El rayo Havertz

Stamford Bridge. Foto: Vespa125125CFC  Licencia CCBY-SA3.0

Kai Havertz volvió a anotar un tanto decisivo para el Chelsea. Lo hizo en los últimos instantes, cuando a los suyos se les habían agotado las ideas, la paciencia y andaban justos de fuerzas. Dejó sin premio a la resistencia del Newcastle United, volvió a alegrar la vida a la grada de Stamford Bridge. Jorginho lo vió dentro del área, y envió un pase a la espalda de la defensa. Entonces Havertz sacó a relucir sus botas. No son de cuero, ni de piel, ni sintéticas. Son de terciopelo. Solo así se explica la suavidad con la que controló el pase. Bajó la pelota al piso con delicadeza. Como la de un escultor ofreciendo los últimos retoques a su obra. Sabiéndose artista, convencido de haberlo bordado. Y así fue. Son días nublados en la capital londinense, especialmente para los pensioners. Su principal benefactor, Roman Abramovich, fue castigado por el parlamento británico debido a su relación con Vladimir Putin y el futuro del club de fútbol azulón es incierto.

La única constante positiva del equipo de Thomas Tuchel es la del joven Kai Havertz, un rayo de luz en la lobreguez. Por su versatilidad, por sus goles. Empezó su carrera como centrocampista, jugó de volante y pasó luego a la mediapunta. No convenció a su llegada a la Premier League, cuando empezó a hacer las veces de falso nueve, pero pese a su juventud, el alemán no se arruga. No lo hizo en Porto, cuando ganó la Liga de Campeones para el Chelsea con un gol en la primera mitad. Hace un mes logró otro tanto crucial. Suyo fue el lanzamiento de penalti con el que los de Thomas Tuchel se proclamaron campeones del mundo frente al Palmeiras. “Todos me dijeron que lo tirara”, dijo Havertz tras la final. “Fue una locura. Estaba nervioso. Era un penalti importante, un gol importante. Mantuve la calma y estoy muy contento con ello. Después de ser campeones de Europa, ahora somos campeones del mundo. Suena mejor”.

Es tranquilo el muchacho. Una faceta que se vuelve especialmente relevante en días y momentos turbios, como el que atraviesa la entidad fundada en 1905. No pudo evitar la derrota en la final de la Copa de la Liga, y no jugó frente al Luton Town en la FA Cup. Pero Havertz ha marcado en las tres últimas jornadas de liga, y además de hacerlo frente al Palmeiras, también puso al Chelsea por delante en la eliminatoria de Liga de Campeones frente al Lille. La ventaja de dos goles lograda en casa ofrece más calma. Quizá el mayor quebradero de cabeza para Tuchel sea encontrar la manera de llevar a los suyos a Francia, cruzar el Canal de la Mancha. Una de las sanciones impuestas por el parlamento británico es la reducción de los costes para disputar encuentros fuera de casa, que se queda alrededor de los 24.000 euros.

Prometía mucho la campaña en Stamford Bridge, pero cuando se quebró el buen inicio de temporada, todo fueron problemas. Ya saben, a perro flaco todo son pulgas. Primero fue la lesión de Lukaku, luego sus declaraciones a Sky Italia. Durante la ausencia del belga, Reece James y Ben Chilwell tomaron la responsabilidad de marcar goles, pero luego también tuvieron problemas físicos y causaron baja. Pese a todos los contratiempos, el vigente campeón de Europa está a un paso de colarse nuevamente entre los mejores del continente. La etiqueta de favorito empieza a despegarse, a perder color, pero ahí está Havertz. El chaval de los recados. El futbolista capaz de solucionar cualquier problema que Tuchel tenga para confeccionar un once. Y también cuando a su equipo se le atasca un rival y se le hace de noche. Havertz es un rayo, un chispazo, una luz guía en la senda tenebrosa e incierta que el Chelsea empieza ahora a transitar.

Foto de portada: Vespa125125CFC (Wikipedia) bajo Licencia CC BY-SA3.0

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