Borrar un pedazo de Historia

dinamo Zagreb-estadio-Maksimir Marcadorint

Privar a las cosas de su contexto es hablar del Maksimir como un estadio de fútbol. Y como un simple estadio, es cierto que está bastante viejo y tiene mucha más capacidad de la que suele utilizar, aunque acoja los partidos más importantes que se juegan en Croacia. Y que, con el paso de los años, se ha ido convirtiendo en un sumidero de inversiones públicas y privadas para sortear las regulaciones y sanciones institucionales, sin lograr eludirlas del todo. Derrumbar y volver a construir el estadio del mayor club de Croacia y en el que la selección croata ha disputado la mayor parte de sus partidos es una decisión controvertida, pero entra dentro de los criterios lógicos de la evolución social y económica de este deporte. Pero derrumbar el Maksimir va mucho más allá de eso, por manida que pueda estar esta frase. El Maksimir es, entre otras cosas, un símbolo nacional, un pedazo de la Historia de Croacia. Y es imprescindible tenerlo en cuenta ahora que vuelve a especularse con los planes de una próxima demolición.

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En las últimas semanas, se ha reabierto en Zagreb el debate sobre el futuro del Maksimir. Miembros de la directiva del Dinamo de Zagreb y responsables políticos del ayuntamiento se han reunido en las oficinas de la administración pública. El objetivo: cerrar de una vez por todas el proyecto de demolición del estadio y la construcción de uno nuevo a imagen y semejanza de los más alabados de Europa. Y es que en los últimos años se han invertido más de 100 millones de euros en remodelaciones del estadio para cumplir con los estándares UEFA y FIFA para competiciones internacionales, pero los resultados no han sido del todo satisfactorios y la amenaza de nuevas sanciones y consecuentes remodelaciones sigue sobrevolando el cielo de Zagreb.

“Todo está del revés desde el principio”, insiste el arquitecto croata Otto Baric. “Ante la insistencia de Franjo Tudjman [primer Presidente de Croacia después de su independencia en 1991], se demolió la grada del norte y se construyó una nueva, se retiró la pista de atletismo y se bajó la altura de las gradas. Se invirtieron entre 100 y 150 millones de euros en tratar de arreglarlo y se podían haber utilizado en construir varios estadios”. Tomislav Tomasevic, diputado opositor en la Asamblea de Zagreb recalca que “es más barato demoler y construir un nuevo estadio que invertir en el actual. Pero esto lleva siendo así los últimos veinte años y no se ha actuado en consecuencia”.

El Maksimir ha necesitado de una gran inversión en remodelaciones. Foto: Marcadorint
El Maksimir ha necesitado de una gran inversión en remodelaciones. Foto: Marcadorint

¿Por qué esa reticencia a escoger el camino, a priori, más lógico? Básicamente, porque el Maskimir es más que un simple campo en el que jugar al fútbol. En sus 107 años de historia ha sido protagonista de momentos que han marcado el destino de Zagreb, tanto en lo deportivo como en lo extradeportivo. En 1941, tras el establecimiento en Croacia del Ustashe, el gobierno colaboracionista con las potencias fascistas del Eje, fue en el Maksimir donde las fuerzas de seguridad trataron de segregar a los estudiantes de minorías serbias y judías, pero encontraron un rechazo frontal. Dos meses después y en respuesta a las políticas segregacionistas, un grupo de jóvenes prendía fuego a la estructura del estadio, que resistió a duras penas y pudo conservarse con el tiempo.

Pero fueron los eventos vividos en 1990 los que marcaron a fuego el nombre del Maksimir en los anales de la Historia. Fue en el famoso duelo entre Dinamo de Zagreb y Estrella Roja que ha pasado a la memoria colectiva como uno de los desencadenantes de la Guerra de los Balcanes y el fin de Yugoslavia. Aquel en el que miles de hinchas serbios y croatas se enfrentaron en los aledaños del estadio primero y en las gradas del mismo durante el partido. Aquel en el que los ultras del Dinamo saltaron al campo para hacer frente a los radicales serbios y fueron aplacados por las fuerzas de seguridad. Aquel en el que Zvonimir Boban le propinó una patada voladora a un policía que se ensañaba con un espontáneo, convirtiéndose así en icono del movimiento nacionalista croata.

