Partido Polish Boyfriend: El sorprendente derbi de extremos de Jerusalén

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En un mundo de extremos no existirían santos sin pecadores. Y en la ciudad más santa, esta sería una historia llena de pecados. Jerusalén, la ciudad más deseada, recupera esta temporada su derbi en un estadio de fútbol. Ciudad santa para tres religiones, Jerusalén tiene una historia tan fascinante que una vez empiezas a leer sobre ella, ya no puedes parar. El fútbol tiene su rincón, claro, y como sucede en el resto de la ciudad, el amor y el odio se juntan. Uno de los aspectos más sorprendentes de Jerusalén sería cómo el amor por este lugar provoca tantas peleas. Judíos contra musulmanes por el control del territorio y la religión. Y cristianos contra cristianos. En la iglesia donde se encuentra enterrado Jesucristo tienen su espacio las diferentes iglesias cristianas: católica, protestante, armenia, ortodoxa, copta… y en vez de cuidar del lugar juntos, se pelean. En ocasiones, la policía de Israel debe entrar en el templo para separar grupos de sacerdotes que se pegan puñetazos. Armenios contra coptos, etíopes contra ortodoxos…

Jerusalén nunca ha encontrado la paz. Y sus derbis de fútbol son otro quebradero a de cabeza para las fuerzas del orden. Se enfrenta un club fundado dentro de un movimiento de extrema derecha, el Beitar, contra un club fundado dentro de un movimiento de extrema izquierda, el Hapoel. Sí, como en Jerusalén todo el mundo tiene sitio, también tenemos a los ateos. Ellos, hinchas de este Hapoel que vuelve a la Primera División esta temporada después de un largo periplo lejos de esta división. Y ojo, en la Copa de la Liga ya han jugado el primer derbi y lo ganaron 1-0 al Beitar.

En este proyecto de MarcadorInt ya contamos mil veces la historia detrás de cada Hapoel y cada Maccabi. El fútbol de Israel, geográficamente asiático y deportivamente europeo, sería, quizás, uno de los más politizados del mundo. Casi todas las ciudades de Israel cuentan con un equipo llamado ‘Hapoel’ y otro llamado ‘Maccabi’. Los de Tel Aviv quizás son los más grandes, pero esta polarización explica bien la sociedad israelí. Los equipos Hapoel fueron fundados antes de la proclamación del estado de Israel con unas raíces políticas muy marcadas. Hapoel en hebreo significa “obrero” y todos los clubes que se llaman así son identificados con la política laborista, con la izquierda. Hapoel fue, en su fundación, una gran asociación deportiva creada por miembros del Histadrut, una unión de sindicatos socialistas, durante los años 20. En su momento eran marxistas. Con el tiempo, la cosa se ha difuminado un poco, aunque los hinchas radicales de los diferentes Hapoel aún muestran hoces y martillos. Durante muchos años, el Partido Laborista fue la gran fuerza política de Israel (Ben Gurion, considerado líder en la proclamación de Israel, era laborista) y sus militantes estaban apuntados también a las secciones locales de las asociaciones deportivas Hapoel.

Con el paso de los años, las secciones de cada ciudad de Hapoel se convirtieron en equipos profesionales de fútbol o baloncesto, pero el color rojo quedó como símbolo. Para seguir ganando, tocaba ser profesional. O sea, tocaba poner dinero, buscar inversores… algo que, de alguna forma, no iba a la par con los ideales fundacionales de los Hapoel. Históricamente, el Hapoel de Jerusalén ha sido pequeño, a diferencia de su equipo de baloncesto, que ya vive como entidad legalmente separada con buenos inversores. Fundado en 1926, el Hapoel vivió su gran momento en 1973, cuando ganó la copa y acabó tercero en Primera. Fueron años en los que el Hapoel podía ganar al Beitar, su eterno rival, aunque esa época duró poco y ahora el Hapoel permanece en Segunda. Incluso llegó a bajar a Tercera justó un año en el que el Beitar ganó la liga. Fue duro.

El Hapoel, club de izquierdas, perdió su personalidad con la profesionalización. En un conocido incidente, los propietarios del club, Victor Yona y Yossi Sassi, cedieron la gestión de los partidos a la empresa de la hija de Sassi. Y esta organizó tan mal la seguridad que una vez no se pudo jugar un partido con hinchas ya que se olvidó de contratar stewards. El partido se disputó con los hinchas en la calle, indignados. La temporada 2006-07 fue especialmente frustrante. Ese año, el periodista Uri Sheradsky publicó en la revista ‘Shem Hamisehak’ un artículo contando a su hijo las razones por las cuales seguía amando al club. Y propuso recaudar dinero para poder comprar el Hapoel y convertir a los hinchas en propietarios. Su idea gustó a muchos hinchas y se reunieron más de 130.000 euros, aunque los propietarios dejaron clara su intención de no vender.

