Cuando ganar no sea lo más importante

General view of the stadium showing RB Leipzig fans pictured ahead of the Bundesliga match at Red Bull Arena, Leipzig
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25/11/2017

En junio de 2017, la UEFA enfrentaba una decisión trascendental. En manos de su Comité de Control Financiero quedaba que tanto el Red Bull Salzburgo como el RB Leipzig pudieran participar a la vez en competición europea, con el riesgo que conllevaba un enfrentamiento directo y un posible conflicto de intereses entre ambos clubes, fuertemente vinculados a la misma marca de bebidas energéticas. Como muchos lectores ya sabrán, el Comité falló en favor de estos clubes y permitió su ingreso en la competición. Para el Comité no había indicios de que Red Bull tuviera una “influencia decisiva” en la directiva del club de Salzburgo, ni de que el trasvase de jugadores entre ambas sedes implicara una relación filial.

Es decir, la actual normativa de la UEFA abría un sendero peligroso: mediante un maquillaje jurídico relativamente rudimentario, cualquier grupo multinacional puede comprar equipos en distintos países y hacerlos competir en la máxima competición. ¿Hasta qué punto veríamos normal que los filiales de Real Madrid o Barcelona pudieran ascender a Primera División y medirse ante sus “padres”? Aquel mismo verano de 2017, el City Football Group, el grupo que posee el Manchester City, anunció la compra del Girona FC, entonces en Primera. Y ahora, es cuestión de días que oficialicen la adquisición del AS Nancy-Lorraine francés. El riesgo de que esta práctica se convierta en tendencia amenaza no sólo a las competiciones internacionales de UEFA, sino al devenir de cualquier liga. Y estamos sólo en el principio.

El RB Leipzig y el Red Bull Salzburgo and disputado Champions esta temporada Foto: EXPA Pictures/Focus Images Ltd
El RB Leipzig y el Red Bull Salzburgo and disputado Champions esta temporada Foto: EXPA Pictures/Focus Images Ltd.

No existe aún un término en castellano para definir a estos conglomerados multinacionales de equipos. Los anglosajones los llaman Multi-Club Ownership o MCOs. No dejan de ser la respuesta que el fútbol ha dado en las últimas décadas a una práctica tan común en el libre mercado como es la concentración empresarial. Los primeros ejemplos se dieron en los 90s, cuando los clubes holandeses abrieron franquicias en África, como el Ajax Cape Town o el Fetteh Feyenoord. El caso más flagrante fue el del grupo ENIC, que llegó a tener poder de decisión en Tottenham, Basilea, AEK, Slavia de Praga y Vicenza. En la temporada 98-99, estos últimos tres equipos se clasificaron para cuartos de la UEFA, sin llegar, por azar, a cruzarse. La UEFA tomó nota y cartas en el asunto, remodelando la legislación para el siguiente curso: se prohibió que empresas o individuos controlaran más de un club participante en sus competiciones, frenando en seco las ambiciones de ENIC.

No iba a ser tan fácil detener a Dietrich Mateschitz, el dueño de Red Bull. Mateschitz ya había enfrentado una regulación similar en el coto cerrado que es la Fórmula 1, y aun así se las ingenió para dirigir dos equipos en la competición: Red Bull y Toro Rosso. Este último, cuyo nombre es literalmente la traducción al italiano del primero, sirvió como filial y vivero de talento para la escudería principal. El plan de Mateschitz en su desembarco en el fútbol era similar. Actualmente, Red Bull tiene vínculos con equipos a lo largo y ancho del planeta: RB Leipzig, Red Bull Salzburg, New York Red Bulls y Red Bull Bragantino. La cabeza de lanza del proyecto es el Leipzig, actual cuartofinalista de la Champions.

