Un juego peligroso

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El disparo de Gravilo Princip fue el detonante final. Sobre el Puente Latino, en la ciudad de Sarajevo, el nacionalista yugoslavo asesinó al archiduque Franz Ferdinand. El heredero al trono austrohúngaro visitaba la ciudad en un clima de tensión territorial entre las principales potencias industriales y militares de Europa. Pugnas que terminarían globalizando el conflicto. El 4 de agosto de 1914 estalló la Primera Guerra Mundial.

Francia y Reino Unido formaron la Triple Entente junto a la Rusia zarista. Se les unieron Japón, Estados Unidos y también Italia, que cambió de bando. A la alianza entre el Imperio alemán y el austrohúngaro se les unió el Imperio otomano y el Reino de Bulgaria. Fueron sumándose más países a lo ancho del globo. Se vivieron algunas de las batallas más sangrientas de la historia de la humanidad, como la de Verdún o la del Somme, auspiciadas por los avances tecnológicos y armamentísticos. Aparecieron los primeros submarinos, carros y aviones de combate, así como nuevos cañones y ametralladoras.

El Parlamento Británico creó el Ministerio de Munición, con David Lloyd George a la cabeza. Con el National Factory Scheme se requisaron más de 200 fábricas que se utilizarían para abastecer el frente. Con más de seis millones de hombres enviados a las trincheras del continente, fueron las mujeres británicas quienes ocuparon sus puestos en las fábricas.

Las Munitionettes se encargaron del trabajo en las fábricas cuando los hombres marcharon a la guerra. Foto: Imperial War Museum
Las Munitionettes se encargaron del trabajo en las fábricas cuando los hombres marcharon a la guerra. Foto: Imperial War Museum

Las Munitionettes trabajaron con explosivos en unas condiciones pésimas. Se habló por primera vez de un salario justo y paritario, aunque se debatió durante demasiado tiempo. Sin salario digno. Tiñéndose de amarillo con el paso del tiempo debido a la ictericia provocada por los productos químicos que manejaban diariamente sin la protección adecuada. Sus sistemas inmunológicos se vieron gravemente debilitados, también su fertilidad. Debido al manejo de explosivos, se sucedieron los accidentes. Lesiones, amputaciones y muertes, como las 73 y las 130 que se registraron en las explosiones de Silvertown (1917) y Chilwell (1918) respectivamente.

Vivían en cabañas con sus compañeras, cerca de las mismas fábricas donde cumplían con turnos de hasta 12 horas. Mujeres que habían nacido hija de para ser esposa de. No dejaban la casa familiar sin una boda de por medio, y aunque sí tenían oportunidades en el mundo laboral, aquello era todo lo que la vida les tenía reservado. De repente se toparon con la oportunidad de reinventarse y de reescribir el concepto de mujer que el hombre había creado a su gusto.

Surgieron la camaradería y los partidos de fútbol en los ratos libres. Enseñaban rodilla, maldecían y pateaban la pelota. Tan bien que pronto cada fábrica contaba con su propio equipo. Aparecieron escuadras punteras que empezaban a medirse a equipos de otras ciudades, atrayendo la atención del público y, finalmente, de la FA.

Uno de los mejores equipos de la historia

En la fábrica Dick, Kerr & Co de Preston, uno de los patrones, Alfred Frankland, veía los partidos de sus trabajadoras desde su oficina. Impresionado, decidió organizar un partido benéfico en Deep Dale, el campo del Preston North End. El día de Navidad de 1917, 10.000 personas vieron cómo el Dick Kerr Ladies goleaba por 4-0 al Arundel Coulthard. Se recaudaron £600 (equivalente a unas £42.000 actuales) para el hospital local.

Continuaron los partidos y las asistencias se repitieron a lo largo de Inglaterra también tras el armisticio, recaudando un total de £50.000 para caridad. Florecieron los equipos femeninos en todo el Reino Unido. Y también en Francia.

Un combinado parisino organizó una gira británica para medirse al Dick, Kerr Ladies en 1920. Ganaron dos veces las inglesas, cayendo únicamente en Stamford Bridge por 2-1 y recaudando £3.000 para una asociación de soldados y marines con lesiones. En otoño devolvieron la visita y jugaron cuatro partidos en suelo francés, empatando tres de ellos y ganando el último por 0-2. Pathé, una afamada productora de cine más grande de principios del siglo XX, grabó imágenes de estos partidos para los noticiarios que emitía en los cines británicos. Las buenas nuevas hicieron crecer el optimismo en torno a aquel equipo de mujeres de Preston, y en el Boxing Day de aquel mismo año Goodison Park se llenó para el partido contra el St Helens: 53.000 personas en las gradas, más de 10.000 más en la calle sin poder entrar. Aquel 1920, el Dick, Kerr Ladies marcó 133 en los más de 30 partidos en la liga, que no era oficial todavía.

