Partido Polish Boyfriend: El retorno del gran derbi siciliano

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Algunas tierras son tan hermosas que acaban maldecidas. Tierras en zonas de paso, en lugares estratégicos, deseadas por los grandes poderes que siempre se las han disputado. Y como resultado, los hijos de estas tierras acaban marchando fuera, como sucede son Sicilia. Situada en medio del Mediterráneo, controlando el paso del este al oeste, del norte al sur, donde se encuentran continentes y culturas, Sicilia ha pasado por las manos de imperios y reinos. Ha sido escenario de guerras y batallas desde la primera guerra global, la Púnica, hasta la Segunda Guerra Mundial. Sicilia siempre ha sido controlada por gente que venía de lejos. Y los sicilianos han buscado caminos para labrar su futuro, ya sea en casa o navegando lejos. Ya sea trabajando con sus manos o creando un poder a la sombra.

Medio planeta está lleno de gente con sangre siciliana que ha brillado en las artes o el deporte. Algunos de los mejores jugadores de beisbol americanos tenían sangre siciliana. Y muchos futbolistas italianos nacidos en el norte, también. Pero pasan los años y Sicilia sigue sin un equipo en Primera. Esta jornada se juega el derbi entre los equipos de las principales ciudades, Palermo y Catania. Y se juega en la Serie C1. Una herida que ya ni duele, pues los hinchas han asumido con normalidad que sus clubes, de forma periódica, sufren una bancarrota. Suben a Primera, sufren una bancarrota y empiezan otra vez en categorías regionales. Refundado otra vez en 2018, el Palermo sufre en el grupo 3 de la C1. Anda en la parte baja, lejos del sueño de volver a una Serie B que se ha quedado sin ningún club siciliano después del descenso del Trapani este verano. O sea, Sicilia no tiene ni un equipo en las dos primeras divisiones en este momento. Un Trapani, por cierto, que desapareció después de las dos primeras jornadas de liga en la Serie C1 y se refundará de nuevo. El eterno ciclo siciliano de nacer, fallecer y renacer.

Vista aérea de la ciudad de Catania, en Sicilia. Foto: Stefan_photos bajo licencia Creative Commons 2.0.
Vista aérea de la ciudad de Catania, en Sicilia. Foto: Stefan_photos bajo licencia Creative Commons 2.0.

La historia del Palermo es una historia marcada por el dolor. Con una masa social impresionante y peñas en Estados Unidos o Alemania, el club que viste de rosa (la leyenda dice que gracias a unas camisetas que se lavaron mal), el Palermo es un gigante con pies de barro. En 1990, por ejemplo, su estadio fue sede del Mundial, pero el club, refundado, luchaba por campos humildes en la Serie C1. En 1998 el equipo bajó a la Serie C2 después de una temporada humillante en la que perdió un derbi siciliano ya no contra el Catania, sino contra el Atlético Catania, segundo equipo de la ciudad con la que mantiene una rivalidad eterna. Posteriormente, con 15.000 hinchas en las gradas, perdió la promoción con la Battipagliese. Pero ese mismo verano el Ischia quebró y el equipo siciliano salvó la categoría de milagro. Un verano más tarde, el propietario de la Roma, Franco Sensi, compró el Palermo y en 2001 se ascendió a la Serie B con una última jornada de infarto: el Palermo derrotó al Ascoli y el Messina perdió. Ese año los tres equipos históricos de la isla ocuparon las tres primeras posiciones en su grupo de la Serie C1: Palermo, Messina y Catania. Cinco años más tarde, los tres jugaban en la Serie A. Nacer, fallecer, renacer. Ahora el Messina juega en la Serie D, la cuarta categoría, jugando derbis humillantes contra el Città di Messina.

Para el Palermo, los últimos años han sido duros. La hinchada odiaba a su propietario, Maurizio Zamparini, aunque con este empresario del norte se había subido en 2004 a la Serie A, llegando a una final de Copa y jugando en Europa. Fueron los mejores años en la historia del club con jugadores como Luca Toni o Miccoli. Cuando Italia ganó el Mundial del 2006, cuatro jugadores eran del Palermo: Zaccardo, Barzagli, Barone y cómo no, Fabio Grosso. Aunque la ciudad nunca amó a Zamparini, un tipo que con una extraña costumbre: cesar entrenadores para contratarlos pocos meses después otra vez. Si sumamos su época como propietario del Venezia, en 35 años se cargó a su entrenador en más de 60 ocasiones. Zamparini, que se dejó ver incluso en el banquillo durante algún partido, llegó a fichar 7 entrenadores diferentes una misma temporada.

Estadio Renzo Barbera de Palermo durante un partido. Foto: Giovanni.prinzi bajo licencia Creative Commons 4.0.
Estadio Renzo Barbera de Palermo durante un partido. Foto: Giovanni.prinzi bajo licencia Creative Commons 4.0.

