Lo de las manos

Jurgen Klopp manager of Liverpool shakes hands with Gabriel Jesus, after the UEFA Champions League Quarter Final match against Manchester City at the Etihad Stadium, Manchester.
Picture by Michael Sedgwick/Focus Images Ltd +44 7900 363072
10/04/2018

Con las manos se inventó el fuego, con las manos se inventó la rueda, con las manos se inventó la máquina de vapor. Con las manos se cortaron cabezas en la Revolución Francesa. Con las manos se metían papeles en unas urnas. Con las manos se empezó a construir la Sagrada Familia. Y luego a una señora la llamaron Margarita Seisdedos. Grosso modo, esta sería la historia de la humanidad explicada a partir de las manos. Todo era evolución. Hasta que llegó el fútbol.

Las manos mandan en el baloncesto, en el waterpolo, en el voleibol y en el balonmano –no engaña con el nombre–. Las manos cogen el utensilio necesario en el tenis, en el pádel, en el golf y en el ping-pong. En el fútbol, en cambio, las manos iban a tener un papel residual. Importantes para el portero, para el árbitro y para alguna protesta. Poco más. Y eso precisamente era lo que hacía atractivo al fútbol, un deporte imperfecto porque el pie es impreciso. “Los pies son la parte cancelada de nuestra especie, algo que no importa mucho, que damos por sentado, y, sin embargo, en el fútbol es la parte primordial”, decía Villoro.

Había manos feas, manos arrugadas, manos cortadas, manos peludas, manos rudas, manos sin uñas. Ahora hemos aprendido que hay manos voluntarias o involuntarias, manos despegadas, manos que vienen de un rebote, manos que ocupan un espacio antinatural, manos que se apoyan en el suelo, manos que evitan goles, manos que son codos. Escribió Umbral que la mano fue moldeada por la violencia, la caza y el crimen. “Por eso, cuando redacta leyes, suelen salirle violentas, y cuando redacta poemas suelen salirle mentiras”. Y cuando toca la pelota, suelen salirle bochornos, le faltó añadir.

En el fútbol pasa un poco como en la vida: no sabemos muy bien dónde poner las manos. Se meten en el bolsillo, se ponen detrás del cuerpo, se esconden al cruzar los brazos, sostienen un cigarro o un cubata para disimular que no sabemos bailar. No te muerdas las uñas, no te hurgues la nariz, no te rasques el culo, te decían tus padres. Bien, había una ley y el juez la dictaba. Pero ahora ni los árbitros están de acuerdo. Es como cuando los profesores te decían que había que hacerlo porque sí. Y punto. Enrique Ballester dijo que elegiría el superpoder de saber cuándo una mano es penalti o cuándo no. Manoman o handwoman aterrizando en un campo con capa. Penalti. Ojalá.

Llevamos meses diciendo que esto no puede ser, que hay que hacer algo con las manos. Igual que cuando decimos que no puedes ser que las persianas estén tan sucias, que el grifo no deje de gotear, que hay que quitar los adornos navideños, que hay que ir al Ikea. Son esas cosas que se dicen que hay que hacer y no se hacen porque, la verdad, no se cae el mundo.

A los aficionados nos genera ansiedad, claro, porque nos gusta sabernos el reglamento. Sí nos sabemos hasta las normas que no existen: no se habla de los árbitros cuando te favorecen, todos los jugadores sueñan con jugar con el equipo que le ficha, el futbolista que levanta la mano es el que rompe el fuera de juego y si uno manda un disparo fuera del estadio se pone a mirar el césped.  El otro reglamento. Pero si no sabemos cuándo una mano es punible, nos lo están poniendo muy difícil, o sea, facilísimo: siempre a favor de nuestro equipo. En el fútbol, un deporte de relato, más cercano a la ficción que a la realidad, cuantos más grises hay en el reglamento, más espacio para que los aficionados los pinten con sus colores.

Imagen de portada: Michael Sedgwick/Focus Images Ltd

6 comments

Para mí sin las manos no habría fútbol. Ya que como dices provocan Penaltis y como no el portero las utiliza para detener la pelota. Cómo siempre Sergio gran Reflexión muchas gracias.

Este de las manos es un tema curioso, algo que estaba medianamente bien lo han transformado en un enredo. Menos mal que Sergio pone raciocinio en el tema porque al final es cierto que, a falta de criterios definidos, solemos tomar partido por nuestro equipo.
Gracias por otra estupenda reflexión. Abrazo!

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