Partido Polish Boyfriend: Lagos, Washington y Madrid: los otros escenarios del derbi de Haifa

Norwich Maccabi Haifa focus

La literatura está llena de grandes relatos con las historias de familias que durante diferentes generaciones levantan imperios, sufren, aman, lloran y se derrumban. Y la literatura de Israel tiene muchos buenos relatos sobre familias que han escrito sus historias en diferentes países. Esta podría ser una de ellas, con giros de guion, ascensos, descensos y dolor. El escenario, además, es precioso: el puerto de Haifa, una ciudad trabajadora de la costa mediterránea donde dos equipos viven cada día una intensa rivalidad. Aunque esta historia también se escribe en Nigeria o Estados Unidos. Y en parte, en España. Aunque solamente en parte. Bienvenidos al derbi de Haifa.

Luns 5 de marzp, 20:00h, Maccabi Haifa-Hapoel Haifa

El año 2001, en Nigeria, un empresario de Israel se quitó la vida. Así empieza nuestra historia. Rubi Shapira, el propietario del Hapoel de Haifa, sufría una fuerte depresión provocada por el hundimiento de sus negocios. No podía devolver las deudas, pagar sueldos y pese a ser un empresario agresivo, le preocupaba no poder cuidar el equipo que presidía, pues no se había metido en el deporte como si fuera una inversión. Shapira amaba de verdad a su Hapoel. Su padre, Haim, ya había sido tesorero y directivo del Hapoel en los años 40 y 50. Yossi, el hermano de Rubi, parecía destinado a ser el heredero de la tradición deportiva del padre, pero falleció joven de cáncer y Rubi sintió que era su obligación mantener viva esa llama: entró en el consejo directivo y, finalmente, compró el Hapoel de Haifa en los años 90. Rubi Shapira era en los años 80 uno de los hombres más ricos de Israel después de una jugada agresiva: se marchó a vivir a Nigeria para levantar un imperio basado en plantas de refrigeración para el pescado que después se mandaba al extranjero. En Lagos, negociando con los miembros de las diferentes dictaduras y democracias nigerianas, pues el país africano con más habitantes siempre avanza en sus libertades para después retroceder cuando los uniformados se asustan, ganó tanto dinero que invirtió en otros sectores.

A inicios de los años 90, Shapira se movía entre Lagos y Haifa. En 1992, con su dinero, el club de fútbol ascendió a Primera. Entonces el Hapoel era propiedad del Histadrut, el sindicato del partido laborista. Sindicato que aceptó el dinero de Shapira para ascender. Finalmente, en 1994, el empresario compró el club de fútbol y empezó a fichar buenos jugadores. Y en 1999, por primera y última vez, el Hapoel de Haifa se proclamó campeón de liga con Eli Gutman en el banquillo. Antes tenía tres copas y muchos más descensos. Esa liga convirtió a Shapira en el gran héroe de la hinchada de los tiburones, como se conoce al Hapoel de Haifa. Fueron años de locura y pasión, pues el club siempre había vivido a la sombra de su vecino, el Maccabi de Haifa.

Picture by Ramsey Cardy/Focus Images Ltd +44 7809 235323.26/03/2013.Aaron Hughes of Northern Ireland and Eden Ben Basat of Israel during the 2014 FIFA World Cup Qualifying match at Windsor Park, Belfast.
El internacional israelí Eden Ben Basat es uno de los mejores jugadores del Hapoel Haifa. Foto: Focus Images Ltd.

En 2001, empezó el descenso a los infiernos. Así suele ser la vida. Si subes al cielo, no te quedas. Luego llega la caída y te rompes alguna costilla. Al Hapoel le sucedió. Los negocios de Shapira no andaban bien. Había perdido contratos en Nigeria, se habían roto puentes con la clase gobernante del estado africano y dejó de poner dinero en un Hapoel que perdió a sus mejores jugadores. La situación llegó a ser tan dramática que ese 2001 un juez decretó que se embargaba el derecho de propiedad sobre los jugadores del primer equipo y estos pasaban a ser controlados por una empresa pesquera holandesa a la que Shapira debía dinero. La escena era casi cómica, pues en Rotterdam unos empresarios de la pesca recibían como compensación fichas de jugadores de fútbol. Y cómo no, mandaron un abogado a Haifa para vender los jugadores y cobrar dinero. El Hapoel se hundió y descendió. Y Shapira, tocado, se quitó la vida el 14 de diciembre del 2001 en su casa de Lagos, con un rifle que usaba para ir a cazar.

