Partido Polish Boyfriend: Los campesinos que derrotan a los hijos de un Imperio

Stadio Cesena.

«Nosotros herederos de un imperio, vosotros de un pobre campesino».

La pancarta, en el gol de un estadio del Rávena, pretendía ofender a los hinchas del Cesena. Ah, el mundo de las pancartas en los estadios italianos. Los hinchas pueden llegar a ser muy originales y muy mala gente intentando enfadar a sus rivales. Si lo piensas, nada de malo tiene ser hijo de una campesino, ¿verdad? En el fondo, la pancarta habla mal de los autores. Demuestra su desprecio, su ignorancia y una crisis de identidad muy fuerte. Sí, puedes ser hijo de un imperio. Aunque ahora ya no lo eres y eso te duele. En el derbi de la Romaña, el Rávena-Cesena, los hijos de los campesinos suelen ganar siempre.

La Emilia-Romaña es una de las provincias italianas con más historia. Tierra de campesinos duros y ciudades orgullosas. A nivel deportivo, siempre ha sido la Emilia la zona fuerte, con el Bolonia, el Parma, el Módena, la SPAL o la Reggiana. La Romaña, la zona de costa, tiene fama de ser más rural. Una zona conocida por su dialecto, el romañolo, sus largas playas, que la han convertido en un gran centro turístico, y su historia. Aunque a nivel deportivo, no tiene grandes clubes. El más grande siempre ha sido el Cesena. O sea, el equipo de los campesinos, según esa pancarta. El Rávena, el club de la orgullosa ciudad que fue capital durante tres reinos diferentes, nunca ha llegado a la Serie A. Algunos años en Segunda y poca cosa más. Ahora ocupa plaza de descenso a la Serie D. Y así le toca jugar el derbi contra un Cesena que lucha por subir a Segunda. Los campesinos siguen jugando mejor al fútbol que los herederos de un Imperio.

Vista aérea de la ciudad de Cesena, en Italia. Foto: Uomodis08 bajo licencia Creative Commons 3.0
Vista aérea de la ciudad de Cesena, en Italia. Foto: Uomodis08 bajo licencia Creative Commons 3.0

En el fútbol manda Cesena. Aunque se debe reconocer que en belleza, gana Rávena. Una de las mejores cosas de Italia es que uno no se cansa de descubrir rincones. Mucha gente visita este país con la tradicional ruta Roma-Florencia-Venecia. En ocasiones añade alguna ciudad más. Y listo, se da por satisfecho. La magia de Italia se encuentra también en otras poblaciones que parecen solo un nombre en el mapa. Y cuando llegas, la belleza te tira por los suelos. El síndrome de Stendhal, ese desvanecerse por no poder aguantar tanta belleza, se sitúa en Florencia. Aunque te puede llegar en una iglesia de Rávena.

Se cuenta que Rávena era parecida a Venecia, pues se encuentra en una zona pantanosa. Y las primeras casas se levantaron encima de pilotes de madera para escapar de los enemigos. Aunque con el paso de los siglos, la costa se alejó. Si antes Rávena era un puerto, ahora se encuentra en el interior. Bien protegida y bien conectada, la ciudad creció tanto que cuando el Imperio Romano se dividió en dos, ese de Oriente con capital en Bizancio y ese occidental con capital en Roma, el emperador Honorio decidió trasladar la capital de la parte occidental hasta aquí. Se consideraba que estaba mejor conectada con los hermanos orientales. Aunque en 476, cayó el Imperio Romano de Occidente, dando paso a unos años caóticos con reyes ostrogodos. En el año 540, el Imperio romano de Oriente invadió la zona y conquistó Rávena. La ciudad se convirtió en la sede del gobierno romano oriental en Italia hasta el año 751, cuando fue conquistada por los Lombardos pese a los esfuerzo del último gobernante bizantino, el exarca Eutiquio, protagonista de unas intrigas dignas de un film, pues rompía alianzas con una facilidad pasmosa. Estos dos siglos fueron claves, pues al formar parte del Imperio de Oriente, llegaron artistas de esa zona y se crearon iglesias de estilo ortodoxo con sus famosos mosaicos, que parecen más griegos que italianos.

La Piazza del Popolo, en Cesena. Foto: Lorenzo Gaudenzi bajo licencia Creative Commons 3.0
La Piazza del Popolo, en Cesena, Italia. Foto: Lorenzo Gaudenzi bajo licencia Creative Commons 3.0

Con el paso de los años, Rávena acabaría controlada por el Papa de Roma, aunque la historia medieval italiana de la zona es compleja. Cada ciudad era un ente independiente dominado por familias que rendían pleitesía al Papa o a un Emperador. Cada generación tenía su guerra, con cambios de alianza. Mientras el gran poeta Dante Alighieri vivía en Rávena exiliado (su tumba se encuentra en la ciudad), las guerras destrozaban la región, conformando ese espíritu tan independiente del centro de Italia. Rávena, orgullosa, se quiso levantar en armas contra los estados Papales en diversas ocasiones. Y perdió. Muchas de las grandes rivalidades actuales nacen entonces, cuando Florencia o Siena eran rivales en campos de batalla. O Bolonia y Módena. O Rávena y Cesena, claro.

