Marcel Beltran: “El miedo siempre está ahí cuando te pones a escribir”

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El Barça tenía la MSN; el Madrid, la BBC y la literatura tiene a la MDMA: Marcel, David y Miguel Ángel. Los tres han escrito un libro que engancha como una droga. Beltran, Cames y Ortiz son los autores de Kafka en Maracaná, un libro que retrata a autores a los que el fútbol les rozó de alguna forma. Exploran los límites de la realidad y la ficción, un paseo funambulista entre la documentación y el relato, una elección que les sienta bien a todos los que pasan por estas páginas. Están los clásicos del noviazgo entre literatura y fútbol, como Galeano o Hornby, pero también otros como Onetti o Aleksiévich. Clasificados en ocho capítulos y tres rondos, aparecen noventa autores, treinta para cada uno de los tres escritores. La voz de uno de ellos, ronca y fumadora, aparece al otro lado del teléfono. Solo puede ser la de Marcel Beltran, que dice que va a coger agua antes de empezar. Sabe que va para rato. Por suerte para el entrevistador, Beltran no cumple su amenaza. “Como me entrevistes, te rajo”, le había dicho días atrás. Por suerte para el lector, el entrevistador no cumple su palabra. “No, no. Tranquilo, será una conversación”.

Pregunta: Dicen que en el libro hacen un ejercicio de ficción honesta.

Respuesta: Fue uno de los temas que tuvimos que hablar mucho antes de escribir el libro. La idea era hacer una especie de homenaje a muchos autores que hubieran escrito sobre fútbol. Queríamos que fuera algo creativo. La forma más lógica era hacer un cuento para cada uno de esos autores. Desde el principio, el libro estuvo a medio camino entre la documentación sobre la vida y la relación con el fútbol de esos autores, y luego la historia que montábamos. Necesitábamos un relato y una escena para que también interesara a los que no tengan nociones sobre autor. Siempre bailamos entre el mundo de la realidad, por la vida del autor, y el mundo de la ficción, por las herramientas utilizadas. Eso es la ficción honesta. Por ejemplo, no hubiera tenido sentido retratar a Montalbán como aficionado del Real Madrid o de derechas. Los cuentos son ficción, pero están construidos con material real. Y esa parte verídica es la que nos ha obligado a estar más alerta.

P: La documentación les habrá mantenido en sótanos durante meses.

R: Ha sido uno de los trabajos más costosos. Son noventa autores, treinta para cada uno. A algunos sí que los tenía controlados, pero me ha tocado escribir de autores que, o no les había leído, o no conocía su relación con el fútbol. Nos ha obligado a buscar muchos textos de esos autores para empaparnos del tono. No tenía sentido escribir de forma simplista el cuento de un autor barroco. O al revés, el relato de Hornby no podía escribirse a lo Faulkner.

P: Kafka nunca estuvo en Maracaná

R: No, no. El título nos casaba mucho con la idea de tener un pie en la realidad y otro en la ficción. No se dio en la realidad, pero sí en un cuento de Clarice Lispector. La escritora brasileña ambienta un cuento muy kafkiano en un estadio que podría ser Maracaná. No se dio, pero sí que está vivo en una de las autoras que aparece en el libro. El título formaba parte de ese juego.

P: ¿Cuánto hay de homenaje a autores y autoras sin los que no se entendería la relación entre literatura y fútbol?

R: Bastante. A los que nos interesa la literatura y el fútbol se lo debemos a los que ya hicieron esos pasos antes. Más que un homenaje a un autor, es un homenaje al matrimonio medio raro entre el fútbol y la literatura. La idea era reivindicar a los que escribieron sobre fútbol siendo gente muy prestigiosa en su carrera literaria.

P: Parece que haya que justificar la unión entre literatura y fútbol.

R: Creo infravaloramos a los lectores en general. Lo contaba Vila-Matas, hemos metido en nuestra cabeza a un lector pasivo al que hay que darle todo hecho. Hay que reivindicar al lector como un sujeto activo. Si se lo ponemos todo fácil, no pensamos en un lector que por sí mismo pueda leer entre líneas o tener mirada crítica. Me da la sensación de que hablamos tanto de la literatura y el fútbol para hacer la literatura más simpática o más amable. Como si fuera una mejor invitación decirle al lector que también se encontrará fútbol, cuando en realidad literatura solo hay una.

