La única historia

Diego Costa of Chelsea and Martin Skrtel of Liverpool confront each other during the Capital One Cup match at Stamford Bridge, London
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27/01/2015

El viernes fue el día de todos los aficionados al fútbol. Lo pudimos celebrar con un Valencia-Atlético de Madrid, porque si dicen que los que se pelean se desean, ches y colchoneros están hasta las trancas. Había también un partido de casi cada liga para que todos estuvieran contentos. Los que fueran exclusivamente fieles a su equipo ya estaban pensando en la previa, que le tiene mucho que envidiar al partido en sí. En definitiva, San Valentín, la enésima rendición al capitalismo, sirvió para renovar los votos con el único amor eterno que regirá nuestras vidas.

No es extraño que fútbol y amor se entiendan porque son pura pasión. La inocencia y la vivacidad con la que se quiere a un equipo solo es comparable al primer amor. Si no crees que el primer amor es para siempre, entonces no es el primer amor. Lo malo del debut sentimental, ese que te lleva a regalar estrellas porque no tienes un euro en el bolsillo, es que con 15 años no te conocen a ti mismo. Los primeros amores son como los primeros cigarros: se consumen, entre besos sabor a Malibú con piña, sin querer gastarlos.

En el fútbol también hay ex. Algunos vuelven a la que fue su casa extramotivados porque años atrás les dejaron las maletas en la puerta. Despechados, casi siempre regresan para cumplir la venganza de los ex. El pasado domingo, en el Benito Villamarín, el público se reencontró con dos amores. A Junior le despidieron con aplausos, que son como los dos besos de cortesía. Siempre me ha interesado saber por qué a algunos futbolistas les guardan rencor y a otros no. Seguramente, como casi todo, la solución esté en el dinero. Les exigimos a los futbolistas que no hagan lo que nosotros haríamos: irnos a otro sitio que nos paguen más. No hay nada peor para nuestros defectos que verlos en otra persona. Nos molesta que la vida sea tan complicada pero que luego seamos marionetas en manos de papel pintado.

El otro regreso del domingo fue el de Quique Setién. Hubo pocas muestras hacia él, ni de odio ni de cariño. Si en el amor lo peor es la indiferencia, en el desamor es una muestra más de la huella que dejó. A Setién le amaron en Sevilla muy rápido y luego le cantaron que se fuera, como esa escena de Historia de un matrimonio en la que Charlie le grita a Nicole que le gustaría que tuviera un accidente de tráfico, como si el odio fuera una de las últimas muestras del amor.

Manager Quique Setien of Real Betis during the Pre-season Friendly match at the Vitality Stadium, Bournemouth Picture by Alan Stanford/Focus Images Ltd +44 7915 056117 03/08/2018
“A Quique Setién le amaron en Sevilla muy rápido y luego le cantaron que se fuera”. Foto: Focus Images Ltd.

El fútbol se parece mucho al amor en todas sus fases. Empieza con un flechazo, como si no lo eligiéramos nosotros, continúa como una droga y vamos todo el día colocados. Luego hay un momento en que baja el suflé y parece que se vaya a romper, pero un día llega la verdadera meta del amor. Descubrir que todo tiene altos y bajos y que el secreto pasa por entender, y hasta apreciar, los defectos de quien tenemos enfrente para dar el último y definitivo paso: estar convencidos de que ese amor es para siempre.

Conviene estar atento en el amor y en el fútbol porque los mejores momentos son aquellos en los que no pasa nada, una especie de capricho del destino para que la felicidad nos coja sorprendidos. Por más que nos preparemos para una cena o para una final, nos pongamos colonia o la mejor camiseta, llega un domingo cualquiera de febrero, con el bocadillo entre las manos. Hace frío. Va a llover. Un día de perros. Sin nada que destacar. Se escucha el ligero rumor de viento y os reís. Atrapad ese momento, porque ninguna fecha señalada lo supera.

Por suerte también hay malos días, si no no valoraríamos tanto los buenos. Ya dijo García Márquez que “los síntomas del amor son los mismos que los del cólera”, y en ningún sitio se ve tanto como en un campo de fútbol. Hay domingos por la tarde que ya son lunes, el mundo es inmenso y nosotros muy pequeños y es inevitable que vengan a la cabeza esos versos de Claudio Bertoni: “Qué me importa que me quieras cuando me quieres / yo necesito que me quieras cuando no me quieres”. A veces sumar una derrota, ir apretado en el metro de vuelta como una sardina, oler el sobaco de un tío de dos metros y volver empapado a casa dan como resultado la pregunta con la que empieza Julian Barnes su última novela: “¿Preferirías amar más y sufrir más o amar menos y sufrir menos?”. En ese libro Barnes escribe que todos tenemos una historia de amor, lo que él llama, dándole título a la obra, la única historia. Como la que todos tenemos con nuestro equipo.

Foto de portada: Focus Images Ltd.

7 comments

Excelso Sergio, excelso. Se me acaban los calificativos. Todo es reseñable pero cuando dices: “atrapad ese momento, porque ninguna fecha señalada lo supera” llegas al fondo de mi alma. Y eso no tiene precio.
Gracias.

Espectacular, como cada semana. Y cada texto está plagado de referencias. Textos así me inspiran a dedicar mi vida a la escritura. Gracias.

Increíble, cada semana me emociono mucho leyendo tus textos.. Esta frase “¿Preferirías amar más y sufrir más o amar menos y sufrir menos?” me recordó al monólogo del padre en la escena casi al final de “Call me by your name”:
“We rip out so much of ourselves to be cured of things faster, that we go bankrupt by the age of thirty and have less to offer each time we start with someone new. But to make yourself feel nothing so as not to feel anything ― what a waste!”

Muchas gracias, Fausto. No he visto ‘Call me by your name’, pero la referencia es buenísima. Un abrazo.

Y ahora, pensando en esto de nuevo recordé la canción de Drexler de “la trama y el desenlace”. Da para mucho este tema 🙂

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