El Red Bull Salzburgo estuvo a punto de eliminar al Liverpool y clasificarse para octavos de Champions. Foto: EXPA Pictures/Focus Images Ltd
El Salzburgo estuvo a punto de eliminar al Liverpool y clasificarse para octavos de Champions. Foto: EXPA Pictures/Focus Images Ltd.

“No podemos mantener en Austria a futbolistas jóvenes muy buenos, por lo que Leipzig es un objetivo lógico para nosotros”. Así de fríamente explicaba Mateschitz su inversión en el fútbol alemán, lo que contrasta con el distanciamiento que ahora se supone entre los clubes de Austria y Alemania. El tráfico de jugadores entre ambas sucursales ha sido recurrente en los últimos años. De hecho, para lograr el ascenso a la Bundesliga, seis de los mejores jugadores del Salzburgo pusieron rumbo a Leipzig, lo que provoca que ahora los hinchas del club austríaco canten “mierda de RB Leipzig”.

En 2015, el RB Salzburg modificó sus estatutos para ajustarse a los criterios del Comité de la UEFA. Se desterraron ciertos acuerdos con Red Bull y se reemplazó a ciertos individuos considerados demasiado cercanos a la empresa de bebidas. De puertas afuera, la relación con Red Bull pasó a ser puramente la de un sponsor. El RB Leipzig, por su parte, se adaptó a las normas de propiedad de la federación alemana. Su nombre no hace referencia a las bebidas (es RasenBallsport Leipzig – deporte de balón raso), su escudo se modificó para no parecerse tanto a la marca y, como está prohibido que una empresa controle más del 50% de las acciones de un equipo, el club pertenece a los socios. Solo que, curiosamente, todos ellos tienen vínculos con Red Bull y tienen derecho a veto a nuevos integrantes. Esta ingeniería jurídica le bastó a la UEFA. El Comité no vio indicios de que ambos equipos tuvieran un vínculo decisivo y permitió su convivencia en competiciones europeas. En 2018 se cruzaron en la fase de grupos de la Europa League. Si extienden sus redes a otros países o si otros conglomerados siguen su ejemplo, la deportividad de la competición puede quedar en serio riesgo.

Artículo relacionado: El plan del Este, sobre los orígenes del proyecto del RB Lepzig

El City Football Group es otro de los grandes conglomerados de clubes. Foto: Matt Wilkinson/Focus Images Ltd
El City Football Group es otro de los grandes conglomerados de clubes. Foto: Matt Wilkinson/Focus Images Ltd.

En los últimos años han crecido varios de estos grupos transnacionales. Quizá el más llamativo de todos es el City Football Group, capitaneado por el Manchester City y con participaciones en el Girona FC, New York City, Melbourne City, Montevideo City Torque, Mumbai City, Yokohama Marinos y Sichuan Jiuniu. El Atlético de Madrid también ha andado entrando y saliendo de distintas aventuras internacionales, en India, México, Francia y, la más reciente, Canadá. En España es conocido el caso de los Pozzo, que controlaron Udinese, Watford y Granada antes de vender el club español a un grupo chino. El millonario belga Duchâtelet controló equipos en cinco países incluyendo el Alcorcón. Clubes como el Leicester o el Monaco han adquirido filiales en Bélgica.

La ventaja para los clubes grandes es clara. Primordialmente, se saltan los intermediarios. Estando presencialmente en el terreno, tienen un mayor control de los jóvenes talentos a exportar, generando además una infraestructura y una filosofía de trabajo común. Si el Manchester City descubriera al “nuevo Luis Suárez” en Uruguay, puede ofrecerle un primer paso en Torque en su país natal, una experiencia en Europa sin barrera lingüística en Girona y la promesa de llegar a vestir la camiseta del Manchester City. Y todo esto sin costes de traspaso de por medio y beneficiando a los equipos menores que puedan disfrutar del jugador. Además, los clubes matriz aumentan su imagen de marca en mercados potenciales de aficionados en otros continentes.

