La última estación

Gareth Bale of Real Madrid scores his sides 2nd goal during the UEFA Champions League Final at the Olympic Stadium, Kiev
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26/05/2018

El expreso de Cardiff ha descarrilado. Gareth Bale contaba esta semana en The Telegraph que desconoce el 99% de lo que sucede en torno a él y que ni tan siquiera sabía quién era el Primer Ministro. A mí sus palabras me provocaron lo mismo que el curry: una mezcla de emociones. Admiré sobre todo su valentía porque Bale, al contrario de lo que sucede hoy en día, no está pidiendo casito. Solo quiere que le dejen tranquilo. Bale debe de ser una de esas personas que se pone gafas de sol para ser invisible. Se ha bajado de la vida. Ha llegado a la estación final. Esa en la que no decidir es la única forma de decidir.

Bale vive su etapa en el Real Madrid como nosotros la vida: por momentos. Conforme pasan los años solo quedan en la memoria los mejores y los peores instantes. Los que hacen callo y los que ayudan a cicatrizar. El galés enseña que la felicidad se da en pedazos, a sorbitos. Recuerdo que en su presentación Bale no dejaba de sonreír. Yo estaba hipnotizado por su tupé. Era una mezcla entre Don Draper, que solo se despeinó al final de Mad Men, y un Peaky Blinders cuando ni tan siquiera existía la serie. Luego llegaron sus goles en los momentos oportunos. Contra el Atlético de Madrid. La carrera contra Bartra como una cremallera que se abre sin freno. El recuerdo onírico de la chilena en Kiev. Bale en el Madrid es el carrete de fotos que traíamos después de las vacaciones del que solo revelábamos cuatro o cinco fotos.

“Mi retiro me lo imagino en un campo de golf”, añadió Bale en la entrevista cuando parecía que no podía mejorar más. Quién no ha pensado en el día de su jubilación y en lo mucho que va a hacer entonces. Desde que tengo 20 años ya nadie me pregunta qué quiero ser de mayor, ahora que tengo la respuesta más clara que nunca: pensionista. Messi también reclamó hace poco el derecho a irse cuando quiera, a decir “hasta aquí hemos llegado” y desaparecer para siempre. La sensación de poder terminar con todo en cualquier momento es incluso más placentera que terminar con todo. Me temo que si cada día nos levantamos, pagamos las facturas, vamos al dentista y comemos quinoa es porque pensamos que la opción de abandonar nuestra vida actual siempre está ahí. La esperanza de que todo va a arder nos permite seguir adelante. Que se lo pregunten a Nabokov, que en un arranque de frustración decidió lanzar Lolita a las llamas.

Lionel Messi of FC Barcelona during the UEFA Champions League match at Camp Nou, Barcelona Picture by Kristian Kane/Focus Images Ltd +44 7814 482222 14/03/2018
Messi también reclamó hace poco el derecho a irse cuando quiera, a decir “hasta aquí hemos llegado” y desaparecer para siempre. Foto: Focus Images Ltd.

Todos queremos irnos a los mares del sur. Julian Barnes escribe en su último libro que en algún momento todo el mundo quiere huir de su vida. “Es casi lo único que los seres humanos tienen en común”, añade. A mí no me extraña nada que Bale haya dicho esto en otoño, la estación de la saudade. Cómo hacer frente al jet lag nocturno, a ver que de repente anochece antes de merendar si no es con la idea de que todo salte por los aires. Patrick Modiano advierte en El café de la juventud perdida que las hojas secas y los días cada vez más cortos nunca le han hecho pensar en algo que se acaba, sino más bien en una espera de porvenir.

Lo de Bale en el Madrid parece que no tiene vuelta atrás. Es el corcho de la botella de champán, que no hay forma de que encaje. Lo último que subrayé de su entrevista fue cuando explicó que no tenía la misma ilusión por jugar al fútbol que en sus comienzos. Nunca nada es como cuando lo imaginamos. La vida es un medio plazo que nunca llega. Yo de niño quería ser adolescente, de adolescente quería ser joven, de joven, adulto, ahora que soy adulto quiero ser viejo y me temo que cuando llegue a la estación final querré volver al inicio de todo. Queremos, en definitiva, lo que no tenemos. Todo este párrafo se podría resumir, como casi todo en la vida, en una frase Ray Loriga: “Yo quería ser Ray Loriga de mayor y ahora que lo soy no lo soporto”.

Cada cual tiene su retiro pensado. Yo huiré lejos, con las dos o tres cosas que me gustan de mi vida actual, y reformatearé todos los demás. Viviré a cámara lenta en una casa de madera con chimenea de un pueblo costero, con muchos libros, pasearé a un san bernardo de nombre Rulfo y tendré un huerto en el que plantaré tomate kumato. De todas formas iré con cuidado y no lo desearé muy fuerte, no sea que se cumpla y tenga que acordarme de aquella cita religiosa a la que Truman Capote le dedicó un libro entero: “Se derraman más lágrimas por las plegarias atendidas que por aquellas que por aquellas que permanecen desatendidas”.

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Foto de portada: Focus Images Ltd.

6 comments

Siempre es un placer leerte pero esta vez, en mi opinión, te has superado. Quizás solo sea que el tema que tocas me llega demasiado pero, de verdad, gracias por emocionarme. Un sincero abrazo Sergio. Gracias

Muchas gracias, Juanan. Volver aquí y ver este tipo de comentarios alegran la semana, de corazón. un abrazo.

Una cita imperdible de los domingos. Muchas gracias, Sergio, como siempre un placer leerte.

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