Partido Polish Boyfriend: El maravilloso derbi de Glasgow sin el Celtic ni el Rangers

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Escocia recupera esta temporada uno de sus derbis más sentidos. Uno de esos derbis jugado más en campos de segunda que en estadios de Primera, aunque todo el mundo, en Escocia, sabe que se trata de un partido especial. Esos partidos convertidos en un tesoro para ser descubierto, en una capsula del tiempo de 90 minutos que nos permite hablar de resistencia, de personalidad, de orgullo. De hinchas que siguen fieles a unos colores cuando la lógica de este siglo XXI sería que hubiesen sacado la bandera blanca para seguir a un club más grande. Porque los dos protagonistas, el Partick Thistle y el Clyde, tienen dos vecinos muy grandes: el Celtic y el Rangers. Curiosamente, el mismo fin de semana del primer Celtic-Rangers de la temporada, la Tercera División escocesa se pone en marcha con un Clyde-Partick Thistle.

El Partick Thistle siempre ha sido la tercera vía en Glasgow. Un club curioso, por momentos divertido, por momentos trágico. Por momentos bello, por momentos doloroso. Como un cardo, hermoso cuando salen las flores y duro cuando te pinchas. Y el cardo, la flor nacional de Escocia, es uno de los símbolos del club, pues Thistle quiere decir eso: cardo. La hinchada del club, pese a que suele estar ligada al nacionalimo escocés, siempre ha preferido presumir de estar opuesto tanto al Celtic como al Rangers. Se ha construido una personalidad a la sombra de dos de los equipos más politizados del planeta. Históricamente, el Rangers es un club unido a una visión política del estado, defendiendo la unidad del Reino Unido y los valores conservadores de una sociedad con las elites ligadas a la iglesia protestante. El Celtic, lo opuesto: el club de los irlandeses católicos que llegaron a Glasgow para trabajar en las fabricas, con sus fotos del Papa de Roma y su militancia en sindicatos de izquierda, defendiendo que el Reino Unido se debería romper más, pues creen que Irlanda del Norte debería unirse a la República de Irlanda. Así pues, el Partick Thistle, en su feudo de Maryhill Road, en el barrio de Maryhill, es un club «ateo». Ni protestantes ni católicos. En sus gradas se insulta al Papa, cabeza visible de la Iglesia católica, y a la Reina, cabeza de la Iglesia anglicana. En sus gradas se llegaron a entonar cánticos contra todas las religiones. Aunque para evitar sanciones se suavizaron.

Kingsley, la mascota del Clyde. Foto: Andrew Hendo bajo licencia Creative Commons 3.0.
Kingsley, la famosa mascota del Partick Thistle. Foto: Andrew Hendo bajo licencia Creative Commons 3.0.

Fundado en 1876 en el barrio de Partick, pronto acabó en Maryhill, donde se ha celebrado una Copa en 1921, una Copa de la Liga en 1972 y algunos ascensos y descensos. La Copa de la Liga de 1972 es recordada como la gran conquista del club, pues la ganaron contra el maravilloso Celtic de Jock Stein. Ese día, la retransmisión de la televisión empezó con un comentarista afirmando que el club «no tenía ninguna opción de ser campeón». Y ganó 4-1. Con dos participaciones europeas sin suerte en los 60 y 70, los «jags», como se llaman, fueron el segundo equipo de Glasgow cuando el Rangers sufrió una bancarrota. Entonces bromearon afirmado que se jugaba un «new firm» contra el Celtic, pese a que los duelos entre los equipos de la ciudad se han jugado ya en tres siglos diferentes. Con sede en un barrio de clase media, con muchos artistas o profesores universitarios, el Partick Thistle es un club tan raro que tiene su gracia. Su gran héroe era Chic ‘Chico’ Charnley, un aficionado del Celtic sin nivel para jugar en Celtic Park que fue famoso por sus peleas en el césped. Expulsado en más de 25 ocasiones, llegó a bajarse los pantalones mostrando el trasero en el campo del Rangers. Y una vez persiguió a dos hinchas que le recriminaron su barriga con una espada japonesa. Estos últimos años el club ha sido famoso por el mayor éxito de publicidad de la historia del fútbol escocés: la mascota más fea que jamás se ha visto en un estadio, Kingsley. En una carrera anual de mascotas con fines benéficos, Kingsley la lió al placar a la mascota del Rangers, un osito. A los hinchas del club les gustó ese gesto feo.

