Miedo a perder

El empate en el tiempo de descuento fue un mazazo para los noruegos.

El miedo es como la materia: ni se crea ni se destruye, se transforma. Cambia en uno mismo con el paso de los años. Del miedo a mirar debajo de la cama al miedo a recibir una carta de Hacienda. Cambia también según las personas. Miedo a la sangre, miedo los truenos, miedo a la noche, miedo al mar, miedo a las palabras, miedo al silencio. Si hasta hay quien habla de panfobia, entendida como miedo a todo, y de la fobofobia, es decir, el miedo al miedo. Pero el que se lleva la palma es el miedo cuando lo tienes todo. “Los hombres eran locos, sufrían cuando eran felices por miedo a perder la felicidad”, escribió Roberto Arlt.

Carlo Ancelotti, que últimamente va a masterclass de filosofía en cada rueda de prensa, dio una lección antes del Clásico. En la previa del partido, donde muchos otros sacarían pecho palomo y aumentarían el nivel de testosterona en un deporte que los machos creen suyo, habló del miedo. “El miedo es una sensación positiva porque, si no lo tienes, te enfrentas al león pensando que es un gato”, señaló en rueda de prensa. No hay que descartar que acabara de leer Héroes, donde Ray Loriga escribió: “Un héroe sin miedo es un héroe muerto”.

El día 31 de octubre es la noche del miedo. El miedo a que cuatro críos te llenen la puerta de huevo, el miedo a lo disfraces de payaso, el miedo a una digestión pesada de las castañas, el miedo a los que dan la turra diciendo que Halloween es un invento moderno, que suelen ser los mismos que cada año te explican en qué consiste el Boxing Day. Y luego están las películas de miedo, que se parecen bastante a levantarse cada lunes: te dan ganas de quedarte debajo de la manta pero no sabes por qué sigues hacia delante.

 Es inteligente reconocer el miedo porque forma parte del día a día. “Perdemos el miedo o lo incorporamos a la rutina de cada día, que viene a ser lo mismo que perderlo”, asentó Roberto Bolaño. El miedo es como las vuvuzelas: están ahí, de fondo, parece que no molestan pero cuando se callan por un momento se nota lo nocivas que son. En el fútbol todo da miedo. Está el miedo a la peinada en el primer palo, el miedo a que falle el portero, el miedo de un entrenador a ser cesado, el miedo a ser el primer futbolista en reconocer que es homosexual. Al final todo se trata de lo mismo: el miedo a perder. Por eso, en la vida y en el fútbol siempre te queda el empate. Nunca saldrás al partido dispuesto a buscarlo, pero siempre te salva de los peores días.

Imagen de portada: MarcadoInt

2 comments

Últimamente tengo menos tiempo de pasar por aquí, pero ha sido encontrar un ratito en este sábado frío y degustar tus palabras Sergio. Otro de esos maravillosos textos, gracias por tanto.

Deja un comentario

*