Partido Polish Boyfriend: El derbi que se juega encima de un puente

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En ocasiones, una película o un libro llegan a tu vida justo en el momento perfecto para echar raíces. Quizás no son los mejores, pero se cruzaron contigo en un momento fértil y se quedan allí, para siempre. Uno de los libros de mi vida es ‘El Puente sobre el Drina’ de Ivo Andric. Mi generación creció impactada por la guerra de Bosnia. Llegabas a casa después de la escuela, tu madre ponía el telediario y aparecían ciudades bombardeadas, refugiados, francotiradores. Parecía lejano y cercano a la vez. Y me compré ese libro. Y desde entonces aún sueño con borrachines que bailan sobre un puente, rabinos que hablan en ladino, algún empalamiento y relatos fascinantes de esa tierra donde oriente y occidente se encuentran. Y se aman. Y se odian. Y se acercan y se alejan. Y en medio, cómo no, un puente. El del libro, en la ciudad Visegrad. Aunque el puente más famoso de Bosnia se encuentra en Mostar. ¿Existe una imagen más potente que un puente en una tierra donde se mezclan culturas, religiones y alfabetos?

Una de les imágenes más potentes de la guerra de Bosnia fue cuando las tropas croatas volaron el Stari Most, el viejo puente de Mostar. Era una forma de decir al mundo que querían vivir separados, no unidos. El puente se levantó de nuevo y ahora es uno de los atractivos turísticos del país, aunque el puente ya no une como antes. Mostar es una ciudad dividida, con un derbi en los campos de fútbol que nos habla de las heridas de esta hermosa tierra. En 2019 recuperamos el derbi de Mostar, perdido unos años por el descenso del Velež. Este año, en la temporada del covid-19, este equipo anda bastante bien en la tabla. Se trata de su mejor temporada en quizás 20 años. Incluso anda por encima de la tabla de su vecino, el Zrinjski. En el primer derbi de la temporada, lo derrotó por 2-0 sin hinchas en las gradas. Ahora le toca jugar como visitante en el estadio que fue su casa durante años. Solamente las bombas sacaron al Velež de su querido estadio de Bijeli Brijeg.

Ruinas y desperfectos en la ciudad de Mostar, Bosnia. Foto: Adam Jones, Ph.D. bajo licencia Creative Commons 3.0.
Ruinas y desperfectos en la ciudad de Mostar. Foto: Adam Jones, Ph.D. bajo licencia Creative Commons 3.0.

En la vieja Yugoslavia, los bosnios tenían fama de ser los más bromistas de la región. Gente hospitalaria, divertida y positiva. Una tierra donde llegaron a vivir cuatro grandes comunidades, aunque con el Holocausto desapareció casi toda la comunidad judía, descendientes de aquellos que fueron expulsados de la Península Ibérica por los Reyes Católicos. Era un zona con gente de media Europa, como italianos, austríacos, alemanes, húngaros, gitanos y cómo no, las tres grandes comunidades: serbios, croatas y bosniacos, los eslavos musulmanes. Los siglos de dominación de esta zona por el Imperio Otomano convirtieron a los Balcanes en una zona de mestizaje, de cruce de culturas. Millones de súbditos del Imperio Otomano, de ojos azules y rubios, se convirtieron al islam. Otros siguieron fieles a sus iglesias. Los croatas, católicos; los serbios, ortodoxos. Bosnia ha sido siempre una zona de convivencia entre religiones y culturas. Así que también era un polvorín.

Con la guerra de Bosnia, la ciudad de Mostar quedó dividida. Muchos bosnios no quisieron creer hasta el final que Yugoslavia se rompería. Cuando se rompió, optaron por una Bosnia independiente, antes de ver cómo la región era despedazada por croatas y serbios, que reclamaban como suyas las mismas zonas. Y empezó una guerra cruel a tres bandos, aunque en ocasiones croatas y musulmanes fueron aliados. No sucedió en Mostar, donde se enfrentaron dejando la ciudad dividida. A un lado, los croatas católicos. Al otro, los bosníacos musulmanes.

Sábado 31 de octubre, 17:00h, Zrinjski-Velez Mostar

Sin ser lógicamente lo más importante, también el fútbol local padeció. Y el principal club de la ciudad se quedó sin casa. El Velež fue uno de los mejores equipos de la zona durante los años 60, 70 y 80. Ganó dos copas y jugó en Europa. El estadio de Bijeli Brijeg, construido en 1971, era una caldera donde no resultaba fácil ganar. Aquí perdieron equipos ingleses o soviéticos durante los años 70 y 80. El Velež era el equipo de la ciudad donde jugaban juntos musulmanes, croatas y serbios. Había sido fundado en 1922 por obreros de izquierdas cuando en la ciudad ya existían otros clubes como el Zrinjski, el Vardar o el JSK. Las diferentes comunidades tenían cada una su club. El Zrinjski para los croatas, el Vardar para los musulmanes y el JSK para los serbios. El Velež era diferente, pues los unía a todos… si eran de izquierdas, claro. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, la zona de Mostar pasó a formar parte del estado independiente croata liderado por fascistas. Muchos socios y algún jugador del Velež se convirtieron en partisanos. Por eso, después de 1945, este club fue el único que pudo sobrevivir cuando subieron al poder les nuevas autoridades comunistas.

