Odio eterno al fútbol opresor

Infantino (Autor: DrabikPany)

El año que viene, a estas alturas, estaremos cerrados por fútbol, como decía Galeano. Habremos superado la fase de grupos mientras ponemos el árbol de navidad, que es como desayunar pizza. Ya habrá equipo revelación, alguna selección se la habrá pegado, nos habremos enamorado de algún equipo africano y animaremos a los asiáticos porque nos vemos reflejados: disciplinados, voluntariosos, pero sin gol. Algunos dirán que Luis Enrique merece el destierro, otros el ministerio de Deportes, nuestro delantero no meterá un gol y Busquets será el mejor. Lo de siempre, vamos.

El fútbol, la tirita más efectiva, habrá curado una herida que hoy sangra. La pelota, como el Obliviate de Hermione, nos habrá hecho olvidar algo que siempre deberíamos recordar. Según The Guardian, más de 6.500 trabajadores provenientes de India, Pakistán, Nepal, Bangladesh y Sri Lanka han muerte desde 2010 en Qatar desde que le concedieron el Mundial. Pese a las mejoras prometidas, Amnistía Internacional sigue denunciando múltiples abusos: pagos elevados a agentes de contratación para poder trabajar, malas condiciones, mentiras y retrasos en el salario, prohibición de abandonar el campamento laboral e imposibilidad de cambiar de trabajo. A esto habría que sumarle la poca fiabilidad de las declaraciones sobre la libertad que va a tener el público LGTBIQ+. Siempre que hay un pero en una frase sobre derechos humanos, algo huele mal.

Es paradójico que haya tiempo para parar o al menos cambiar esto y a la vez todos tengamos clarísimo que no va a pasar nada. Pensar en alguna selección negándose a ir o boicoteando el Mundial es la película de sobremesa de un domingo de Antena 3: inverosímil. Lo más cercano fue la protesta de Noruega en marzo, pero su federación acordó en junio que no iba a torpedear la celebración de la cita. Para más inri, la selección de Haaland quedó apeada del Mundial.

Odio eterno al fútbol moderno, dirán algunos. Puede ser. Pero da la sensación de que el fútbol evoluciona en dos sentidos. En lo social, aunque lento, va para adelante. Si ahora el fútbol, y todo lo que lo rodea, sigue siendo machista, homófobo y racista, hace veinte años lo era mucho más. En el otro sentido, el fútbol evoluciona igual que la lógica empresarial: es un negocio. Como la policía, sigue el rastro del dinero. La Superliga es otro ejemplo de supremacismo. Los grandes se juntan entre ellos para ser más grandes y tener todavía más dinero. El fútbol como reservado de discoteca, dividido en guetos, guiado por la aporofobia. Ganan los ricos, ganan los hombres, ganan los poderosos, ganan los de siempre. A lo mejor no odias el fútbol moderno. A lo mejor odias el fútbol elitista y opresor.

Hace poco escribía Galder Reguera que el deporte puede dar una gran lección a la sociedad: “Podemos mejorar el mundo y asegurar el futuro de todos, pero solo si trabajamos juntos”, decía el escritor y filósofo vasco. El fútbol, un deporte de equipo, debería demostrarnos que o juntos o nada. Sin portero te golean. Sin delantero no marcas. Sin aficionados no eres nadie. Y aún así fuera del terreno de juego sigue fallando en lo mismo que en la sociedad: en la colectivización, en no buscar el bien común por encima del bien individual. A veces hay pequeños coletazos de esperanza, como la respuesta de los aficionados ingleses contra la Superliga. Todos juntos, como equipo pequeño pero alma grande, defendiendo la posesión de un balón que nos quieren robar. El mejor partido que se ha jugado en los últimos tiempos.

Imagen de portada: Drabik Pany

Related posts

3 comments

“Pensar en alguna selección negándose a ir o boicoteando el Mundial es la película de sobremesa de un domingo de Antena 3: inverosímil”… Pues si, una frase muy cierta.

Con el mundial de Qatar tengo sentimientos encontrados desde el principio, no quiero verlo, pero es un mundial. Ahora mismo tengo el sentimiento de que no quiero ver nada, aunque se que a medida que se vaya acercando, poco a poco me empezare a entusiasmar con la celebración que hace que cada cuatro años se pare mi mundo.

Algo seguro que veo, pero para nada sera como los anteriores, la vida de muchos aficionados del futbol en el mes del mundial era aquella que de una manera muy brillante nos representaron una pareja de argentinos por You tube.

La fase de clasificación Ia sigo disfrutando mucho en todas sus confederaciones, gracias, por supuesto, al podcast de patron que hacen Adrian y Axel. Pero solo la fase de clasificación.

No tengo claro que, pero nos han robado algo.

Se me olvidava…

Algo que me choca mas es el revuelo de esta semana, pero de que manera pensaban que era Qatar? Esto es algo que creo que todos teniamos claro desde que compraron el mundial. Quejarse, o incluso sorprenderse a estas alturas, lo veo tan absurdo como, al llegar a Brasil, sorprenderse de que tiene playa, y chiringuitos donde sinven caipirinhas.

Todo esto de que en invierno estaremos viendo a Corea del Sur en octavos y a Portugal eliminada en fase de grupos lo llevan aguantando asiáticos y el cono sur del mundo todos los mundiales, sin excepción.

Todas esas ligas partidas por la mitad y aquí nadie puso el grito en el cielo. Una cosa debería estar clara: tan lamentable es la compra de votos para un mundial como el intento de boicot por una mera cuestión de fechas.
El fútbol era un negocio antes de este mundial y lo será después, nos guste o no. Solo en nuestras manos está dejar de que lo sea, véase, dejando de consumir fútbol-negocio.

Deja un comentario

*