Llorar

El empate en el tiempo de descuento fue un mazazo para los noruegos.

Mario Benedetti dice en boca de uno de sus personajes que las mujeres viven más que los hombres porque lloran más. A quién no le han dicho alguna vez que llorar era de niña o que era una nenaza por quejarse de algún golpe. En la concepción arcaica y caducada del macho -ya la palabra da repelús-, este no puede mostrarse débil. De hecho no puede ni mostrarse, porque hasta ser sincero puede ser visto como un símbolo de debilidad, cuando en realidad la forma más pura de valentía es la vulnerabilidad. Un poco como decía Leila Guerriero de algunas decisiones cobardes, que en realidad requieren de mucha valentía.

El terreno de juego, en el que todavía se dice que hay que jugar con huevos y que algunos partidos son para hombres y otros refranes prehistóricos, las lágrimas mojan la cara del ganador y del perdedor, del triste y del alegre, del emocionado y del frustrado, del pletórico y del decepcionado. Llega mayo y por clasificarse para finales, por perder la categoría, por ganar títulos o por fallar un penalti, los jugadores lloran. Y es entonces cuando dejan de ser futbolistas para ser personas.

Lloró Mourinho cuando la Roma alcanzó una final europea más de 30 años después. Lloró Morales cuando su equipo descendió a Segunda. Lloró Gayà cuando el Valencia perdió la final de Copa contra el Betis. Hasta Messi lloró cuando se fue del Barça. Que llore un futbolista de tu equipo es como si lloraras tú. Porque en ellos habías depositado tu felicidad, tu esperanza, tu éxito. Pensabas que eran perfectos, que nada podía con ellos. Si lloran, si te están mostrando cómo son, qué menos que llores tú también con ellos.

Que llore tu ídolo es que llore tu padre. No sabías que esa persona era vulnerable. No sabías que esa persona se iba a romper delante de ti. No sabías que tu superhéroe favorito se iba a quitar la máscara y te iba a decir: “Mira, este soy yo y ya no puedo salvarte más”. Y a ti, que primero se te cae todo, que te derrumbas porque ya nadie lleva capa, que ya nunca más vas a pensar que alguien va a salvarte, de repente te alegras justo por lo mismo. Porque tu superhéroe, llámese Messi, Morales o Gayà, no son nada más que alguien como tú. Alguien que llora cuando está triste.

Imagen de portada: MarcadorInt

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