Cuando éramos jóvenes

Aritz Aduriz of Athletic Bilbao during the warm up UEFA Europa League match at Mestalla, Valencia
Picture by Maria Jose Segovia/Focus Images Ltd +34 660052291
17/03/2016

Fue todo un detalle que la Bundesliga volviera el día que debía celebrarse Eurovisión. Así tuvimos nuestra dosis de ganas exacerbadas por algo y sobre todo de dejar claro que lo estábamos viendo, eh, que no nos lo perdimos. En el Dortmund-Schalke fue mucho más importante decir que lo estábamos viendo que verlo, dónde va a parar. Que marcara Haaland fue reconfortante, como si nada hubiera cambiado después de estos dos congelados meses. Ya que se ha visto que el confinamiento no nos hará mejores, al menos que nos quedemos igual. Del noruego, con alma de iceberg, fascina su tranquilidad. No se sabe si no le tiembla el pulso o es que ni tan siquiera tiene. Hasta cuando marca medita y pone la misma cara que un repartidor entregando una pizza: la del trabajo hecho. No hay nada que ponga más nervioso que alguien muy tranquilo.

Haaland es un trampantojo. Parece un armario, pero tiene ruedas. Parece que lleve años jugando, pero acaba de salir del nido. No me extrañaría que un día dijera que es moreno y se tiñe. Lo más impresionante es lo de la edad. Mi idea de juventud se parece más a la de Vinicius: aprender a base de resbalones, probar el tabaco y toser, emborracharse con Malibú con piña, fumarse un porro y tener un blancazo. En definitiva, querer comerte el mundo pero que al final sea él el que te engulla. Lo definió a la perfección Rafa Cabeleira hace unos meses en El País. “No me parece descabellado reconocer en Vinicius Jr. las virtudes y defectos que nos definieron como amantes en la primera juventud: el entusiasmo infinito, la mirada limpia, el ritmo frenético y cierta imposibilidad para medir los tiempos con precisión”. Al fin y al cabo, se puede ser joven, viejo o viejoven. Como los de sesenta que quieren aparentar veinte, pero al revés.

Esta semana también hemos conocido la retirada de Aduriz, la prueba de que en estos meses no ha pasado nada, pero sí que ha corrido el tiempo. Fuera del campo, a Aduriz hay que reconocerle que ha hecho más por Benjamin Button, ese personaje de Scott Fitzgerald que rejuvenece con los años, que Brad Pitt. Basta con hacer una prueba: escribid en el navegador “Aduriz Benjamin Button”. El adiós de Aduriz demuestra que los futbolistas se enfrentan a un dilema en sus últimos años: o dejan al fútbol o el fútbol les deja a ellos. Siempre me ha gustado la gente que le quita épica a todo, que vienen llorados de casa. “Olvidémonos de los finales soñados”, escribió el goleador en el comunicado. Así goleaba Aduriz, como si acabara de encontrarse un mechero en el bolsillo. No se merece haber jugado el último partido sin saber que lo era, algo así como ver el último capítulo de una serie pensando que aún quedan algunos más.

La juventud es voluble, cambia con los años. La frase “cuando éramos jóvenes” la conjugamos a todas las edades. Cuando veo a uno de dieciocho, pienso “qué cabrón”, que supongo que será muy parecido a lo que piensa de mí uno de 40. Lo dicen Oliva y Mondo Moyano en Hasta el final: “He alcanzado ese peligroso momento de la vida en el que no distingues a un chico de 21 años de otro de catorce”. Con diez años todos nos parecen viejos. Como cuando se nos muere un abuelo con 60 y todo el mundo dice “qué joven”. “Hombre, joven”, piensas tú, como si por ser abuelo ya fuera viejo. Ahora nuestros padres ya tienen más que esos 60 y claro, nos parecen jovencísimos, pero a la vez con treinta nosotros nos sentimos viejos. Es todo muy raro con la edad. Hay muchos misterios en la vida, pero pocos como que de pequeños queramos ser mayores y de mayores queramos ser pequeños.

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Foto de Portada: Maria Jose Segovia/Focus Images Ltd

10 comments

Alguien dijo una vez:”El problema que tiene la juventud es que ya no pertenecemos a ella”. Se la echa de menos.

Sergio, al leer tus textos siento que estoy bateando oro. Siempre dejas alguna pepita brillante… Muy buen artículo. Gracias

Cundo hablas del paso del tiempo tocas mi fibra más sensible, no se por qué pero me afecta mucho. Me encanta el último párrafo.
Como siempre, sublime Sergio. Un placer leerte.
Gracias y un abrazo.

Lo resume a la perfección esta frase de Wislawa Szymborska: “Cuando termino de pronunciar futuro la primera sílaba ya está en el pasado”.

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