Partido Polish Boyfriend: Jugar en una ciudad de mármol en medio del desierto

Kurban Berdyev Focus

En 1995 Valeri Broshin recibió una oferta para ir a jugar al Köpetdag de Asjabad, la capital de Turkmenistán. Aceptó. Jugador talentoso, era un tipo indómito que gastaba rápido el dinero que le entraba en el bolsillo. Poco le importaba el destino. Aprovechando el desplome de la URSS, había jugado ya en Finlandia, Israel y en el Badajoz. Recibía ofertas, ilusionaba con su talento, decepcionaba cuando se descubría que era alcohólico y se largaba a otro destino. A romper corazones. En Asjabad impresionó tanto, que en solamente tres meses le ofrecieron la nacionalidad turkmena para subir el nivel de su selección. Jugaría 11 partidos marcando un gol con la selección de un país que le importaba un comino. Y fue así como Broshin, un ruso nacido en Leningrado, se convirtió en el único turkmeno que también llegó a ser internacional con la URSS. Antes de la caída del muro, en los años 80, Broshin había jugado a un nivel tan alto que fue internacional, hasta que fue castigado por las autoridades por beber demasiado y enviado al ejército unos meses. Nunca un jugador nacido en Turkmenistán fue internacional con la URSS. Aunque una vez la URSS dejó de existir, a Broshin le dieron un pasaporte turkmeno y se convirtió en el único turkmeno que defendió la selección absoluta.

Turkmenistán nunca ha destacado por su fútbol. Normal, pues se trata de un desierto. El 70% del territorio es el desierto del Karakum. Y en los desiertos el fútbol no tiene lugar. Los desiertos son para esos hombres que saben vivir sin límites, bajo el cielo. Y el fútbol necesita líneas para delimitar un terreno de juego. Aún hoy Turkemistán es uno de los países con un nivel de fútbol más bajo de Asia. Pese a cierta mejora, ocupa la posición 129 en el ránquing FIFA y solamente se han metido una vez en la fase final de la Copa de Asia, en 2004. Poco más para destacar. Pero este fin de semana la liga local vuelve, pasando a formar parte del curioso grupo de ligas que siguen pese al coronavirus. En estos lares, su fútbol solamente es noticia cuando juegan cuando el resto del mundo se para. Normalmente, nadie piensa en ellos. Antes solo nos fijamos en ellos gracias a Kurban Berdyev.

Kurban Berdyev.
Kurban Berdyev es la figura futbolística más célebre nacida en Turkmenistán. Foto: Focus Images Ltd.

Con su rosario en la mano, este entrenador conquistó dos ligas rusas con el Rubin Kazan y sorprendió a todos cuando ganó en el Camp Nou al Barça de Guardiola en la Champions. Después conseguiría un subcampeonato de liga con el Rostov, siempre con un estilo defensivo. Y eso que como jugador era un centrocampista ofensivo, en los años 70 y 80, cuando salió de Asjabad soñando ser como Belanov o Zavarov. “Cuando tienes pocos recursos, te tienes que adaptar. Yo quería marcar goles, atacar. Pero aprendí rápido que estás marcado por un entorno. Como jugador, una vez entrené con el Dinamo de Kyiv de Lobanovsky. Al final de la sesión me dolía todo. Necesitaba mucho tiempo para llegar a su nivel físico. Así que como entrenador aprendí a adaptarme, a ser racional. En mis equipos siempre tenía menos recursos que los otros, así que me adapté”, recordaba en una entrevista.

Berdyev vuelve a Turkmenistán una vez cada año para participar en charlas organizadas por la Federación local. Dirige campus para entrenadores y siembra para el futuro en una tierra donde el gobierno invierte para mejorar el nivel de su deporte. Después, vuelve a Rusia, donde vive. “De Turkmenistán me falta la comida, sobre todo la Dograma”, suele contar refiriéndose a un plato local, donde se guisa carnero hasta que la carne se desprende de los huesos, tierna. Luego se mezcla con pan y cebolla. Un plato ideal para alimentar esas poblaciones que vivían en una zona bella y dura. Un desierto donde las noches son heladas, sopla un viento demoledor y el sol te abrasa de día. Una zona donde el fútbol llegó muy tarde, solamente en los años 20, cuando los soviéticos empezaron a organizar una región rebelde. Los turkmenos no quisieron ser ni rusos ni soviéticos. Eran gente nómada, eran gente tradicional y religiosa. En los años 20 la guerra fue cruel, en esta zona. Hordas de jinetes con gorros de piel de cordero atacaron a soldados con la estrella roja en un conflicto que por momentos parecía moderno, y por momentos medieval. Se impusieron los bolcheviques y nació un nuevo orden. Hoy, el fútbol local se sigue organizando sobre las bases creadas por los rusos. En las ciudades creadas por los rusos.