Si Rávena había sido capital de imperios y reinos, la vecina Cesena era una urbe poco importante. Durante muchos siglos dependió de los señores de Rávena. Era una población de agricultores, famosos por su vino y sus cereales. Y como se encontraba justo en la frontera de los estados Papales con el reino de los Lombardos, fue escenario de grandes batallas. Las crónicas hablas de saqueos y masacres, como el llamado Baño de sangre de Cesena, cuando las tropas del Papa, poco piadosas, asesinaron a miles de civiles. Aunque curiosamente serían los Papas los que cambiarían la suerte de Cesena. A partir del 1500, la ciudad se convirtió en la segunda ciudad de los Estados Papales. En Cesena nacieron los papas Pío VI, Pío VII y Pío VIII, así que se ganó el título de la ciudad de los tres Papas. Rávena, con sus iglesias orientales, empezó a quedar a la sombra de Cesena, con sus iglesias romanas. Hoy en día Cesena es una ciudad que aún depende de la agricultura, de 100.000 habitantes, muy celosa de su identidad.

Imagen de la ciudad de Cesena, en Italia. Foto: Geosergio bajo licencia Creative Commons 4.0
Imagen de la ciudad de Cesena, en Italia. Foto: Geosergio bajo licencia Creative Commons 4.0

Y cómo no, fue alguien que venia de los campos quien consiguió que Cesena fuese famosa por su fútbol. Cesena había tenido algunos equipos en los años 20 y 30, aunque su club no nació hasta los años 40, en plena Segunda Guerra Mundial. En los 60 era un equipo de regional, nada más. Y entonces llegó Dino Manuzzi, un empresario del sector de la fruta que había levantado solito un pequeño imperio. En 1964 asumió la presidencia del club, relevando a un Conde más pendiente de las fiestas que de los partidos. Y no paró hasta que el Cesena ascendió a la Serie B en 1968 y la Serie A en la 1973. Cesena apareció en el mapa futbolístico con fuerza. Y en la temporada 75/76 acabó en la sexta posición, consiguiendo jugar la copa de la UEFA. El club sería eliminado por el Magdeburgo de la RDA, después de perder 3-0 en la ida y ganar 3-1 en la vuelta. El entrenador era Gigi Radice. Y Manuzzi controlaba los fichajes de jugadores que le salían baratos, aunque los vendía a mejor precio. Uno de ellos, por cierto, sería Ariedo Braida, futuro director deportivo del Milan. Aunque Cesena bajaría a Segunda en 1977, el mismo año de la aventura europea. Y en 1979, Manuzzi sufrió un accidente del que no se recuperaría.

Domingo 14 de marzo, 15:00h, Ravenna-Cesena

Así que cedió la presidencia a su sobrino Edmeo Luganesi, un tipo sin estudios que había trabajado de ayudante de barbero y camarero. Luganesi siempre decía que “no necesitas diplomas en el fútbol”. Y con su carácter, consiguió que el Cesena jugase siete años en la Serie A en los 80, fichando entrenadores como un joven Arrigo Sacchi y Marcelo Lippi. O jugadores como el portero Sebastiano Rossi, Dario Hubner o Ruggero Rizzitelli. El Cesena era tan famoso que incluso el actor Alberto Sordi se inspiró en Manuzzi y Luganesi para interpretar el personaje de un presidente de club en el film de humor “Il presidente del Borgorosso Football Club”. Los campesinos se habían labrado el camino hasta la Serie A, aunque en los años 90 tocó volver a los campos de Segunda y Tercera. Años gozando de los goles del búfalo Dario Hübner, mítico delantero que fue capaz de ser máximo goleador en la Serie C con el Fano, en la Serie B con el Cesena y en la seria A con el Piacenza. Años de derbis en un play-off para ascender a la Serie B con los vecinos de Rimini, la gran ciudad turística de la región. El Cesena volvería a la Serie A de la temporada 2010/11 a la 11/12, aún gestionado por la familia de Luganesi, que falleció en 2010. Y con jugadores como Mutu o Giacherinni, disfrutó por última vez entre los mejores, derrotando el Milan por 2-0. Aunque poco después, sufrió una bancarrota. Ahora, refundado, juega en la Serie C.

Y aquí juega el derbi con el Rávena, derbi muy habitual en los años 50 y 60, hasta que el Cesena subió al fútbol profesional. El Rávena, fundado en 1913, casi nunca ha conseguido ganar el derbi. Por ejemplo, en Cesena solo ha ganado una vez, en 1994, mientras que el Cesena ha ganado más de 15 veces como visitante. Y eso duele en una ciudad con más pasado, más habitantes y más historia. Ciudad con buena fama por su voleibol, la antigua capital ha visto cómo el club tiene como grandes éxitos tres ascensos a la Serie B. Poca cosa más. Pese a que por su banquillo han pasado futuros entrenadores de renombre, como Guidolin, Delneri o Novellino, en el derbi de la Romaña mandan los campesinos. Este año, también. En la ida, el Cesena ya ganó 4-0.

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Foto de portada: Matumurat01 bajo licencia Creative Commons 4.0.

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1 comments

Que maravilla de artículos, la verdad que leer el Polish Boyfriend me encanta, las historias me gustan a la par del fútbol!! Muy grande Tony!!!

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