Partido Polish Boyfriend: el club que ha recuperado el nombre de Tito en la antigua Yugoslavia

Foto: Sideshow Bob, foto de dominio público.

En el centro de Podgorica, la historia se ha parado. La capital montenegrina no sería la ciudad más hermosa. Creció con frialdad en tiempos socialistas y sus barrios más antiguos fueron derribados para levantar edificios sin alma. Aunque tenía sentido derribar el casco viejo porque después de la Segunda Guerra Mundial la mayor parte de edificios quedaron afectados por los bombardeos. Así que la parte más vieja de la ciudad quedó reducida a unas pocas calles con la vieja arquitectura otomana, con sus callejuelas y alguna mezquita que aún usa la minoría albanesa.

Montenegro, este orgulloso y pequeño reino que había conseguido sobrevivir entre gigantes como el Imperio Otomano, Serbia o el Imperio Austrohúngaro, formaba parte de Yugoslavia desde el nacimiento de este estado en 1918. En 1945, esta pequeña región, desolada por la guerra, empezó otra vez de nuevo. En la zona habían sido bastante activos los partisanos comunistas de Tito. Y con Tito en el poder, se empezó a replantear todo. En Montenegro, por ejemplo, se decidió que la capital dejaría de ser Cetinje, una ciudad en una zona montañosa mal comunicada, y la nueva capital sería Podgorica. Y esta ciudad pasaría a tener otro nombre: Titograd. O sea, la ciudad de Tito. Con Tito en el poder se trataba de eso, de crear una nueva sociedad, más urbana, más industrial, menos feudal. Y Podgorica pasó a ser eso, una ciudad nueva. O sea, pasó a ser Titograd.

Sábado 20 de octubre, 13:30h, Buducnost-OFK Titograd

Solamente quedaron esas viejas calles del centro para recordar los tiempos medievales. Aunque aún hoy, en esas calles, puedes encontrar carteles en los que todavía se cita a la ciudad como Titograd. En un viejo negocio de alimentos, hace unos años, lucía orgulloso un banderín del OFK Titograd, un club de fútbol. Preguntando, me dijeron que el equipo había actualizado su nombre a Mladost. Aunque esta primavera este club apostó por una decisión sorprendente: recuperar su viejo nombre: OFK Titograd. En 2018, un club con el nombre de Tito sigue jugando. El pasado siempre vuelve en los Balcanes.

El OFK Titograd no tiene muchos hinchas, a diferencia del club grande de la ciudad, el Buducnost. Aunque en la parte vieja de la capital este equipo tiene sus aficionados, pues, hasta hace muy poco, aún jugaba en un campo justo al lado de la ciudad vieja. Ahora juega en un campo nuevo, inaugurado en 2007. El estadio es muy pequeño, con solamente una grada lateral. Parece un campo de entrenamiento justo al lado de la sede, curiosamente, del Buducnost. Detrás de una portería se puede ver esa sede, con sus campos de entrenamiento. Una imagen que deja claro que el Buducnost es más grande. O debería ser más grande.

Foto: Ines Lukic, bajo licencia Creative Commons 3.0.
Estadio del Buducnost Podgorica. Foto: Ines Lukic, bajo licencia Creative Commons 3.0.

Donde el Titograd antes tenía su estadio en la parte vieja de la ciudad ahora se levanta una escuela, aunque esta escuela usa los antiguos vestuarios del estadio. “En este vestuario se ducharon algunos de los mejores jugadores de Montenegro y ahora forma parte de una escuela. Me parece romántico. El club vuelve a tener el nombre de otros años, de otras épocas”, decía a la prensa el presidente Momčilo Vujošević. El apodo del club, curiosamente, es ese: “los románticos”. La institución fue fundada en 1951 para crear un segundo equipo en la ciudad que permitiera dar salida a los jugadores que no tenían nivel para el Buducnost. Así nació el OFK Mladost. Mladost quiere decir juventud. Y era eso, un club formativo. Aunque la entidad, poco a poco, empezó a crear su propio relato y en 1956 ascendió por primera vez a la Segunda División yugoslava.

