Empiezan las rebajas

Arsenal v Manchester United. Barclays Premier League

El fútbol le da la mano a la vida cuando somos niños y ya no se la suelta jamás. Hasta pasados los 20 tenemos las mismas vacaciones que los futbolistas, de ahí que disfrutemos tanto de los campeonatos de verano. Recuerdo que mi mejor recuerdo del Mundial de 2010 no fue ningún partido, ni tan siquiera el gol de Iniesta. Fue el viernes de la inauguración, cuando acabé el último examen de la selectividad y por la tarde empezaba el Mundial.

El período de fichajes también permite paralelismos con nuestra vida. En la etapa escolar, los mercados siempre coinciden con las recuperaciones. Al volver de vacaciones a algunos les tocaba aprobar las tres o cuatro asignaturas que tenían pendientes, mientras el resto disfrutaba de un período más tranquilo. En el mercado de fichajes sucede lo mismo: los equipos tienen que hincar los codos para recuperar los puntos y los goles que han perdido durante la primera parte del campeonato. Es curioso también que el mercado de fichajes coincida con las rebajas. De hecho tienen mucho en común: vamos a comprar lo que creemos que nos hace falta para suplir nuestras carencias a un precio que nos hacen pensar que es un chollo, aunque no siempre lo es.

No soy el mayor amante de la Navidad, pero tampoco me considero el Grinch. Sin embargo, hay un problema con la felicidad impostada del período navideño: que se acaba. Como si los Reyes se hubieran llevado algo a cambio, el siete de enero es uno de los días más tristes del año simplemente porque teníamos que ser felices todos los anteriores. Como si pasar frío no fuera ya un sufrimiento, nos imponemos propósitos que no dejan de ser un reflejo de nuestra vida: objetivos que no cumplimos. Con los propósitos siempre me acuerdo de la historia de aquel individuo que entra en un bar de Chicago y siempre bebe tres whiskys, uno tras otro, porque decía que lo hacía por él y por sus tres hermano. Al poco tiempo, en lugar de tres, pidió dos whiskys y aclaró: “He dejado de beber”. Y se tragó los vasos que, obviamente, correspondían a sus hermanos.

Enero es, en definitiva, tanto para nosotros como para los equipos, un período para resolver los errores. Nos gusta que las cosas se puedan arreglar, pero un problema que no tiene solución deja de ser un problema. Se lo contó Claudio Bertoni a Leila Guerriero: “Uno piensa que la libertad es elegir. Y es al revés. Yo no tenía opción. Y es un alivio que no te lo puedes creer”.

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El fichaje de Haaland por el Borussia Dortmund es uno de los traspasos más llamativos de lo que llevamos de mercado de invierno. Foto: Focus Images Ltd.

Siempre que pienso en los fichajes me acuerdo de Mae West. La actriz podía elegir a sus compañeros de reparto. Cuando le estaban enseñando fotografías de candidatos para acompañarla en She Done Him Wrong, miró por la ventana y vio a un todavía desconocido Cary Grant. Le dijeron que era un principiante y que iba a participar en Madame Butterfly, pero ella dijo unas palabras que bien podría haber firmado Monchi: “Me da igual que haga de Madame Butterfly o de Blancanieves, si sabe hablar, le quiero en mi película”.

Es un mes en que los rumores van que vuelan. La puerta dice lo que el pasillo sabe, que reza el dicho. Roberto Bolaño estuvo preso ocho días en Chile después del golpe de Pinochet. Un día le preguntaron cómo había pasado su medio en año en prisión. El propio Bolaño explicó que el malentendido se debe a que en un libro que le editaron en Alemania decían que habían estado un mes en prisión, en el segundo, subían la cifra a tres meses, y así sucesivamente. “Como sigan, todavía voy a estar preso”, apostilló.

Lo escribí en el primer artículo de la temporada. Es curioso que empiece el año cuando ya lo tenemos todo en marcha. El fútbol y las vacaciones marcan tanto nuestro año que el cambio de número es algo anecdótico. Nuestras unidades de tiempo van de septiembre a julio. El día uno de enero estamos, en realidad, a mitad de todo. Si pusiéramos el punto final , sería como los desenlaces abiertos de Henry James, que acabó una novela con un personaje diciendo: “¡Pues así son las cosas!”. O como Foster Wallace, que cerró su primera novela con una frase a medias, en la que un hombre quiere conquistar a una mujer y le dice: “Soy un hombre de”. Cerrar ahora el año es como poner un punto final donde no toca.

Si el fútbol tiene una biblia es Fiebre en las gradas. A Nick Hornby, del que tanto aprendemos en ese libro, le preocupa la idea de morir a mitad de temporada, sin saber si el Arsenal ha ganado algún título esa campaña. Aunque reconoce que es difícil no morir en los meses que van de agosto a mayo, la preocupación de Hornby responde a una idea que nos atormenta a todos: dejarlo todo atado. Lo explica el escritor inglés con una frase que podría ser el final de muchas cosas, como por ejemplo de este artículo: “Todos tenemos la ingenua aspiración de que, cuando nos vayamos de este mundo, no dejaremos ningún cabo suelto por ahí”.

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Foto de portada: Focus Images Ltd.

4 comments

Magnífica reflexión, Sergio. Más que en años, vivimos la vida en temporadas que se corresponden con el fútbol. Las vacaciones en verano y a clase de septiembre a junio. Trabajar, como dices, ya es otro rollo.

“el siete de enero es uno de los días más tristes del año simplemente porque teníamos que ser felices todos los anteriores”. Soberbio Sergio. Yo tampoco soy muy de Navidad, y ya casi de ningún día o días con nombre especial, si bien es cierto que para los que amamos el fútbol el rodar del balón trae de vuelta una sensación especial. Algo parecido me pasa contigo cada domingo amigo. Gracias.

A veces un martes cualquiera de marzo es mejor que un día señalado. El día que comentas por aquí, por ejemplo. Un abrazo.

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