En el corredor de la retirada

Lionel Messi of FC Barcelona during the UEFA Champions League match at Camp Nou, Barcelona
Picture by Kristian Kane/Focus Images Ltd +44 7814 482222
14/03/2018

Hay que vigilar con lamentarse por anticipado de las desgracias, no sea que cuando vengan ya no nos queden lágrimas. Llorar por las penas antes de que pasen es una forma inteligente de ponerse una coraza. Anticiparse al dolor para que cuando llegue, haga menos daño. Aunque le contradiga su zurda, es el propio Messi el que empieza a utilizar la palabra prohibida, como si en Hogwarts tuvieran a Voldemort todo el día en la boca. Retirada. Ocho letras que provocan escalofríos, que empiezan a no dejar disfrutar lo mucho que queda del rosarino.

Algunos sólo nos sentimos seguros en una película que ya hemos visto diez veces. Cuando sabemos lo que va a pasar. Tenemos memorizados los diálogos. A veces estaría bien que la vida fuera eso: una película en la que seamos los únicos que sepamos lo que viene. Me acuerdo que de pequeño me ponía siempre el Rey León, pero en la dramática escena de la muerte de Mufasa adelantaba la película sin mirar. En mi cabeza, el padre de Simba no moría. Sucede que en la vida el tiempo avanza y conforme crecemos nos damos cuenta de que las cosas que están a nuestro alcance son mínimas. Por eso nos gusta tanto la zona de confort, que tiene mala fama pero es más cómoda que un hotel de cinco estrellas. Es en los días más felices, porque tenemos mucho que perder, cuando más tememos que todo se venga abajo. Tenemos miedo a que las cosas acaben antes de que empiecen. Hablamos tanto del futuro que no disfrutamos del presente.

El pesimismo también tiene sus ventajas. Yo comulgo con él como si fuera una religión. Estaría bien que existiera un lugar no para rezar por lo bueno, sino para que lo malo no nos pille desprevenidos. Igual que hay gente que twittea “feliz lunes” o que compra agendas de Mr. Wonderful, otros tenemos que ejercer de equilibro y pensar que cuando las cosas van bien, es porque algo malo está a punto de llegar. Es en los mejores momentos cuando me acuerdo de los versos de Sánchez Ferlosio: “Vendrán más años malos / y nos harán más ciegos / vendrán más años ciegos / y nos harán más malos. / Vendrán más años tristes / y nos harán más fríos / y nos harán más secos / y nos harán más torvos”.

Lo bueno de los pesimistas es que en el barro nos desenvolvemos que da gusto. Para nosotros, es el estado normal de las cosas. Esperamos tanto la hostia que cuando viene disfrutamos de ella porque se ha acabado la agonía de la felicidad. Para compensar, cuando vienen mal dadas, ya pensamos en que se vuelva a equilibrar. Hay un dicho gallego que sirve para casi todo: Nunca choveu que non escampara. Lo bueno es que las cosas siempre pueden ir a peor, y eso muchas veces es un consuelo. El fragmento que más me impresionó de En el corredor de la muerte, de Nacho Carretero, es cuando Tanya Ibar, la esposa de Pablo, dice que todo siempre puede ir a peor.

Lionel Messi of FC Barcelona looks on during a quiet first half of the International Champions Cup match at Wembley Arena, London Picture by Ryan Dinham/Focus Images Ltd +44 7900 436859 06/08/2016
Messi está en el corredor de la retirada. Ve cómo algunos de sus compañeros desfilan en un viaje que solo tiene billete de ida. Foto: Focus Images Lt.d

Messi está en el corredor de la retirada. Ve cómo algunos de sus compañeros desfilan en un viaje que solo tiene billete de ida. La del futbolista profesional es una vida condensada en 20 años, con infancia, adolescencia, juventud, adultez y vejez. Me imagino a los futbolistas en sus últimos días repasando su vida como un álbum de fotos. Un día escribí que si Messi se mirara en el espejo en sus partidos contra el Manchester United, vería toda su carrera. Terrenal, impotente y sustituido en un Barça eliminado en 2008. Ascensión al cielo en Roma con un remate en el que perdió la bota como Michael Corleone tiró el arma: sin que nadie se diera cuenta. Y en Wembley, figura total de un Barça que estaba a punto de dejar de ser el de Guardiola y ser para siempre el suyo.

Con las fotografías me pasa que no sé si nos gusta algo y hacemos fotos, o como todo el mundo hace fotos, nos gusta. La digitalización se ha llevado por delante el álbum. Mostraban las imperfecciones y el día a día: el dedo borroso, un imagen tranquila en el sofá, la familia en el camping. Nos hemos creído que no somos las fotos que antes revelábamos y ahora podemos borrar. Ya son más instantáneas que nunca, como todo. A Messi se le podría hacer un book con sus infinitas posturas. Extremo, delantero verdadero y falso, todocampista. Con melena, barbudo, tatuado. Enrabietado. Sonriente. Triste. Capitán.

La vida nunca es tan fácil como borrar tweets o retocar fotos. Por suerte, también somos las cosas que no nos pasan, las decisiones que no tomamos, las estaciones en las que nos quedamos sin coger el tren que pasa. Decía Séneca que la vida no hace ruido ni avisa de su velocidad, fluye en silencio. Hay un poema de Karmelo C. Iribarren, que sus libros son como una biografía del que lo lee, que con 36 años uno ya no es joven ni todavía viejo, pero que es una edad suficiente para sentir que los mejores días han volado y que quizás no fueron tan buenos. Camino de los 33, Messi, al menos en su vida de futbolista, podría escribir el verso con el que Iribarren cierra el poema: “La juventud es feliz porque todavía tiene un futuro”.

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Foto de portada: Focus Images Ltd.

3 comments

“Nunca choveu que non escampara”. Precioso. Me quedo con ese dicho como nuevo mantra revestido del cual afrontar la sucesión constante de saques de esquina en contra que es esta vida.

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