Partido Polish Boyfriend: El campeón de liga que siempre juega fuera de casa

The Shakhtar Donetsk players before the UEFA Champions League match at the Etihad Stadium, Manchester
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26/11/2019

El Shakhtar Donetsk se ha quedado sin rival. La última liga del Dinamo de Kiev fue en 2016, un éxito todavía bastante reciente en un año en el que el equipo capitalino volvió a mandar. Aunque la alegría les duró poco. Las últimas tres temporadas el Shakhtar ha ganado la liga con una superioridad insultante. Y este año parece que sucederá lo mismo. En caso de ganar, sería su liga número 13 en 18 años. Cada vez más cerca del récord de 15 ligas del Dinamo, campeón en 10 de las primeras 12 temporadas después del nacimiento de la Ucrania independiente.

Como los mineros del Shakhtar mandan con tanta superioridad, la hinchada del Dinamo celebró hace unas semanas poder eliminar a su rival en la Copa, pues así se aseguran que no ganan el doblete. Aunque poco después el Shakhtar los derrotó en la liga por 1-0 en ese partido donde la hinchada del Dinamo insultó al brasileño Taison. Otro acto de racismo en una grada del este. La hinchada del Dinamo se plantó en el estadio con pegatinas con el lema “sí al racismo” para protestar, pues el club de Kiev salió con el lema “no al racismo en el pecho”. La triste realidad en muchos lugares.

El partido se jugó en Járkov, en el estadio Metalist. Este estadio se ha convertido en la casa del Shakhtar. Esta semana, su rival es el Zorya de Luhansk, equipo que aspira a ser segundo en la tabla y juega en el Slavutych Arena de Zaporiyia. Esta es la rutina de dos clubes destinados a no jugar nunca en casa, el Shakhtar y el Zorya. Y pese a todo, uno gana la liga y el otro puede ser subcampeón. En las últimas temporadas, el Shakhtar ha jugado como local en tres ciudades diferentes: Kiev, Lviv y, finalmente, Járkov. El Zorya, club de Luhansk, ha jugado sus partidos en Zaporiyia, Kiev u Odesa. Los dos no pueden jugar en sus ciudades originales, en los estadios de su propiedad, por culpa de la guerra.

Shakhtar Donetsk manager Luis Castro before the UEFA Champions League match at the Etihad Stadium, Manchester Picture by Russell Hart/Focus Images Ltd 07791 688 420 26/11/2019
Luis Castro dirige al Shakhtar Donetsk después de varios años con Paulo Fonseca al mando. Foto: Focus Images Ltd.

Tanto el Shakhtar como el Zorya provienen de una región en estado de guerra. Ya no sale cada día en las noticias, pero el conflicto en la zona del este de Ucrania continúa. Tanto Donetsk como Luhansk están en manos de las tropas que defienden los intereses de los rusos en la zona donde existen dos territorios que se han autoproclamado independientes: la República Popular de Luhansk y la República Popular de Donetsk. El gobierno de Kiev no controla estas zonas donde se encuentran, cómo no, las instalaciones de dos de los mejores clubes ucranianos en las últimas temporadas. El Shakhtar y el Zorya, rivales esta jornada y unidos por un destino común. Dos clubes independientes, aunque muy unidos.

Su realidad se alteró del todo en 2014, cuando millares de ucranianos protestaron contra el gobierno del presidente ucraniano electo, el proruso Viktor Yanukóvich. Este se largó y en los meses posteriores se pasó a un conflicto bélico. Ucrania era un país con dos realidades: en el oeste y en el norte, zonas más nacionalistas ucranianas. En el sur y en el este, mucha gente habla ruso. Era el feudo de Yanukóvich, el feudo de quien prefiere mirar hacia Moscú. Y el Shakhtar se había convertido durante años en el gran equipo del este, de la gente que hablaba ruso. Cuando Yanukóvich, hincha del Shakhtar, escapó de la gente en 2014, en Luhansk y Donetsk estalló otra revuelta contraria al nuevo gobierno, nacionalista ucraniano. Parte de estas zonas se proclamaron independientes con el apoyo de Rusia. Voluntarios internacionales han ayudado a los dos bandos en un caso complejo.

Sábado 14 de diciembre, 16:00h, Zorya Luhansk-Shakhtar Donetsk

Cómo no, ya no se puede jugar en estas ciudades, bombardeadas, aisladas. Pero sus equipos siguen jugando lejos en estadios que no son suyos, sin demasiados hinchas en las gradas. Mientras las regiones de Donetsk y Luhansk han votado en un referéndum sin reconocimiento internacional dejar de ser ucranianas, los equipos compiten en la única liga donde pueden jugar, la ucraniana. Y como juegan en Ucrania, estos clubes que fueron símbolos prorusos ahora se han apuntado al nacionalismo ucraniano. Un caso muy complejo.

