El exilio obligado de un árbitro por ser homosexual

raymond Mashamba CONIFA

Minuto 72 del partido entre las selecciones de Tuvalu y Padania, correspondiente a la segunda jornada de la Copa ConIFA 2018, el torneo que enfrenta a naciones, estados o minorías no reconocidas por la FIFA; un jugador de Tuvalu se encara con un rival de forma agresiva ante lo que el árbitro decide parar el choque y mostrarle la tarjeta verde. De esta forma Raymond Mashamba pasaría a la historia por ser el primer colegiado en ejercer un novedoso tipo de sanción que comporta la expulsión del jugador, pero permite que un compañero le sustituya desde el banquillo, sin ningún perjuicio para el expulsado en el siguiente enfrentamiento. El hito marcado por este árbitro se viralizó en todo el mundo, pero poco se esperaba que su repentina fama vendría acompañada del chantaje de su círculo íntimo, el repudio de su familia y el exilio en Reino Unido. Raymond prefiere no hacer más declaraciones ahora que se le ha concedido un asilo de cinco años y dice estar centrado en recuperar el contacto con sus familiares después de meses de suplicio. Sin embargo, creemos que es importante visibilizar su historia ya que desgraciadamente situaciones como las de Raymond Mashamba suelen ser bastante comunes en el mapa de migraciones en Europa.

Raymond nació en Bulawayo, la capital de Matabelelandia, una región al oeste de Zimbabue. Como sucede todavía hoy en otros 71 estados, la homosexualidad en Zimbabue está castigada por ley con penas de cárcel así que no debía ser fácil para un adolescente descubrir que era gay. Raymond prosiguió con su carrera profesional y futbolística adaptando su vida pública a los estándares aceptables según su entorno: estudió un grado en gestión de desastres medioambientales, se labró una buena fama como árbitro y estableció una relación sentimental con una chica. Sin embargo, él era plenamente consciente de su condición sexual y mantenía una relación con otro hombre a escondidas del resto del mundo. Todo empezó a cambiar hará aproximadamente un año: el estamento arbitral de la región de Matabelelandia andaba expectante ya que se empezaban a conocer las designaciones para asistir al torneo de la ConIFA, a finales de mayo. Como participante en la competición, Matabelelandia tenía derecho a mandar algunos de sus representantes y Raymond Mashamba tuvo la suerte de ser uno de ellos. Un árbitro conocido fue a casa de Raymond para hablar de ello y fue entonces cuando le descubrió en su habituación con su compañero.

3.500 personas pidieron asilo en Reino Unido entre julio de 2015 y marzo de 2017 por ser perseguidas en sus países de origen dada su condición LGTBI.

Este infortunio fue utilizado por el descubridor como herramienta de chantaje, quería que Raymond moviera hilos para meterlo en la lista de árbitros que viajarían a Londres y formar parte de la Copa ConIFA. Él lo intentó y, de hecho, a punto estuvo de conseguirlo, pero unas costosas gestiones con el visado impidieron incluir al chantajista en la expedición. No obstante, este pareció complacido con los esfuerzos de Raymond y prometió no decir nada a cambio de alguna camiseta o algún souvenir del torneo.

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Momento en el que Raymond Mashamba mostró la primera de las dos tarjetas verdes. Foto: Propiedad de ConIFA.

Así pues, el 31 de mayo de 2018 empezó la Copa ConIFA con gran expectación internacional. Uno de los alicientes que había era la implementación, a sugerencia de uno de los patrocinadores del torneo, de la citada tarjeta verde como un castigo intermedio entre la amarilla y la roja. En la primera jornada no se vio ninguna, pero en el Tuvalu-Padania Raymond Mashamba mostró dos, una para cada equipo. Fue entonces cuando la acción ocupó algunas líneas en periódicos y el vídeo del momento fue pasto de televisiones y redes sociales. En plena ebullición del tema un mensaje procedente de Bulawayo, donde había llegado también el eco de la noticia, fue el presagio de lo que se vendría: “Todavía me debes algo”.

Raymond no pudo arbitrar más durante la Fase de Grupos debido a una pequeña lesión. Sin embargo, al cabo de tres días se confirmó el horror. Su móvil empezó a arder a mensajes mientras su madre le explicaba desconsolada que había encontrado unas fotos suyas en casa, le pidió que ni se le ocurriera volver y que, bajo ningún concepto, tampoco fuera a visitar a su primo en Londres. De la noche a la mañana Raymond pasó de ser historia viva del fútbol en su país a ser un repudiado, un criminal sin tener lugar al que ir, sin amigos y sin familia.

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El Tuvalu-Padania marcaría para siempre la vida de Raymond. Foto: Propiedad de ConIFA.

Desesperado, buscó en internet y supo de la existencia de un grupo de ayuda a migrantes LGTBI en Leeds. Se fue para allá, pero sin apenas dinero para comer y durmiendo en la calle, le acabaron robando su mochila con lo poco que tenía. Fue entonces cuando apareció en su vida el Pastor de la iglesia Pentecostal de Leeds, quien le dio cobijo en su casa mientras Raymond iniciaba el durísimo proceso de petición de asilo (colas interminables, entrevistas, noches en centros de acogida temporal que bien podrían parecer cárceles, etc.). Por suerte, además del apoyo en Leeds, Raymond contó con la ayuda de ConIFA, que al saber de su caso le puso en contacto con los London Titans FC, un equipo que disputa partidos en la London Unity League. Dicha liga se trata de una competición amateur afiliada a la FA como tantas otras ‘Sunday leagues’ con la particularidad que todos los clubes que la disputan han hecho del respeto por las personas LGTBI y la lucha contra la homofobia en el fútbol su razón principal de existir.

Debido a esta conexión Raymond ha podido arbitrar muchos partidos en la London Unity League y gracias al apoyo de todas estas instituciones el árbitro recibió una fantástica noticia hace apenas dos meses; Reino Unido aceptó su solicitud de asilo por cinco años con opción de ser indefinida a partir del 2023. Ahora Raymond Mashamba está centrado en rehacer su vida e intentar restaurar sus antiguos lazos, por eso prefiere estar tranquilo y dejar que el tema se enfríe un poco, muy lícito y comprensible. Nos alegra especialmente que Raymond empiece a ver la luz después de un infierno de varios meses; no obstante, cabe recordar la vieja cantinela: el fútbol no deja de ser un reflejo de lo que pasa en el mundo y el caso de Raymond no es ni mucho menos excepcional. De hecho, según datos publicados por el propio Ministerio de Interior británico, sólo en el Reino Unido 3.500 personas pidieron asilo entre julio de 2015 y marzo de 2017 por ser perseguidas en sus países de origen dada su condición LGTBI. De estas solicitudes, sólo 838 (26%) fueron aceptadas. Da que pensar.

Imagen de Portada: Propiedad de ConIFA.

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3 comments

Con lo mucho que me gusta esta página y lo “cercano” que me siento a sus redactores, conseguir artículos que también den visibilidad a la comunidad LGBTx dentro del mundo del fútbol es ya un bonus increible. Gracias por también dar cabida a estas historias, hacen falta.

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