Partido Polish Boyfriend: un hipster en un partido cargado de odio en Israel

Manager Guy Luzon of Charlton Athletic during the Sky Bet Championship match at The Den, London
Picture by Alan Stanford/Focus Images Ltd +44 7915 056117
03/04/2015

Tenía fama de ser el club más rancio y racista del fútbol europeo. Pese a que tiene sede en una ciudad que de europea no tiene nada, aunque millones de europeos la sientan en parte un poco suya: Jerusalén. Y de repente, el Beitar de Jerusalén, el club que no quiere jugadores árabes, que no quiere musulmanes, con hinchas acusados de intento de asesinato… acaba en manos de un chico moderno. En su perfil en las redes sociales, Moshe Hogeg aparece seguro de sí mismo, con gafas de pasta, barba cuidada y brazos de quien tiene un personal trainer. Este emprendedor de 37 años pasa tanto tiempo en Estados Unidos como en Israel. Defiende que la criptomoneda tiene futuro, le encantan los formatos digitales, la música electrónica y, hasta hace poco, en su perfil de Twitter se definía como “Barça fan” con sede en “Tel Aviv New York”. Hace poco, añadió “Beitar and Barça fan”. El cambio llegó cuando compró el Beitar, claro.

Hace tres temporadas ya contamos la historia detrás de uno de los partidos más calientes que se puede ver en una liga afiliada a la UEFA, aunque las razones políticas que condicionan el duelo no sean europeas. El conflicto de Israel y Palestina tiene su expresión futbolística cada vez que se enfrentan el Beitar de Jerusalén y el Bnei Sakhnin, un club de extrema derecha israelí contra un club que representa a la comunidad árabe de Israel. Aunque, en esta ocasión, el partido de la tercera jornada los enfrenta por primera vez desde que algo ha empezado a cambiar dentro del Beitar.

Lunes 24 de septiembre, 20:00h, Beitar Jerusalén-Bnei Sakhnin

A mediados de agosto, el Beitar de Jerusalén ya había sido eliminado en la previa de la Europa League por el modesto Chikura georgiano. El club estaba sufriendo por las deudas y los debates sobre el futuro de una entidad singular. Y fue entonces cuando lo compró Moshe Hogeg, que pagó unos 7 millones de euros al anterior propietario, Eli Tabib. Con esta operación asumió una deuda de más de dos millones de euros. “Tengo la idea de liderar el Beitar hacia nuevos caminos. Creo en este club”, aseguró Hogeg. Su reto es mayúsculo, pues el Beitar es el único club de Israel en el que jamás ha jugado un futbolista árabe, ya sea musulmán o cristiano. Esta ley no está escrita en ningún papel, aunque todos los directivos de la historia del Beitar la han respetado: nada de árabes, nada de musulmanes. El Beitar es el club políticamente más de derechas de Israel. Y cuando en las últimas temporadas el propietario Eli Tabib intentó controlar a los miembros del temible grupo ultra del equipo, llamado “La familia”, en español, acabó amenazado de muerte.

De momento, Hogeg ha admitido que “la religión de un jugador no será un problema. O la raza”, anunciando que abre la puerta para que el Beitar sea un club más abierto. Aunque la actual plantilla sigue sin árabes o musulmanes (sí tiene extranjeros, en concreto un francés, un portugués, un eslovaco y un brasileño), el Beitar vive meses clave después de ver cómo, en las últimas temporadas, el odio de su hinchada lo ha llevado hasta un callejón sin salida. Como contamos en su momento, en Israel los nombres de los clubes permiten saber cosas sobre sus hinchas. Hapoel quiere decir ‘obrero’ y los Hapoel son los clubes fundados por movimientos de izquierda. Los Maccabi son clubes relacionados con el sionismo más conservador. Y los Beitar (existe más de uno, aunque el más grande lo encontramos en Jerusalén) fueron bautizados así en honor de la organización política fundada por Zeev Jabotinsky, ideólogo de la derecha israelí. Los miembros de la organización Beitar, en los años 30, cuando se fundó el club, eran detenidos por las autoridades británicas por actos terroristas. Profundamente religiosos, los militantes creían en organizaciones políticas con formación militar e incluso se inspiraron en el fascismo italiano antes del giro que dio Mussolini en la cuestión de la raza y la tolerancia con el judaísmo.

Tal Ben Haim I of Israel during the UEFA Euro 2016 Qualifying match at the Cardiff City Stadium, Cardiff Picture by Mike Griffiths/Focus Images Ltd +44 7766 223933 06/09/2015
El central Tal Ben Haim es uno de los futbolistas más conocidos del Beitar de Jerusalén. Foto: Focus Images Ltd.