Y para entenderlo mejor, toca conocer a los propietarios de los equipos. Dos empresarios que jugaron a ser políticos. Rinat Akhmetov, propietario del Shakhtar, y Yevhen Heller, propietario del Zorya. Ambos militaron en el mismo partido, ambos fueron socios en los negocios y ambos llegaron a trabajar en el Shakhtar, pues Heller fue el encargado de la sección de fútbol sala del club en su momento. Los dos compartían ambición, algunos trapos sucios y militancia en el Partido de las Regiones, la formación política de Yanukóvich. Ambos acabaron en el bando perdedor con las revueltas del 2014.

Heller, más joven y desconocido, siempre ha trabajado con Akhmetov. Y Akhmetov sí es famoso, ya que es el hombre más rico de Ucrania. Era el típico producto del fin de la URSS: chico ambicioso de familia pobre conoce a las personas clave en el momento clave. Hijo y nieto de mineros, Akhmetov fundó sus empresas en los 90 y compró las minas de la región de Donetsk. Esta zona era famosa por sus minas, y Shakhtar significa eso: minero. Era el club de los mineros. Akhmetov compró minas, ganó dinero e invirtió en otros sectores. Incluso mantuvo abiertas minas que perdían dinero solamente para tener feliz a la gente de la zona, pues ser minero era un acto identitario en Donetsk. Le interesaba que la gente en Donetsk fuera feliz porque era miembro del Partido de las Regiones, el partido de Víktor Yanukóvich. Y si Yanukóvich ganaba las elecciones, Akhmetov, que fue diputado, ganaba concursos públicos. En 2010, el 30% de los concursos públicos organizados por el estado los ganaron sus empresas. Y la joya de la corona era el Shakhtar: lo había comprado y lo había convertido en el mejor club del este de Europa, con brasileños, Mircea Lucescu en el banquillo y el precioso estadio Donbass Arena, construido en la Eurocopa del 2012. Todo funcionaba.

Mircea Lucescu. Foto: Focus Images Ltd.
Mircea Lucescu fue uno de los rostros de una de las etapas de mayor éxito del Shakhtar. Foto: Focus Images Ltd.

En esos años, el Zorya también empezó a funcionar. Valeriy Bukayev, un joven empresario amigo de Akhmetov, había comprado el club, que andaba perdido y lo ascendió a Primera. El modelo era el mismo. Bukayev apoyaba a Yanukóvich. Se trataba de dar alegrías a la gente gracias al fútbol. Así, la gente del este, los que hablan ruso en una zona pobre por la crisis de la minería, se sentía orgullosa y votaba a este partido porque tenían miedo de ser marginados si ganaban partidos nacionalistas ucranianos. En 2009, Bukayev falleció de leucemia a los 33 años. Y Akhmetov sugirió a su socio Heller que comprara el club a la esposa de Bukayev, Marina. En 2010, el Zorya empezó a mejorar con el dinero de Heller. Incluso volvió a competiciones europeas por primera vez desde 1972, año en que ganaron por sorpresa la liga soviética, cuando la ciudad se llamaba Voroshilovgrad en honor al revolucionario de la zona Kliment Voroshílov. Akhmetov y Heller se sentían satisfechos. Los dos grandes clubes del este, en Europa. El Shakhtar, admirado por entrenadores como Mourinho o Guardiola. Y Yanukóvich en el poder, asegurando sus negocios.

Hasta 2014, cuando la gente del resto del país se cansó de las corruptelas de Yanukóvich. Y la revuelta de la plaza Maidan de Kiev acabó con la carrera de este político. Al poder llegaron una alianza de demócratas, partidarios de la Unión Europea y nacionalistas ucranianos moderados o muy radicales. Bien, algunos de ellos abiertamente fascistas. Crimea, con el apoyo de Rusia, se proclamó independiente y se unió a Rusia, movimiento no reconocido por la Comunidad Internacional. En el Donbass empezó la guerra. Y eso provocó problemas a Akhmetov y Heller.

