Partido Polish Boyfriend: pancartas robadas, estaciones de tren y rivalidades francesas

Montpellier Marcadorint

25 años son muchos años. Aunque algunas cosas pueden sobrevivir a 25 años de distancia. Como el amor o el odio. En Francia, dos eternos rivales regionales, el Montpellier y el Nîmes, pasaron 25 años separados sin jugar su derbi. Esta temporada lo han recuperado y cuando se jugó por fin el partido de nuevo acabó fatal, con invasión de campos de ultras, bengalas, petardos y peleas.

En su momento, ya contamos una de las rivalidades regionales más duras de Francia, esa entre el Olympique de Lyon y el Saint-Etienne. Una rivalidad deportiva para dar continuidad a una rivalidad entre ciudades. Y una rivalidad que ha sido famosa por sus pancartas. Esas pancartas que los radicales de cada equipo confeccionan para intentar herir la sensibilidad de sus rivales. En el derbi Montpellier-Nîmes, también las pancartas provocaron la pelea del partido de ida, jugado en Montpellier. Aunque en este caso fueron las pancartas ausentes las que provocaron la violencia.

Todo empezó el 28 de noviembre del 2017, cuando los aficionados del Nîmes viajaron a Bretaña para jugar un partido de la Segunda División en el campo del Lorient. El partido lo ganó el Nîmes, aunque en ese viaje sus hinchas se cruzaron con los del Montpellier, en pleno desplazamiento hacia Guingamp, donde empataron su partido de la Primera División. En esa pelea, los hinchas del Montpellier robaron una pancarta del Nîmes. Y estos jugaron su venganza. El 10 de mayo de 2018, un grupo de desconocidos llegó al estadio de la Mosson, en Montpellier, y entró por la fuerza en una habitación donde los ultras locales guardaban su material. Además de destrozar lo que encontraron, se llevaron la pancarta gigante que la hinchada local lucía en cada partido como local, con el lema “Butte Paillade 91”. La pancarta era el gran tesoro de los ultras locales, un grupo, por cierto, que fue el más sancionado por incidentes en la temporada 2017/18. Pese a que los ladrones de la pancarta no dejaron pistas, todo el mundo sospechó de los ‘Gladiators’, los radicales del Nîmes.

Domingo 3 de febrero, 15:00h, Nîmes-Montpellier

El 30 de setiembre del 2018, los dos equipos se encontraban por primera vez en 25 años en la Ligue 1, la Primera División francesa, después del ascenso del Nîmes. El partido de ida, en la Mosson, se calentó mucho, con pintadas ofensivas de los hinchas de los dos equipos en las carreteras. 600 hinchas del Nimes hicieron el desplazamiento, de 40 minutos por carretera, y sus autobuses fueron apedreados. Aunque lo peor llegó en el campo. El Montpellier ganó por 3-0 un partido interrumpido en dos ocasiones porque los ultras locales intentaron saltar al terreno de juego enfadados cuando vieron que en la zona de la afición visitante mostraban, desafiantes, restos de su pancarta. Para evitar que fuera detectada por la policía, la pancarta había sido destrozada en pequeños trozos. Y estos se unieron de nuevo para formar la imagen del demonio símbolo del grupo “Butte Paillade 91”. La reacción de la hinchada local fue intentar asaltar la zona visitante, aunque la policía lo evitó. En ese partido, se vieron más pancartas. En una de ellas, de los locales, se recordaba la falta de títulos del equipo visitante. Los hinchas del Nîmes replicaron con otra: “El Montpellier es como su nueva estación de tren, inútil”, en referencia a una estación de tren de alta velocidad construida al sur de la ciudad y que ha sido bastante polémica. El partido de vuelta, pues, llega caliente con el recuerdo del partido de ida.

En la Mosson, el Montpellier ganó por 3-0, demostrando estar muy por encima a nivel deportivo de sus vecinos. El Montpellier lucha por jugar en Europa, sin descartar sacar la cabeza en la Champions, mientras que el Nîmes está firmando un retorno digno, en la mitad de la tabla. Un retorno para el equipo de una ciudad bella y llena de tesoros, Nîmes. Los ultras del club se llaman ‘Gladiators’ ya que la ciudad es famosa por sus tesoros romanos. Bien situada en las rutas entre la península italiana y la Península Ibérica, Nîmes fue una de las ciudades más prósperas en el Imperio Romano y, por eso, aún hoy el centro de la ciudad mantiene la estructura de la ciudad romana. Visitar Nîmes es ir a la preciosa Arena de Nîmes, el anfiteatro romano que durante años ha sido usado para los célebres corridas de toros que tienen mucha tradición en la zona. O la Maison Carrée, un precioso templo del siglo X. Nimes fue la ciudad más importante de la zona, aunque con la caída del Imperio Romano fue saqueada por decenas de ejércitos en años de dolor y sangre. Entre los años 500 y 1000, pasó por las manos de visigodos, musulmanes, carolingios, el condado de Tolosa, la casa de Albi, los cruzados y, finalmente, los franceses, aunque incluso dentro de la corona francesa vivió el dolor de la violencia porque fue un feudo protestante durante las guerras religiosas. La antaño próspera Nîmes sufrió tanto que acabó convertida en una ciudad más de provincias, con tradición del sector textil. Aunque menos importante a nivel empresarial, demográfico o cultural que su vecina: Montpellier.