La icónica patada de Boban forma parte del imaginario colectivo de Croacia. Foto: Goran Mehkek - CROPIX
La icónica patada de Boban forma parte del imaginario colectivo de Croacia. Foto: Goran Mehkek – CROPIX

El 3 de junio de ese mismo año, Yugoslavia jugaba su último partido como local precisamente en el Maksimir. Tan solo cuatro meses después, el mismo estadio acogía el primer partido de Croacia como selección independiente. De hecho, la selección blanca y roja estableció su hogar en el Maksimir y lo convirtió en un auténtico fortín. A pesar de disputar la gran mayoría de sus partidos en Zagreb, la selección no perdió ni un solo partido oficial allí en 16 años, de 1992 a 2008. También el Dinamo de Zagreb se benefició de la mística del estadio, logrando la segunda mayor racha de victorias seguidas en casa de la historia del fútbol europeo tras encadenar 28 triunfos seguidos entre 2006 y 2007, quedándose a sólo un partido del récord del Benfica (1971-73).

En los últimos años, sin embargo, es común ver las gradas del Maksimir prácticamente vacías. La supremacía del Dinamo en su propia liga y la antigüedad de las infraestructuras del estadio, con las gradas de cada lateral separadas del resto del campo, no atraen a una afición que poco a poco va perdiendo el interés en el fútbol nacional. En una entrevista que nos concedió Dani Olmo hace dos años, el actual internacional español reconocía la escasa afluencia en los partidos: “Es una pena, porque casi no viene gente a apoyar al mejor equipo de Croacia (…). En liga, a lo mejor no llega a las 500 personas ante un rival de media tabla. En el clásico contra el Hajduk a lo mejor sí se llena un poco, quizás sobre las 7.000.” En un estadio con capacidad para 35.000 personas, es una cifra preocupante.

En los últimos años es común ver las gradas del Maksimir casi vacías.
En los últimos años es común ver las gradas del Maksimir casi vacías. Foto: Marcadorint

Entonces, ¿cuál es el futuro del Maksimir? Lo cierto es que, en los últimos años, el rumor de la reconstrucción ha flotado en el ambiente con idas y venidas, pero parece que esta vez va en serio. El diario croata Jutarnji Vijesti filtró hace unos días un documento de 70 páginas supuestamente extraído de la reunión del pasado día 1 de noviembre entre la administración local de Zagreb y la directiva del Dinamo. En él, se detallaban las características del nuevo complejo, que tendría todos los 30.000 asientos techados formando parte de un mismo anillo, así como piscinas y un gigantesco aparcamiento subterráneo.

Las proyecciones son, sin duda, optimistas, sobre todo teniendo en cuenta que el precio estimado de la construcción es de 50 millones, cifra que otras fuentes del diario Jutarnji no dudan en estimar como escasa. De hecho, ya se han comenzado a hacer los cálculos de que una posible venta del propio Dani Olmo en el mercado de fichajes podría sufragar el coste del estadio casi en su totalidad.

Lo que parece estar frenando el anuncio oficial es una confrontación de egos en la esfera pública de Zagreb. Mirko Barisic, presidente del Dinamo, y Milan Bandic, alcalde de la ciudad, tienen ambos una personalidad intensa y no acaban de estar de acuerdo en los detalles de la operación. En cuanto a la financiación, todo apunta a que será finalmente el Dinamo quien tendrá que hacerse cargo del proyecto en solitario, pues la ciudad cree que ya ha invertido más que suficiente en remodelaciones. Sorprendentemente, el club de Zagreb parece estar de acuerdo con esto, pero no parece por la labor de devolver la financiación del ayuntamiento en remodelaciones pasadas, que ahora se reclaman como préstamos. Tampoco la federación croata parece dispuesta a poner de su bolsillo, argumentando que la selección debe poder jugar por todo el país y habiendo alejado sus últimos encuentros de la capital a modo de ejemplo.

Sea como sea, las declaraciones de los principales responsables del proyecto apuntan a un acuerdo próximo y a una construcción que tiene como objetivo acabar en 2021. Si todo se cierra, Croacia pasará a cambiar más de sede y el Dinamo tendrá que buscar casa para jugar competiciones internacionales, por el momento. Y el Maksimir desaparecerá de Croacia y del fútbol europeo. Y con él un pedacito de Historia.

Foto de portada: MarcadorInt.

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1 comments

Vista la afluencia de los últimos tiempos, no acabo de percibir con claridad la necesidad de construir un nuevo recinto. Cierto es que sale más caro a la larga tanta remodelación, pero huele más a pelotazo urbanístico que otra cosa…

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