Encerrados sin fútbol

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Cuando empezó el Mundial de 2010, Eduardo Galeano, periodista y escritor uruguayo, colgó en la puerta de su casa un cartel que decía: “Cerrado por fútbol”. La anécdota es una de las más manidas de la literatura futbolística, pero viene a cuento recuperarla porque, si seguimos leyendo el texto en el que él mismo lo explica, hay una frase que que se podría trasladar al presente: “Ya empiezo a extrañar la emoción de los goles no apto para cardíacos, la belleza de las mejores jugadas repetidas a cámara lenta y la fiesta y el luto, porque el fútbol a veces es una alegría que duele”.

Cerrado por fútbol es el nombre para el conjunto de textos publicados después de la muerte de Galeano. Aunque el libro de la materia más conocido del escritor uruguayo es El fútbol a sol y sombra, antes y después escribió una cantidad enorme de textos que hablaban de fútbol, recogidos en este volumen. Si en El fútbol a sol y sombra Galeano nos descubría cómo podíamos relacionarnos nosotros con el balón, en Cerrado por fútbol conseguimos saber cómo era la relación de Galeano con la pelota. En algunos de estos textos olvidados encontramos historias que habíamos escuchado pero que no sabíamos que eran suyas y también anécdotas que jamás nos habían contado. Un minucioso trabajo de selección que tuvo la supervisión de los que mejor le conocieron: su mujer Helena Villagra y su amigo y gran cronista Ezequiel Fernández Moores.

El propio Galeano cuenta en el libro que de pequeño quería ser futbolista, pero enseguida se dio cuenta de que no valía. Sólo pudo ser jugador en sueños. Pero con sus manos se vengó de lo que no pudo hacer con los pies y se convirtió en uno de los escritores y pensadores de referencia. Zurdo de pensamiento, como él mismo decía, su postura estaba siempre en contra de los opresores. Antes de que intentaran convencernos de que hay que separar política y fútbol, el escritor uruguayo no tuvo reparos en criticar a Pinochet y Videla o en alabar al Che y a Fidel Castro en un artículo sobre fútbol. Sin embargo, descartaba el elitista argumento de la izquierda de ver el fútbol como el opio del pueblo. “El fútbol tiene la culpa, toda la culpa, y si el fútbol no existiera, seguramente los pobres harían la revolución social y todos los analfabetos serían doctores”, escribió irónicamente. En su discurso cuando recibió el premio Vázquez Montalbán, incluido también en el libro, dijo en honor al escritor barcelonés que ambos intentaron combatir los prejuicios de mucha gente de derechas, que cree que el pueblo piensa con los pies, y también los prejuicios de muchos compañeros de izquierdas, que creen que el fútbol tiene la culpa de que el pueblo no piense.

Galeano jamás demonizó el fútbol en el plano social, pero sí que cuestionó la deriva que estaba tomando el deporte, tanto en la vía empresarial como en el juego. Visto cada vez más como una profesión que como un amor, Galeano detectó dentro del terreno de juego menos espacio para la improvisación. Aunque murió en 2015, el autor de El libro de los abrazos diagnosticó una importancia pujante en el resultado. “Se juega para ganar, o para no perder, y no para gozar la alegría de dar alegría. La pasión de jugar por jugar”.

Cerrado por fútbol incluye también cinco joyas, una por cada Mundial desde 1998 hasta 2014. Después de cada Copa del Mundo, Galeano escribió una radiografía social y futbolística. El mundo cambiaba mucho cada cuatro años y empezó a ver cosas extrañas que ahora son normales, como un aumento de la publicidad. Lo único que se mantenía era que Fidel Castro estaba a punto de caer. Del Mundial de 2006 escribió que “los artistas dejaron lugar a los levantadores de pesas y a los corredores olímpicos”. ¿Qué hubiera dicho del Mundial de 2018?

Más allá de los colores, Galeano era un amante del buen fútbol -pedía “una linda jugadita por amor de Dios”- que siempre se ponía del lado del débil. En sus textos nos recuerda, lejos del gusto ahora por conjugar el verbo fracasar, que nadie triunfa siempre. Nadie describió a Maradona como lo hizo él. Decía del argentino que era el Dios sucio –“el más humano de los dioses”- y asumía como nadie sus contradicciones, que no eran más que las contradicciones de todos. “Cualquiera podía reconocer en él una síntesis ambulante de las debilidades humanas, de las masculinas al menos”, escribió Galeano en un perfil.

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Siempre he pensado que para describir a los grandes jugadores hay que ser también muy bueno. Ahora tenemos el ejemplo de Lluís Flaquer, narrador de la Cadena SER, o de Ramon Besa y Francisco Cabezas, cronistas de El País y El Mundo respectivamente. Ambos tienen la difícil misión de contarnos los trucos de magia de Messi, y siempre lo consiguen. Los buenos exigen excelencia. Galeano dijo que “ojalá escribiera con el coraje de Obdulio, la gracia de Garrincha, la belleza de Pelé y la penetración de Maradona”. Este libro, además de descubrir algunas joyas inéditas, confirma que Galeano siempre es una certeza a la que acudir. Y eso es un tesoro en tiempos de incertidumbre y de estar encerrados sin fútbol.

Artículo relacionado: Conversación entre Eduardo Galeano y Günter Grass

Foto de portada: Marcadorint/Sergio Vázquez.

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2 comments

He de reconocer que lo poco que sé de este gran hombre me ha llegado a través de entrevistas pero nunca me he lanzado a leerlo.
Gracias por tu trabajo y tus aportaciones semanales querido Sergio porque, eres increíble. Gracias.

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