Durante muchos años, el Buducnost, el equipo más potente, fichó jugadores que empezaban a patear balones en el Mladost. El Buducnost (significa futuro en las lenguas eslavas) se había fundado en 1925 en un entorno obrero. Entonces la capital era Cetinje, aunque Podgorica, bien comunicada, se había convertido en una ciudad más poblada donde con el ferrocarril llegaban panfletos anarquistas y comunistas. El club reunió a jugadores de diferentes orígenes, tanto montenegrinos como serbios, y se convirtió en una potencia en las ligas regionales de Montenegro antes de la Segunda Guerra Mundial, cuando algunos de sus socios fueron detenidos por sus ideas de izquierdas. Después de la Guerra, el Buducnost se convirtió en el club montenegrino más importante y jugó durante muchos años en la Primera yugoslava con las gradas llenas. La principal rivalidad regional fue y sigue siendo con el Sutjeska de Niksic, que llegó en los años 60 a Primera.

Entonces, nadie podía ni imaginar la posibilidad de ver derbis dentro de Podgorica. O sea, dentro de Titograd. El Mladost tenía buena relación con el Buducnost, con jugadores pasando de un club al otro. En los 50, Yugoslavia se separó del bloque comunista liderado por la URSS. Pese a ser un estado socialista, Yugoslavia siguió su propia ruta, formando parte del bloque de estados no alineados. La relación entre Stalin y Tito era horrible. Y en Yugoslavia se detenían personas acusadas de estalinismo, mientras en Moscú ser admirador de Tito significaba problemas. Dentro de la guerra fría, existía otra guerra fría entre líderes socialistas. Y Tito tenía mala relación con Stalin, el rumano Ceaucescu y el albanés Hoxha. Fruto de esas tensiones, el culto a la personalidad provocó que el club de fútbol Mladost fuera bautizado con el nombre de OFK Titograd. Así vivió ascensos y descensos entre Tercera y Segunda. En 1968, llegó a semifinales de Copa con una plantilla que tenía una media de edad de 21 años. Muchos de esos chicos se subieron por primera vez a un avión para jugar las semifinales en Ljubljana. En el club se recuerda como uno de los jugadores pidió en pleno vuelo “abrir una ventana para que entre el aire”.

En los años 70 llegaron los primeros derbis con el Buducnost, equipo que casi siempre jugó en la Primera Yugoslava, aunque en esos años bajó a Segunda. El mejor resultado del OFK Titograd fue una quinta posición en Segunda, lejos de los éxitos de un Buducnost, que llegó a dos finales de Copa yugoslava y un año terminó sexto en Primera. Esos derbis no se transformaron igualmente en una relación mala entre las entidades. Por el Mladost pasaron algunos de los mejores jugadores de la historia de Montenegro cuando eran niños, jugadores como Dejan Savicevic, Predrag Mijatovic o Stevan Jovetic. Los dos primeros saltaron del Mladost al Buducnost, para seguir creciendo, permitiendo que los años 80 fueras los mejores en la historia del Buducnost. Jovetic, años más tarde, ya pasó directamente al Partizan de Belgrado. Alguna cosa se había roto entonces, entre el Mladost y el Buducnost. Ya no existía esa conexión. Y la razón, en parte, era política.

Picture by Daniel Chesterton/Focus Images Ltd +44 7966 018899 11/10/2013 Stevan Jovetic of Montenegro and Frank Lampard of England compete for the ball during the 2014 FIFA World Cup Qualifying match at Wembley Stadium, London.
Stevan Jovetic es la cara más reconocible del fútbol montenegrino. Foto: Focus Images Ltd.

