Partido Polish Boyfriend: Cuando los nombres ocultan un pasado oscuro

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Hace unos años el Barça jugó contra el BATE Borisov en Minsk. Como el campeón bielorruso aún no había construido su nuevo estadio, el partido se jugó en el viejo campo de la capital. Un estadio que ya no existe, pues poco después fue demolido para que en su lugar se levantara una nueva casa para el Dinamo. Cuando se jugó ese duelo, me perdí por las oficinas de la tribuna. Viejos trofeos, fotos de partidos de liga soviética y un retrato de Félix Dzerzhinski, el fundador de la temible Cheka, la policía secreta bolchevique. Pese a que tenía claro que todo club llamado Dinamo, en tiempos soviéticos, dependió de los servicios secretos y que los primeros Dinamos se crearon a propuesta de Dzerzhinski, esa foto me impactó.

Félix Dzerzhinski, en el viejo estadio del Dinamo de Minsk
Retrato de Félix Dzerzhinski, en el viejo estadio de Minsk. Foto: Toni Padilla.

La figura de Dzerzhinski es compleja. Nacido en una familia de la nobleza polaca en 1877 justo en la frontera del Imperio Ruso, se radicalizó durante su época de estudiante y acabó detenido decenas de veces. Pasó largas temporadas en la cárcel, así como en el exilio interior, en Siberia, o en el exterior. Con el triunfo de la revolución, Dzerzhinski se encargó de crear la Cheka, la Policía secreta que después de muchos cambios de nombre acabaría por ser el KGB en los años 50. Su tarea fue clave para descubrir espías. Sus decisiones fueron responsables de la muerte de muchos inocentes. Para muchos fue un héroe, para muchos un villano. Y para algunos, ambas cosas. En 1926, falleció de un ataque al corazón después de dar un virulento discurso contra Trotski. Y Stalin lo convirtió en un mártir, bautizando una región con el nombre de Dzyarzhynsk. O sea, con su nombre. En esa época en la URSS, se crearon muchas regiones autónomas destinadas a diferentes nacionalidades, como la del Daguestán, la chechena, la de Mordovia o la de los alemanes del Volga. Y una para los polacos, en la frontera, que fue precisamente bautizada con el nombre de Dzerzhinski, pues él era polaco. Y era nacido aquí. Regiones que en muchos casos desaparecieron cuando Stalin empezó a perseguir a las minorías, viendo enemigos por todos sitios.

Esa región autónoma duró poco, aunque su capital mantiene el nombre de Dzyarzhynsk en homenaje a Dzerzhinski. Antes, esta población se llamaba Koidanova y nació alrededor del mercado donde se encontraban los polacos, judíos y bielorrusos que vivían en una zona rural de frontera. Así, Dzerzhinski había nacido en la granja familiar en la parte polaca de la ciudad, pero la ciudad de Koidanova, la más cercana, quedaba en la parte del Imperio Ruso. Todo cambió con la Segunda Guerra Mundial, cuando los soviéticos, victoriosos, modificaron los mapas. Polonia perdió territorio por el este que ganó por el oeste. Y Dzyarzhynsk dejó de estar cerca de la frontera con Polonia, quedando en el centro del país, convertida en una ciudad no muy lejana de Minsk. Es famosa porque cerca se encuentra la cima más alta de Bielorrusia, llamada también con el nombre del fundador de la Cheka, la cima Dziaržynskaja. Sigue siendo una zona rural, muy tranquila, donde han aparecido algunas segundas residencias, hoteles de campo y algunos hoteles con aguas termales para relajarse.

En los últimos años incluso se ha intentado recuperar el nombre de Koidanova. El nombre actual incomoda porque deriva de un apellido polaco. Y los nacionalistas polacos más radicales creen que parte de Bielorrusia debería ser suya, pues les quitaron esas tierras en 1945. Así que tener un nombre polaco puede resultar un poco incómodo. Un apellido que, además, se relaciona con muchas muertes. En la Bielorrusia actual se hacen equilibrios entre presumir de pasado soviético y un nuevo nacionalismo que permite ver escenas como esa del presidente Lukashenko, un comunista de la vieja escuela, asistiendo a misa pocos días después de rendir honores al ejército rojo. Con sus 25.000 habitantes, Dzyarzhynsk vive una situación similar. Para muchos el nombre no debe modificarse. Otros ya usan Koidanova. Y las autoridades, jugando a dos bandas, bautizaron con el nombre de Koidanova la nueva estación de tren, pese a que la ciudad sigue siendo Dzyarzhynsk.

Svetlahorsk. Foto de dominio público.
Svetlahorsk. Foto de dominio público.