Fueron los rusos los que cambiaron la historia de esa zona. Como ya explicamos hace una semana en Asia Central se jugó el “gran juego”, una batalla diplomática fascinante entre rusos y británicos por controlar el centro de Asia. Para los rusos este desierto era una frontera antes de llegar a la cordillera de Kopetdag, que separa Irán de Turkmenistán. Aunque con un problema: para los habitantes locales no era una frontera, era el centro de su vida, de su territorio. Era su desierto. Y los rusos lo dividieron, trazando una línea en medio del desierto, separando los turkmenos de las grandes ciudades nacidas al norte del desierto, en las rutas de la caravana de la seda. Ciudades como Jivá o Bujará que quedaron en manos uzbekas. Pese a tener alguna ciudad en su territorio como Merv, cuando los rusos crearon sus provincias trazando fronteras, no cuidaron a los turkmenos, un pueblo nómada hermanado con el turco que había plantado cara. Los dejaron en el desierto. Y luego construyeron sus nuevas ciudades en la costa del Mar Caspio o en el sur, donde el clima es mejor, cerca de Irán. La capital, Asjabad, fue una de ellas. Una ciudad fundada por los rusos en 1881.

President Berdimuhamedov with Russian President Vladimir Putin, 2017. Foto: www.kremlin.ru.
President Berdimuhamedov with Russian President Vladimir Putin, 2017. Foto: www.kremlin.ru.

Cosas de la vida, esta región pobre se convertiría en una región rica cuando se descubrieron yacimientos de gas en medio del desierto. Por eso una de las grandes atracciones turísticas del país es la llamada puerta del infierno, un agujero en medio del desierto que arde desde 1970, cuando un error humano en unas investigaciones incendió un pozo de gas. El gas ha dado dinero al gobierno turkmeno. En ocasiones vemos en televisión a su presidente, Gurbanguly Berdimuhamedov, haciendo cosas raras como montar a caballo vestido de forma extravagante o cantando raps. Turkmenistán es uno de los estados mas herméticos del planeta y con menos libertades. Una dictadura que ha creado una cultura de devoción a sus líderes que en ocasiones ridiculizamos, pues nos parece chistosa, salida de un guion de Hollywood. Aunque debajo de los pies de cada dictador sufren personas. El primer presidente del Turkemistán independiente, Saparmyrat Nyýazow, era aún peor. Fue él quien creó un estado donde su figura era idolatrada. Su sucesor ha seguido por el mismo camino. En Turkmenistán han levantado monumentos dedicados a los padres de sus presidentes, pues Nyýazow siempre lloró a su padre, fallecido luchando contra los nazis en la Segunda Guerra Mundial y su madre, muerta en el terrible terremoto de 1948 en Asjabad, cuando fallecieron más de 100.000 personas, el 65% de la población de la ciudad. También existe un monumento dedicado a “Ruhnama”, un libro escrito por Nyýazow que se ha convertido en lectura obligatoria hasta para conseguir el carné de conducir. Nyýazow cambió los nombres de los meses o prohibió los dientes de oro. Y decidió que la capital sería la ciudad con más edificios de mármol del mundo. Pese a sus vídeos abroncando ministros para que lloren, tirando con arco y cantando, Berdimuhamedov es menos represivo. Y permite los dientes de oro. Normal, fue dentista en su juventud.

