En el nombre de Guti

Guti Madrid - MarcadorInt

Parecía el mismo. Se sentó en la sala de prensa con el gesto de cuando preguntaba si el vaso que tenía delante era de vodka. Llevaba el pelo muy parecido, si acaso un poco más corto. Se atusó el flequillo igual que antaño, como el que mira un reloj roto. Un gesto más efectivo que estético, como por suerte todo lo que hacía en el campo. Nos engañó porque todos hubiéramos dicho que era la misma persona, pero él se encargó de desmentirlo. “Me gustaría que me llamaran José María Gutiérrez y no Guti, porque estoy escuchando en todos sitios lo de Guti, Guti… y me llamo José María Gutiérrez, no Guti”.

Entre la petición de que le llamaran Guti y la petición de que dejaran de hacerlo hay una adolescencia. Qué era si no Guti. La eterna promesa, decían. A mí me gustaba que era el eterno niño, el que seguía jugando cuando le llamaban para cenar, el que tiraba caños en todas las pachangas, el que hacía cosas estéticas y no útiles, porque ahora parece que todo lo que hacemos tenga que servir para algo. De jóvenes todos queríamos ser Guti y no entendíamos que algunos, normalmente los que ya habían dejado la juventud atrás, le acusaran de no correr, de prometer más que de cumplir. Él al menos ya supo desde muy joven que la vida es eso, una promesa por cumplir.

A Guti no me atrevería a decirle nada, pero a José María Gutiérrez le diría que es fácil cambiarle el nombre a las cosas, pero no tanto la esencia. Mis abuelos aún dicen que van al Pryca cuando van al Carrefour. El nombre es como una peca: te viene dado y te acompaña toda la vida a no ser que te lo quites artificialmente. El nombre es una declaración de lo que vendrá después, una lección que más vale asumir pronto: las cosas importantes no las elegimos nosotros. Nos vienen y las capeamos como podemos.

Los brasileños tienen un máster en esto de los nombres. Cuando a Garrincha le advertían de un marcador del equipo rival, él siempre contestaba lo mismo: “¿Quién? Para mí todos los defensas se llaman Joao”. Casemiro se llama en realidad Casimiro, pero en un partido en Brasil le pusieron mal el nombre y jugó con ‘Casemiro’ a su espalda. Hizo un partidazo y por superstición decidió quedarse con ese nombre. Jabois dice que es una paradoja porque “el encargado en el campo de corregir los errores tácticos de sus compañeros arrastra en su camiseta un error tipográfico”. El otro día leí que cada vez menos jugadores brasileños adoptan el sufijo ‘-inho’, uno de los clásicos del fútbol. Al parecer el estudio, con porcentajes incluso, decía que los futbolistas creían que ese sufijo les devaluaba como jugador, y recogía las palabras de Matheusinho, que decía que el ‘inho’ no combinaba con “el fútbol de gente grande”. En el top de presentaciones está una que contó Enrique Ballester. Un jugador que se llamaba Renaldo dijo el primer día: “Soy como Ronaldo, pero con e”.

Eric Dier (c) of England and Casemiro of Brazil during the International Friendly match at Wembley Stadium, London Picture by Simon Dael/Focus Images Ltd 07866 555979 14/11/2017
Casemiro se llama en realidad Casimiro, pero en un partido en Brasil le pusieron mal el nombre y jugó con ‘Casemiro’ a su espalda. Hizo un partidazo y por superstición decidió quedarse con ese nombre. Foto: Focus Images Ltd.

Me recuerda a cuando digo mi segundo apellido: como joder pero con a. El apellido es otra forma de llamar a la gente, mucho más frío sobre todo si es del montón. Yo en clase siempre era Vázquez porque había algún Sergio más. Un año nos juntamos hasta cuatro en la misma aula. Lo bueno de tener un apellido con V es que me garantizaba la felicidad durante el primer trimestre, porque nos sentaban por orden alfabético y a mí siempre me tocaba de los últimos. Siempre he pensado que el lugar en el campo tiene mucho que ver con el sitio en la clase. Los porteros son los más tímidos y lo ven todos desde atrás, los del medio reparten juego y hablan con todo el mundo y los delanteros son los más valientes: ven a la portería y al profesor muy de cerca. Lo bueno en mi caso es que siempre había alguna Vega detrás, por lo que nunca era el último de la fila. Una de las pocas cosas que sé de la vida es que no hay que estar nunca al principio ni al final. No hay que ser el primero ni el último. Ni el más listo ni el más tonto.

Ojalá el Espanyol haya fichado a Calleri porque tenía a Calero y así se quitó la espinita de cuando tenía a Forlín pero no a Forlán. Es lo máximo que puedo decir de los nombres, aunque siempre se puede echar mano de los grupos de música. León Benavente se llama así porque siempre pasaban por un cartel de autopista con esas dos poblaciones. La palma se la lleva Carolina Durante, nombre que cogieron prestado de una compañera de clase aunque ellos se empeñen en dar distintas versiones. El País encontró a la auténtica Carolina Durante y le preguntaron qué le parecía: “Bueno, el día que en el programa de La2 Un país para escucharlo Ariel Roth, del que soy fan desde pequeña, pronunció mi nombre con su sensual voz y me hizo mucha ilusión”. Para los que nos detenemos en las gilipolleces es un pequeño triunfo poder decir que Carolina Durante va a un concierto de Carolina Durante.

La suerte de los futbolistas es que también se les puede conocer por su dorsal. Jordi Puntí cuenta que en su camiseta quería el ‘9’ de Cruyff, pero su madre se equivocó y le estampó el ‘6’ de Neeskens. Hizo de la necesidad virtud y a partir de ahí se convirtió en un fan incondicional de Neeskens. Gracias a Alejandro Mendo descubrí una publicación en Instagram de Rivaldo en la que criticaba a Tite por darle el ‘10’ de la canarinha a Paquetá, que tenía que aparecer en un artículo de nombres. El ‘10’ es sagrado para muchos. A mí me pasa con el ‘14’, y ahí volvemos a Guti. Me gusta pensar que Benzema, un delantero con botas de centrocampista, lo último que vio antes de recibir el taconazo fue su dorsal. Guti dejó huella en Riazor después de intuir a Benzema, quién sabe si por sus soplidos o porque le vio con el rabillo del ojo. Todos asistimos a un truco de magia de los buenos, en los que no importa tanto cómo lo ha hecho sino disfrutar del espectáculo. Es la mejor manera de ponerle tu nombre a las cosas. Con un gesto, como sacarse el peine del bolsillo, que nadie ha hecho antes. Como la gravesinha, pero bien. Ahora todos los taconazos se hacen en el nombre de Guti.

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Foto de portada: MarcadorInt/T. Martínez (Todos los derechos reservados).

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4 comments

Recuerdo en el programa Crackovia de TV3 (un programa humorístico sobre fútbol que echaban hace años) la broma de “Te pedí que ficharas a Forlán!”, “Pues yo entendí Forlín!”

Yo siempre recordaré a Guti como el mejor asistente en el último pase, puede que los haya mejores, aunque es difícil, pero es una de esas cosas que uno guarda en su memoria desde pequeño de esa forma y, ya luego, es incapaz de contradecir a sus recuerdos (ellos dicen la verdad). Y también recordaré ese taconazo contra el Depor y, en menos medida, el que dió contra el Sevilla para asistir a Zidane. Un genio.
Y tu no te quedas atrás s Sergio. Gracias amigo.

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