Partido Polish Boyfriend: 13 horas de vuelo para jugar el derbi de extremos ruso

Kaliningrado Focus

Tenemos diferentes tipos de viajes. Aquellos en que la parte más importante es el destino final y otros en los que importa más el viaje en sí mismo. Durante décadas, muchas personas han soñado con cruzar Rusia, de punta a punta, llamados por la leyenda del Transiberiano. Un tren mítico que no cruza Rusia de punta a punta, pues sale de Moscú. Para cruzar de punta a punta el país más grande del mundo, mejor ser jugador de fútbol y fichar por uno de los equipos que protagonizan el desplazamiento de liga más largo de esta temporada: el Luch de Vladivostok-Baltika de Kalningrado.

Más de 13 horas de vuelo separan Vladivostok y Kaliningrado. Fuente: Google Maps.
Más de 13 horas de vuelo separan Vladivostok y Kaliningrado. Fuente: Google Maps.

En Marcadorint ya hemos dedicado atención en otras ocasiones a viajes muy largos. Y eso nos provoca volver una y otra vez al Luch-Energiya de Vladivostok, la capital del Krai de Primorie, la provincia más al sureste de Rusia. Los rusos siempre miraron hacia Europa intentando aprender cosas y demostrar su valía. Aunque el alma de Rusia es múltiple. Mientras muchos escritores aprendían francés, los zares llamaban a arquitectos italianos y militares alemanes. Y a la vez, Rúsia se impregnaba de las culturas del este que iban pasando a formar parte de este estado gigante, con muchos artistas moscovitas influenciados por el arte o las leyendas de los pueblos autóctonos siberianos. En el siglo XVI los rusos ya exploraban hacia el este, creando poco a poco el país más grande del mundo. Hasta que llegaron al final del continente, sin poder ir más al este. Allí se levanta Vladivostok, fundada en 1860.

Situadas en los dos extremos de Rusia, Vladivostok y Kalinigrado fueron ciudades cerradas durante décadas por su gran valor militar. Dos ciudades rodeadas de fronteras de otros estados. Vladivostok no está aislada como Kaliningrado, aunque queda oculta cerca de la frontera china. Cerrada a los curiosos por su peso estratégico durante décadas, pues fue la sede de la marina soviética mirando hacia la costa americana, Vladivostok ha sido metáfora de incitación al viaje al tratarse del destino final del tren Transiberiano. Y allí juega el club profesional situado más al este, el Luch, fundado en 1958.

El Luch, que nunca llegó a Primera en tiempos soviéticos, vivió sus primeros éxitos en los años 60, cuando, jugando en copas regionales, llegó a quedarse a un paso de los octavos de final de la copa soviética. Perdió por 1-2 contra el Dinamo de Moscú de Lev Yashin en el primer gran partido de un equipo moscovita en la ciudad. Más de 40.000 personas abarrotaron el pequeño estadio de un club que llegó a jugar en Segunda. Aunque nunca subió a Primera.

El Luch sí conoció la élite después, ya que jugó en la primera división rusa en 1993 y en las ediciones entre 2006 y 2008 de la Premier League, cuando tocó modificar los calendarios para ayudar a preparar los partidos. Los equipos viajaban a Vladivostok -12 horas de vuelo- y descansaban una semana. Luego, el Luch volaba hacia Europa, jugaba dos partidos, y descansaba 10 días. El tamaño de Rusia crea estos problemas: tener un territorio gigante que dificulta la creación de un calendario de fútbol convencional. Aunque, históricamente, el fútbol ruso ha sido siempre cosa de la zona europea. Vladivostok es una ciudad lejana que implica un viaje similar a Pequín o Corea. Una ciudad remota, lejana, oculta en un extremo del mapa asiático aunque culturalmente rusa, más europea. El español Francisco Arcos llegó a entrenar al Luch y contaba cómo era trabajar allí en una entrevista a ‘El País’: “Tenemos siete horas de diferencia con la capital y nueve de viaje. Salimos a las dos de la tarde y llegamos a Moscú a las cuatro, pero para nosotros son las once de la noche. De oeste a este no hay tanto problema para adaptarte como a la vuelta, cuando no podemos programar entrenamientos por la mañana porque los jugadores tienen problemas para dormir”.

Local lads play football in the street in Kaliningrad before the 2018 FIFA World Cup match at Kaliningrad Stadium, Kaliningrad Picture by Paul Chesterton/Focus Images Ltd +44 7904 640267 28/06/2018
Kaliningrado fue una de las sedes del Mundial de Rusia. Foto: Focus Images Ltd.

Estos últimos años, el club ha luchado en la parte baja de la tabla, evitando el descenso a Tercera, porque le faltan recursos a esta entidad propiedad de la región del Krai de Primorie. O sea, la región es propietaria del club, pues se entiende que un equipo de fútbol tiene peso en la promoción de la zona, un caso habitual en regiones periféricas rusas. En 2018 el club llegó a anunciar que estaba en quiebra, aunque el gobierno consiguió el apoyo de dos empresas locales para garantizar el futuro de los tigres siberianos, como se conoce a la institución en honor de este precioso animal en peligro de extinción.

