KF Tirana-Estrella Roja, algo más que un partido en el polvorín de los Balcanes

Grada Kosovo Haití Banderas Albania Foto: Edu Ferrer Alcover

Algunos futbolistas saltan cada año de país en país, de club en club, buscando un contrato que les permita asegurar una buena vida cuando sea el momento de colgar las botas. Trotamundos del balón que en ocasiones, viven en países que jamás llegan a conocer. Se encierran en las casas que les ofrece el club, hacen vida con otros futbolistas extranjeros y en pocos meses, un agente los destina a otro lugar. Otros jugadores sí se integran. Si salen de sus casas, aprenden otras lenguas, entienden donde juegan.

Me pregunto si muchos de los jugadores que tienen que jugar el KF Tirana-Estrella Roja entienden el significado del partido. ¿Qué debé pensar Elton Calé, un brasileño que ha llegado a Albania después de jugar en Grecia, Rusia, Portugal y medio Brasil desde que salió de su ciudad natal, llamada Barro Duro, en el norte del Brasil? ¿Qué pensará Guelor Kanga, nacido en Gabón, cuando salga a jugar defendiendo los colores del campeón serbio? ¿Cómo entender la complejidad de una partido que, otra vez, provoca que en las calles se recuerden batallas medievales, se hable de religión y se muestren fotos de criminales de guerra? Estos jugadores tienen en sus botas el destino de un partido que para muchos hinchas, es algo más que fútbol. Es parte de una vieja guerra.

El PAOK vivirá una noche de gran rivalidad frente al Besiktas. Foto: Yannis Halas/Focus Images Ltd
El PAOK vivirá una noche de gran rivalidad frente al Besiktas. Foto: Yannis Halas/Focus Images Ltd

La fase previa de la Champions tiene en agenda dos partidos, hoy. Y los dos nos recuerdan que, en el este de Europa, siguen abiertas dos heridas que jamás han cerrado del todo. Una, la de Kosovo. Otra, la siempre compleja relación entre griegos y turcos con el PAOK-Besiktas. Para muchos, el fútbol no debería ser política. Los hinchas de KF Tirana y el Estrella Roja no lo ven así. El campeón serbio fue despedido en el aeropuerto por sus radicales, que mostraron fotos de milicianos que lucharon en Kosovo. En el último entreno, el KF Tirana trabajó ante centenares de hinchas que mostraron banderas con las caras de líderes del UÇK, el ejército de liberación de Kosovo que luchó contra los serbios en los años 90.

Serbia y Albania llevan siglos jugando una partida de ajedrez. Y el tablero es Kosovo, una pequeña región donde nació el viejo reino serbio, aunque, con el tiempo, pasó a ser poblada por más albaneses que serbios. En 2014, las selecciones de Serbia y Albania se enfrentaron en el famoso partido del dron. Ese Serbia-Albania no dejaba de ser para muchos una metáfora del conflicto kosovar. Los hinchas serbios mostraron banderas con el lema “Kosovo es Serbia”. Y, de repente, apareció un dron encima del estadio con una bandera mostrando un mapa en el que Kosovo forma parte de Albania. La bandera de la gran Albania: un estado que ocuparía Albania, Kosovo, parte de Montenegro, parte de Serbia, de Grecia y parte de Macedonia. Al lado del mapa de esta Albania, la fecha de la proclamación del estado albanés (28-11-1912) y dos rostros: Ismail Qemali, el padre del estado albanés, y el guerrillero de los años 10 del siglo XX Isa Boletini, famoso por sus acciones contra los serbios. Viejos símbolos en estadios modernos. En los Balcanes, cada país tiene nacionalistas que consideran que tienen fronteras injustas y deberían poder anexionarse tierras de los vecinos, para crear la gran Serbia, la gran Albania, la Gran Croacia, la gran Grecia, la gran Macedonia, la gran Bulgaria.

Fútbol y nacionalismos se mezclan en los Balcanes. Foto: Marcadorint (todos los derechos reservados)
Fútbol y nacionalismos se mezclan en los Balcanes. Foto: Marcadorint (todos los derechos reservados)

Ese día de 2014, en las dos selecciones jugaron futbolistas nacidos en Kosovo, aunque unos jugaban con Serbia y otros con Albania. Y eso, pese a que Kosovo tiene selección propia. El nacionalismo albanés quiere que Kosovo y Albania sean el mismo estado. Los serbios, que sea suyo. O sea, que inicialmente casi nadie pedía un Kosovo independiente, aunque las autoridades internacionales decretaron que sería un estado independiente, no reconocido por todos, después de la guerra de los años 90, cuando los albaneses lucharon por su libertad contra el gobierno serbio. Un estado albanés. Ahora Albania tiene dos países.

Serbia siente Kosovo como suya. En Kosovo encontramos algunas de las iglesias serbias más bonitas del siglo XII y XIII, como la de Gracanica. Aquí tenía el corazón el reino serbio que fue conquistado por los turcos. Pero esta tierra de frontera, con el paso de los siglos, pasó a ser una región con mayoría de población albanesa. Serbia afirma tener aquí su corazón espiritual, pues aquí está el prado de los Mirlos de Kosovo Polje, donde las tropas serbias de Lazar Hrebeljanović fueron derrotadas por los turcos en 1389. De hecho, fue aquí donde Slobodan Milosevic hizo un discurso en 1989 para conmemorar los 600 años de la batalla, donde dejaba claro que él ya no tenía nada de socialista: era un nacionalista serbio. Ya antes, las autoridades reprimieron duramente la población albanesa local por defender su lengua. Yugoslavia presumia de ser un estado con diferentes lenguas, aunque como los albaneses no eran eslavos, tenían menos derechos.