En esta zona jamás han conocido la democracia. O mandaron reyes lejanos o zares. O comunistas en Moscú. Así que cuando se encontraron con la independencia con la caída de la URSS, tampoco eligieron ser una democracia. El nuevo régimen intentó construir una nueva personalidad con éxitos deportivos. Pero sin demasiada tradición no resulta fácil. Así que no han insistido y gastan más dinero en urbes modernas extrañas o balnearios. Los pocos jugadores locales que han destacado se han largado. Eso no ha cambiado. Ya era así cuando Berdyev empezó a jugar. Si quería crecer debía ir a uno de los dos clubes grandes de la zona de Asia central en tiempos soviéticos. Uno era el Pakhtakor uzbeko. El otro, el Kairat kazajo. Lo contamos en este artículo. Así que Berdyev acabó en el Kairat antes de jugar en diferentes clubes rusos aún en tiempos de la URSS. Berdyev es hijo de una época. Gracias a la URSS pudo formarse en la vieja escuela de entrenadores soviética, que seguía en parte los caminos del gran Valeri Lobanovsky. Pero nunca dejó de ser turkmeno y una vez se desplomó la URSS pudo decir sin tapujos que era musulmán. Peregrinó a la Meca y entrena con un rosario en la mano. Es hijo de dos mundos, de dos épocas. No renuncia a ninguna de ellas.

Antes de llegar al Kairat, Berdyev se formó en el único club turkmeno que brilló. El Kolhozçy de Asjabad, un equipo que jugó muchos años en Segunda y aspiró, sin suerte, al ascenso. Como decíamos el otro día hablando de Taykistán, de las 15 antiguas repúblicas soviéticas solamente dos se quedaron sin ver uno de sus clubes llegar a la Primera División soviética: Turkmenistán y Kirguistán. Aunque ambas repúblicas tenían un equipo que aspiró al ascenso. Las autoridades de estas regiones concentraron esfuerzos en un solo club para llegar al cielo, aunque ni siquiera así lo alcanzaron. Aunque el Kolhozçy de Asjabad se quedó cerca porque ya en los años 50 recibió apoyo de las autoridades dentro del plan de levantar la ciudad destrozada en el terremotoLas autoridades la levantaron de nuevo, trasladando campesinos a los nuevos edificios, las nuevas fábricas. Millares de rusos llegaron para construir ciudades y plantas energéticas. Millares de turkmenos dejaron sus aldeas. El padre de Berdyev había nacido en un pueblo y llegó a ser director de una fábrica. Y su hijo se metió en el fútbol, destacando en el Kolhozçy, que entonces dependía del departamento de los Koljós, las granjas colectivas. Por eso se llamaba Kolhozçy. El club formó parte del renacer de una ciudad dañada. Se debía dar motivos para soñar a la gente. Para encontrar un símbolo deportivo, se eligió un club de la capital, el Kolhozçy. Cada jugador que salía con cierto nivel en otros clubes acabó siempre en este equipo, que cambió de nombre en función de quien mandaba y quien tenía más poder. El club se llamó Lokomotiv, Constructor o Kolhozçy en función de si dependía de los ferrocarriles, empresas de construcción o el sistema agrícola. Finalmente lo bautizaron con el nombre de Kopetdag, la cordillera al sur de la ciudad. Un nombre geográfico para dejar claro que era el club de todos los turkmenos. Este club llegó a jugar 44 años en Segunda, sin ascender jamás a Primera.

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Como sucedió con el Pamir en Tayikistán, Moscú era consciente que había tratado mejor otros pueblos cuando dibujó fronteras. A los turkmenos jamás se les perdonó que ofrecieran tanta resistencias contra las tropas bolcheviques en los años 20. Ellos, pueblo hermano del turco, fieles musulmanes, se resistieron y fueron reprimidos. Pero con el paso de los años, el nuevo Turkmenistán soviético necesitaba símbolos, Moscú construyó carreteras, ferrocarriles y cuidó especialmente el puerto de Krasnovodsk, fundado por los rusos en 1869 en el Mar Caspio, pues era la puerta de entrada y salida. Esta ciudad solía tener millares de rusos, que se largaron cuando Turkemistán se independizó. Ahora la ciudad se llama Türkmenbaşy, en honor de Nyýazow. Él mismo bautizó esa ciudad con nombre ruso con esta palabra que quiere decir “líder de los turkmenos”. O sea, él mismo.

