La liga más pequeña del mundo se juega en las Islas Sorlingas

Fútbol en las islas Sorlingas. Wikimedia Commons:  Scillywebcam.com

Así, tal cual, la liga más pequeña del mundo se encuentra en las Islas Sorlingas o Isles of Scilly, o si se quiere también Ynysek Syllan, en córnico. Este archipiélago está situado a unos 50 kilómetros de la punta suroeste de Gran Bretaña y de sus más de 140 islas sólo cinco están habitadas por unas 2.000 personas. Pues bien, las Sorlingas además de ser conocidas por su extraordinaria belleza son también mundialmente célebres por albergar el campeonato liguero formado por el máximo común divisor de cualquier competición: dos equipos.

El formato consiste en una liga de 17 partidos que disputan cada domingo el Garrison Gunners y el Woolpack Wanderers de mediados de noviembre a finales de mayo. El lugar donde se emplazan los partidos es un campito en lo alto de una colina en Hugh Town, la capital de la isla más poblada, Saint Mary’s. Además de esta liga existen otros tradicionales choques, como la Community Shield, dos Copas distintas, el partido de viejos contra jóvenes que se disputa el Boxing Day, un partido anual contra un combinado formado por ornitólogos que vienen a observar los procesos migratorios de las aves y la participación irregular en un torneo junto al Dynamo Cough de Penzace, en Cornualles. Esta competición, además, conocida como la Copa Lyonesse, tiene el honor de conceder al ganador el trofeo más pequeño del mundo -esta vez literal pues la copa no es más grande que el tamaño de una canica-.

Islas Sorlingas: Tom Corser
Pese a lo inhóspito que pueda resultar en invierno, las playas paradisíacas y los paisajes hacen de las Islas Sorlingas un destino turístico cada vez más concurrido. Foto: Propiedad de Tom Corser bajo licencia Wikimedia Commons.

Es lógico pensar que el sistema competitivo montado en las Sorlingas, aunque pertenece a la FA, tiene un valor más ritual o folklórico que futbolístico. Sólo hay que ver cómo se establecen las plantillas de rojos y amarillos. Antes del inicio de la temporada se reúnen los jugadores que han pagado la cuota para inscribirse y el capitán de cada equipo va eligiendo de forma alterna, como se ha hecho en el patio de la escuela de toda la vida. Pese a tan rudimentaria forma de confeccionar plantillas, en las Sorlingas presumen de la emoción de su liga y aseguran que en los últimos años sólo ha habido una edición en la que la competición no se haya decantado en las jornadas finales. Esta liga tan peculiar ha llamado la atención de muchos curiosos y medios internacionales, en principio motivo de halago para estos futbolistas. De hecho, en 2008 Adidas hizo una campaña publicitaria en la que varias estrellas como Steven Gerrard, Michael Ballack o David Beckham visitaban el archipiélago y conversaban con algunos de los niños que hoy juegan en Saint Mary’s. No obstante, varios artículos explican que en las Sorlingas empiezan a estar un poco hartitos de que todo el mundo les pregunte por esta liga de récord ya que además del lógico interés sienten cierta burla por parte del continente. Y es que, de hecho, el fútbol de este recóndito lugar también sufre de los mismos males que afectan a sus habitantes: el envejecimiento y los efectos del turismo masivo.

Los jugadores se van de las Sorlingas

Hace algunas décadas esta liga contaba con dos equipos más, uno de la isla de Tresco y otro de Saint Martin’s. Pero hace muchos años ya que la competición se ha reducido a su máximo exponente posible y empieza a tener problemas para encontrar jugadores. El motivo es que cada vez quedan menos jóvenes de entre 16 y 25 años; en las Sorlingas sólo se puede completar la educación secundaria y los que quieren estudiar más allá de los 16 tienen que irse. Además, la comunicación con el resto de territorio británico no es nada fácil: la línea de ferrys se ve constantemente afectada por el mal tiempo y en épocas de borrasca pueden pasar días sin haber transporte marítimo, con lo que un vuelo al aeropuerto de Land’s End es la única y cara alternativa. Con este panorama es normal que muchos jóvenes decidan no volver. Por si eso fuera poco, el gran atractivo turístico de la zona hace que el precio de la vida se haya disparado a unos niveles difíciles de soportar para los que viven ahí todo el año. El salario medio no da para llenar la cesta del súper, muchos se ven obligados a tener otro trabajo para poder llevar una vida normal y la especulación urbanística hace que sea casi imposible tener algo en propiedad. Los habitantes de las Sorlingas no sólo tienen que lidiar con el aislamiento y lo dura que puede ser la vida en este enclave durante el periodo invernal, también con los perjuicios que les supone vivir en un sitio tremendamente bello.

Pero no hay mal que por bien no venga, los organizadores de la liga han visto en este fenómeno una oportunidad de crecer, o al menos de subsistir. Desde hace algún tiempo se ha hecho un llamamiento a los trabajadores de hoteles, restaurantes y complejos turísticos para que participen en partidos amistosos y se sumen posteriormente a la disciplina de Garrison Gunners y Woolpack Wanderers. Así es la liga más pequeña del mundo, una competición tan entrañable como frágil que lucha por sobrevivir ante la asfixiante presión del mundo exterior.

Imagen de Portada: Foto de  Scillywebcam.com bajo licencia Wikimedia Commons.

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4 comments

Puro gen MI.
Si me pusiera a considerar todas las cosas que me gustan de este artículo el comentario sería más largo que el propio artículo. Lo dejaré en una: Lo importante es jugar…

Están interesantes las historias que cuentas, Víctor, pero casi siempre se me quedan cortas, justo al contrario de lo que me pasa con las de Mosquera, entiendo que porque está en el terreno y profundiza más, y las esporádicas de Tomàs. Las disfruto todas, pero estaría bien ese puntito de más en las tuyas. Saludos.

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