El éxito de los porteros

Claudio Bravo of Manchester City celebrates victory at the end of the FA Community Shield match at Wembley Stadium, London
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04/08/2019

Los porteros no se comen la punta caliente del pan. No chupan la tapa del yogur. No posponen la alarma a las seis de la mañana. Escapan de Netflix cuando sugiere el último episodio de su serie favorita. Son impasibles. Fríos. Solitarios. Ser portero es un oficio lúgubre. Trabajan en el purgatorio. Están en la vida pero ven la muerte al otro lado. La portería es un cementerio y el guardameta es el enterrador. Cava la fosa del muerto, que puede ser él mismo. La desdicha está a un paso.

Para ser portero a veces basta con no serlo. El otro día gracias a Walker cumplí mi viaje semanal a la infancia que decía Marías. Ederson era el portero titular del City, pero se lesionó y entró Bravo, que acabó expulsado por soplarle a un rival. Al exlateral del Tottenham le tocó ser el cancerbero improvisado. Me transporté inmediatamente al patio de mi colegio, que tenía cinco campos de fútbol. Normalmente me iba directo a la portería porque no tenía otra opción. Me ofrecía voluntario porque nadie quería serlo. Los capitanes, elegidos por ellos mismos, me escogían el primero. Hoy en día todavía sucede. En las pachangas siempre se busca portero. En un mano a mano hacía lo mismo que cuando estornudaba: encogerme y cerrar los ojos. Sabía que en cualquier momento iba a venir algún repetidor a sacar toda su frustración con un pelotazo que en el mejor de los casos acabaría en gol, y en el peor acabaría con mi vida. Por supuesto nunca me tiraba. Hay que estar medio loco para lanzarse a por una pelota, sin la seguridad de detenerla, y sobre todo sin saber cómo aterrizar. A mí no me gusta el riesgo, ni en la portería ni en la vida.

El otro protagonista de aquella jugada era Claudio Bravo. El “cómo hemos cambiado en un jugador”. Me imagino al chileno y a Ter Stegen cruzándose en una esquina, diciendo eso de “qué tiempos aquellos” y “a ver si nos vemos”, una frase en la que queda clara la intención de no verse. A Ter Stegen lo radiografió Jordi Quixano en una magnífica entrevista. Dejó un titular con el que me gustaría empezar un libro, todavía no sé cuál: “No he soñado ninguna vez en mi vida con el fútbol. Cero. Ni siquiera pesadillas”. Es tan solidario el alemán que seguro que viaja en metro para que a los que nos gustan los juegos de palabras podemos decir que hace muchas paradas.

Marc-Andre ter Stegen of FC Barcelona during the UEFA Champions League match at Stadion im Borussia-Park, Monchengladbach Picture by EXPA Pictures/Focus Images Ltd 07814482222 28/09/2016 *** UK & IRELAND ONLY *** EXPA-EIB-160929-0035.jpg
“No he soñado ninguna vez en mi vida con el fútbol”, declaró en una entrevista Ter Stegen. Foto: Focus Images Ltd.

Los escritores son como los porteros, solo se entienden entre ellos y, sobre todo, consigo mismos. La soledad es su mejor compañía. La cama sin hacer, medio limón en la nevera y pasta con tomate frito tres veces a la semana. Manuel Vilas dice en Ordesa que es una adicción estar con uno mismo y Goethe opinaba que muchos odian la soledad porque no se soportan a sí mismos. No me extrañaría que, como los escritores, los porteros elijan su oficio para estar solos y tranquilos durante la mayor parte del partido.

Los porteros llevan en las uñas restos de goles recibidos. Los que pueden los guardan en el trastero, debajo de la ropa de invierno que, lamentablemente, hay que sacar cada año. Pero algunos tienen que llevar los errores siempre encima, como el tatuaje del nombre de una exnovia. Es tan difícil como injusto pensar en De Gea y no acordarse del Mundial, al que llegaba como uno de los mejores porteros del mundo. Casi nadie se acuerda de eso, como si hubieran borrado los recuerdos en un episodio de Black Mirror. El éxito y el fracaso viven en un edificio que solo tiene dos plantas. Es muy fácil ir de uno al otro. Calamaro dice que no le molesta el fracaso porque no sabe en qué consiste el éxito. Yo entre los dos me quedo con el fracaso, más que nada porque pensar en el éxito no lleva a ninguna parte. El exitus, de hecho, es la salida. Después no hay nada. De Antonio Agredano rescaté una anécdota sobre Curro Romero. Tras una gran faena en La Maestranza, le preguntaron qué sentía después de un triunfo así. “Ahora ya… nada”. Edurne Pasaban contó en El Mundo que al llegar al Everest percibió una cierta decepción: ¡”Ah! ¿Y esto es? Bueno, pues vale”.

El peligro de que te vayan bien las cosas en la vida es que creas que es porque te lo has currado. A mí no me encontrarán en ese bando. Me quedo al lado de Estopa, donde siempre hacer calor. En una reciente entrevista a El Periódico explicaban que no querían que les pusieran como ejemplo de triunfadores. “Yo creo que hay más gente a la que le toca la lotería que beneficiada del ascensor social”, dijeron como si fuera un estribillo. Siempre es mejor vivir cerca del fracaso, por eso, aunque no lo parezca, lo mejor es ser portero.

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David De Gea of Spain looks dejected as the Russian players mob Igor Akinfeev of Russia and celebrate victory at the end of the 2018 FIFA World Cup match at Luzhniki Stadium, Moscow Picture by Paul Chesterton/Focus Images Ltd +44 7904 640267 01/07/2018
Es tan difícil como injusto pensar en De Gea y no acordarse del Mundial, al que llegaba como uno de los mejores porteros del mundo. Casi nadie se acuerda de eso. Foto: Focus Images Ltd.
Foto de portada: Focus Images Ltd.

10 comments

Cómo se me pasó este artículo hasta hoy? Pues no lo se.

Como portero en mi equipo, en las pachangas y en la vida, al fin y al cabo, felicitarte especialmente Sergio.
Para entender a los porteros solo hace falta conocer al Can Cerbero…

Muchísimas gracias, me alegro de haber captado la esencia que te recuerda a ti a los porteros. Un abrazo.

Una delicia de artículo. Mi enhorabuena.

Después de leerte me gustaría compartir una reflexión. ¿Por qué este tipo de periodismo no llega al gran público? ¿Es porque no les interesa, o es porque la gente “come lo que le pongas”?

Me niego a pensar que a una gran parte de lxs aficionadxs al deporte no les interese el tipo de periodismo que se ofrece en medios como este, que además de informarte, te nutren.

Un saludo y muchas gracias por el trabajo.

Te lo agradezco mucho, Raúl. es un debate interesante, que daría para muchas horas. A nosotros solo nos queda seguir, y este tipo de comentarios reconforta. Un abrazo.

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