En los últimos años, con un patrocinador americano, el club que tiene entre sus hinchas a Robert Carlyle, al actor de Trainspotting, ha conseguido aguantar en Primera. Aunque estas últimas temporadas llegó la crisis económica, coincidiendo con el retorno del Rangers a Primera. El club acabó en zona de descenso a Tercera, sin un duro, condenado a la bancarrota. Y entonces llegó Colin Weir, un socio del club con suerte. En 2011, Weir ganó en la lotería 188 millones de euros. Y después de comprar algunas casas, viajar por medio mundo y dar dinero al Partido Nacionalista escocés, pues es más independentista que William Wallace, rescató a su club. Delante de la noticia que el club tenía una oferta de unos empresarios americanos, prefirió comprar el 55% de las acciones, pagó las deudas de 10 millones de euros y regaló el club a los socios. Pese a que el Partick Thistle descendió, ahora los máximos accionistas son los socios gracias a Weir. Y así, con orgullo, recuperan el derbi contra el Clyde.

Firhill, el estadio del . Foto: Andrew Hendo bajo licencia Creative Commons 3.0.
Firhill, el estadio del Partick Thistle. Foto: Andrew Hendo bajo licencia Creative Commons 3.0.

En su momento, el Clyde FC fue un club bastante grande. Campeones de copa en 1939, 1955 y 1958, jugaron en Primera hasta 1975. Y ya no han vuelto. El Clyde nació en 1877 entre fábricas y muelles al lado del río Clyde. Entonces Glasgow era una de las ciudades más industriales del mundo. Y el río Clyde es la salida natural de Glasgow al mar, un río navegable lleno de barcos, como ese que acabó como escudo del club. El Clyde sumaba en sus gradas marineros y obreros de fábricas que contaminaban la ciudad, ya que en Glasgow nacieron algunas de las primeras industrias químicas del planeta. Fábricas que acababan con la salud de los trabajadores, que encontraban refugio en los pubs o en el campo del Clyde, un equipo capaz de plantar cara entonces a equipos de señoritos. En 1899, el club compró unos terrenos para levantar un campo más grande, Shawfield, muy cerca de Celtic Park, aunque en la parte sur del rio Clyde.

En este estadio, el Clyde vivió ascensos, finales de copa perdidas y disfrutó viendo cómo algunos jugadores llegaban a la selección. Aunque poco a poco dejó de ser uno de los 10 clubes más grandes del país para ser un club de barrio que creó una gran rivalidad con el Partick Thistle. Durante muchas temporadas Glasgow tenía cuatro equipos en Primera. El Celtic se peleaba contra el Rangers….y el Clyde contra el Partick Thistle. Dos clubes más o menos del mismo tamaño, con el Clyde, con una hinchada más obrera, y el Thistle, amado por gente de clase media. Una rivalidad que llegó a su momento de más tensión cuando en los años 80 el Clyde, sin dinero, perdió la titularidad de su estadio. El estado del campo de Shawfield provocó que fuera demolido y el Clyde se quedó sin casa, convertido en un club que sacaba jugadores jóvenes, como Steve Archibald o Ian Ferguson, para venderlos. En 1983, finalmente, el Clyde llegó a un acuerdo con su gran rival, el Partick Thistle, para compartir el estadio de Firhill. Para pagar el alquiler, el Clyde se había convertido en el primer club escocés con un patrocinador en la camiseta, la British Oxygen Company. A ninguna de las dos hinchadas les gustó la idea de compartir casa y los derbis fueron de todo menos amistosos.

Sábado 17 de octubre, 16:00h, Clyde FC-Partick Thistle

Fue el inicio de unas décadas de vagar sin casa. Por eso la hinchada del Clyde se llama la “Gypsy army”, el ejército gitano, pues se han convertido en un pueblo nómada que ha jugado como local en cuatro estadios diferentes. En 1994 incluso jugaron en dos estadios diferentes en la misma temporada, en Cumbernauld y Hamilton. Siempre con deudas, la entidad se encontró a las puertas de la bancarrota en 2005, cuando los hinchas crearon una asociación que evitó la desaparición, buscando patrocinadores y poniendo dinero del bolsillo de los hinchas. Perdido siempre entre la Tercera y la Cuarta división, el viaje del Clyde acabó en Westfield, una ciudad en la región de Cumbernauld, a unos 20km al norte de Glasgow. Una zona sin hinchas del Clyde que ofrecía al club un estadio nuevo para poder gozar de fútbol profesional por primera vez en la historia de la región. Y aquí juega ahora el Clyde, ya sin deudas, aunque muy lejos de casa. Los hinchas del Clyde siguen soñando con encontrar un terreno para volver cerca del río, al este de Glasgow. Y mientras sueñan en nuevos viajes, recuperan el derbi con el Partick Thistle. Nadie duda que se trata de un derbi, aunque legalmente, se trata de dos equipos de regiones diferentes. El viaje de la “Gypsy army” sigue.

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Foto de portada: David Iliff bajo licencia Creative Commons 3.0.

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1 comments

La historia de Colin Weir me parece sublime. Anda que no he soñado veces que me toca el Euromillón y compro el Logroñés…

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