Partido Polish Boyfriend: 4.000 años de civilización del Medio Oriente en un estadio sueco

Assyriska -  Groundhopping Merseburg

El año 2004, un modesto equipo fundado por inmigrantes debutó en la Primera división sueca: el Assyriska. En su primero partido como local, contra el Halmstad, los jugadores salieron con unos brazaletes negros. El club explicó a la prensa que era una forma de recordar los 90 años del genocidio sufrido por los asirios en otro continente, otro siglo, otra época. Así, la memoria de esa matanza seguía viva gracias a un equipo de fútbol lejano, fundado en Suecia.

Esta es una historia que se empezó a escribir hace 4.000 años en el norte de Mesopotamia, cuna de civilizaciones, de religiones, de culturas. Allí tienen sus raíces los asirios, en ocasiones mencionados como pueblo asirio para poder diferenciar el pueblo actual con el antiguo Imperio que alzó palacios y fortalezas 1.200 años antes de Cristo. En la llanura de Nínive tienen sus raíces los actuales asirios, un pueblo que nunca ha conseguido crear un estado, quedando a la merced de otros grupos étnicos que no siempre han entendido la diversidad. Y por eso sus hijos han emigrado, llegando muchos de ellos a Suecia. Del norte de Mesopotamia a la Península Escandinava, la lucha por una identidad ha acabado en un campo de fútbol de la Tercera División sueca, donde este fin de semana se enfrentan dos clubes, el Assyriska y el Arameisk-Syrianska, que mantienen vivos los símbolos de un pueblo que ha forjado su identidad a base de desgracias y sufrimiento. Las últimas desgracias, bien actuales, pues el pueblo asirio ha sido castigado con dureza por Estado Islámico en Irak. “¿Cómo podías estar centrado en un partido de fútbol cuando sabías que sufríamos otro genocidio?”, dijo Aziz Jacob, presidente del Assyriska, a la prensa sueca.

Domingo 29 de octubre, 15:00h, Arameisk-Syrianska IF-Assyriska

Nuri Kino es un conocido periodista sueco, hijo de asirios. Como tantos asirios suecos, sus padres llegaron en los años 70, escapando de la represión, en su caso en suelo turco, contras las minorías. Primero encontraron trabajo en Alemania y finalmente, en Suecia, dos tierras que facilitaban la llegada de inmigrantes para poder continuar con su crecimiento económico. Turcos, yugoslavos, portugueses, españoles, italianos, kurdos, griegos o asirios llegaron hasta Suecia. Y ahora uno de sus hijos es un periodista consagrado, profesor en universidades. Y cómo no, hincha del Assyriska.

Kino ha ganado muchos premios, en parte gracias a sus trabajos contando cómo la violencia en Próximo Oriente mortifica las minorías sin estado, como los kurdos, yazidíes o asirios, entre muchos otros pueblos. “A nuestro pueblo, el asirio, también se nos puede conocer como caldeos, arameos o siríacos. Nuestra identidad es compleja, pues nos han pasado por encima fronteras y religiones. No todos hablamos la misma lengua, por ejemplo”, cuenta. Estudiosos, profesores y expertos han participado de este debate sobre cómo debería ser llamado este pueblo que puede tener cuatro nombres diferentes, todos ellos con raíces en la historia. Kino opta por definir su pueblo como asirio. “Hace siglos éramos mayoría en la llanura de Nínive, en el norte de Irak. Luego nos empezaron a perseguir, sufrimos ataques, ahora ya encontramos más asirios lejos de esas tierras que allí”, explicaba en una conferencia. “Somos un grupo étnico descendiente del viejo Imperio asirio y los acadios, hace 4.000 años. Seguramente todos han visto las maravillosas esculturas de las puertas de la vieja Nínive en el British Museum de Londres. Luego nos ha tocado vivir como minoría en muchos imperios y reinos, ocupando una zona que forma parte hoy de Irak, Turquía, Irán y Siria. Como muchos árabes o kurdos, los asirios hemos emigrado con tanta violencia, aunque en nuestro caso nos marcó el genocidio asirio al que nos sometieron los turcos durante de la Primera Guerra Mundial, durante la desintegración y partición del Imperio otomano. Unos 750.000 asirios fueron ejecutados”, recordaba Kino, quien cita otras tragedias sufridas por su gente, como la masacre cometida por árabes en Simele, Irak (1933), la revolución islámica en Irán o los ataques de Saddam Hussein contra las minorías. “Ya ven, en cada guerra las minorías son perseguidas. En cada conflicto del Próximo Oriente hemos sufrido”, añadía Kino hace dos años. Y esto incluye las últimas guerras, pues ha llegado la persecución de Estado Islámico. “En la zona los gobiernos han buscado siempre mandar persiguiendo las minorías. El resultado ha sido que nos tuvimos que buscar la vida lejos”, recuerda el periodista, apuntando unos detalles importantes: los asirios hablan una lengua propia, derivada del viejo arameo y fueron de los primeros pueblos convertidos al cristianismo. O sea, en una zona de mayoría musulmana, pueden ser vistos fácilmente como enemigos por los radicales, por sus creencias.