Muchos hinchas del Beitar han sido detenidos durante los últimos años por agresiones a otros aficionados, ciudadanos árabes o por cánticos racistas. El Beitar siempre fue el único club de la liga de Israel donde nunca jugó un futbolista árabe. Y cuando ficharon hace unos años a dos jugadores rusos que resultaron ser chechenos musulmanes, fueron amenazados de muerte por sus propios hinchas, que consideran el Beitar un símbolo del Israel que sueñan: un Israel puro. Una pancarta que solían mostrar decía: “El Beitar siempre será puro”. O sea, sin árabes. Así, cuando Sadayev, uno de los chechenos, debutó con un gol, los miembros del grupo radical del Beitar, llamado ‘La familia’, no lo celebraron y se largaron.

En 2013, Arkady Gaydamak, empresario de origen ruso y padre del empresario que compró al Portsmouth, vendió el club a Eli Tabib, un empresario de Israel que se ha especializado en meterse en problemas. Este empresario de Kfar Saba, en el centro de Israel, fue durante 15 años el propietario del equipo de su ciudad: el Hapoel de Kfar Saba. Durante 15 años encadenó ascensos y descensos de Primera, hasta que Tabib se largó con el club arruinado. En el verano del 2010, Tabib compró el 50% del Hapoel de Tel Aviv, entonces uno de los dominadores del fútbol local con el Maccabi de Haifa. El otro propietario era Moni Harel y los dos acabaron en los juzgados, peleados por ser el máximo accionista. En 2011, Tabib se salió con la suya; pero durante sus dos años de gestión dejó sin blanca al Hapoel, que sólo ganó una Copa. Y en 2012 vendió sus acciones al antiguo miembro del parlamento Haim Ramon, dejando sin dinero al club, que sufrió un humillante descenso a Segunda. Finalmente, compró el Beitar de Jerusalén, donde la hinchada lo recibió con amenazas de muerte porque no querían a un propietario que había presidido a dos Hapoel. Los radicales del Beitar consideraban que este vínculo con clubes de izquierdas no era aceptable. Aunque lo peor estaba por llegar. Tabib afirmó que su idea era “fichar jugadores árabes. En Kfar Saba tenía árabes en el equipo, nunca fue un problema”. Esa noche, aparecieron pintadas en su coche. Para intentar calmar a la hinchada, puso como presidente a Eli Ohana, considerado el mejor jugador de la historia del club. Con Ohana en el palco y Tabib mandando detrás, el club fichó al veterano entrenador Eli Cohen, aunque este duró pocas semanas porque afirmó en una entrevista que no quería árabes en el equipo. Tabib lo despidió y poco después fichó al delantero nigeriano Ndala Ibrahim, de confesión musulmana. El jugador, abucheado por su afición, no pudo brillar y duró poco en este Beitar en el que miembros de “La familia” fueron detenidos por incendiar las oficinas de su propio club como protesta. Dos de ellos fueron investigados cuando una granada apareció debajo del coche de Tabib mientras éste salía de casa con sus niños.

Eli Ohana. Foto: MarcadorInt.
Eli Ohana, mejor jugador de la historia del Beitar Jerusalén, llegó a presidir el club. Foto: MarcadorInt.

El Beitar se partió en dos. Por un lado, estaban los hinchas que aceptaron que quizás era el momento de fichar jugadores sin preguntar a qué Dios rezan. En el opuesto, los radicales. Y en un giro de guión sorprendente, Tabib intentó mejorar su imagen el mayo pasado, cuando anunció que el club se llamaría oficialmente “Beitar Trump Jerusalén” en honor a Donald Trump. El anuncio llegó en la semana que el Gobierno de Donald Trump trasladó la Embajada de Estados Unidos de Tel Aviv a Jerusalén. Como tanto Palestina como Israel sienten Jerusalén como su capital y la reclaman, la comunidad internacional apostó por una fórmula en la que actuaran como capitales Ramala y Tel Aviv, manteniendo la neutralidad de la ciudad santa. Aunque Israel, al controlar el territorio, la ha proclamado como capital. Casi nadie lo había reconocido, hasta que llegó Trump y trasladó la embajada. El Beitar, pues, usó su nombre para dejar claro que apoya esta decisión, intentando ganar el corazón de su hinchada más radical. No ha funcionado demasiado.

