Mountain of Fire and Miracles Football Club

Daniel Hambury/Focus Images Ltd

En 1989, 24 personas reunidas en una sala de estar en Lagos, Nigeria, comenzaron a experimentar milagros. Al menos, eso dice la web de Mountain of Fire and Miracles (Montaña de Fuego y Milagros), la iglesia pentecostalista fundada por Daniel Kolawole Olukoya 5 años después de aquella reunión milagrosa, de la cual él mismo fue el organizador. Aquellas 24 personas se convirtieron pronto en cientos y en miles de adeptos, y Mountain of Fire and Miracles pasó a ser una de las iglesias más populares de Nigeria. Tanto fue así que cuando, en 2008, la ciudad de Lagos se quedó sin clubes en la Premier League Nigeriana, Olukoya tuvo una visión: fundar un equipo de fútbol para “llevar a los jóvenes a Cristo”. Así nació el Mountain of Fire and Miracles FC, o MFM FC, que tuvo un ascenso tan meteórico como el de su líder espiritual y logró competir en competición continental tan sólo 10 años después de su fundación. Casi un milagro.

El MFM FC ha sido un fenómeno social en Nigeria. Foto: GovernmentZA
El MFM FC ha sido un fenómeno social en Nigeria. Foto: GovernmentZA

Según sus vías de comunicación oficial, la iglesia MFM busca “entrenar a los creyentes en el arte y la ciencia de la guerra espiritual, convirtiéndolos en un agresivo y victorioso ejército del Señor”. Subiéndose a la ola del pentecostalismo que creció en Nigeria a finales del siglo pasado, MFM se convirtió pronto en un fenómeno social. Olukoya, postgraduado por la Universidad de Reading en Inglaterra, fijó la sede administrativa de MFM en Londres, desde donde se ha extendido a lo largo y ancho del planeta.

El pentecostalismo, por si alguien se lo pregunta, es un movimiento carismático dentro del protestantismo cristiano que, según el Proyecto de Alfabetización Religioso de Harvard, “enfatiza el encuentro personal con Jesucristo como salvador y el potencial de los conversos en volver a nacer como cristianos”. En concreto, el pentecostalismo nigeriano emergió en los 1970s a través de una generación de jóvenes universitarios que crearon sus propios espacios religiosos basados en el tele-evangelismo americano y los ritos religiosos africanos. Surgió en un contexto de inestabilidad post-independencia y su auge tuvo relación con las clases más acomodadas del cristianismo nigeriano. Su éxito se vincula a las tensiones que surgieron aquellos años entre las facciones islámicas y cristianas de la población nigeriana, con el pentecostalismo asumiendo una postura muy enfrentada a ciertos ritos de la comunidad musulmana. El éxito de Olukoya fue el de uno de tantos “pastorpreneurs”, líderes espirituales y empresariales que surgieron con el movimiento. “Los pastorpreneurs han creado megaiglesias con la combinación de técnicas de márketing, habilidades empresariales y mensajes del cristianismo más ortodoxo” resume Miranda Klaver, teóloga de la Universidad de Ámsterdam.

Volviendo al tema que nos ocupa, Olukoya creció como la espuma y a mediados de los 2000 MFM era una referencia espiritual global, más aún en Nigeria. Según relata en The Blizzard Sean Williams, periodista que acudió presencialmente al origen de la historia en Lagos, Olukoya fue un fanático del fútbol en su infancia y aficionado del Stationery Stones. Junto al Julius Berger (equipo que formó a talentos como Yakubu Aiyegbeni o Taribo West) eran los dos clubes que dominaban el panorama en Lagos. Y en 2008, por infortunios depotivos y extradeportivos, ambos equipos cayeron lejos de la élite profesional del futbol nigeriano, dejando a la ciudad más poblada del país sin referencia deportiva. Olukoya no dejó pasar la oportunidad.

Yakubu tuvo una gran carrera profesional tras despuntar en el Julius Berger. Foto: MIchael Sedgwick/Focus Images Ltd.
Yakubu tuvo una gran carrera profesional tras despuntar en el Julius Berger. Foto: Michael Sedgwick/Focus Images Ltd.

