El delantero centro será asesinado al amanecer

Everton Eto'o Focus

Hay cualidades que se tienen o no se tienen. Joaquín Vidal, cronista taurino de El País, decía que el trapío es aquello que se ve y no se puede explicar. La definición más acertada, contaba Vidal, se la dio un aficionado a sus amigos íntimos. “¿Vosotros habéis visto cuando don Mariano juega al póquer, y abre las cartas en la mano y, de repente, mira al jugador de enfrente por encima del abanico de naipes? ¡Pues eso es el trapío!”. En el fútbol y en la vida hay muchas aptitudes que no se pueden adquirir. Y el gol es una de ellas.

Como escribió Antonio Agredano en una excelsa crónica hace unos años, hay delanteros que sueñan con marcar goles y hay delanteros que tienen pesadillas con la posibilidad de fallarlos. El gol entre fallo y fallo o el fallo entre gol y gol. El acierto como rutina o como excepción. Me gustan los delanteros porque, como nosotros, saben que la felicidad no dura mucho, pero tampoco tarda demasiado en reaparecer. También esto pasará es el título de un libro en el que la escritora Milena Busquets nos dice que el dolor y la pena pasan, como pasan la euforia y la felicidad. Los arietes saben que después del gol y después del fallo tienen que hacer exactamente lo mismo: marcar.

De los delanteros también me gusta la rutina, que es como los árbitros: tiene mala prensa pero es necesaria. Tener una rutina es tan importante como salir de ella muy de vez en cuando. Los goleadores lo saben, por eso se suben a ese caballo indomable que son las rachas. Suárez está inmersa en una terrible que, dicho sea de paso, nos facilita mucho el trabajo a los periodistas. Basta con recordar los años que lleva sin marcar fuera de casa en cada previa. De Suárez escribiré poco más porque lo mejor que se ha escrito sobre él está en el Twitter de Marcel Beltran: “Suárez es el encargado de mantenimiento del campus de vuestro primo pero con gol”.

Me pasa con los delanteros como con las cervezas artesanas. Hay muchísimos pero se pueden dividir por unos patrones. Los hay amargos, que entran al área como a un dentista, con los dientes apretados. Los poco ortodoxos, que marcan goles que parecen faltas de ortografía. Los oficinistas, que trabajan muchos y entran al área solo para fichar. Otros parecen jugadores de futbolín, mejores cuantos menos toques hacen y menos piensan, recordándonos que la vida es sencilla hasta que nos dedicamos a enredarla. Por suerte queda algún verso libre inclasificable, ninguno como Samuel Eto’o. El delantero camerunés, que abandona ahora el fútbol después de que el fútbol le abandonara hace mucho, hacía buenos aquellos versos vertiginosos del poeta Nicanor Parra. “Durante medio siglo / la poesía fue / el paraíso del tonto solemne. / Hasta que vine yo / y me instalé con mi montaña rusa. / Suban, si les parece. / Claro que yo no respondo si bajan / echando sangre por boca y narices”.

Karim Benzema of Real Madrid celebrates scoring their first goal to make it Real Madrid 1 FC Bayern Munich 1 during the UEFA Champions League Semi-Final match at the Estadio Santiago Bernabeu, Madrid Picture by Kristian Kane/Focus Images Ltd +44 7814 482222 01/05/2018
“Se puede ser más Benzemista que Benzema”. Foto: Focus Images Ltd.

Me he dejado a mis favoritos para el final: los estetas. No les sirve marcar de cualquier forma. Visten de esmoquin y con el zapato de la cenicienta. Suelen ser apáticos y, como dice Pedro Simón, pisan el área como un vegano una charcutería. A veces parecen inofensivos, delicados en la jungla del área, soldados que van a la guerra sin armas. Entre ellos destaca Benzema, del que Manuel Jabois dice que es el mejor 9,5 del mundo. El francés además tiene esa actitud pasota que nos permite a sus enamorados una de los mejores placeres del fútbol: defender a un jugador más de lo que se defendería él. Por suerte se puede ser más Benzemista que Benzema. Se le suele echar en cara que no tiene intensidad, como si un delantero centro sin huevos fuera como una tortilla de patata sin huevos. Parece que algunos no se han dado cuenta de que el fútbol no va de eso. El talento, cuanto más se acerca a la testosterona, más se diluye.

Tan a debate ha estado siempre el delantero centro que hasta Vázquez Montalbán le dedicó un libro. El protagonista, Jack Mortimer, es un ariete de fútbol regional que recibe una carta que siempre acaba de la misma forma: “El delantero centro será asesinado al atardecer”. Ahora seguramente sería asesinado al amanecer, cuando el día todavía no tiene dueño pero ya han salido las portadas de los diarios y Twitter decide a quién se odia hoy.

Foto de portada: Focus Images Ltd.

8 comments

Espectacular!! No me canso de defender al bueno de Benzema, aunque aveces me pregunto que para que sirve, seguiran valorando su partido por su pasimonia, o peor, si marca o no, yo siempre digo que para valorarlo por sus goles, y simplemente por sus goles, nisiquiera hace falta ver el partido.

Yo creo que a Benzema se le sigue valorando por su temporada malísima de hace 3 años, da igual que lleve dos años dando luz al fútbol del Madrid, Bernzema es el gato, el delantero moderno etc etc para muchos embrutecidos ¿seguidores? de este deporte.
En cuanto al artículo… como escribe de bien Sergio Vázquez, como se ve en el mismo, tiene buenas influencias.

Un saludo

Hay veces que por una mala racha te juzgan de por vida.

Gracias por tus palabras sobre el artículo. Un abrazo.

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