Partido Polish Boyfriend: Cuando los artistas juegan contra los mineros en un estadio

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El otro día me preguntaron cuál era mi equipo de fútbol bielorruso. Pues bien, no tengo. Simpatizo con clubes extranjeros, normalmente después de alguna experiencia. Conocer un hincha, visitar un estadio. No sería el caso con Bielorrusia. Las dos veces que he visitado esta tierra me he encontrado a más hinchas del Madrid y el Barça que de los clubes locales. Así que no tengo un club, aunque si me toca decir uno, diría el Vítebsk. ¿La razón? La ciudad. Es la ciudad de mi pintor favorito, Marc Chagall.

Aunque Vítebsk, mi Vítebsk, ya no existe. La ciudad actual poco tiene que ver con esa Vítebsk que me fascina, la ciudad de 1919. Ese año, en la ciudad se vivió un proyecto fascinante. Chagall, el pintor, había vuelto a su ciudad natal para casarse con su amada Bella y justo entonces estalló la Primera Guerra Mundial. Hijo de una familia judía, había estudiado en San Petersburgo y vivía en París. En su cabeza, las nuevas tendencias del mundo del arte se unían con los relatos tradicionales que escuchaba de sus abuelos, creando obras preciosas en que daba vida a cuentos, sueños y vivencias. Partidario de la revolución bolchevique que triunfó después de la guerra, Chagall fue nombrado Comisario de Arte para la región de Vítebsk y fundó una Escuela de Arte en la ciudad en 1919. Ya ese año, Chagall invitó a un artista amigo, Kazimir Malévich, para que diera unas charlas. Y ese se quedó en la escuela como director, en una época en que estos artistas creían que se debía crear todo de nuevo. ¿Las sillas? Nuevos diseños. ¿Los vestidos? También nuevos. ¿El arte? Nuevo, sin duda. Eran almas libres, soñadores que crearon obras que aún hoy impresionan. Aunque como eran de izquierdas y artistas, estaban destinados a pelearse entre ellos. Chagall acabó cansado de Malévich, así que se fue de su ciudad y acabaría sus días en Francia.

De esa escuela nació el movimiento llamado UNOVIS. Maestros y alumnos se entregaron a una orgía de creación artística que convirtió Vítebsk en una de las ciudades más influyentes de la época. UNOVIS era la abreviación de “Forjadores del Arte Nuevo”. Y así era. Creían que el arte debía mejorar la sociedad, así que crearon nuevos edificios, muebles, anuncios, uniformes o señales de tráfico. Los artistas llevaron su plan a las calles, decorando gran parte de Vítebsk con arte. Uno se imagina a los vecinos. Muchos de ellos eran judíos ortodoxos, vestidos como habían vestido sus bisabuelos. Otros, campesinos bielorrusos. Todos, mirando a esos jóvenes que pintaban las calles con colores vivos y creían en un arte tan fascinante como, en ocasiones, difícil de entender. Los abuelos no entendían esos carteles gigantes llenos de formas sorprendentes, de círculos, de rectángulos.

Foto Valerishisn, bajo licencia Creative Commons 3.0.
La casa de Marc Chegall en Vítebsk se ha convertido en un museo. Foto Valerishisn, bajo licencia Creative Commons 3.0.

El proyecto duró unos dos años. En 1922 Malévich se marchó a Moscú y el grupo se dividió en dos, peleados entre quienes se centraron en la parte más filosófica del arte y quienes querían que conquistara las calles. Y divididos, fueron derrotados más fácilmente por las nuevas autoridades soviéticas, que acabarían imponiendo el arte de Stalin, realista, poco original, propagandístico, sin valor. Muchos alumnos de la escuela acabaron asesinados en los gulags. Otros escaparon. Y esa ciudad maravillosa desapareció. Casi no quedan los edificios proyectados por esos soñadores, como tampoco quedan las preciosas casas tradicionales de madera pintadas por Chagall. Casi todo ardió en la Segunda Guerra Mundial. Y en su lugar, se levantó una nueva ciudad gris.

Aunque algo quedó. Por ejemplo, la casa de ladrillos levantada por el padre de Chagall, convertida ahora en un pequeño museo. El edificio que fue la famosa escuela de arte fue destruido durante la guerra, aunque algunos muros pasaron a formar parte de una clínica levantada encima. Con la ayuda de viejas fotos, en 2018 se inauguró un museo que imita como debía ser la escuela en 1919. Y también queda el ayuntamiento del siglo XVIII, con su torre blanca como símbolo. Una torre que aparece en el escudo del FC Vitebsk, el club local. Fundado en 1960 con el nombre de Krasnoye Znamya Vitebsk (Bandera roja de Vitebsk), fue rebautizado en los años 70 como Vityaz, el nombre de la fábrica de televisores local. Y después, como Lokomotiv. Nunca destacó. Hasta la independencia bielorrusa, que permitió al club debutar en Primera, aunque ha sufrido algunos descensos y solamente ha ganado una Copa.

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Justamente estos últimos meses, con el apoyo del gobierno local, la ciudad ha empezado a reivindicar su pasado. Se han pintado grafitis con el rostro de Malévich o Chagall, mejorado los museos e intentado que la población local conozca esa época. La joya de la corona es el museo dedicado a la escuela de arte, situado en el mismo lugar que este centro. Un museo que en 2019 fue visitado por un chico ruso. Andrei Dukhovnikov, el director del museo, estaba en las salas y empezó a hablar con él. “¿Cuál es tu trabajo?” le preguntó. “Futbolista, juego en el equipo local”, respondió. Era Daniil Chalov, exjugador del CSKA de Moscú.