Pese a jugar en Europa seis temporadas y ganar una liga juvenil, Zamparini perdió poco a poco el control de la situación hasta que decidió vender el club. Entabló conversaciones con jeques árabes para que invirtieran dinero sin suerte y finalmente, anunció que lo vendería a un exjugador de baloncesto tatuado famoso por su paso por ‘Gran Hermano’, Paul Baccaglini. Este llegó a ser nombrado presidente, aunque jamás se firmó el contrato de venta y la gestión de Zamparini se alargó hasta el 2018, con otro intento de vender el club, en esta ocasión a unos británicos, también fallido. En junio de 2019, el club no pudo ser inscrito por deudas en la Serie B y desapareció. El 12 de julio el Ayuntamiento creó un concurso público para crear otro Palermo. Se presentaron 6 propuestas y ganó una liderada por el empresario italoamericano Tony Di Piazza y el siciliano Dario Mirri. Lorenzo Barbera, nieto del presidente del club los años 60, Renzo Barbera, diseñó el escudo del club, que jugaba delante más de 20.000 personas buscando el ascenso a la Serie C cuando el coronavirus lo paró todo. Y el club ascendió en los despachos. Algo es algo.

Lunes 9 de noviembre, 21:00h, Palermo-Catania

Y así se encuentra otra vez con el Catania, en el gran derbi siciliano. Otro club que ha aprendido a vivir en un ascensor, arriba y abajo. A jugar sin saber si tiene futuro, como sucede con las ciudades cerca de volcanes activos, como el Etna. En 1993, por ejemplo, la justicia envió al fútbol amateur al Catania por impagos y un empresario aprovechó para traer de la ciudad vecina de Lentini un club, el Atético Leonzio, rebautizado como Atlético Catania. La ciudad pasó a tener dos equipos y se llegó a jugar el derbi en la temporada 2000/01. Luego llegaron los ascensos a la Serie A, las victorias sobre equipos grandes, el paso de hombres como Simeone. Aunque después de descender de la Serie A en 2014, el equipo no levantó cabeza en la Serie B. Colista durante buena parte de la temporada, evitó el descenso sumando 7 victorias en las últimas 8 jornadas. Se salvó por los pelos, aunque la gente, en la ciudad, decía que seguramente la salvación había llegado comprando a los rivales. Y sí, era cierto. Ese verano del 2015, el presidente Pulvirenti y otros directivos fueron detenidos. Y el Catania, con la plantilla confeccionada pensando en ascender a la Serie A, fue descendido en los despachos a la Serie C1. No ha salido de ella estas últimas temporadas.

Palazzo dell'Università en Catania, Sicilia. Foto: Carlo Pelegalli bajo licencia Creative Commons 3.0.
Palazzo dell’Università en Catania, Sicilia. Foto: Carlo Pelegalli bajo licencia Creative Commons 3.0.

La gestión del presidente Pulvirenti dejó al club roto. Pulvirenti, fundador y presidente de la compañía de vuelos lowcost WindJet, compró los partidos contra Varese, Trapani, Latina, Ternana, Livorno y Avellino usando diferentes trucos. En sus conversaciones telefónicas, hablaba de “trenes que llegan o parten”, en código. No funcionó. Los pillaron y la historia acabó en arresto domiciliario. Declaró delante el juez con un rosario en las manos y pactó una sanción de cinco años alejado de los terrenos de juego. Así pues, sin presidente, el Catania pasó a ser gestionado por una directiva fantasma ya que el propietario no podía oficialmente mandar y gestionar las cosas desde las sombras. Para poder navegar en estas aguas, volvió al club Pietro Lo Monaco, un polémico gestor deportivo que se dejaba ver siempre que podía por la Ópera de París. Tío orgulloso de Eleonora Abbagnato, palermitana que brillaba sobre el escenario, se sentía feliz en la ciudad de las luces. Exjugador de equipos de la zona de Nápoles, había iniciado una carrera de entrenador modesta hasta que descubrió que, si quería ser rico, debía dejar la ropa deportiva y usar corbata en los palcos. Se convirtió en director deportivo. Después, en director general de clubes. Y en Sicilia encontró un espacio ideal para poder trabajar. En solamente cinco años, Lo Monaco pasó por los tres clubes grandes de la isla, los tres que han jugado en Serie A: Catania, Palermo y Messina.

Aunque segundas partes no siempre son buenas y Lo Mónaco dejó al club a un paso de otra bancarrota. Al final, el Catania se salvó gracias a un nuevo propietario, cuando se puso punto y final a 16 años de era Pulvirenti, vendiendo el club a un nuevo grupo empresarial local. De momento, el equipo no anda mal en la tabla. Y en Catania se ilusionan con un ascenso que los convertiría en el mejor equipo siciliano la próxima temporada.

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Foto de portada: Palickap bajo licencia Creative Commons 4.0.

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1 comments

Es increible la capacidad de autodestrucción (con su renacimiento) que tienen los equipos italianos.. Gracias a dios en España por ahora “no hay tantos ejemplos” como en Italia.

Gran artículo Sr Padilla! un lujo leerte

Saludos

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