Gunnleifur Gunnleifsson: 43 años, 25 bajo palos y 12 sin decir palabrotas

Gulli Breidablik

El éxito de la selección islandesa trajo consigo una serie de historietas bastante recurrentes que hicieron fortuna entre el público por la peculiaridad y el olor a amateurismo que desprendían. De entre todos los relatos, uno de las más exprimidos fue sin duda el de Hannes Halldórson. Ya saben, el portero que en sus ratos libres había compaginado el fútbol con su arte por la dirección de películas y anuncios publicitarios. La historia de Hannes fue contada, comentada y admirada en todo el mundo. Sin embargo, a la sombra del portero director de cine se esconde una figura no menos carismática y con una carrera también excepcional. El que fuera portero suplente de Halldórson durante toda la Fase de Clasificación para la Euro 2016 y que se quedó a las puertas de la cita histórica de Francia tiene 43 años, encara su vigesimoquinta temporada en activo y este verano va a jugar la Europa League.

Gunnleifur Gunnleifsson se hace llamar Gulli -para alivio de los extranjeros que le llaman- juega en el Breidablik y es toda una institución del fútbol islandés. A los seis años de edad lo pusieron entre los tres palos, le gustó tanto la portería que en 1994 debutó con el primer equipo del HK de su Kopavogur natal y hasta el día de hoy sigue dando guerra. ¿Por qué? La respuesta de Gulli es tan simple como magnífica: “Tengo muy claro que sólo importa una cosa en esta vida, ser feliz. Y te puedo asegurar que no hay ningún sitio en el que me sienta más feliz que en la portería”. Así de fácil. Y aunque sus 43 puedan sorprender, lo cierto es que si se comprueban las estadísticas no hay ninguna duda: Gulli jugó 2.895 minutos con el subcampeón de la Pepsi Deild. “Quiero seguir jugando porque ahora soy mucho más portero que el que era con 25 años. El cuerpo me responde y además entiendo mucho mejor el juego”.

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Siempre que puede, Aron Gunnarson entrena con su viejo amigo y el resto de compañeros. Foto: Breidablik UBK.

Con tan dilatada experiencia, Gunnleifur Gunnleifsson es un testimonio excepcional de la admirada evolución del fútbol islandés en las últimas décadas y es que, como bromea: “he jugado con absolutamente todos los que han pasado por aquí en las últimas dos décadas”. De hecho, Gulli mantiene una excepcional relación con el capitán del equipo nacional Aron Einar Gunnarson y cuando el jugador del Cardiff City está de vacaciones o pasa unos días en casa va a entrenar con los chicos del Breidablik gracias a la amistad que les une. Pero a diferencia de Gunnarson y de la inmensa mayoría de jugadores internacionales, Gunnleifsson no ha jugado nunca fuera de Islandia. Bueno, no. Nunca no. En el currículum de este portero hay una curiosísima cesión de 6 meses al FC Vaduz, un club de Liechtenstein que compite en la liga suiza. Esta corta aventura vivida en 2009 ayudó a Gulli a reafirmarse en su filosofía de fútbol y de vida: “Si te he dicho antes que no hay nada que me haga más feliz que estar en una portería, estos meses me sirvieron para confirmar algo que ya intuía y es que para mí no hay nada mejor que jugar de portero en mi casa”.

El hombre que no dice palabrotas

Otra de las singularidades que definen a este hombre es que lleva 12 años sin pronunciar una palabrota o una palabra malsonante: “En 2007 perdí a mis padres. Fue un golpe muy duro, entonces decidí que haría todo lo posible por estar en paz conmigo mismo y con el mundo. Una de las pequeñas cosas que me ayudaron a cambiar mi actitud ante la vida fue sustituir los tacos por silencios o por palabras de apoyo. Funcionó y desde entonces mi mujer, mis hijos y yo hemos aprendido a desterrar estos conceptos de nuestro vocabulario”. De las palabras de Gulli se desprende una actitud prácticamente digna de un asceta que valora el aurea mediocritas de la vida, muy lejos de la imagen estereotipada del futbolista tradicional. No obstante, hace cosa de tres años otra decepción dejó en jaque a Gunnleifur Gunnleifsson y es que, pese a haber vivido como uno más la histórica clasificación de la selección de Islandia para la primera Eurocopa de su historia, se quedó finalmente en la lista de reservas y no viajó a Francia. “No te negaré que fue un palo durísimo. Mi primera convocatoria con la selección nacional fue en el año 2000 y desde entonces estuve siempre de manera más o menos regular en las listas. Quedarme a las puertas del mayor hito deportivo en la historia del país cuando había sido convocado hasta el mismo 2016 fue difícil. Pero lo entendí y me sentí parte implicada en el éxito que consiguieron los chicos”. De aquella Eurocopa y del Mundial que vino posteriormente emergió la figura de Hannes Halldórson, de quien hemos hablado al principio, pero lejos de querer presentarlos como los antagonistas de una misma historia, Hannes y Gulli mantienen un vínculo, una hermandad entre porteros: “En el mundo del fútbol, ya sabes, hay mucho conocido, mucho saludado. Pero amigos íntimos de verdad es muy difícil hacer en el fútbol. Yo puedo decir con orgullo que Hannes es mi amigo y me alegra muchísimo que haya vuelto a Islandia para jugar en el Valur”.

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El Breidablik de Gulli quedó segundo en la tabla el año pasado. El objetivo del equipo es conseguir acabar con la hegemonía del Valur en los últimos años. Foto: Breidablik UBK.

A sus 43 años, Gulli es un hombre feliz, y punto. “Hago lo que más me gusta, lo hago en mi casa, que es Kopavogur, y cuando no estoy jugando me encargo de mi academia de fútbol o estoy con mi familia ¿Qué más le puedo pedir a la vida?”. Gunnleifur Gunnleifsson encara esta nueva temporada con el reto de sumar la segunda liga a su palmarés y con la ilusión de un niño de 43 años por saber cuál va a ser el rival a batir en la previa de la Europa League. El fútbol, esa locura que a veces nos permite conocer historias tan poco grandilocuentes y a la vez tan maravillosas.

Imagen de Portada: Cedida por Breidablik UBK.

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