Partido Polish Boyfriend: Cerdos, estatuas decapitadas y tradición en un derbi de alto voltaje alemán

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Lotta goza de buena salud. Vive en un centro de protección de animales. Llegó aquí en octubre del año 2019, enferma y delgada. Ahora es una cerda hermosa que trota por los pastos bien alimentada, recibiendo en ocasiones visitas de aficionados del Kaiserslautern y el Waldhof Mannheim. Seguramente, la cerda Lotta es una de los pocos nexos de unión entre las hinchadas protagonistas del Südwest-Derby, el derbi del sudoeste de Alemania. Un derbi que curiosamente, se ha jugado muy poco. Y pese a ello, tiene más pasión que otros duelos regionales.

En 2019, después de más de 25 años sin derbi, se encontraron el Kaiserslautern y el Waldhof Mannheim. Los primeros, después de descender por primera vez a Tercera. Los segundos, después de ascender, levantando la cabeza después de años de problemas económicos en ligas regionales. La hinchada del Waldhof esperaba impaciente el primer derbi en décadas contra su rival más laureado. Y pocas horas antes del partido, apareció la cerda Lotta atada a una cuerda cerca del estadio del Waldhof. En su piel habían pintado las letras SVW, las siglas del Waldhof, tachadas. Y un mensaje: “Los cerdos de Kaiserslautern han llegado a la ciudad”. Históricamente, la gente de Mannheim ha menospreciado a sus vecinos de Kaiserslautern llamándolos cerdos. Y los radicales del club de fútbol usaron un cerdo para provocar a sus adversarios, provocando la indignación, pues el uso de pintura en la piel del animal provocó heridas en Lotta, a la que casi matan. En las horas siguientes, hinchas de los dos clubes recaudaron el dinero necesario para curar y garantizar una jubilación de oro al animal.

El Südwest-Derby vuelve esta semana con solamente 7.500 hinchas en las gradas por culpa de las medidas de protección contra el covid-19. Eso debería calmar las cosas, pues la temporada 2019/20 más de 30 personas fueron detenidas por peleas en los dos partidos. En 2019, cuando el Waldhof ascendió, en la fiesta de celebración se cantaron canciones celebrando la muerte de Fritz Walter, leyenda del Kaiserslautern. En el partido de ida, un cerdo fue usado como arma. En el partido de vuelta, la hinchada del Waldhof vandalizó unas estatuas cerca del campo del K’lautern, cortando la cabeza de 2 de los 11 jugadores del conjunto escultórico. Alemania tiene algunos derbis muy calientes, en ocasiones herencia de rivalidades entre ciudades anteriores al nacimiento del fútbol. Y este derbi es de los más peligrosos pese a que se ha jugado poco. En 2001, el Kaiserlaustern ganó 2-3 en un duelo copero. Antes, toca ir hasta dos duelos en segunda en la 1996/97 y esos partidos jugados del 1983 al 1990 en Primera. Poca cosa en total, 20 partidos oficiales, con 7 victorias del Kaiserslautern, 7 empates y 6 éxitos del club de Manheim. Un historial directo igualado, pese a que uno de los dos es gigante. Sí, el club de la ciudad más pequeña siempre ha sido mejor.

En Alemania, hablar de Kaiserslautern significa hablar de fútbol. Esta ciudad de menos de 150.000 habitantes es famosa por su club. Por su estadio, el Fritz Walter, sede de partidos del Mundial del año 2006, uno de los templos del fútbol alemán. Algunas ciudades tienen muchos embajadores, otras no tantos. En Kaiserslautern, además de una base gigante del ejército de Estados Unidos, poca cosa más tienen. No es el caso de Mannheim, una orgullosa urbe de más de 300.000 personas, un puerto fluvial en la confluencia de los ríos Rin y Neckar, con industria y una universidad medieval famosa. En Mannheim presumen de la primera bicicleta de la historia y aquí un tal Carl Benz inventó algunos de los primeros coches de la historia antes de crear el imperio Mercedes-Benz más al sur, en Stuttgat. El estadio del Waldhof se llama así, Carl Benz. Además, en el siglo XVIII, Mannheim fue la capital del Electorado del Palatinado, un estado independiente vinculado al Reino de Baviera que mandaba sobre un puñado de territorios dispersos entre sí. Entender la historia alemana de esos siglos, con invasiones de franceses, españoles, austríacos o suecos, con guerras religiosas entre católicos y protestantes, y territorios fragmentados, es complejo. Aunque en este caso, podemos explicar que Kaiserslautern, una ciudad que tenía nombre de emperador, acabó gobernada por Mannheim. Y ahora, Kaiserslautern solo gana a sus vecinos en el fútbol. Y por eso el partido significa tanto.

El Fritz-Walter-Stadion es el estadio del Kaiserslautern. Foto: Kandschwar bajo licencia Creative Commons 3.0.
El Fritz-Walter-Stadion es el estadio del Kaiserslautern. Foto: Kandschwar bajo licencia Creative Commons 3.0.