Moría Yugoslavia y nacían estados que pasarían por un parto doloroso, pues las fronteras no estaban claras. Uno de ellos, quizás el parto más largo, fue el del estado de Kosovo. Con el fin de Yugoslavia, Kosovo fue la última de las guerras en la zona. Los serbios no querían perder una zona que consideraban su corazón, aunque los albaneses eran mayoría demográfica. Con el fin de Yugoslavia los albaneses de Kosovo lucharon por romper con Belgrado. La zona vivió matanzas, quema de iglesias y mezquitas. Unos, con el apoyo de Estados Unidos. Otros, con el de Rusia. Los héroes de unos eran criminales para los otros. Y las dos comunidades fueron defendidas, en algún momento, por auténticos asesinos. Kosovo sacó lo peor de unos y otros. Y las caras de estos soldados han aparecido en la previa del partido de Champions. Viejas banderas en estadios modernos.

Kosovo es el epicentro de varias reivindicaciones nacionalistas en los Balcanes. Foto: Marcadorint (todos los derechos reservados)
Kosovo es el epicentro de varias reivindicaciones nacionalistas en los Balcanes. Foto: Marcadorint (todos los derechos reservados)

Hace unos años, el Partizan de Belgrado ya jugó (y derrotó) al Skenderbreu albanés, aunque era un partido menos simbólico que este que se juega, por suerte, sin hinchas por el covid-19. El KF Tirana y el Estrella Roja tienen simbolismo. El KF Tirana fue uno de los pocos equipos del este de Europa, junto al Hajduk Split, que pudo seguir jugando sin ser eliminado por las autoridades comunistas después de la Segunda Guerra Mundial, pues sus socios y jugadores no habían colaborado con las tropas italianas invasoras. Igualmente, el Partido Comunista le cambió el nombre, bautizándolo como “17 Nëntori” en honor de la fecha de la liberación de Tirana, el 17 de noviembre de 1944. El club, gran dominador del fútbol local antes de la guerra, pasó a un segundo plano, aunque nunca perdió la categoría. Con el fin del gobierno comunista, el Tirana recuperó su viejo nombre en esas mismas fechas en que millares de albaneses escapaban en barcos viejos hacia las costas italianas, en esas imágenes de un éxodo que le rompió el corazón a media Europa.

Empresarios con ganas de ganar dinero de forma fácil hundieron la economía de las entidades y el KF Tirana se proclamó, en 2011, propiedad del Ayuntamiento, que busca nuevos inversores. A los hinchas del Partizani, su gran rival y club mimado en tiempos del comunismo, les dolió ver estas ayudas municipales al rival. Especialmente porque el Partizani perdió la categoría, hundido en deudas. Como el Partizani era el club comunista, la hinchada del KF Tirana es muy nacionalista, con grupos organizados hermanados con clubes de la capital de Kosovo, Pristina y de Macedonia. En este caso, el Shvercerat, el club de los albaneses de la capital macedonia. O sea, las tierras que el nacionalismo albanés más radical sueña unir en una ‘Gran Albania’.

Martes 25 de agosto, 20:00, Tirana – Estrella Roja

El Estrella Roja tiene un simbolismo similar. A finales de los años 80, Zeljko Raznjatovic, un hijo de militar yugoslavo que se convirtió en ladrón y atracador de bancos por media Europa, volvió a casa y en las gradas del estadio del Estrella Roja creó un grupo de radicales que recuperaron las viejas banderas nacionalistas serbias. Miembros de ese grupo radical, los Delije, se pelearían con hinchas croatas en Zagreb en una pelea que para muchos yugoslavos, fue la evidencia que todo iba por el mal camino. Raznjatovic, con el apodo ‘Arkan’, sacó de las gradas del club a los milicianos con los que creó un ejército que cometió crímenes de guerra en Croacia, Bosnia y Kosovo. Arkan, que intentó comprar sin suerte el Estrella Roja y acabó convirtiendo el Obilic, un club de cuarta, en campeón de liga, acabó asesinado en un caso aún no resuelto, aunque los Delije siguen siendo temibles. Esta temporada por ejemplo, las autoridades kosovares no permitieron ni al club ni a sus hinchas entrar en Kosovo, pues les había tocado jugar contra un club serbio de Kosovo, que juega federado en Serbia. La presencia del Estrella Roja en Kosovo era un símbolo. Y ahora, este club juega en Tirana. Se enfrentan dos clubes muy nacionalistas, enfrentados.

Y todo, el mismo día que en Salónica, el PAOK, club fundado por griegos expulsados de Istanbul, juega contra el Besiktas, de Istanbul. Aunque esa es otra historia. Que contamos, en su momento, aquí.

Foto de Portada: Edu Ferrer Alcover

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