En tu estadio o en el mío

OS Belenenses MarcadorInt Sergio Vázquez

Los estadios de fútbol son como las casas. Las hay que te recuerdan a la tuya; están también las acogedoras, donde nada más entrar, por el olor y la sonrisa de los anfitriones, se siente que es un hogar. Otras están bien pero tienen un ambiente hostil y por último, las peores son las casas frías, desangeladas, en las que en la nevera sólo hay un yogur caducado y medio limón pocho.

Esta semana ha habido dos visitas importantes a los estadios, como la primera vez que vamos a casa de los suegros. Guardiola visitó el Santiago Bernabéu desoyendo el consejo de Ernesto Sábato: “Siempre es levemente siniestro volver a los lugares que han sido testigos de un instante de perfección”. Lo que experimentó el técnico del Manchester City al regresar al feudo blanco lo hemos sentido todos cuando hemos vuelto a la que hace unos años era nuestra casa y ahora es la casa de nuestros padres. La habitación sin adornos, los cajones sin calzoncillos, el Scalextric al fondo del armario y un recuerdo de felicidad pasada e incertidumbre venidera. Al final lo que hizo Guardiola es lo que no nos atrevemos a hacer ninguno: sentarnos y volver a ser feliz con lo mismo que lo fuimos años atrás.

Messi visitó el templo de Maradona. Se pareció más a una mudanza porque no podía hacerla solo, llevaba una mochila con mucha carga y tenía ganas de que acabara. Al final su partido se pareció a la frase de un poema de Luis Chaves: “Las promesas de la casa nueva se quedaron en la vieja”. La comparación en la que vive encerrado Messi la explicó a la perfección hace unos años David Torras en El Periódico. En un artículo explicaba que tanto Piglia como Messi han convivido con las comparaciones en un país que tiene dos grandes pasiones: la palabra y el balón. “Leo, con la de Maradona, ante la que calla y juega. Piglia, con la de Borges, ante la que sonreía y escribía”.

Pep Guardiola of Manchester City during the UEFA Champions League match at the Estadio Santiago Bernabeu, Madrid Picture by Yannis Halas/Focus Images Ltd +353 8725 82019 26/02/2020
“Lo que experimentó el técnico del Manchester City al regresar al feudo blanco lo hemos sentido todos cuando hemos vuelto a la que hace unos años era nuestra casa y ahora es la casa de nuestros padres”. Foto: Focus Images Ltd.

Últimamente hay que ir con cuidado en los estadios porque muchos nos dicen que se va a caer “literalmente”. Ahora, como recoge en un hilo La libreta de Van Gaal, todo es literal. Lo que más miedo me da es cuando un jugador se va a comer al árbitro “literalmente”. Lo de llevar al equipo en volandas se resume a la perfección en una anécdota que recoge Luis María Valero en Sed en la Condomina. El Murcia acababa de marcar el 3-2 y Paco Guzmán, el narrador en TVE, le dice a su compañero de retransmisión: “Cógete, Juan de Dios, que la Condomina se cae”.

Todavía hay estadios en los que no se juega, se sobrevive. Pocos como Anfield o el Westfalenestadion, que tiene que ser muy parecido al mismísimo averno, con un muro que parece que se vaya a caer en cualquier momento. La mejor forma de comprobar la mística de un estadio es verlo cuando está completamente vacío. Con Marcel Beltran teníamos un podcast en el que todo pasaba en un estadio, Boleyn Sound. Al final siempre preguntábamos a los entrevistados el mejor recuerdo que tenían en un campo de fútbol. Hace poco me quedé solo en un estadio, el de Os Belenenses, que hace años estaba en primera y ahora quiere volver al fútbol profesional. Fue como estar en un cementerio: un lugar con muertos pero muy vivo.

Por desgracia los campos de fútbol se parecen cada vez más entre ellos. Como los pisos, aunque curiosamente es por motivos opuestos. Todos los estadios empiezan a ser iguales porque los clubes tienen mucho dinero y todas las casas son iguales porque no tenemos dinero y todos vamos a Ikea.

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Foto de portada: Sergio Vázquez.

6 comments

Buena reflexión, Sergio. Hace poco leí en Panenka un buen reportaje sobre el Vicente Calderón, ahora engullido por grúas y carreteras. Pero siempre, pase lo que pase, seguirá siendo un estadio en el recuerdo.

El último párrafo es genial. Es totalmente cierto, hasta los estadios están perdiendo la esencia propia en su arquitectura. Menos mal que los aficionados la siguen manteniendo.
Tristemente así parece pasar con muchas cosas, vestimos muy parecido, vemos las mismas series, vamos a los mismos destinos…
Gracias Sergio porque tú no dejas de ser único.
Abrazo.

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