Partido Polish Boyfriend: Nuevas energías en el viejo derbi del carbón

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El País negro se ilusiona esta temporada. Durante cientos de años, en el este de Bélgica millares de mineros se dejaron los pulmones y la espalda para sacar el carbón que movía medio continente. Sus rostros, su ropa y sus casas, manchadas de negro, bautizaron esa región como el País Negro, con la ciudad de Charleroi en su centro. Una ciudad donde los propietarios de las minas vivían en villas elegantes, cómo no. Con la crisis del carbón, esta zona sufrió el azote del paro. Aunque ahora se intenta reformular siendo sede de nuevas industrias. Y dentro de su nueva personalidad, intenta dejar atrás el nombre de País Negro y se habla de País de Charleroi. Incluso el club de fútbol, durante algunos años, se llamó así, País de Charleroi. Abrazando una nueva identidad. Dejando atrás el carbón. Cuando antes de la Euro del año 2000 se remodeló el estadio, que se encuentra al lado de una vieja mina, se dejó atrás el nombre de Mambourg y se bautizó el recinto como “País de Charleroi”. Así se llama.

El Sporting de Charleroi lidera ahora la liga. Sí, son pocas jornadas, aunque liderar la tabla siempre ilusiona en un club con mucha hinchada y sin ningún título. Ha perdido dos finales de copa. Y fue subcampeón de liga en 1969. Nada más. Y ahora llega a su gran derbi contra el Standard de Lieja con el equipo en la cima de la tabla. El derbi valón, el derbi donde todos los insultos son en francés. Valonia es la región belga donde se habla francés, una zona que Francia consideró suya durante muchos años. Una zona donde el presidente de Standard de Lieja, después de una pelea con la Federación esta década, propuso cerrar la liga belga y que su club, junto al Charleroi, jugará la liga francesa, por ejemplo. Bélgica es un estado curioso, ya lo sabemos. Un estado creado en reuniones en palacios lejanos para crear un tapón entre Francia, los Países Bajos y Alemania. Un estado dividido entre gente que habla flamenco, un idioma hermano del neerlandés, y francés. Y en medio, Bruselas, todo un mundo en sí mismo. Mezcla de todo, especialmente con la llegada de la inmigración africana.

Michel Preud'homme, técnico del Standard de Lieja, durante un partido. Foto: Daniel Hambury/Focus Images Ltd 07813022858 03/10/2019
Michel Preud’homme, técnico del Standard de Lieja, durante un partido. Foto: Daniel Hambury/Focus Images Ltd

En su momento, Valonia fue el pulmón económico de Bélgica. La revolución industrial impactó en una zona llena de carbón. La tierra, antes verde, se cubrió de hollín. Nació el mito del País Negro y millares de jóvenes bajaron a las minas con menos de 15 años. También crecieron los movimientos sociales y aún hoy la zona valona suele ser feudo socialista. En casi todas las familias de la zona un antepasado fue minero. Ahora, ciudades como Charleroi han conseguido mejorar su nivel apostando por la industria química y la investigación. Y dentro de su renacer, el club de fútbol juega su papel.

Fundado en 1904, las cebras, como con conocidas por el color de su camiseta, blanca y negra, han jugado casi siempre en Primera, aunque sin grandes éxitos. Dentro de su navegar sin rumbo, con algunos descensos, en 2000 pasaron a ser liderados por Abbas Bayat, el hijo de un primer ministro iraní. Los Bayat, familia acaudalada vinculada a la casa real de Teherán, tenían amigos por medio mundo. Así que cuando la revolución de 1979 acabó con la Monarquía iraní, encontraron refugio en Europa. Bayat, en Bélgica, utilizando su experiencia en negocios de la alimentación para comprar y crear un pequeño emporio alrededor de una marca de agua, diversificó después sus negocios y acabó al frente del Sporting Charleroi, hasta que decidió dejar el cargo, pues los hinchas lo odiaban. Y su sangre caliente no ayudaba. Aunque dejó un legado. Sus sobrinos Mehdi Bayat y Mogi Bayat entraron en el negocio del fútbol de su mano. Mogi ahora es representante de jugadores y trabaja en el Nantes. Y Mehdi es el director administrativo del Charleroi, mejorando la gestión de su tío.