El Dick, Kerr Ladies FC en Pawtucket, Rhode Island, EEUU. Foto: The Philly Soccer Page
El Dick, Kerr Ladies FC en Pawtucket, Rhode Island, EEUU. Foto: The Philly Soccer Page

El veto de la FA

Con la suspensión de las ligas masculinas de cricket, rugby y de fútbol, aparecieron tiras cómicas protagonizadas por futbolistas ficticias como Nell O’Newcastle o Hat-trick Hilda. Nombres como los de Jennie Harris y Florrie Redford ocuparon los relatos de los periódicos de todo el país. Las portadas fueron para Lily Parr.

Mal hablada, fumadora empedernida y aficionada a la cerveza negra. Abiertamente lesbiana. Rozaba el metro ochenta de altura y era fuerte. También tenía carácter. Superaba los 40 goles por temporada, pero en Chorley, al sur de Preston, un portero le dijo tras un partido que a él que era hombre no le marcaría un gol. Ella aceptó el reto. Un penalti. Le rompió la muñeca de un disparo. Otro día, en York, se cargó el larguero de un balonazo. Debutó con 14 años. Una nueva feminidad se abría camino en una época en la que las mujeres no tenían el voto.

Con el fin de la guerra, los futbolistas masculinos abandonaron el frente y regresaron a sus respectivos equipos. La FA vio el potencial económico del deporte femenino y quiso rentabilizarlo para relanzar los clubes masculinos, afectados en todos los niveles. Pero ese mismo potencial generaba recelo en las élites, también balompédicas. Especialmente con la Revolución Rusa de fondo.

Las noticias que llegaban desde allí también lo hacían a oídos de la clase trabajadora británica, que sufrió el aumento de la inflación, el desempleo y la pobreza tras el conflicto. Los propietarios de las minas forzaron un gran recorte salarial y los mineros la huelga. El fútbol femenino tomó partido. Gran parte de las jugadoras procedían también de los estratos humildes de la sociedad, y la recaudación de los partidos se destinó a apoyar la lucha minera. “El fútbol femenino se percibió como revolucionario”, explica la Dra Alethea Melling MBE, de la University of Central Lancashire, en el documental When football banned women de Clare Balding. “Se hizo demasiado grande demasiado pronto y con demasiada conciencia de clase. Espantó a alguna gente”.

Así fue como la FA movió ficha en diciembre de 1921. Prohibiendo que los clubes afiliados cediesen sus estadios para partidos femeninos. “El Consejo siente la necesidad de expresar su fuerte opinión de que el fútbol es bastante inadecuado para las mujeres y no debe ser promovido”, rezaba el comunicado de la federación con el que no prohibía el juego femenino, pero que le arrebataba su espacio. Tanta carrera, tanta patada y tanto golpe no debía ser bueno para las futuras madres. “El Consejo pide a los clubes que pertenezcan a la federación rechace el uso de sus campos para tales partidos”.

El fútbol femenino ha crecido exponencialmente en Reino Unido en los últimos años. Foto: Jack Megaw/Focus Images Ltd
El fútbol femenino ha crecido exponencialmente en Reino Unido en los últimos años. Foto: Jack Megaw/Focus Images Ltd

50 años sin fútbol

Hubo que esperar hasta 1970 para que un secretario de la FA, Sir Dennis Follows, escribiera a la Federación de Fútbol Femenino para informarles del fin del veto. Terminó ocurriendo en 1971, 50 años después de que fuesen expulsadas de los estadios. Ahora, casi un siglo más tarde, el deporte femenino vuelve a coger carrerilla, aunque con la mayoría de equipos incrustados en las estructuras de clubes masculinos.

La carrera de Lily Parr pudo haber acabado aquel 1921, cuando tenía 16 años. El veto no la desanimó y siguió jugando en equipos amateurs hasta que cumplió 45 años, e incluso marcó en su último encuentro. Murió de cáncer en 1978. Según la historiadora del Dick, Kerr Ladies, Gail Newsham, Parr anotó más de 1000 goles a lo largo de su carrera. Ahora ocupa un lugar en el paseo de la fama del National Football Musem de Manchester, donde en el año pasado se presentó una estatua en su honor. Está rodeada por las estatuas de 111 hombres. Es complejo encontrar una respuesta, pero no tanto perderse en elucubraciones sobre lo podría haber sido el papel, ya no solo de Lily Parr, si no de la mujer en general. En todos los campos, no solo en los de fútbol.

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Foto de Portada: Imperial War Museum

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