Syrianska (rojo) y Assyriska (blanco) se vieron las caras en Primera en 2010. Foto: Groundhopping Merseburg.
Nuri Kino es hincha de Assyriska. Foto: Groundhopping Merseburg.

Los asirios, pues, han sido perseguidos durante siglos. Aunque nunca llegaron a imaginar que la brutalidad de lo sufrido hace un siglo volvería. Y volvió. Estado Islámico dejó en las casas de asirios de las zonas conquistadas un símbolo en la puerta, una letra N. Era la N de “Nasrany”, la palabra que marcaba a los cristianos. O sea, marcaron sus casas y les dieron pocas opciones: escapar o pagar dinero por su vida. O la muerte. En un partido contra el Hammarby, pues, los jugadores y los hinchas del Assyriska salieron con una camiseta con la letra N, en solidaridad con su gente. Incluso tres jugadores del Hammarby, Stefan Batan, Nahir Besara, Andreas Haddad y Kennedy Bakircioglu, formados en el Assyriska, y con familia asiria, pidieron usar la camiseta antes del partido. Esa letra N se convirtió en un símbolo de resistencia. El centrocampista George Makdessi, por ejemplo, contó a la prensa como un tío que vive en Irak recibió en su teléfono móvil el vídeo de su propio hijo, el primo de Makdessi, ejecutado por Estado Islámico: le cortaron la cabeza cuando lo capturaron en el frente y, con su teléfono, lo grabaron y se lo mandaron a los contactos. “Cómo puede ser el fútbol importante así”, se quejó Makdessi, que donaba su sueldo entero a la lucha asiria.

Son años duros, pues, en una comunidad que encontró en el fútbol una forma de destacar. En los años 70 Suecia abrió las fronteras a trabajadores de todo el mundo y llegaron muchos asirios, que, por efecto llamada, se empezaron a concentrar, sobre todo, en Södertälje, un suburbio cerca de Estocolmo. Los primeros asirios habían llegado en los 60 cuando Suecia aceptó recibir un grupo de familias que vivía en campos de refugiados libaneses, escapando de la represión del régimen sirio de Assad padre. Aunque la mayor parte de los asirios suecos llegaron en los 70 a Södertälje, una zona trabajadora, obrera. Aquí fundaron en 1974 el Assyriska. Y en 1977 nació el Syrianska FC. Sí, como todas las comunidades del mundo, los asirios andan divididos, como contamos antes.

Syrianska y Assyriska han coincidido esta temporada en la segunda división sueca. Foto: Groundhopping Merseburg.
Syrianska y Assyriska se han enfrentado varias veces en partidos oficiales. Foto: Groundhopping Merseburg.