El Hapoel sobrevivió como pudo en segunda. Hasta la temporada 2003/04, cuando llegó un salvador: Yoav Katz. Nacido en 1944 en Haifa, Yoav Katz había sido jugador de baloncesto tanto en el Hapoel como en el Maccabi de Haifa. Cuando no tenía ni 25 años, se largó a los Estados Unidos y empezó a ganar dinero en negocios inmobiliarios. En Haifa se olvidaron de Katz. Con tantas guerras en esos años en Israel, la gente vivía al día. Hasta que Katz volvió y resultó que era millonario, con la sede de sus empresas en Washington. Y allí estaba Katz, con una forma de hablar llena de palabras en inglés que provocaron que se convirtiera rápidamente en objeto de burla en programas de radio, con imitadores disfrutando y los hinchas mofándose. Katz nunca ha conectado con la hinchada tal y como lo hizo Shapira. Por eso el filial del Hapoel se llama “Hapoel Shapira” y uno de los estadios de entrenamiento lleva el nombre del difunto empresario. Katz es diferente: salvó el club, aunque nunca ha querido gastar más de lo que toca y han sido famosas sus medidas de ahorro: mandar el club en transporte público a partidos o negarse a tener preparar comida para los jugadores al final de los partidos. Con su gestión, el club ascendió en 2004, aunque se ha convertido siempre en un club de la parte baja, sufriendo para no bajar. Y él se pelea con los hinchas, que no ven con buenos ojos una gestión que en ocasiones hace por videoconferencia desde Washington. Hasta esta temporada, en que el Hapoel, sin una inversión grande, anda cuarto en la tabla y lucha por jugar en Europa. Incluso ha llegado a pugnar por el liderato con el Maccabi de Tel Aviv, el Beitar de Jerusalén y el Hapoel de Beerseba, los punteros este año en una liga muy emocionante. Un retorno inesperado.

La gestión de Katz es clara: cuidar uno de los mejores fútbol base del país, con el club ganando la liga juvenil en ocasiones, para así no gastar en fichajes y cobrar en traspasos. Dos o tres extranjeros veteranos con experiencia y un buen entrenador. Y este año, la fórmula ha funcionado gracias al entrenador Nir Klinger, quien curiosamente era una leyenda en el Maccabi de Haifa, el eterno rival, como jugador. Con su gestión, los tiburones viven la mejor temporada en más de 15 años y llegaron a liderar la tabla algunas jornadas, aunque en la última jornada, una dura derrota por 4-0 contra el Maccabi Tel Aviv de Jordi Cruyff los dejó a 5 puntos del liderato.

La ciudad de Haifa, pues, vive esta semana su derbi con pasión. Además, por partida doble, pues el último jueves se jugó el derbi en la Copa. Y el Hapoel se salió con la suya, pues eliminó al Maccabi por el doble valor de los goles fuera de casa. Y ahora, llega el derbi en la liga con una imagen poco habitual: el Hapoel, ya feliz por su victoria en la copa, por delante del Maccabi. El Maccabi es uno de los grandes del fútbol de Israel, con 12 ligas, 8 copas, dos fases de grupos de la Champions jugadas y unos cuartos de final de la Recopa. El Maccabi siempre se consideró a sí mismo como un club grande, por delante del Hapoel. Por eso les duele esta situación. Además, la rivalidad solía ser muy fuerte. Ya lo contamos en otras ocasiones: casi todas las ciudades de Israel tienen su Hapoel y su Maccabi. Y cada club encarna una forma de entender el mundo y la sociedad: los Hapoel fueron fundados antes de la proclamación del estado de Israel con unas raíces políticas muy marcadas. Hapoel en hebreo significa “obrero” y todos los clubes que se llaman así son identificados con la política laborista, con la izquierda. En su momento eran marxistas, aunque, con el tiempo, la cosa se ha difuminado un poco y las secciones de cada Hapoel se convirtieron en equipos profesionales de fútbol o baloncesto. Los Maccabi son diferentes: se fundaron en los años 20 en la época en la que esta tierra era un protectorado británico. Los árabes y los judíos luchaban por expulsar a los británicos, unos para crear su estado, los otros para crear el suyo. Entre los judíos se fundó la “Unión Mundial Maccabi”, una agrupación de asociaciones deportivas judías que tomaban el nombre de una de las antiguas tribus de Israel, los Macabeos, sinónimo de fuerza y valentía. A diferencia de las asociaciones Hapoel, esta asociación no era laica. Estas eran religiosas, más conservadoras, ligadas al sionismo, y con sedes en toda Europa, donde se fundaron muchos equipos llamados Maccabi que desaparecieron con el Holocausto. Su hinchada suele ser conservadora, de derechas.

