La parábola de Schick amarga a Escocia

Patrik Schick apenas entró en juego, siendo el encuentro más discreto de los disputados hasta el momento en esta Eurocopa. Foto: Paul Chesterton/Focus Images Ltd

El fútbol es una noria. Ahora estás arriba, ahora estás abajo. De villano a héroe. De promesa a juguete roto. La Roma pagó 42 millones de euros por Patrik Schick. Se convierte en una gran promesa. Algunos fallos de cara a puerta y ya no valía. La mochila del tener que ser le pesó mucho. Alejado del primerísimo primer plano, volvió a recuperar la confianza en la Bundesliga. Y confianza es lo que demostró para liderar a República Checa frente a Escocia con un cabezazo certero y un señor gol desde el centro del campo. Cuando Schick apalabró la victoria, apareció Vaclik para evitar que Escocia se enganchara al partido. El ex del Sevilla, ya sin contrato, está buscando equipo. La noria del fútbol.

Escocia 0

República Checa 2 (Schick 42’, 52’)

Escocia vs Republica Checa - Football tactics and formations

El encuentro arrancó mal para los escoceses desde el vestuario. Tierney, que debía jugar como central por la izquierda, se quedó fuera por lesión. Entró Cooper en el once escocés, también Christie que, en este caso por decisión técnica, le ganó la partida a Adams. Silhavy puso en el once lo esperado: Soucek de alma y tres hombres, liderados por Darida, detrás de Schick.

Volvió el público a un estadio en Escocia después de más de un año y se notó. Las 12.000 almas que presenciaron el partido elevaron el nivel emocional en Hampden Park. Normal que los 22 jugadores salieran espitados, especialmente los escoceses, que plantearon un partido de trincheras. Emboscada tras emboscada, reñían por cada milímetro.

El encuentro prometía librarse en la banda izquierda escocesa y derecha checa. El duelo entre Coufal y Robertson era como los del Oeste: los dos van sin miedo y tienen que tirar de velocidad. Chupó cámara Robertson, que juega como si metiera los dedos en el enchufe. Primero una jugada trenzada terminó en un centro raso del lateral del Liverpool. Dykes presentó el interior del pie derecho y el balón se marchó susurrándole a la red. Más clara fue la siguiente, cuando el propio Robertson entró como una locomotora. Vaclik, agente libre, acarició lo justo su disparo.

Robertson fue el jugador escocés más activo. Fuente: Marcadorint
Robertson fue el jugador escocés más activo. Fuente: Marcadorint

Escocia apostó por la verticalidad. Los de Silhavy, en cambio, querían quitarle la cafeína a su rival. Y qué mejor que un gol para enbajonarlo. En época de medir esfuerzos con GPS y otras milongas, nada como una segunda jugada, un buen centro y un buen remate. Fútbol con dos piedras. Coufal centró con imán a la cabeza de Schick, que sobrevivió al bocadillo de los centrales escoceses y giró el cuello como en un paso de cebra. Imposible para Marshall.

En el descanso, ambos buscaron cerillas para encender las antorchas. Los aficionados que llegaron tarde del baño se perdieron el vértigo. El Marshall más pluriempleado escupió los latigazos de Schick y de Darida. Hubo réplica inmediata de los de Clarke. Hendry se encontró con el travesaño. Justo después, un despeje de Kalas obligó a Vaclik a lucirse. Tuvo que recular en escorzo para darle una colleja a la pelota. Era gol o gol. El encuentro ya tenía el diagnóstico de loco.

Y claro, nadie reina en la locura como los que piensan fuera de la caja. “Allí donde habla el corazón es de mala educación que la razón lo contradiga”, escribió Milan Kundera en La insoportable levedad del ser. Schick no quiso llevarle la contraria a su compatriota y chutó desde el centro del campo. Marshall había salido de casa sin llaves y no pudo volver. Fue un golazo desde todos los ángulos. Un disparo potente, preciso y con efecto que entró por la escuadra. El mejor tanto de la Eurocopa hasta ahora.

Noqueada tras la obra de arte, Escocia consiguió reaccionar. Sabe que tiene una asignatura pendiente: el gol. Fue lo único que le faltó. Emergió el segundo héroe del partido, Vaclik. Evitó goles como un boxeador y como un portero de balonmano. Si Monchi vio el partido se habrá, al menos, rascado la barbilla. También pudo marcar el tercero Schick. Su parábola del 2-0 no sólo será un gol, también será uno de los recuerdos de esta Eurocopa. Entre él y Vaclik, en lo más alto de la noria, hicieron posible que República Checa sumara sus primeros tres puntos.

Imagen de portada: Paul Chesterton/Focus Images Ltd

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