Estación de tren de Türkmenbasy en 1902, cuando la ciudad todavía se llamaba Krasnovodsk. Foto de dominio público.
Estación de tren de Türkmenbasy en 1902, cuando la ciudad todavía se llamaba Krasnovodsk. Foto de dominio público.

Cuando la URSS se desplomó, nació la nueva liga local en un país que acabó en manos de Nyýazow. Liberados por fin de un poder lejano, en el desierto nació un país necesitado de símbolos propios que degeneró hacia un culto  sin sentido a su líder. Se modificaron nombres de ciudades, se invitó a los rusos a dejar el país y los viejos barrios de la capital empezaron a ser derribados para construir una nueva zona, moderna, donde se encuentra la concentración de edificios de mármol más grande del mundo. Con edificios como el Palacio de la Felicidad, donde la gente se casa.

En la nueva liga, el Kopetdag empezó a ganar, aunque pronto nació un nuevo club, el Nisa, que le plantó cara gracias a su entrenador: Kurban Berdyev. El entrenador había aprendido fuera, entrenando en diferentes clubes kazajos. Y volvió a casa para ganar títulos con el Nisa, aunque su buen trabajo provocó que lo ficharan los clubes rusos. Y el Kopetdag volvió a reinar, presidido por Bayram Shikhmuradov, el hijo del Ministro de Interior y presidente de la Federación. Gracias a ellos, el club incluso ganó partidos internacionales. Pero en 1999, Shikhmuradov dejó de tener el apoyo del presidente Nyýazow. En un caso aún misterioso, fue depuesto y encarcelado. Su hijo, el presidente de la entidad, escapó a Uzbekistán, donde presenció en 2002 cómo su padre aparecía demacrado en la TV afirmando que había liderado un intento de asesinato de Nyýazow. Se cree que fue ejecutado, aunque nadie lo sabe. Sin su presidente, el club sufrió una bancarrota y en 1999 algunos jugadores se quedaron en Moscú después de jugar un torneo entre los campeones de algunas ligas soviéticas, la llamada Copa de la CEI. Poco a poco, el equipo se hundió y en 2008 desapareció.

En 2015, el Ministerio de Interior decidió recuperar el viejo club desaparecido. Y el Kopetdag volvió a jugar. En dos años ascendió a Primera y esta temporada aspira a derribar de su podio al club que ya suma seis ligas los últimos años, el Altyn Asyr FK. Este club, fundado en 2008, se quedó los mejores jugadores del viejo Kopetdag. Incluso algunas de sus instalaciones. Altyn Asyr quiere decir “época dorada”. El club depende de la empresa estatal de telecomunicaciones y goza de una buena salud económica que le ha permitido ganar dos dobletes los últimos tres años. 

Domingo 19 de abril, Altyn Asyr-Kopetdag

Y precisamente el primer partido después del parón será este derbi de la capital. Dos equipos que parecen destinados a luchar por el título este año. Dos clubes que hace pocos meses enviaron a sus entrenadores a una charla del único hombre que ha conseguido en los últimos años que hablemos del fútbol local, Kurban Berdyev. En un país presidencialista, el presidente no toma partido en el fútbol y son sus socios, sus políticos, los que luchan por ganar la liga. Las telecomunicaciones y el Ministerio de Interior, cara a cara en un partido que enfrenta al histórico club, renacido, contra el que ocupó su trono cuando desapareció.

Foto de portada: Focus Images Ltd.

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6 comments

Artículo maravilla, como de costumbre, Toni. Muchas gracias.
A ver si en otra ocasión descubrimos el fútbol kirguís.

Fantástico artículo, Toni. Habrá que echar un vistazo también a este enlace. Y tremenda la historia de Bayram Shikhmuradov.

Gran artículo. Llevo tiempo leyéndolos y esta es la primera vez que comento, por lo que aprovecho para felicitarte por estas geniales historias que nos traes cada viernes.

Muchas veces (demasiadas) dejo de comentar para no parecer un bot estúpido que sólo hace alabar los artículos de Toni. Esta vez iba a ser una de ellas, pero es que no he podido evitarlo. Y no he podido por el trabajazo de documentación, la calidad de la narración y por tocar una de las figuras que más me apasionan como es Kurban Berdyev. Enhorabuena una vez más, Toni. Mil gracias 😉

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