P: Lo que decía Ota Pavel: “La literatura no puede dividirse en literatura sobre bomberos o sobre deportistas. Solo hay una y, como diría Jaroslav Hašek, es literatura sobre la condición humana”.

R: Parece que haya que barnizar o hacérselo más atractivo a los lectores. Haríamos bien en no infravalorar a los lectores, porque eso de que son imbéciles nos lo inventamos nosotros. Lo mejor que podemos hacer es tratarlo de tú a tú y no dárselo todo masticado. Al menos es lo que me gusta que hagan conmigo como lector.

P: Los cuentos están separados por bloques temáticos y uno se los dedicáis a los antifútbol. Con todos mis respetos, hay que ser cabrones para meterlos en un libro de fútbol.

R: “El fútbol es el opio del pueblo” es una frase de Borges. Es entre cómico y maravilloso que una de las frases más famosas que relacionan literatura y fútbol la dijera un antifútbol. Te lleva a plantear hasta qué punto el fútbol lo alcanza todo, incluso a los que no le gusta. Este deporte es tan maravilloso que es imposible escapar de él.

P: También hay tres rondos, uno dedicado a personajes icónicos como el Che o Marilyn Monroe

R: Al principio fue una cuestión formal. Queríamos separar los noventa relatos para permitir al lector respirar. Así también ampliábamos la mirada a creadores de todo tipo, como Picasso o Lola Flores. Esos relatos tienen menos extensión y son más experimentales. No van sobre los que han escrito, sino sobre los que han hablado de fútbol, independientemente de la disciplina desde la que lo hicieron.

Marcel Beltran (foto) es el coautor de 'Kafka en Maracaná' junto a Miguel Ángel Ortiz y David García Cames
Marcel Beltran (foto) es el coautor de ‘Kafka en Maracaná’ junto a Miguel Ángel Ortiz y David García Cames.

Marcel Beltran está tocado por una varita. Como el palo de madera que mueve compulsivamente mientras escribe. La ausencia de tilde en Beltran nos da una pista de su talento. Cumplir años -sólo 27- el mismo día que sacas tu primer libro está al alcance de muy pocos. Fuma por gusto, pero no está enganchado. Seguramente sea el tabaco el que esté enganchado a él. Leerle es como patinar sobre hielo: flotas hasta que te pega una hostia y solo tienes ganas de levantarte y seguir haciéndolo. Escribe como los ángeles, pero no lo sabe, o lo sabe y no se lo cree. Lejos de vanagloriarse, más bien se avergüenza. Si pudiera, contestaría a los elogios con un gruñido. Vive en la frontera de no darle importancia ni validez a lo que hace. Lejos de ser borde, soso o un creído, más bien es todo lo contrario: una persona afable, con la que los temas de conversación se enlazan, y que se quiere muy poco. Para eso ya estamos los demás.

P: ¿Le imponía escribir sobre esos grandes nombres?

R: A mí me da miedo escribir un texto sobre las alcachofas en verano. El miedo siempre está ahí cuando te pones a escribir, independientemente de lo que escriba. Nos ayudó que siempre tuviéramos claro que había que escapar de la primera persona. En ningún momento queríamos replicar la voz de los autores. Se puede imitar la voz de alguien que no se dedique a escribir, pero es muy kamikaze querer escribir como los grandes. Sí queríamos escribir desde una voz cercana, pero nunca siendo ellos. Hubiese sido un suicidio.

P: No se trata de ser ellos, sino de sentarse a su lado.

R: Eso es. En la universidad,  me dejaba contagiar por el autor que estaba leyendo. Por eso ahora me ha resultado algo más sencillo, no imitarlo, pero sí encontrar un tono que más o menos se pareciera a lo que destila ese autor. Hemos intentado que los cuentos guarden relación con su estilo y su ambientación. Por ejemplo, Delibes empezaba los párrafos con minúscula, y Miguel Ángel Ortiz en el libro también lo hace. Esos guiños de estilo sí que los hacemos.