El Velež se convirtió en el orgullo de la ciudad, con su estadio construido por los socios con sus propias manos. Aunque todo cambió con la guerra de los Balcanes. El estadio de Bijeli Brijeg quedó en la zona controlada por las tropas croatas, donde tenían el mando nacionalistas muy de derechas que no amaban demasiado a un club como el Velež con sus estrellas rojas. Así que el club se quedó sin su estadio. Las autoridades croatas entregaron el estadio a otro equipo, el Zrinjski. La historia de esta institución es dura. Fundado en 1905 por jóvenes nacionalistas croatas, durante los años del comunismo el Zrinjski fue visto como un símbolo del radicalismo croata y las autoridades lo eliminaron del mapa como represalia por las barbaridades cometidas por los fascistas croatas con el apoyo de Hitler. Durante años, el Zrinjski fue una sombra, un símbolo oculto del orgullo croata en una sociedad que intentaba unir a todos bajo una estrella roja. Con el fin de Yugoslavia, los croatas desempolvaron sus símbolos y el Zrinjski fue refundado en 1991. Ahora es incluso más exitoso que el Velež y ocupa su viejo estadio. Lo han pintado de blanco, con banderas croatas encima de los viejos muros rojos.

El Stadion Rođeni, el estadio del Velez Mostar. Foto: Ankeitte bajo licencia Creative Commons 4.0.
El Stadion Rođeni, el estadio del Velez Mostar. Foto: Ankeitte bajo licencia Creative Commons 4.0.

El Velež ahora juega en el este de la ciudad, en el improvisado estadio de Vrapčići. La guerra dividió en dos la ciudad. Los croatas del oeste han levantado una cruz inmensa en una colina para dejar claro que son católicos y los bosníacos del este han respondido levantando minaretes. Los croatas tienen en el oeste de Mostar la única universidad en lengua croata de Bosnia. Los bosnios, sus escuelas. Los croatas tienen al Zrinjski. Los musulmanes, al Velež. Los radicales del Zrinjski son de extrema derecha. Los radicales del Velež, de extrema izquierda. Nada los parece unir, aunque lo cierto es que bastantes croatas de la ciudad han seguido fieles al Velez, un club que abre su puerta a todos. Sean serbios, croatas o refugiados de Siria de paso.

A nivel deportivo, los vientos han soplado a favor del Zrinjski. La liga de Bosnia unificada no nació hasta 2003, pues antes existían ligas separadas para cada comunidad. Con el nacimiento de la liga unificada, el Zrinjski se ha convertido en un equipo digno ganando seis ligas. Tiene empresarios locales detrás y la economía de la zona croata, bien conectada con el estado croata, prospera. Incluso aquí jugó Luka Modrić cedido. Suele jugar en Europa, superando algún turno en las previas de Champions y Europa League, aunque no llega a la fase de grupos. Esta temporada tampoco lo ha conseguido.

La hinchada del Velež ha pedido en diferentes momentos poder volver a su estadio de Bijeli Brijeg. Pero parece poco probable, pues supondría una situación explosiva. Y por eso, poco a poco su nuevo estadio, con un decorado de fondo precioso, los montes de Bosnia, va creciendo y ahora ya se levanta una nueva grada detrás de una portería gracias al dinero del nuevo presidente, el empresario farmacéutico Semsudin Hasic. Su sueño es ganar algún título, ya que el Velež no gana nada desde los tiempos de Yugoslavia. Además, en 2016 el club fue destrozado por la mala gestión del presidente del Partido Socialista Bosnio, Nermin Nikšić. Después de tres años devolviendo deudas y luchando en Segunda, el Velež ha vuelto a Primera saneado y esta temporada los resultados han llegado. Aún sigue lejos de los clubes de Sarajevo, aunque por lo menos planta cara al Zrinjski por primera vez en años.

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Foto de portada: Ramirez HUN bajo licencia Creative Commons 3.0.

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1 comments

Qué bien explicado para ser un tema con tantos asteriscos y matices. Y qué bonitas historias se encuentran en el fútbol balcánico. Muchas gracias por este ratito, Toni, como siempre. Esperemos que el Velez Mostar siga con esa progresión 🙂

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