La metamorfosis del fútbol brasileño

Imagen de Abel Ferreira en la hinchada de Palmeiras. Foto: UMA PALESTRINA.

Cuando empezó el Brasileirão de 2004, los entrenadores de todos los equipos eran brasileños. También fue así de 2006 a 2013 (con excepción de 2010, con el uruguayo Jorge Fossati en el Internacional). En los años siguientes, esporádicamente, uno o pocos técnicos extranjeros cogieron el mando de grandes del país sin demasiado éxito. Desde 2019, sin embargo, ha habido un cambio radical: en 2020 fueron ocho los extranjeros en la Série A; en 2021 y 2022 hasta la fecha, nueve. El país que tiene más títulos mundiales y es uno de los principales exportadores de futbolistas se ha convertido en un importador de entrenadores.

El último domingo, Botafogo y Flamengo protagonizaron un derbi muy esperado. De un lado estaba el portugués Luís Castro, semifinalista de la Europa League en 2020 con el Shakhtar Donetsk, del otro, su compatriota Paulo Sousa, con pasado en el Bordeaux, la Fiorentina y, más recientemente, en la selección polaca. Este no fue el primer derbi entre técnicos portugueses en el Brasileirão de 2022: en la tercera jornada, el Palmeiras de Abel Ferreira le metió 3-0 al Corinthians de Vítor Pereira. Pero volvamos al derbi carioca. Sousa llegaba al partido especialmente presionado. A lo largo de la semana, Jorge Jesus idolatrado por la afición del Flamengo había dicho que estaba dispuesto a volver al club, y dio hasta el 20 de mayo como fecha límite para “decidir su vida”. El Fla perdió 1-0. La presión sobre el actual entrenador no para de aumentar. 

¿Pero por qué es Jesus tan amado por la hinchada más grande de Brasil? La respuesta es sencilla: él revolucionó el fútbol brasileño. Su Flamengo jugó de una manera que hace mucho no se veía en el país, exhibiendo características corrientes en el fútbol europeo —la presión alta, la intensidad, la compactación del equipo, el constante cambio de posiciones—, pero aún poco explotadas en el gigante sudamericano. Y además de presentar un fútbol estéticamente bello, Jesus consiguió una hazaña: conquistó el Brasileirão —el primer extranjero en hacerlo— y la Copa Libertadores en la misma temporada. ¿La última vez que eso había pasado en Brasil? Con el Santos de Pelé, en 1963. En 2020 ganó la Supercopa de Brasil, la Recopa Sudamericana y el Campeonato Carioca, antes de volver al Benfica, para estar cerca de su familia durante la pandemia. 

Anteriormente, algunos entrenadores extranjeros ya habían tenido éxito en Brasil. El húngaro Izidor Kürschner es conocido por haber traído al país la famosa táctica “WM”. El paraguayo Fleitas Solich y el uruguayo Andino Vieira son otros nombres importantes en la historia del fútbol brasileño. Pero hacía mucho que un extranjero no triunfaba en el “país do futebol“. En las últimas décadas, Vanderlei Luxemburgo, Muricy Ramalho, Abel Braga, Renato Gaúcho, Luiz Felipe Scolari y Cuca han ganado trofeos y se han alternado al frente de los grandes. El único extranjero que alcanzó cierto éxito en los últimos años fue el uruguayo Diego Aguirre, campeón Gaúcho con el Internacional en 2015 y semifinalista de la Copa Libertadores en el mismo año. 

En 2019, sin embargo, todo cambió. El impacto de Jorge Jesus fue tremendo. Y en el segundo puesto del Brasileirão terminó el Santos de Jorge Sampaoli, también con ideas demasiado atrevidas con respecto a la oligarquía ultraconservadora de los entrenadores locales. Estos técnicos, salvo raras excepciones, se han consolidado con un estilo de juego comedido, poco atrevido, más preocupado por defender que por atacar. La llegada de ambos ese año dejó al público brasileño atónito ante una forma de jugar al fútbol que no se veía desde hacía mucho tiempo en Brasil. Es como si los que llegaban del extranjero mostraran a los brasileños lo que había olvidado el país que se convirtió en una referencia mundial del fútbol bien jugado. Un país que se ha dormido en los laureles y se ha vuelto excesivamente arrogante, como si nadie de fuera pudiera enseñarle algo. Un partido simbólico fue el de vuelta de la semifinal de la Libertadores entre el Flamengo y el Gremio, que habían empatado 1-1 en la ida en Porto Alegre. “Quienes necesiten aprender, que estudien y vayan a Europa. Quien no lo necesita, va a la playa”, dijo Renato Gaúcho, campeón de la Libertadores en 2017 con el Gremio y famoso por frecuentar las playas de Río. “El fútbol es como montar en bicicleta. Quien lo sabe, lo sabe. Los que no lo saben, que vayan a estudiar”, sentenció. Pues bien, en el partido de vuelta contra el Flamengo de Jesus, sufrió un humillante y contundente 5-0 en el Maracanã.