La Maison Carrée es uno de los mayores tesoros del pasado de Nîmes junto a las Arenas. Foto: MarcadorInt.
La Maison Carrée es uno de los mayores tesoros del pasado de Nîmes junto a la Arena romana. Foto: MarcadorInt.

Montpellier, a diferencia de las otras ciudades de la región, es relativamente joven, pues no nació hasta el siglo VIII, cuando las autoridades del puerto de Magalona, muy expuesto al ataque de piratas, decidieron crear una ciudad alejada del mar, justo en la ruta que comunica Nîmes con el sur. Pese a que Montpellier estaba relativamente cerca de Nîmes, por el medio durante siglos se alzó una frontera, pues Montpellier fue controlada por monarcas occitanos primero, y por la Corona de Aragón después, hasta 1349. Ese año, el Rey Jaime III de Mallorca vendió la ciudad junto a sus otras posesiones en Occitania al rey francés Felipe VI para recaudar fondos en su guerra contra Pedro IV de Aragón, momento en el que pasó definitivamente a la corona francesa. Fue entonces cuando Montpellier y Nîmes pasaron a formar parte del mismo estado. Y Montpellier era ya más activa. Hoy es una de las ciudades más importantes de Francia, con tres universidades, mucha industria y tradición cultural. Nîmes es importante, sí, aunque Montpellier tiene mucho más peso. La rivalidad entre las dos urbes, pues, es fuerte. En Nîmes presumen de historia contra esa ciudad que les usurpó, según dicen, ser la principal urbe de la región. En Montpellier, cómo no, se ríen de eso. Y se sienten más fuertes en todo. Como sucede en el fútbol.

El Nîmes Olympique, fundado en 1937 después de la unión de algunos clubes locales, nunca ha ganado ningún título. Ha jugado tres finales de Copa (1958, 1966 y 1996) y ha perdido las tres. Entre los años 50 y 60, jugó mucho en Primera y llegó a ser subcampeón de liga en cuatro ocasiones. O sea, siempre se quedó a un paso de tocar una Copa. Convertido en club ascensor en los años 80, en los años 90 se hundió hasta categorías regionales, aunque en 1996 se convirtió en el primer club de Tercera capaz de llegar a una final de Copa, que perdieron con el Auxerre. A partir de 2004, jugó siempre en Segunda, hasta que por fin llegó el ascenso a Primera en 2018, gracias al dinero del empresario Rani Assaf. Assaf, nacido en el Líbano, estudió en París, donde llegó a ser ultra del PSG en sus años mozos. Luego inició un negocio informático y con él, se llenó los bolsillos. Gracias a Assaf, el Nîmes ha vuelto a Primera para plantar cara al Montpellier.

El Montpellier, como sucede con la ciudad, es un club joven. No nació hasta 1974, con la fusión de diferentes entidades, aunque una de ellas tenía sus orígenes en 1919 y había jugado en Primera en los años 30, ganando la Copa en 1929. Ese mismo 1974 que nació el nuevo proyecto futbolístico local, el empresario Louis Nicollin accedió a la presidencia del club. Y no la abandonó nunca. Bien, la abandonó en 2017… cuando falleció a los 74 años. Nicollin tenía una empresa de recogida de basura que se especializó en reciclar. Hombre apasionado, vestía de forma informal, solía ver los partidos en el banquillo y cantaba con los hinchas cuando podía. Con su imagen impactante (llegó a pesar más de 150 kilos), Nicollin consiguió que la ciudad, triste porque en los años 70 no tenía fútbol de Primera, acabara a sus pies. En los 80 el Montpellier ascendió a Primera, donde se encontró con el Nîmes, jugando derbis cargados de pasión, pues Nicollin decidió fichar a golpe de talonario a estrellas del Nîmes. En 1990, el Montpellier ganó la Copa, en 1999 la Intertoto y finalmente, de forma sorprendente, en 2012 ganó su única liga, con René Girard de entrenador y un goleador llamado Olivier Giroud. Ahora, el club lo preside el hijo de Nicollin. Su sueño es meter al club en la Champions, donde jugaron la temporada 2012/13, sumando solamente dos puntos contra el Schalke 04. El Montpellier ha visto jugadores como Cantona, Valderrama o Roger Milla defender su camiseta. Una camiseta joven para una ciudad más joven que su orgullosa vecina. Una ciudad, Nîmes, que recupera el derbi con tanta pasión como en los años 80.

Foto de portada: MarcadorInt.

Related posts

Deja un comentario

*