Asi, los fieles de la Iglesia ortodoxa siria fundaron el Syrianska en 1977, pues se llaman a sí mismo siriacos o arameos. Se diferencian de los otros y presumen de identidad con una bandera roja que tiene como símbolo un fuego alado. Los otros, mayoritarios, fueron los fundadores del Assyriska y sí se llaman a sí mismo asirios. Estos consideran que es más importante la identidad nacional, anterior al cristianismo, que no la adhesión a un rito o otro. En total, en Suecia viven unas 100.000 personas descendientes de asirios. Y 20.000 en Södertälje, la ciudad de 80.000 habitantes donde se juega el derbi entre los dos equipos que fundaron en los 70. Pese a compartir enemigos, los derbis son calientes y en ocasiones se han producido peleas, aunque la violencia sufrida por sus hermanos en Irak los ha unido y estos años comparten estadio y campañas benéficas. Pese a todo, la división es tan marcada que existen dos canales de televisión con sede en Södertälje diferentes: Suryoyo Sat, en lengua siriaca, y Suroyo TV, en lengua asiria. Cada tele cuida los detalles de su comunidad y de sus clubes: el Syrianska unos, el Assyriska los otros.

El Syrianska llegó a Primera en 2011, jugando tres temporadas, hasta el año 2013. Luego bajó a Segunda y ahora ocupa zona de descenso a Tercera. Suele reunir menos hinchas, aunque como su rival tiene aficionados por todo el planeta. Si en el estadio municipal de Södertälje suelen llevar unos 4.000 hinchas, las audiencias por internet son de más de 50.000, con personas de origen siriaco mirando los partidos desde tres continentes. Siguiendo un club que viste de amarillo y rojo, los colores del pueblo arameo. El presidente es Fikri Halef, un hombre que ganó todo su dinero vendiendo kebabs. Es más, los rivales se mofan del Syrianska con el mal nombre “Kebab FC”. El entrenador, Sharb el Touma, nació en un campo de refugiados en el Líbano, se crió en Suecia y fue jugador del club, sumido en problemas económicos ya que la mayor parte de socios han optado por dar su dinero a familiares que sufren en Irak. Y el resultado ha sido que los equipos han descendido entre deudas.

Al Assyriska le pasa lo mismo. Fundado en 1974, tiene más hinchas y sus partidos se ven en más de 60 países. Incluso llegaron a la final de copa, perdida el año 2003 y jugaron en Primera ese año 2004 en el que debutaron con brazaletes negros. Y como sus vecinos, estos últimos años sufre con una hinchada preocupada y las arcas vacías. Y bajó a Tercera, donde este fin de semana juega un derbi, no contra el Syrianska, que sigue en segunda, lo juega contra el Arameisk-Syrianska IF.

La realidad es tan compleja que en Suecia tenemos más de 100.000 personas con raíces asirias. Muchos en Södertälje, donde fundaron dos clubes, uno que representan a los siriacos y otro a los que se definen como asirios. Pero en el fútbol sueco compiten dos clubes más: el Arameisk-Syrianska IF fue fundado en los años 80 en Botkyrka, otro suburbio de Estocolmo. Y este es el rival del Assyriska esta jornada. Estos equipos compiten en el grupo norte de la Tercera División sueca y en el grupo sur juega otro club llamado Assyriska, en este caso fundado por inmigrados asirios en Västra Frölunda, un suburbio de Goteborg. O sea, existen dos Assyriska y dos Syrianska. Tres de ellos en Tercera y uno en zona de descenso a Tercera. Los asirios siguen sin acordar un nombre con el que definirse, compiten entre ellos en el terreno de juego y sí comparten una cosa: la lucha por recordar su existencia, sea como sea. Y gracias a sus clubes, acabamos reafirmado esa existencia cuando los descubrimos o recordamos.

Foto de portada: Groundhopping Merseburg.

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