Ambos eran socios de Yanukóvich y eran vistos por el nuevo gobierno como enemigos. Pero a los dos, que habían destacado siempre las diferencias de identidad del este, no les interesaba ni la independencia de la región ni una unión con Rusia. Su negocio había sido gozar del apoyo de la gente del este, de habla rusa, aunque una cosa era votar y otra, disparar. Según medios como VOA o The Guardian, el ascenso de las milicias prorusas en Donetsk y Luhansk, su casa, no fue una buena noticia para Akhmetov y Heller, porque a la sombra de Moscú perdían poder. Además, ellos habían invertido en negocios en Ucrania, dando trabajo a más de 300.000 personas en toda la zona. Y de repente la mayor parte de las sedes de sus empresas se encontraban en una zona en guerra. Según el periodista polaco Wojciech Konónczuk, Akhmetov pasó de ver con buenos ojos las milicias del este, como oposición al nuevo gobierno, a perder el control sobre ellas. E intentó cambiar de bando: organizó un acto en el estadio del Shakhtar en favor de la unidad de Ucrania. Como respuesta, las milicias, algunas con antiguos trabajadores de sus empresas, nacionalizaron sus negocios y saquearon sus oficinas. Akhmetov escapó. Su posición nunca había sido tan débil. Sus enemigos políticos intentaron saquear sus empresas y él usa el Shakhtar para conseguir firmar la paz con el nuevo gobierno de Kiev. La versión oficial tanto del Shakhtar como de sus empresas es que Akhmetov siempre ha defendido la legalidad vigente y no se ha visto involucrado en operaciones con grupos políticos, y sí con acciones humanitarias.

Heller vive igual. Y juntos usan el fútbol como arma para limpiar su imagen en Ucrania, donde tienen el mercado. Han perdido el control de algunas de sus casas, de sus estadios de fútbol u oficinas en el este. Aunque Akhmetov se encarga de recordar al gobierno de Kiev que lo necesitan: controla parte de la economía y puede ser clave para negociar con las tierras que fueron su feudo. Además, Rusia ha bloqueado el acceso de gas o petróleo a Ucrania. Y el gobierno necesita estos recursos. ¿Adivinan qué empresario controla el sector de la energía? Sí, Akhmetov. El nuevo gobierno necesita las compañías de este empresario. Y este empresario necesita seguir ganando dinero.

Viktor Kovalenko of Shakhtar Donetsk is closed down by Ilkay Gundogan of Manchester City during the UEFA Champions League match at the Etihad Stadium, Manchester Picture by Russell Hart/Focus Images Ltd 07791 688 420 26/11/2019
Esta semana el Shakhtar certificó su pase a los octavos de final de la Champions. Foto: Focus Images Ltd.

Como al gobierno de Kiev le interesa tener al Shakhtar y al Zorya en su liga, al final les facilitan instalaciones para que estos dos clubes vivan en otras urbes. La misma semana que la justicia decretó el embargo de bienes de Akhmetov por un caso de corrupción en 2010, el gobierno facilitó que tuviera acceso a instalaciones municipales en Jarkóv, donde el Shakhtar juega ahora para aprovechar que el club local se refundó. Es una relación de amor y odio. La sede del club igualmente está en Kiev, donde viven los jugadores y entrenan en una ciudad deportiva propiedad del Comité Olímpico. Cada fin de semana se suben a avión, ya sea para ser locales o visitantes.

El Zorya, por su parte, reside en Zaporiyia, esa ciudad que en tiempos soviéticos era de máxima seguridad por su complejo nuclear. Ahora el club juega delante de poco más de 100 personas en los partidos de liga, pues los hinchas viven en Luhansk, al otro lado de una guerra, o han emigrado donde sea. La guerra lo destrozó todo. No es fácil vivir en esas regiones. Tampoco marchar lejos de casa. Solo parecen funcionar estos dos clubes, exiliados dentro de Ucrania. Y ganando partidos gracias a dos empresarios que han cambiado de bando en unos años en los que todo ha cambiado en Ucrania.

Foto de portada: Focus Images Ltd.

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2 comments

Leo hoy este artículo, después de lo ocurrido ayer con Roman Zozulya en Vallecas. Creo que la situación en la que se encuentra Ucrania, de guerra como bien describes, y en la que el delantero del Albacete ha decidido tomar partido abiertamente, está muy relacionada con el hecho de que sea catalogado como nazi. Aunque esto no es lo más importante respecto a lo de ayer, cuando al calificativo nazi se le acompañó de insultos, que fueron los que provocaron la suspensión del partido, todo lo que cuentas aquí es muy útil para contextualizar este problema e intentar comprender qué puede pasar por la cabeza de un jugador cuyo país está en una guerra abierta.

¿Cuál es la visión de los aficionados de estos clubes con respecto a la posición tomada por los directivos? Imagino, que por supuesto, tendrán problemas mayores a los que hacer frente, pero, ¿Siguen apoyando desde la lejanía a sus equipos o se ven en cierta forma traicionados por la postura tomada por sus dirigentes?

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