P: ¿Javier Marías es compañero de asiento de los que te da en el codo y te dice “te lo dije”?

R: El principal defecto de Marías es su principal virtud. Ese tono desganado con el que se coloca por encima del resto y con el que dispara a lo que se mueva. A la vez, esa voz tan políticamente incorrecta te da mucho juego para escribir. Redactó una columna sobre la patada de Cantona. Él le defendió porque ese espectador era un racista y se escudó en el anonimato de la grada. Utilicé ese partido de Cantona en el United y fue de los más divertidos.

P: ¿Con qué autor ha sufrido especialmente?

R: Hans-Jorgen Nielsen. Es el autor de una de las mejoras novelas de fútbol que he leído, El Ángel del fútbol. Pero murió muy joven, hay muy pocas referencias y no le tradujeron casi nada. Hasta en su página de Wikipedia en danés no hay casi información. Me costó parirlo, pero queríamos que estuviera porque es uno de los menos conocidos.

P: ¿Y con cuál ha disfrutado más?

R: Me sale decir Montalbán. Estaba medio acojonao porque es un tío al que le he leído tanto y al que admiro tanto. No le puedes copiar ni el sentido del humor porque era el mejor también haciendo bromas. Pero encontré un punto de vista que me gustó desde el principio y me dio fuerzas para no psicoanalizarme mucho. El protagonista del cuento es su alter ego, Pepe Carvalho, y tiene que investigar a un tal Manuel Vázquez Montalbán, que se las da de progresista intelectual, pero se deja seducir por pasiones bajas como la cocina o el fútbol. Contratan a Carvalho para que desmonte el mito de Montalbán. Me lo pasé muy bien escribiéndolo.

P: En un tridente formado por Quim Monzó, Enrique Vila-Matas y Manuel Vázquez Montalbán, ¿quién regatearía, quién daría el pase y quién marcaría el gol?

R: El regate lo haría Monzó, porque diciendo que no le gusta el fútbol es capaz de escribir de las mejores cosas sobre fútbol. Te hace el engaño. El pase lo daría Montalbán porque en España abrió la puerta a escribir sobre fútbol. Gracias a él, muchos otros nos hemos puesto a jugar después. Y Vila-Matas tiene que ser siempre el goleador.

P: ¿Parra sería Dembélé?

R: Creo que sí, el antifutbolista y el antipoeta. De hecho, el cuento va por ahí. Es un antifutbolista, con ese toque bizarro. En medio de un partido coge el balón con las manos. Él decía que algún verso tiene que entenderse poco, así que como futbolista también fallaría algún pase adrede para no perder esa aura bohemia. De Dembélé también hablaremos como un bohemio del fútbol. Los bohemios del siglo XXI comen pizza y juegan al Fortnite.

P: Si este libro se escribiera dentro de cincuenta años y usted apareciera en él, ¿en qué partido se le retrataría?

R: En un Barça B-Girona que se jugó hace muchos años en el Miniestadi. Tuve que ir a narrar el partido para una práctica de la universidad. Fue muy primer partido narrado en directo y lo hice con un buen amigo. Todo muy bizarro y a la vez muy literario. La estampa de dos chavales en una grada semivacía, dando voces como locos al teléfono con el que se grababan, da para el inicio de una historia cuanto menos interesante.

Imágenes cedidas por Marcel Beltran y Revista Panenka

3 comments

Estupenda estrevista como apunta Castalia, las preguntas son muy interesantes Sergio. Es muy de agradecer que nos traigas a estos autores y nos los des a conocer. Como seguidor de ambos temas, fútbol y literatura, es un gustazo leer algo así. No es la primera que en este espacio se habla de la relación entre ellos y yo pienso que la literatura, como arte qué es, puede consecuentemente hablar también del fútbol porque como bien se dice aquí, la literatura retrata la condición humana.
Un auténtico placer poder leer este tipo de cosas. Gracias.
Abrazo!

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