Dos años sin liga

Ghana afición eser.karadag

Vivimos tiempos extraños, pero hay lugares en los que, desgraciadamente, lo excepcional se ha ido convirtiendo en norma con el tiempo. Aunque en el resto del mundo dejar de jugar al fútbol parezca un asunto crucial, en Ghana llevan más de dos años sin poder disputar su liga con normalidad. En junio de 2018, la emisión de un documental que aportaba pruebas gráficas de la corrupción de la federación ghanesa de fútbol y el amaño sistemático de partidos provocó la suspensión de la liga y la dimisión en bloque de los directivos de la federación. Desde aquel varapalo, que supuso una crisis estructural, el fútbol ghanés emprendió un camino de reconstrucción, lento y sufrido, que empezaba a dar sus primeros brotes. Hace un par de meses, la liga volvía al fin a comenzar con normalidad. Apenas unas semanas después, el coronavirus obligaba a volver a pararlo todo. Una nueva estocada que puede ser letal para uno de los países que mayor pasión siente por este deporte.

El 6 de junio de 2018 se publicó “Número 12: Cuando la avaricia y la corrupción se convierten en norma”. El documental, dirigido por el reputado periodista de investigación que trabaja bajo el alias de Anas Aremeyaw Anas, mostraba al mundo las habituales prácticas de corrupción en el fútbol ghanés. Con cámaras ocultas, Anas grabó a 77 árbitros y 14 directivos de la federación participando en actos fraudulentos, ya fuera cobrando sobornos u organizando amaños. La incuestionabilidad de las imágenes obligó a la FIFA y al gobierno ghanés a intervenir, sustituyendo la federación por un comité de normalización. Las competiciones en marcha se suspendieron y el fútbol ghanés entró en un limbo del que aún está luchando por salir.

Reportaje recomendado: “Offside: Ghana”, grabado poco después del escándalo

“Han sido los meses más complicados de la historia de nuestro fútbol”, reconoce Saddick Adams, periodista deportivo de referencia en Ghana. “Los clubes sufrieron mucho económicamente. Los sponsors rescindieron sus contratos y muy pocos se sumaron después. Los equipos perdieron a los jugadores cuyos contratos se acababan y a muchos de los que tenían en nómina no los podían pagar”. En definitiva, el fútbol en Ghana dejó de ser económicamente viable. Hasta 7.000 jugadores y 800 entrenadores pasaron de competir día a día a marcharse a sus casas. Los equipos grandes lograron mantener en plantilla a sus jugadores y organizar amistosos internacionales, pero para los más pequeños y las categorías inferiores fue un desastre. Para garantizar la supervivencia de los clubes había que retomar la competición lo antes posible, pero para ello había que asegurar la honestidad del torneo.

Oluniyi Ajao
Pasarán muchos años hasta que el fútbol en Ghana vuelva a la normalidad. Foto: Oluniyi Ajao.

A principios de 2019, el comité de normalización organizó la llamada “Competición Especial”, una liga reducida y dividida en dos grupos que no contentó financieramente a nadie y recibió críticas por parte de los clubes y los jugadores. Kurt Okraku fue nombrado nuevo presidente de la federación con el objetivo de volver a organizar la Premier League Ghanesa con normalidad a finales de 2019 y limpiar la sombra de la corrupción del fútbol ghanés. “La nueva directiva lo está haciendo bien”, sugiere Saddick Adams, “hay un nuevo director de árbitros, nuevas regulaciones y estatutos. No hemos erradicado la corrupción de nuestro fútbol y no lo vamos a hacer, pero ningún país puede decir que lo haya hecho. Todo el negocio que estaba antes alrededor del fútbol sigue ahí”. Prueba de ello fue el trágico asesinato en enero de 2019 de Ahmed Hussein-Suale, uno de los periodistas de incógnito que llevó a cabo el documental que desató la crisis. Su muerte llegó meses después de que el político Kennedy Agyapong revelara públicamente la identidad y el rostro de Hussein-Suale en un programa de televisión, animando literalmente a los espectadores a “golpearle si se lo encontraban”.

Más allá de los ingresos publicitarios y de taquilla, gran parte del sustento de los clubes ghaneses proviene de la exportación de talento a otros países, principalmente a Europa. Si bien el parón provocó que los jugadores terminaran sus relaciones contractuales con los clubes ghaneses, esto no se tradujo en un aumento de traspasos, más bien lo contrario. “Los equipos europeos pagan por un jugador cuando está activo y compitiendo”, resume Adams, “Los agentes han tenido muchos problemas para mover a jugadores que habían dejado de jugar”. Un agujero más en la financiación de los clubes y en el porvenir de los futbolistas ghaneses.

El 29 de diciembre de 2019 volvió a disputarse un partido de Premier League Ghanesa, 570 días después del anterior. La nueva competición nació herida de muerte entre duras críticas por la falta de financiación. Sin un sponsor para la liga, los clubes apenas tocaron a 30.000 dólares del pago de Startimes por los derechos televisivos, lo que, según los propios clubes, apenas garantizaba la solvencia económica para los primeros dos meses de competición. Por caprichos del azar, la liga no duraría mucho más. El 12 de marzo, con los primeros dos casos de coronavirus detectados en el país, la federación volvió a suspender la liga.

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“El coronavirus ha castigado al fútbol ghanés doblemente”, explica Adams, “Paramos en 2018 y pasarán 2 o 3 años hasta que volvamos a competir con normalidad”. Ya hay voces en el país que piden la suspensión de la competición por ver inviable terminarla en los plazos estipulados. Yahaya Mohammed, jugador del Aduana Stars y máximo goleador de la liga, opina lo contrario: “Creo que la federación no debería tomar esta decisión con prisa o se arrepentirán. Debemos priorizar la lucha contra el virus y después ya veremos si estamos a tiempo de terminar o no la competición”.

Fotografía de Michael Schubert, liberada bajo dominio público.
El Asante Kotko está en serios apuros económicos tras el revés de una decisión de la FIFA. Fotografía de Michael Schubert, liberada bajo dominio público.

Al menos en este caso no hay mancha de corrupción que haga peligrar los escasos ingresos comerciales, pero los ingresos por traspasos seguirán sin llegar. La reacción en cadena de la crisis en los países más poderosos implica que mucho menos dinero llegará a las arcas de los clubes ghaneses y que muchos menos jugadores verán cumplido su sueño de jugar en Europa. Por si todo esto fuera poco, uno de los clubes más grandes del país, el Asante Kotoko, está en serios apuros después de que la FIFA le haya condenado a pagar 240.000$ al Esperance de Túnez por irregularidades en el traspaso de un jugador. Si el club ghanés no es capaz de saldar su deuda antes del 17 de mayo, perderán la categoría y descenderán a segunda división. Si se confirmara la sanción, la liga ghanesa emprendería un futuro escenario de reconstrucción con aún más palos en las ruedas, sin uno de los clubes de mayor atractivo competitivo y sin su capacidad de aglutinar talento sobre el campo y asistencia en los estadios.

Si algo positivo ha sacado el fútbol ghanés de todo esto es la experiencia y la paciencia necesarias para revertir la situación en el largo plazo. “Nos llevará años volver a donde estábamos,” se lamenta Adams, “Pasará mucho tiempo hasta que volvamos a clasificarnos para un Mundial, que nuestros clubes compitan a nivel continental… Nos costó tanto tiempo llegar hasta allí”. En un mundo golpeado por una pandemia global a veces es necesario recordar que no afecta a todos por igual.

Foto de Portada: eser.karadag.

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