Finalmente, Tabib ha vendido el club, al que tenía con deudas. Fiel a su obsesión por gastar, Tabib se obcecó con ganar la liga y gastó demasiado en sueldos. El Beitar llegó a liderar la liga la última temporada, aunque acabó tercero. Y ahora llega Moshe Hogeg, quien de momento no usa la fórmula “Beitar Trump” y afirma que quiere fichar a árabes. El presidente se ha reunido con los hinchas radicales y estos han pactado no repetir cánticos racistas para evitar multas. Parece que el club puede empezar a evolucionar. Y en espera de ver un árabe en el Beitar, llegan los árabes como rivales, pues el adversario de esta jornada es el Bnei Sakhnin.

Este club ascendió a Primera por primera vez en 2003. Nació a raíz de la unión de los dos equipos de esta población, el Hapoel y el Maccabi. Aunque el Maccabi era marginal, así que la nueva institución heredó el color rojo del Hapoel Bnei Sakhnin. Club que, como todo Hapoel, tenía como color el rojo. Luego, el equipo fue bautizado como Ihud Bnei Sakhin (Ihud significa unión), para representar a toda la población de una ciudad de mayoría árabe. El Bnei Sakhnin es el principal club de los árabes con pasaporte israelí. Cuando nació Israel y se vivió la primera guerra, miles de árabes se marcharon al exilio. Otros quedaron en las zonas controladas ahora por la autoridad palestina. Y una minoría quedó dentro de Israel. Por eso muchos árabes gozan de nacionalidad israelí e incluso han jugado con esta selección, como el popular Haifa Zahi Armeli. Algunos son cristianos; otros, musulmanes. Todos se encuentran en zona de nadie, en caminos cruzados. Ciudades como Nazareth son de mayoría árabe. Y Bnei Sakhnin, también.

El conflicto con el Beitar, pues, está servido. Ya en los primeros partidos en 2003, los dos clubes recibieron sanciones por cánticos ofensivos. En 2004, el Bnei Sakhnin le endosó un 4-0 al Beitar y ese mismo año ganó la Copa de Israel. Para los hinchas del Beitar, ver a un árabe jugando con la selección de Israel era un drama. Y ver en 2004 cómo un club con jugadores árabes ganaba la Copa fue un golpe tan duro que su grupo de radicales, “la familia”, publicó una esquela en el diario de mayor tirada del país anunciando la muerte del fútbol israelí. Desde entonces, este partido se ha jugado en diversas ocasiones sin público. O con gradas clausuradas parcialmente. Aunque como en el fútbol de Israel todo es complejo, en 2005 se vivió una situación muy rara. Mohammed Abu Younes, el empresario que preside el Bnei Sakhin, afirmó que el club no tenía dinero para competir en Primera. Esa frase llegó a oídos de Arkady Gaydamak, un empresario ruso que había emigrado a Israel. Y decidió donar 400.00 dólares al Bnei Sakhin como símbolo de “diálogo” entre comunidades… justo la misma semana que compró el Beitar, como decíamos antes. Cómo no, los radicales del equipo no querían dialogar con el Bnei Sakhin. Con el tiempo, el club árabe ha conseguido, pese a sufrir descensos, seguir en Primera con ayuda de dinero en ocasiones de fuera. Como una donación del Emir de Catar que le permitió construir su nuevo estadio, el Doha Stadium. Sí, en Israel tienen un estadio pagado por Catar. El éxito del club significó también que el nacionalismo palestino empezó a usar el club como arma y en Israel vieron como ese club que podía ser la muestra de que las dos comunidades podían vivir juntas, ahora era otro símbolo de la separación. Aunque antes de este partido, los presidentes del Bnei Sakhnin y el Beitar se han reunido, posando juntos en las fotos con la idea de poder ver, en los próximos meses, partidos entre los dos clubes con hinchada visitante. Ahora no se permite el viaje por motivos de seguridad.

Ahora, llega con el Beitar con dudas deportivas y aún más dudas sobre el camino que debe tomar el club. Incluso algunos hinchas han fundado un nuevo Beitar, en categorías regionales, como respuestas a la decepción de ver cómo el equipo pasa de mano en mano de empresarios que no sienten el club. A Hogeg lo ven como un intruso, como un chico moderno de Tel Aviv que llegará con ideas nuevas. Y mucha gente, en el Beitar, no quiere ideas nuevas. Quiere vivir en el pasado.

En portada, Guy Luzon, entrenador del Beitar Jerusalén. Foto de portada: Focus Images Ltd.

Related posts

Deja un comentario

*