El Atlético de Madrid ha invertido en clubes de distintos continentes. Foto: Focus Images Ltd.
El Atlético de Madrid ha invertido en clubes de distintos continentes. Foto: Focus Images Ltd.

Los inconvenientes, para el mundo del fútbol en general, son también evidentes. La concentración de poder en manos de unos pocos implica un distanciamiento con el resto de clubes pequeños, que cada vez van a tener más difícil competir. Por no hablar de que un club filial implica, en sí mismo, una distorsión de la idea de competición. El fútbol, en su esencia deportiva, debe de ser una competición justa y equilibrada en la que todos partan con las mismas oportunidades de ganar. Las relaciones filiales entre un club grande que cede jugadores a otro más pequeño pero independiente son hasta cierto punto naturales, porque se basan en la idea de crecimiento: el objetivo del club pequeño es, con el paso del tiempo, dejar de necesitar jugadores cedidos y pasar a cederlos él. No es así en el caso de los clubes cuya única naturaleza y objetivo es nutrir de talento a un conglomerado de otro país.

Es más, el hecho de que clubes europeos inviertan de manera pública en otros de su mismo continente aun sabiendo que ambos no podrán disputar competición europea a la vez tiene una lectura algo oscura. O bien plantean hacer un lavado de imagen como el de Red Bull o bien no tienen la intención de que ese club llegue a disputar competición europea mientras esté bajo su control. Es decir, a los dueños del Girona puede que no les interese que el Girona se clasifique para la Europa League, y eso pervierte de raíz los estandartes de la competición. Aun disfrazándolo de sponsorización, las ligas, más allá de un par elegidas, podrían quedar seriamente enturbiadas. Poco nos separa de que existan el Barcelona de Praga, el Bayern de Bratislava o el Facebook de Basilea, cuyos principales objetivos no sean necesariamente ganar o que, cuando sí lo sea, enturbien la competitividad de las ligas menos favorecidas con presupuestos desorbitados.

Cuando el RB Leipzig ascendió a la Bundesliga, los aficionados de los clubes rivales les recibieron con una hostilidad sin precedentes. Uno de los organizadores del boicot que realizó el Borussia Dortmund al club de las bebidas resumía el sentir general así: “Claro que el Dortmund también gana dinero, pero lo hacemos para jugar al fútbol. El Leipzig no. Lo hacen para vender un producto y un modo de vida. Esa es la diferencia”. Cuando el objetivo primordial de un equipo deja de ser el de ganar un partido, el fútbol pierde su sentido.

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Foto de portada: Focus Images Ltd.

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3 comments

Muy conveniente el artículo y es que se habla poco de esto, quizás porque los que están empezando a ponerlo en práctica son entidades muy poderosas y los medios de masas pasan de puntillas. A mí me parece dramática esta práctica pero, sinceramente, creo que va a ir a más y será otro clavo en el ataud del mundo del fúrgol tal y como lo conocimos hasta hoy. De hecho, pensando mal, si empiezan a socavar por abajo a las entidades modestas, restando cada vez más interés por los trofeos nacionales, al final la gente empezará a ver la célebre Liga Europea como una evolución lógica y no como el engendro que será.

Qué artículo tan ilustrativo y tan bien documentado y contado. Y qué panorama tan desolador para este deporte que ya hace mucho tiempo que dejó de serlo. Es muy curioso que el Comité no viera indicios en lo que cualquier aficionado con inquietudes no ve ya indicios, sino evidencias… Aunque al final son las personas que mandan en los clubes las que, igual que se prestan a esto, pueden evitarlo. No creo que a quienes estuvieran al frente del Girona se les haya puesto una pistola en la cabeza para pasar a formar parte del grupo del City.
Por otro lado, no se me ocurre una palabra ya existente en nuestro idioma que pudiera pasar a ocupar este campo semántico, y el concepto me parece tan aberrante que tampoco me apetece ponerme a pensar ninguna que pudiera crearse para ello.

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