Hace dos años la ciudad vio cómo nacía un nuevo club de fútbol. Antes habían tenido equipos sin pena ni gloria, por lo que generó expectación la aparición del Arsenal de Dzyarzhynsk. Arsenal para buscar un nombre moderno, sin relación al pasado, a la inglesa. El club fue fundado por Alexei Meleshkevich y su padre Vladimir Meleshkevich, el propietario de una cadena de hoteles y otro tipo de instalaciones, como un complejo deportivo donde realizaban sus pretemporadas otros clubes aprovechando que es una zona tranquila no muy lejos de Minsk. Los Meleshkevich enrolaron un empresario sueco, Alex Russholm, el presidente del AFC Eskilstuna. Russholm es un tipo polémico en su país porque ha cambiado el club dos veces de sede para crecer, fusionando el club con otras entidades, cambiando de nombres y mareando a los hinchas. Ahora invierte en este club que ya en su primer año ascendió de Tercera a Segunda. Y ahora quiere subir a Primera contando con el apoyo del agente de jugadores Vitaliy Ledenev. Para hacerlo, buscan jugadores cedidos por clubes grandes, jóvenes promesas y veteranos con experiencia, el más famoso de ellos Vyatcheslav Hleb, el hermano de Aleksandr. “Además del equipo apostamos por una escuela de fútbol donde queremos sumar los niños de las áreas rurales y los pueblos pequeños de la zona”, ha dicho Russholm. Pocos dudan de que el sueco y los Meleshkevich quieren ganar dinero con estas operaciones, aunque eso ha permitido que, por primera vez, en esta población sueñen con su fútbol, aunque esta temporada no han empezado del todo bien.

Esa tercera jornada, el Arsenal juega contra el FC Khimik Svetlogorsk. Si el Arsenal juega en una zona rural, el Khimik, como su nombre indica, juega entre fábricas en una de las zonas más complicadas del este de Europa. Hace una semana ya hablamos de la región de Gomel, una de las más afectadas por la tragedia de Chernobyl, ya que esta planta nuclear se encuentra justo al otro lado de la frontera entre Bielorrusia y Ucrania. Toda la zona de Gomel sufrió mucho. Millares de afectados, emigración, pérdida de lugares de trabajo. Fue un momento muy duro para toda la zona, no solo en Gomel. La ciudad de Svetlogorsk se encuentra cerca. Y aquí, de nuevo, los nombres son importantes.

Sábado 2 de mayo, 12:30h, Arsenal-Khimik Svetlogorsk

Antes, esta ciudad se llamaba Shatilky y era un pueblo rural. Pero a diferencia de Dzyarzhynsk, la zona de Shatilky fue elegida para ser la sede de un plan de remodelación industrial a gran escala que tenía como puntales una planta eléctrica y una zona química gigante. En 1961, incluso se bautizó la ciudad con el nuevo nombre de Svetlogorsk, que más o menos quiere decir “ciudad de la luz”, pues deriva de la palabra luz en ruso. Una forma de unir el nombre de la ciudad a la industria y el nuevo futuro iluminado que esperaba a la población. Un nuevo futuro contaminado. Ya antes de Chernobyl, esta era una de las zonas más contaminadas por sus plantaciones químicas y petroleras. Plantaciones de las que dependía en su momento el club local, el Khimik, fundado en 1971, cuando la ciudad empezó a crecer mucho después de la creación de las nuevas industrias en los años 60. Un club que solo destaca por una cosa desde que se creó la liga bielorrusa independiente: jamás ha subido o bajado. Cada año juega en Segunda.

Con la caída de la URSS, la ciudad siguió condenada. Las oportunidades laborales en la zona eran fábricas con malas condiciones de trabajo. Entre eso y la pobreza, la droga provocó estragos en la ciudad y pese a que las autoridades han intentado ocultarlo, diferentes estudios dicen que Svetlogorsk es una de las ciudades de Europa con más casos de sida. Se habla de que más del 6% de la población ha dado positivo y que más del 5% de todos los casos en Bielorrusia se han dado en esta zona. Radiación nuclear, sida y contaminación. Uno podría pensar que no les pueden suceder más desgracias, pero no fue así. En 2012, se supo que el gobierno había firmado un acuerdo con las autoridades chinas para la construcción de una fábrica de sulfatos. Más de 10.000 ciudadanos firmaron en contra de este proyecto. No sirvió de nada. La fábrica se inauguró y la contaminación ha subido aún más, con vertidos contaminados a un río y denuncias de ciudadanos que sufren náuseas y asfixia.

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A todo ello, falta sumar que pese a la llegada de la COVID-19 el gobierno de Lukashenko permite que se jueguen partidos de fútbol como el que enfrenta a los clubes de las localidades llamadas Shatilky y Koidanova. Ahora, Svetlogorsk y Dzyarzhynsk. El equipo de una zona rural apacible contra el de una zona contaminada. Extremos opuestos en este juego de nombres donde las palabras nos hablan de viejos conflictos y de empresas que, aún hoy, destrozan la naturaleza.

Foto de portada: Liilia Moroz bajo licencia Creative Commons 4.0.

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2 comments

Toni, deberías escribir otro libro. Un Atlas de una pasión esférica II o similar. Reunir todas estas historias que mezclan fútbol, geopolítica, religión, historia…..
Como siempre, brutal.

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