Feyenoord Rutten Foto: Robert Hertel.
Fred Rutten dirige al Maccabi Haifa. Foto: Robert Hertel.

Aunque en el caso del Maccabi de Haifa encontramos una situación curiosa. En los años 80 el club fue comprado por Yaakov Shahar, su actual propietario. Entonces era un joven empresario que después de pasar unos años en el ejército, ganó dinero importando coches y camiones, sobre todo Volvo. Creó su imperio de concesionarios y como de joven había sido futbolista, decidió comprar un club. Acabó comprando el Maccabi de Haifa como podía comprar cualquier otro equipo. Simplemente le salió esta oportunidad. Sea como sea, con su dinero, el Maccabi de Haifa, los verdes, como son conocidos, empezaron a ganar ligas en los 80 y se convirtieron en el equipo de moda. Y muchos de sus mejores jugadores eran árabes, como Zahi Armeli. La ciudad de Haifa, una zona poblada desde hace 3.000 años, es una urbe multicultural. En Israel siempre se dice que mientras Jerusalén reza y Tel Aviv se divierte, en Haifa trabajan. De Haifa se dice que es un ejemplo de equilibrios entre diferentes culturas, pues buena parte de su comunidad árabe no fue expulsada en 1948 y, aún hoy, el 10% de la ciudad es musulmana. En los 90 llegaron millares de judíos de la URSS, por lo que en sus calles se escucha hebreo, árabe, yiddish, ruso y otras lenguas. Es una ciudad abierta famosa también por tener la sede el bahaísmo, una religión con más de 7 millones de filies ideada por Seyyed Alí Mohammad, un comerciante persa, uniendo los textos sagrados de todas las religiones. En otros sitios eran ejecutados. En Haifa, encontraron un hogar.

En una ciudad así, Yaakov Shahar creó un club capaz de ir más allá del significado de la palabra Maccabi. Y el club dejó de estar condicionado por esto, pues pasó a ser muy amado por los árabes con pasaporte de Israel, pues allí jugaban sus mejores jugadores. Un club vinculado a posiciones políticas hostiles con los palestinos pasó a ser amado por muchos palestinos, pues cantaban los goles de jugadores como Walid Badir. Eso permitió al Maccabi romper las reglas y sumar hinchas en familias donde, tradicionalmente, se amaba a un Hapoel que quedó como club minoritario. El Maccabi, pues, tiene muchos más hinchas que un Hapoel convertido en un acto de fe.

Aunque ahora, el Hapoel está de vuelta. Shahar sigue siendo el propietario del Maccabi, aunque el club no compite bien y en los últimos años ha ganado solamente una copa. La última liga se remonta al 2011. Este año, a los verdes les toca ver como los tiburones sonríen. Y todo, en un estadio llamado Sammy Ofer. Un estadio municipal donde juegan los dos clubes, bautizado con el nombre del empresario que decidió pagar de su bolsillo el estadio. Un regalo a su ciudad. Y aquí llegamos a la conexión española, pues Sammy Ofer, fallecido en 2011, es el creador de un imperio que sus hijos han continuado hasta el punto de comprar el 15% de las acciones del Atlético de Madrid. Los Ofer son, más o menos, como los Marinakis en el Pireo: una familia de una ciudad con mar que creó su fortuna como armadores de buques y comerciantes. El mar les dio la vida. Ahora, sus hijos Idan y Eyal Ofer lidera un imperio que creó su padre, un hombre que no se posicionó ni con el Hapoel, ni con el Maccabi, aunque le dio a su ciudad un estadio, una universidad, dos hospitales y un museo. Los negocios de los Ofer han llegado a muchos sectores, en muchos estados. Haifa no deja de ser uno de los puertos mediterráneos más viejos, poblado ya por los fenicios. Y quien sale de allí, quiere navegar para poder volver un día con los bolsillos llenos. Una tradición que, generación a generación, sigue marcado el día a día de una de las ciudades más vivas de este precioso mar.

Gal Alberman jugó en el Maccabi Tel Aviv (Foto) antes de jugar en el Maccabi Haifa. Foto: Edu Ferrer Alcover (Todos los derechos reservados).
Gal Alberman jugó en el Maccabi Tel Aviv (Foto) antes de jugar en el Maccabi Haifa. Foto: Edu Ferrer Alcover (Todos los derechos reservados).

Foto de portada: Focus Images Ltd.

Related posts

1 comments

Deja un comentario

*