En 2019 Jesus y Sampaoli fueron los únicos extranjeros en el Brasileirão; en 2020 fueron siete. Uno de ellos Abel Ferreira, que ganó dos Libertadores y una Copa de Brasil en 11 meses. Este año ya ha ganado la Recopa Sudamericana y el Campeonato Paulista. En 2021 y 2022 el número aumentó a nueve. Actualmente, los entrenadores de los “Big Three” —los clubes que han peleado por los títulos más importantes en los últimos años— son extranjeros: Antonio Mohamed en el Atlético Mineiro, Abel en el Palmeiras y Paulo Sousa en el Flamengo. Vítor Pereira lidera la liga al frente del Corinthians. 

El declive de los técnicos brasileños se refleja también en el número de entrenadores en ligas extranjeras: no hay ninguno en las principales ligas europeas. ¿Pero por qué? ¿Por qué Brasil ha dejado de producir entrenadores?

Una de las explicaciones es el ambiente altamente exigente y despiadado del fútbol profesional y —aún más perjudicial en este caso— de las categorías inferiores. Los entrenadores luchan por sus puestos a cada partido. Tienen que sobrevivir en un contexto muy hostil. ¿Cuál es la forma más fácil de hacerlo? Minimizando los riesgos al máximo. “¿Es más fácil construir o destruir una casa?”, se preguntaba Telê Santana uno de los entrenadores brasileños más atrevidos y determinados de la historia en una entrevista de 1992. La respuesta es obvia, y en los escenarios de supervivencia no hay lugar para grandes inventos. Los que lo intentan, sufren. Un ejemplo es Fernando Diniz, el técnico más innovador que ha surgido en el país en los últimos años y que ha sido duramente criticado y objeto de burlas por su forma de jogar. Le gusta tener el balón, atacar, construir desde atrás, presionar alto; principios tan básicos en un país tan cercano como Argentina, pero todavía ultra progresistas para Brasil. Quién podría imaginar que la tierra del “jogo bonito” recompensaría a los entrenadores que implantan un fútbol opuesto a la belleza. ¿O acaso no es hermoso el Brasil de Telê de 1982, repleto de jugadores altamente técnicos como Júnior, Toninho Cerezo, Falcão, Sócrates y Zico? Hoy en día, en cambio, es una tarea difícil encontrar interiores de calidad en Brasil, ya que la posición está prácticamente extinguida.

Se puede ver que la discusión es profunda. El país pedía a gritos un cambio; éste llegó personificado en dos Jorges: Sampaoli y sobre todo Jesus, en 2019. Hoy el público empieza a acostumbrarse a ver un fútbol “moderno”, que ya no se basa en defensas excesivamente bajas, en la apuesta por las jugadas a balón parado y en jugadores encasillados en una sola posición. Abel, Vítor Pereira, Fabián Bustos, Mohamed, Luís Castro, Gustavo Morínigo, Paulo Sousa, Juan Pablo Vojvoda y Paulo Pezzolano dirigen equipos importantes en Brasil. El cambio es evidente. 

Tal vez el punto más sintomático sea la falta de candidatos brasileños capaces de hacerse cargo de la Seleção Tite ya ha dicho que dejará su puesto después del Mundial de Qatar. Nunca un entrenador extranjero ha dirigido a la selección brasileña. Cada vez más, la gente acepta e incluso clama para que esto ocurra. La llegada de un extranjero al puesto más importante del fútbol brasileño sería la guinda del pastel de la revolución iniciada en 2019. Mejor para Brasil.

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Foto de portada: UMA PALESTRINA bajo licencia Creative Commons 3.0.

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1 comments

Creo que la clave de todo, como bien comentas, es la arrogancia. Arrogancia de todos, jugadores, entrenadores, y principalmente la prensa y los aficionados – siempre con el clásico argumento de “somos penta campeones del mundo”.

Si realmente era cierto que Guardiola estaba dispuesto a dirigir la selección en en mundial 2014, Brasil cometió un error histórico, para sorpresa de nadie…además, tras la humillación del 1-7, desperdició outra chance histórica de empezar todo del cero (como hizo Alemania en el principio del siglo) y apostó otra vez por Dunga. Casi por casualidad, el rumbo en la selección se corrigió con Tite, quien es con muchísima diferencia, el mejor y más actualizado técnico brasileño.

Sobre la revolución en los clubes, creo que también se da por total casualidad. Si Flamengo cae eliminado en aquella ronda de penaltis en octavos de la Libertadores 2019, JJ seguramente caería, y nada de eso pasaría. La casualidad de que un penalti hay entrado, cambió todo.

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