguió activar de cara a la otra gran novedad del once titular del Bayern: Mickael Cuisance. Al francés aún le falta un tiempo de cocción elevado en la máxima élite, como prueba su errática toma de decisiones con balón al pie, pero es un futbolista con calidad en el golpeo y capacidad para atacar el área desde la segunda línea. Marco Rose volvió a dibujar en su medio campo el rombo que tantas y tan buenas cosas le ha dado al Mönchengladbach esta temporada, pero esta vez introdujo ciertos cambios que no pueden escapar del análisis. Sin Pléa, ausente por sanción, el Borussia Mönchengladbach juntó en ataque a Thuram y Herrmmann. Pero esto privó al francés de iniciar todas sus acciones desde el lado izquierdo, como venía haciendo. Al poco de empezar el encuentro debió retirarse lesionado y en su lugar entró Breel Embolo, pero a lo que vamos es que en esta ocasión fue Hofmann, como interior izquierdo, el que lateralizaba su posición por delante de Bensebaini y no el que bajaba entre centrales en fase de salida. Este cambio de roles obligó a Florian Neuhaus a jugar más abajo, pendiente de la fase de iniciación de sus centrales, y en consecuencia no pudo ofrecerse en los intervalos que únicamente ocupaba Stindl por delante del balón. El Borussia Mönchengladbach se quedó bastante corto en términos de profundidad, especialmente en la segunda mitad. Y tanto y tantos metros le concedió al Bayern, que en la segunda mitad pasó a atacar con Gnabry como mediapunta y Perisic (izquierda) y Coman (derecha) en bandas, que el cántaro se acabó rompiendo por pura insistencia. El gol de Leon Goretzka casi en el descuento, rematando desde atrás un centro al área de Pavard, vale más de media Bundesliga. El Bayern puede proclamarse campeón el próximo martes si gana su partido ante el Werder Bremen.

Dani Olmo en el rombo de Nagelsmann

El RB Leipzig resolvió mucho antes de lo previsto su partido ante el Hoffenheim. El equipo de Julian Nagelsmann le dio de su propia medicina a los de Marcel Rapp, y en poco más de dos minutos, el tiempo que tuvo el Hoffenheim para volver a colocar la pelota en medio campo, perderla y sufrir la transición defensa-ataque de su rival, dejó muy encarrilado un encuentro en el que se vio claramente sorprendido por el buen arranque de su rival. El Hoffenheim salió a morder desde el inicio, emparejando muy arriba a sus dos puntas (Baumgartner y Dabbur) con los dos centrales del Leipzig y apretando en zonas intermedias con sus tres centrocampistas (Geiger, Samassekou y Rudy) los espacios que ofrecía la salida en corto de su rival. Mordiendo y robando en campo contrario, impidiendo que el Leipzig consiguiera salir y progresar desde su defensa en los compases iniciales, y finalizando cada jugada, chutando desde zonas bastantes limpias para ello, el cuadro de Marcel Rapp consiguió inclinar el escenario por completo hasta que el Leipzig consiguió rentabilizar una recuperación a media altura. Dani Olmo fue esta vez el vértice superior de un rombo que juntaba a Kampl (pivote), Laimer (interior izquierdo) y Sabitzer (interior derecho) por detrás de Schick y Werner. El rol del futbolista español estaba orientado a darle opciones de envío vertical a los primeros pasadores del equipo ofreciéndose de espaldas por detrás de Samassekou y Rudy. Y esta vez sí, el RB Leipzig encontró la forma de compensarle en la última línea. Llegando por fuera, como es habitual en el sistema de Nagelsmann, el equipo reprodujo en unos pocos segundos dos acciones que dejaron a Olmo en el último tercio en posición de disparo. El ex del Dinamo de Zagreb es un futbolista que necesita muy poco tiempo y espacio para acabar chutando a portería, y en un abrir y cerrar de ojos, en dos jugadas que le asistieron desde la banda derecha, consiguió poner a su equipo con una ventaja importante. El Leipzig tuvo ocasiones durante los posteriores 80 minutos fruto de lo bien trabajado que tiene el ataque con espacio, pero la otra gran noticia del partido volvió a ser, una semana más, Kevin Kampl. El esloveno está jugando como hace tiempo que no se le recordaba tras el regreso de la Bundesliga, y este fin de semana, en una posición que no le permitía coger tanto vuelo como cuando juega con otro pivote al lado, consiguió, a su manera, mover los hilos de un equipo que con esta victoria (y la posterior derrota del Borussia Mönchengladbach en el Allianz Arena) muy mal se le debería poner para no acabar siendo tercero en el campeonato regular.

Mertens es el jugador más en forma del Nápoles. Foto: Focus Images Ltd.
Dries Mertens se convirtió este fin de semana en el máximo goleador histórico del Nápoles. Foto: Focus Images Ltd.

Entre Rodrigo Bentancur y Paulo Dybala

La Juventus hizo valer el resultado de la ida en San Siro (1-1) para clasificarse a la final de Coppa Italia. Será su quinta final copera en los últimos seis años. El cuadro de Maurizio Sarri fue bastante superior al Milan en el encuentro de vuelta. Dándole mucha libertad a sus tres atacantes desde el inicio, Douglas Costa (extremo izquierdo), Cristiano Ronaldo (delantero) y Paulo Dybala (extremo derecho), quienes intercambiaron constantemente sus roles y posiciones dentro del sistema, y adentrándose en las líneas defensivas del Milan a través del desmarque y la conducción de su interior derecho, Rodrigo Bentancur, la Juventus consiguió que el partido se jugara la mayor parte del tiempo en campo contrario. La temprana expulsión de Ante Rebic, justo después de que Cristiano enviase un penalti al palo, dejó a los de Stefano Pioli sin respuesta al contragolpe durante los más de 70 minutos que debió jugar el equipo con uno menos. Con Dybala en ese pasillo intermedio que siempre le ha gustado tanto entre el carril central y la banda derecha, recibiendo perfilado para acelerar la acción a partir de su control orientado, Bentancur encontró un buen socio en el que apoyarse (a través de una pared) para darle profundidad a la circulación del equipo. El uruguayo no es un centrocampista de posesión, puesto que sus pases no están pensados para mejorar la circulación del equipo, pero sí es un centrocampista necesario en un equipo de tanta posesión (en Italia) como la Juventus: porque sus desmarques en zonas interiores aportan una profundidad clave. Tanto en ataque, garantizando presencia desde la segunda línea, como en defensa, puesto que cuanto más profunda y escalonada sea la posesión de la Juventus, mejor será su presión tras pérdida. Cristiano no completó su mejor partido desde que está en Italia. El error en el penalti aceleró aún más sus pulsaciones, y sus acciones, por lo general, no mejoraron al equipo. Pese a eso, Cristiano no se escondió en ningún momento, todo hay que decirlo, y esto es algo que siempre habrá que valorarle al portugués, pero física y emocionalmente estuvo lejos de su mejor versión. El Milan se estiró con cuentagotas en la segunda mitad, consciente de que el 0-0 no era un resultado válido para sus aspiraciones, e incluso llegó a rematar arriba (cosa que no había hecho en la primera parte) pero Buffon tuvo una noche tranquila.

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Foto de Portada: Antonio Polia/Focus Images Ltd.

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