El K’lautern siempre fue uno de los clubes con más tradición. Con más de 100 años de vida, el club aportó la columna vertebral de la selección alemana campeona del Mundial en 1954, cuando Alemania necesitaba una alegría después de la oscuridad del nazismo y los años de posguerra. En las últimas temporadas el club, en Segunda, ha sufrido una gran crisis económica y finalmente, en 2018, descendió a la Tercera división del fútbol alemán por primera vez al perder 3-2 con el Arminia Bielefeld. Campeón de la liga en 1991 y en 1998, semifinalista de la UEFA el año en que perdió con el Alavés y presente en unos cuartos de final de la Champions en 1999, el club se ha ido hundiendo poco a poco. En 1998 incluso ganaron la liga justo el año en que volvían a Primera, después de un descenso no previsto que permitió jugar el derbi una temporada en Segunda. La Bundesliga 1997/98 parecía destinada a ser del Bayern, aunque con Otto Rehhagel en el banquillo el Kaiserslautern ganó el trofeo con jugadores como Miroslav Kadlec, Pavel Kuka, Ciriaco Sforza o un chico llamado Michael Ballack. El K’lauern, que casi elimina al Barça de Cruyff en la Champions de la temporada 1991/92, acabó por ser más grande que su propia ciudad, con hinchas en toda la región, enamorados por la pasión del estadio y el legado de jugadores legendarios. La ciudad, de 100.000 habitantes, siempre había sido de las más pequeñas con equipo en Primera, aunque ellos suelen presumir de tener más hinchas que habitantes tiene la ciudad. Aunque últimamente nada les sale bien e incluso su entrenador, Jeff Strasser, sufrió un ataque de corazón en medio de un partido en la temporada 2016/17. Strasser no pudo acabar la temporada. En unos 10 años, el club pasó de jugar en Bundesliga, como siempre, a un descenso traumático. Múltiples factores han provocado esta situación. En 2006, por ejemplo, el estadio fue elegido para ser sede del Mundial por delante de ciudades más grandes y estadios más modernos. Era un premio a la tradición, aunque eso significó obras para ampliar el estadio de los 39.000 espectadores a los 50.000. El Fritz Walter Stadium, propiedad municipal, fue ampliado y con ello el club pasó a pagar un alquiler superior, de unos 3,2 millones anuales. Cuando el grupo televisivo Kirch sufrió una bancarrota y no pudo pagar a los clubes, algunos como el Kaiserslautern sufrieron para pagar lo prometido.

El club bajó a Segunda y con el mítico delantero del equipo campeón en 1991, Stefan Kuntz, en los despachos directivos, el Kaiserslautern evitó el descenso a Tercera, subió a Primera y volvió a bajar, aunque siempre con proyectos atractivos. Un error fue pagar más dinero a jugadores con el reto del ascenso. Pero el ascenso no llegó y el Kaiserslautern no pudo pagar más el alquiler de su estadio. Incluso se vendió la ciudad deportiva para poder saldar sus deudas. Finalmente, cómo no, llegó el descenso a Tercera. El golpe fue duro para un club fundador de la Bundesliga conocido por sacar siempre jugadores de nivel. Con el descenso, el 80% de los jugadores pudieron rescindir su contrato por una cláusula que estipulaba que era válido solo para las dos primeras categorías.

Para sobrevivir, en junio del año 2018, el 92,13% de los socios votaron a favor de crear una sociedad empresarial nueva para gestionar el primer equipo, separada de la entidad histórica, una entidad polideportiva con diferentes secciones. Así se pretende poder sumar nuevos inversores.  De momento, las dos primeras temporadas en Tercera han visto el club acabar en la mitad de la tabla, siempre con el estadio lleno, jugando bonitos duelos contra otros clubes históricos que andan mal, como el Munich 1860, el Hansa Rostock, el Duisburgo o el Magdeburgo.

Y el Waldhof Mannheim, claro. Los dos derbis de la anterior temporada acabaron empatados. La hinchada del K-lautern se mofó de sus vecinos con pancartas donde se podía leer que sería una lástima que el gigante dormido despertara para encontrar un estadio vecino. Sí, el Waldhof no siempre llena su estadio. Y tiene fama de eso, de gigante dormido que nunca llega a Primera. También aparecieron pancartas definiendo Mannheim como una ciudad congelada, pues su club de hockey hielo gana ligas. Y lo cierto es que el Waldhof jamás ha ganado nada. Cosas de la vida, el otro club de la ciudad, el VfR Mannheim, ganó la liga en 1949 antes de caer al pozo de las ligas regionales. Ahora juega en la quinta división. Y jamás ha querido una fusión con el Waldhof, que tiene más hinchas.

Sábado 10 de octubre, 14:00h, Kaiserslautern-Mannheim 

Fundado en el barrio de Waldhof, una zona de clase trabajadora, este equipo ha jugado más derbis contra el VfR Mannheim que contra el K’lautern, aunque el derbi grande es contra el club del Fritz Walter Stadion. En los años 70, una marca de alimentos locales, Chio, patrocinó el club y permitió que llegara el ascenso a Segunda en los 70 y después, el primer ascenso a la Bundesliga en 1983 gracias al entrenador Klaus Schlappner. Así nació el derbi entre dos ciudades enemistadas, pues entonces el Waldhof no tenía un estadio apto para la primera división y decidió jugar como local en la ciudad de Ludwigshafen. Pese a que en el pasado Kaiserslautern y Mannheim eran parte de las misma entidad política, ahora Mannheim forma parte de la región de Baden-Württemberg, mientras que Kaiserslautern esta en Renania-Palatinado. La hinchada del K’lautern lo sintió como una invasión en una zona donde la gente solía amar al Kaiserslautern, calentado los derbis de los años 80. A finales de esa década, la marca Chio se bajó del proyecto y el Waldhof sufrió dos bancarrotas con descensos hasta la sexta división. Poco a poco, ha recuperado categorías y ahora ha empezado mejor la liga en Tercera que un K’lautern sin dinero, con una plantilla joven y afrontando el fantasma de poder caer hasta la cuarta división si no reacciona.

Foto de portada: Radosław Drożdżewski (User:Zwiadowca21) bajo licencia Creative Commons 4.0.

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