A mediados de los años 80, el Titograd volvió a Segunda, donde le pilló el fin de Yugoslavia. En 1992, el club decidió recuperar el viejo nombre de Mladost y pasó a jugar en la nueva Segunda División Yugoslava, donde solamente competían serbios y montenegrinos. Esta liga, jugada del 1992 al 2006, acabó con la independencia de Montenegro. En 2006, el 55,4% de las personas que votaron en el referéndum votaron a favor de la independencia de Montenegro. El resto votó a favor de seguir unidos a Serbia. Como las normas eran que el referéndum era válido sí más del 50% del censo había votado y el sí sumaba más del 55%, por muy poco Montenegro recuperó la independencia perdida en 1918. Y con ella nació la nueva liga montenegrina. El Mladost fue uno de los clubes elegidos para jugar en Primera, aunque entonces estaba muy lejos del Buducnost y otro club histórico de la ciudad, el FK Zeta. Aunque eso alteró las reglas del juego en la capital: el Mladost podía aspirar a ganar títulos sin tener que ser inferior al Buducnost. Y así ha sido.

Pese a un descenso en 2008, el Mladost, fiel a su tradición de cuidar el fútbol base, se ha convertido en una potencia. En 2013, el club debutó en la Copa de la UEFA, eliminando al Videoton húngaro y el Senica eslovaco, antes de perder contra el Sevilla. En 2015, ganó su primera Copa y volvió a la Europa League. Y finalmente, en 2017, ganó su primera liga superando precisamente al Buducnost, al que derrotó en tres derbis en la misma temporada. La pasada temporada, el Mladost eliminó al Buducnost en las semifinales de Copa y alzó su segunda Copa. Y esta primavera, el club decidió recuperar su viejo nombre: OFK Titograd.

Según el presidente Momčilo Vujošević, quien también es diputado por el Partido Socialista, esta decisión es un homenaje “a nuestro pasado y nuestros socios más veteranos, esos que no se rindieron y han mantenido vivo el club en momentos complicados”. Cierto es que muchos socios de la vieja guardia siguieron hablando del “Titograd” hasta que han visto como en el nuevo estadio del club aparece de nuevo el nombre de Tito. Los “románticos” inauguraron la nueva sede del club con un escudo con una estrella roja y el nuevo nombre. O sea, el nombre viejo. Y nuevo a la vez. Y todo con Dejan Savicevic recibiendo una camiseta en la inauguración. En las antiguas repúblicas de Yugoslavia, parte de la población admite sentir “nostalgia” por los años de Tito, cuando no tenían democracia aunque eran un país mucho más abierto que la URSS, con turismo, rock, sueños y las diferentes comunidades imaginando que podían vivir juntas. La “Yugonostalgia” es un fenómeno muy estudiado, y recuperar el nombre de Tito no deja de ser eso, Yugonostalgia.

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Los éxitos de los románticos de Tito no gustan a la gente del Buducnost, un gigante que sufre. Pese a que era el gran club de Montenegro, no ha conseguido tiranizar la liga local, y ha perdido en ocasiones contra clubes menores como el Zeta, el Mogren, el Rudar o el Sutjeska, campeón en 2017. El Buducnost solo ha ganado 3 de las últimas 12 ligas, con dudas sobre la gestión del presidente Žarko Burić. Los partidos del Buducnost a veces han acabado con incidentes protagonizados por los Varvari, un grupo de extrema derecha ultra nacido a finales de los 90 que vivió sus problemas internos cuando tocó decidir, en 2006, el futuro del país. Muchos de los miembros de grupo eran serbios residentes en Montenegro y preferían el No. Otros optaron por el sí. Dentro de la afición del Buducnost sucedió eso, división de opiniones. Al final, con la independencia, el Buducnost ha visto cómo clubes que antes asumían que eran inferiores, pues siempre jugaban en otras divisiones, sueñan con ganar la liga. El club grande se ha visto superado, en parte, por no tener un buen fútbol base: solía fichar del Mladost, que asumía el rol de entidad productora de talento, en tiempos en que las autoridades decidían las normas del juego.

Hoy, el Buducnost, el club llamado futuro, pierde contra el Titograd, el club con nombre del pasado. Aunque quizás tiene más futuro el Titograd, pues lidera otra vez la liga y ya ganó el primer derbi con este nombre, en su campo pequeño al lado de las instalaciones más grandes del Buducnost.

Foto de portada: Sideshow Bob, foto de dominio público.

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