Domingo 4 de octubre, 18:15h, Charleroi-Standard de Lieja

Con buenos fichajes, algunos representados por Mogi Bayat y dos de ellos de Irán, para no olvidar las raíces familiares, el Charleroi gana partidos. Y con una selección interesante de entrenadores estas últimas temporadas, como Felice Mazzu o Karim Belhocine, el Sporting Charleroi lidera la tabla . Y sueña con poder ganar por fin un título y acabar con las burlas de sus vecinos del Standard. Es una rivalidad dura. Cuando se creo la región Valona como entidad política, por ejemplo, se eligió la villa de Namur como capital, para evitar polémicas entre las dos urbes más importantes de la zona: Lieja y Charleroi. Ni una ni la otra. Sí, son dos ciudades enemistadas. Las dos ciudades han rivalizado cuando se trataba de conseguir ser sede de instituciones. Y antes, sus empresas rivalizaban. Y Lieja casi siempre fue más grande, en todos los sentidos. Muchas minas de Charleroi eran propiedad de familias de Lieja. La mayor universidad acabó en Lieja. Y ahora que toca buscar nuevas vías, Lieja se ha convertido en  el “Palo Alto de Europa”, por su concentración de industrias digitales, tecnológicas y de servicios orientados a Internet. En el terreno de juego, el Standard de Lieja es el club de Valonia más ganador. Es más, la liga belga nunca la ganó un club de Valonia que no sea de la ciudad de Lieja. El Standard suma 10 ligas. El RFC de Lieja, un club ahora en Tercera, ganó 5 ligas, la última en 1953. Y el Charleroi, ni una.

El autobús del Charleroi, customizado con los colores de la indumentaria. Foto: Mmkay bajo licencia Creative Commons 4.0.
El autobús del Charleroi, customizado con los colores de la indumentaria. Foto: Mmkay bajo licencia Creative Commons 4.0.

La mejora del Charleroi, algunos problemas del Standard y la política han calentado mucho el único derbi de Valonia en Primera los últimos años. Los ultras del Standard son de izquierdas; los del Charleroi, de derechas. Así que la tensión en los derbis es fuerte. En 2015, los ultras del Charleroi la liaron con pancartas muy duras. En una, se podía leer: “Ultras islamistas, los únicos que decapitan sois vosotros”, en referencia a la hinchada del Standard. Sí, los ultras del Standard habían mostrado poco antes en un partido Standard-Anderlecht el dibujo de un tipo decapitado con la cara de Steven Defour, el antiguo jugador del Standard que los había traicionado marchándose al Anderlecht. En ese mismo partido, los ultras del Charleroi sacaron otra pancarta: “Standard, St.Pauli, Hapoel, Den Bosch: la consanguinidad nos une”, en relación a las hinchadas con lazos de amistad con el Standard, todas ellas de izquierdas. En 2016, los hinchas del Standard la liaron en Charleroi, cuando el equipo gano 2-3, con una pancarta y cánticos de mal gusto: “Charleroi, c’est la ville de Marc Dutroux”. O sea, Charleroi es la ciudad de Marc Dutroux, el asesino en serie condenado por haber secuestrado, torturado y abusado sexualmente de seis niñas y adolescentes.

El derbi llega caliente, ya que el Standard tampoco anda mal en la tabla. Hasta el año 2015 el club era un caos. Del 2010 al 2015 el presidente fue Roland Duchâtelet, el empresario que compró el Alcorcón en 2014. Duchâtelet ha ido comprando y vendiendo clubes, cual aventurero, y jamás fue amado en Lieja, pues milita en un partido liberal fuerte en la zona flamenca de Bélgica. O sea, lo opuesto a Lieja, zona de habla francesa y de izquierdas. En 2015, finalmente, vendió el club a Bruno Venanzi. Con su llegada, el Standard ha ganado dos copas en cinco años. Símbolo de los tiempos, Venanzi tiene un negocio de energías verdes. Lo opuesto al viejo carbón que cantó en el siglo XIX el cantante y poeta Jacques Bertrand.

“Aquí yace el carbón oscuro,

Ese pan de nuestra industria,

Que el minero valón,

Tan querido por la patria

Extrae del pozo profundo”.

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Foto de portada: Chivista bajo licencia Creative Commons 4.0.

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