En Segunda, el Luch juega contra la Baltika de Kaliningrado. Otro club propiedad del gobierno regional de una zona periférica, en este caso la que se encuentra situada más al oeste en Rusia. Este partido sigue siendo el desplazamiento más largo que se realiza para jugar un partido oficial de liga. Kaliningrado es una ciudad en un trozo de tierra rusa entre Polonia y Lituania. En total, a 7.372 kilómetros de distancia de Vladivostok. Un partido que se ha repetido en numerosas ocasiones enfrentando dos ciudades que son rusas por esas vueltas que da la historia. Dos ciudades que 200 años antes no eran rusas. Bueno, Vladivostok ni siquiera existía. Y Kaliningrado era alemana: se llamaba Königsberg. Si los rusos se expandieron hacia el este, también crecieron hacia el oeste, controlando zonas donde antes se hablaba polaco o alemán, como esta región de Kaliningrado, de gran relevancia estratégica porque permitía a la Unión Soviética primero, y a Rusia después, una salida natural al Báltico. Un puerto de vital importancia. Y cuando pasaron a controlar la ciudad en 1945, le pusieron un nombre ruso, en honor de Mijaíl Kalinin, uno de los fundadores de la URSS.

Si Vladivostok fue creada en una zona donde no había nada, más allá de algunos pescadores coreanos, el caso de Kalinigrado es diferente. La URSS, vencedora de la guerra, se adueñó de una ciudad que históricamente había sido alemana. Expulsó a los alemanes, llenó la ciudad de militares y funcionarios rusos, puso otro nombre a la urbe y derribó los edificios alemanes que quedaban y no habían sido dañados en los bombardeos durante la guerra, como el castillo medieval, derribado en los 60 para levantar un Palacio de los Soviets. El estado ha ido más allá y en dos momentos, uno en tiempos de la URSS y otro recientemente, ha eliminado el nombre del hijo más ilustre de la ciudad, el filósofo Immanuel Kant, que era alemán.

Kalinigrado es el típico caso de cómo la historia y la política puede dar un giro en pocos años. Rusia nunca controló esta región, aunque le interesó por su situación estratégica y usando la fuerza modificó de un plumazo la demografía de la ciudad. Hoy quedan pocos edificios medievales de la vieja ciudad alemana, aunque se conservan algunos, y Moscú sigue apostando por la ciudad para dejar clara su soberanía. Y aquí entre en juego el fútbol. La ciudad fue elegida como sede del Mundial pese a que su club, la Baltika, jugaba en un estadio viejo delante de 4.000 personas. Con la construcción del precioso y moderno estadio, con capacidad para 35.000 espectadores, el gobierno reafirmaba el compromiso con una región que hace años sufrió una grave crisis económica, entre paro, drogas y falta de salida laboral, cuando se desplomó la URSS y quedó como un pedazo ruso entre estados, Polonia y Lituania, que ya no era aliados.

Estadio de Kaliningrado. Foto: Focus Images Ltd.
El monumental estadio de Kaliningrado es una de las herencias que el Mundial ha dejado en la ciudad. Foto: Focus Images Ltd.

La Baltika solamente jugó dos años en la primera división rusa a mitad de los 90. En los últimos años ha vivido casos de corrupción o escándalos, como una conversación filtrada de las autoridades locales afirmando que se encargarían de evitar un posible ascenso a Primera, pues no les interesaba invertir más dinero. Eso, un año que el equipo andaba bien. Con el nuevo estadio, la media de espectadores ha subido hasta los 10.000, aunque el equipo lucha en la parte baja, con el reto de evitar el descenso a Segunda.

El duelo de extremos ruso, pues, enfrenta dos equipos que luchan por seguir en Segunda. El viaje profesional más largo, aunque toca recordar que hace unos años se vivió un duelo aún más largo, cuando jugó en segunda el FK Sajalín, equipo de la la isla de Sajalín, situada al norte de la isla japonesa de Hokkaido. Cuando se jugó un Sajalín-Baltika, este pasó a ser el partido más alejado de liga del fútbol ruso. Sajalín ha sido históricamente japonesa, con diferentes conflictos con los rusos durante todo el siglo XX. Después de la Segunda Guerra Mundial, toda la isla fue ocupada definitivamente por la Unión Soviética para proteger los recursos naturales de la zona, como el gas, con la marca Gazprom ayudando en su momento a este FK Sajalín.

Foto de portada: Focus Images Ltd.

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5 comments

Geografía, mapas, historia y fútbol ruso. Siempre. Siempre esta sección será un motivo más para definir mi idea de viernes. Mil gracias de nuevo, Toni 🙂

Se quejan algunos de calendarios y horarios, pero jugar la liga rusa tiene que ser una odisea total. Me recuerda a lo que contaba hace poco Juan Antonio Orenga, ex seleccionador nacional de basket, que entrena ahora en China y tiene el mismo baile de husos horarios, climas, transportes y miles de km. En esto, USA manda, 2 conferencias y problema resuelto.

Entiendo que la naturaleza de la sección dificulta mucho la obtención de temas, ¿pero es conveniente repetirlos? Ya se escribió hace unos años sobre un Luch-Baltika.
Aún así buen trabajo, Toni. Como siempre.

Conveniente y satisfactorio para la gente que llegamos nueva a la web. Enhorabuena Toni por el trabajo. Fabuloso.

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