Chalov es un apasionado del arte y admiraba la obra de Malévich. Así que visitó el museo en sus primeros días en la ciudad. De esa charla nació una idea. Chalov y Dukhovnikov idearon un plan: que la presentación de la camiseta de la siguiente temporada fuera en el museo, crear una edición limitada de camisetas inspiradas en el arte y pintar un grafiti en el estadio según el estilo de Malévich. Y así ha sido. Esta temporada, el fútbol y el arte se unieron cuando toda la plantilla visitó el museo. Muchos, con cara de pereza. Chalov, muy feliz. Las fotos, en la página web del club, son maravillosas. De esa Vitebsk queda algo, pues. Esos artistas de los años 20, por cierto, pintaron cuadros de futbolistas y diseñaron uniformes deportivos porque entendían que arte y deporte podían ir juntos de la mano. Cuando miraban un deportista, no lo hacían desde la superioridad moral, lo miraban a los ojos con respeto. Querían un mundo nuevo, un arte nuevo y un deporte nuevo.

Los jugadores del Vítebsk, en el Museo de arte local (Foto del FC Vítebsk)
Los jugadores del Vítebsk, en el Museo de arte local. Foto del FC Vítebsk.

Y así, en 2020, un grupo de jugadores acabó en el museo. Quiero pensar que algo queda, de la vieja Vítebsk. Viendo el extraño edificio en el lateral del estadio del equipo, me da por pensar que en el fondo en esta urbe aún son soñadores imaginativos quienes toman decisiones que los demás no entienden. Como ese acto en el museo que ha conseguido que ya tenga equipo bielorruso. Sí, el Vítebsk, el club que recupera la historia del proyecto que quiso crear una ciudad nueva en 1919.

Jamás se levantaron las ciudades que soñaron los miembros de UNOVIS, aunque sí nacieron nuevas ciudades. Esta semana, el Vitebsk se enfrenta al Shakhtyor. Si la vieja Vitebsk ya no existe, en el caso de Saligork no existe ciudad vieja. Todo es nuevo. Porque la ciudad es nueva. En 2005, justo antes de las 13 ligas consecutivas del BATE Borisov, en la ciudad celebraron la victoria de su club, el Shakhtyor. Fue la primera y hasta ahora última liga de un equipo que no existía en los años 50, pues fue fundado en 1961. No es sorprendente que un club fundado en los 60 gane una liga medio siglo después, aunque seguramente existen pocos ejemplos de una ciudad que celebra una liga cuando no tiene ni 70 años de vida. Sí, en 1955 Saligorsk no existía.

Domingo 10 de mayo, 15:00h, Vítebsk-Shakhtyor Saligorsk

En 1958, el gobierno soviético puso la primera piedra de una ciudad que nacía de la nada, en una zona boscosa con algunas aldeas cercanas que acabarían absorbidas por una urbe que creció a una velocidad tremenda. ¿La razón? Se había descubierto mucha sal de potasio en la zona. Tanta, que se creó en pocos años un proyecto para levantar una ciudad que llegara a los 20.000 habitantes en cinco años alrededor de los complejos mineros para explotar los yacimientos. Así nació Saligorsk, no muy lejos de Slutsk, una ciudad histórica que presumía de pasado aristocrático y empresarial. Y de repente, le nacía a 18 kilómetros una nueva localidad donde llegaron millares de personas dispuestas a ponerse el casco. Saligorsk es tierra de mineros.

Y por eso, su club se llama Shakhtyor, minero en bieloruso. En la URSS, los clubes de ciudades mineras se llamaron Shakhtar porque dependían de la sección de minería del Ministerio de Industria. Millares de mineros animaron a equipos con este nombre ya fuera manchados de carbón en Donetsk (Ucrania) y Karagandá (Kazakhstan) o en Saligorsk. El club nació solamente dos años después de la creación de la ciudad, jugando en categorías regionales. En los años 70, el ayuntamiento promovió la fusión de los tres conjuntos de la ciudad, pues habían nacido dos más, el Gornyak (otra palabra para definir a un minero) y el Khimik, fundado en los laboratorios químicos que trataban la sal sacada de las minas. Unidos alrededor del paraguas del Shakhtyor, el club ganó la copa bielorrusa en tres ocasiones en los años 80, cuando esta era una competición para las instituciones de esta zona que no jugaban en Primera o Segunda División soviética.

Con la independencia de Bielorrusia, el Shakhtyor se encontró jugando en la nueva Primera División, aunque solía luchar por no descender. Incluso acabó último en 1997, aunque evitaron bajar gracias a que dos equipos se retiraron en una época de gran crisis económica en todo el país. La suerte del club empezó a cambiar cuando las minas locales pasaron a ser controladas por la empresa Belaruskali, que cuenta con el apoyo estatal y capital privado a la vez. El empresario Uladzimir Kucharau se encargó de mejorar la situación del club, ganado la liga en 2005 y jugando en Europa. Estos últimos años, el Shakhtyor ha jugado finales de Copa y este año quiere pelear la liga gracias a una situación económica que le ha permitido fichar jugadores extranjeros, especialmente balcánicos y ucranianos.

Esta semana, pues, el club de los mineros se enfrenta al club de una ciudad que fue cuna de pintores y artistas. Toda sociedad los necesita. A los mineros y los artistas. A los soñadores y a los realistas. Y también a los futbolistas, que en función de su talento pueden ser eso: mineros o artistas.

Foto de portada: Al Silonov bajo licencia Creative Commons 3.0.

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1 comments

Qué interesante la historia de Chagall, no tenía ni la más remota idea, Toni. ¿Conoces algún libro sobre el tema? Me refiero más a UNOVIS que al pintor, me valen recomendaciones obre ambas cosas.

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