Nació, como herramienta religiosa, el MFM FC y, desde entonces, su ascenso fue imparable. Hasta 2014 el club no logró acceso a la segunda división nigeriana, poco después de protagonizar titulares por todo el mundo tras ganar en India la Unity World Cup, un torneo entre los mejores equipos de iglesias del planeta. Tan sólo un año les costó subir a primera, cumpliendo el sueño de ser el equipo de referencia espiritual y deportiva de Lagos. La inversión no fue barata, pero los “modestos recursos” de la iglesia de Olukoya cubrieron todos los gastos. Además, las distintas sedes de la iglesia peinaban los jóvenes con talento en sus respectivas localidades. Wilfred Ndidi, centrocampista del Leicester City, pasó por las categorías inferiores del club, y ya son varios los jugadores formados en su academia que han sido convocados con la selección nigeriana. “El fútbol es una de las mayores herramientas para cambiar la vida de los jóvenes” insistía uno de los líderes de la organización.

El inicio de los partidos del MFM FC supone un curioso espectáculo para los aficionados al fútbol. Todos los jugadores, con sus manos mirando al cielo y, en ocasiones, de rodillas, entonan cánticos religiosos para entregarse a que Dios les otorgue una victoria. Antes de saltar al campo, forman una piña en torno al pastor, que bendice su misión. “Somos un equipo basado en la fe, no buscamos poder más que en nuestras plegarias”, explicaba Geoffrey Aghogi, entrenador del primer equipo, a AFP. Los clubes-iglesia no son algo nuevo. Varios de los equipos más históricos de Inglaterra, como el Everton, Tottenham, Manchester City o Aston Villa nacieron afiliados a iglesias o fundados por miembros de éstas. En Europa, el fervor religioso ha disminuido con los años, pero no así en Nigeria, con un 46% de población cristiana y otro 46% de musulmanes. Entonces, ¿no hay musulmanes en el equipo? Godwin Enakhena, director de fútbol del MFM FC explica en Al Jazeera que “algunos de los jugadores eran musulmanes, pero se unieron a nosotros para volverse serios. Tienes que adaptarse: si estás en Roma, compórtate como los romanos”.

Wilfred Ndidi es el jugador de mayor renombre en pasar por las filas del MFM FC. Foto: Andy Kearns/Focus Images Ltd
Wilfred Ndidi es el jugador de mayor renombre en pasar por las filas del MFM FC. Foto: Andy Kearns/Focus Images Ltd

Aun con posibles suspicacias, a los jugadores del equipo se les proporciona alojamiento, alimentación adecuada en las instalaciones del club y, lo que es más importante, reciben siempre sus salarios a tiempo, algo que contrasta enormemente con la realidad de inestabilidad e impagos del fútbol nigeriano. A cambio, las normas son claras: nada de alcohol, drogas, tatuajes ni joyas, y se agradece la participación en los actos religiosos. El MFM es uno de los pocos equipos que está llenando estadios en el país, y se ha convertido en una de las marcas más potentes del continente.

Una marca, no obstante, que no ha esquivado la sombra de la duda. En 2017, la iglesia fue acusada de fraude por pastores que abandonaron la institución por estar envuelta en presuntas actividades ilegales. En los últimos años se ha acusado a la organización de malversación de fondos en Reino Unido y de evasión de impuestos en Estados Unidos. Pero sin dudas el elemento más controvertido de la iglesia fue su postura con respecto a los homosexuales, que según su líder están “poseídos por el espíritu del perro” y en palabras de uno de sus pastores “morirán en el fuego”.

Nada de esto ha sido impedimento para su crecimiento futbolístico, que tuvo su techo en 2017, cuando se clasificaron para la Champions League Africana. La aventura continental duró poco, quedando apeados en las primeras rondas, y desde entonces el equipo no ha logrado volver a clasificarse para el torneo. Desde 1964, sólo un equipo nigeriano ha ganado la Champions Africana. Emular esta gesta es un reto mayúsculo a la altura de las aspiraciones globales de la iglesia que lo vio nacer. “Queremos que este equipo sea el Real Madrid de Nigeria o de toda África”, indica su entrenador Aghogi. Sólo el tiempo dirá si hacen realidad el milagro.

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Foto de Portada: Daniel Hambury/Focus Images Ltd

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