Vista aérea desde la Torre de David de la parte nueva y antigua de la ciudad de Jerusalén. Foto: User:Mattes bajo licencia Creative Commons
Vista desde la Torre de David de la parte nueva y antigua de la ciudad de Jerusalén. Foto: User:Mattes bajo licencia Creative Commons

Así que esos hinchas decidieron crear su propio Hapoel. Convencidos de que su club de toda la vida había fallecido, usaron ese dinero para poder crear el Hapoel Katamon, bautizado así por el viejo estadio del club. Compraron la plaza de un Hapoel de barrio que jugaba en cuarta e inspirados por el caso del United of Manchester, creado por hinchas del Manchester United decepcionados, empezaron su aventura. Ya el primer año, el nuevo Hapoel Katamon tenía más hinchas en las gradas que el viejo Hapoel Jerusalén. La temporada 2013-14, los dos clubes se cruzaron en Segunda. Jugaron 3 partidos, cada uno ganó uno y el restante acabó en tablas. Pese a ganar un derbi contra el Hapoel Jerusalén con un gol en el 90, el Hapoel Katamon descendió a Tercera. ¿Se rindieron? No. En 12 meses ya estaban de vuelta.

En 2019, los propietarios del Hapoel de Jerusalén decretaron la defunción de la entidad. Yossi Sassi, el máximo accionista, apostaba más por el baloncesto, el segundo mejor equipo del país. Intento vender el club de fútbol y no encontró compradores. Con deudas y sin apoyos, el Hapoel desapareció. Y como el Hapoel Katamon podía mover más gente y tenía una economía más estable, con un modelo donde los socios son los propietarios, decidieron comprar el escudo del viejo club y cerrar el círculo. En 2020 el Hapoel Katamon se pasó a llamar Hapoel de Jerusalén. El club ha vuelto a las manos de su hinchada, reuniendo otra vez a todos los aficionados que se separaron durante años en esa pequeña guerra civil de la izquierda de la ciudad. En 2021, el Hapoel consiguió además ascender a Primera. Se trata del primer club de accionariado popular en llegar a Primera en Israel. En unos años duros por el aumento de la violencia en la zona, ha ascendido un equipo que acepta jugadores árabes, recolecta dinero contra el racismo, se opone a la construcción de asentamientos en Cisjordania y usa la bandera del arco iris como banderines de córner, como reacción al ataque contra la marcha del Orgullo de Gay en la ciudad, cuando una joven adolescentes fue apuñada de muerte por un fanático religioso. Los rivales se mofan de ellos diciendo que son un club más popular en las redes sociales y entre periodistas que de verdad, aunque en las gradas reúnen más de 10.000 personas. Y muchos jóvenes se oponen a la deriva nacionalista del estado de Israel.

Así llega el derbi de la segunda jornada. Si en todo el país los derbis son entre el Hapoel y el Maccabi, en esta ciudad el derbi es con el Beitar de Jerusalén, históricamente el club más grande de Jerusalén. La fama dice que los Maccabi son clubes con hinchas conservadores, mientras que el Beitar, directamente, se fundó en grupos de extrema derecha. Aunque como se convirtió en el mejor equipo de la ciudad, también tiene hinchas que acuden a sus gradas para ver al gran club de Jerusalén, sin compartir las ideas políticas de los fundadores o sus hinchas más radicales. Igualmente, se suelen producir peleas y agresiones entre hinchas del Beitar y el Hapoel.

El Muro de las Lamentaciones, en la ciudad de Jerusalén, en Israel. Foto: MathKnight and Zachi Evenor bajo licencia Creative Commons 4.0
El Muro de las Lamentaciones, en la ciudad de Jerusalén, en Israel. Foto: MathKnight and Zachi Evenor bajo licencia Creative Commons 4.0

El nombre del Beitar deriva de una organización política fundada por Zeev Jabotinsky, ideólogo de la derecha israelí. Los miembros de la organización Beitar, en los años 30, eran detenidos por las autoridades británicas por actos terroristas. En los años 30, recordemos, la zona de Palestina e Israel era controlada por los británicos. Ni unos ni otros los querían allí. Los judíos querían crear su estado y los palestinos, los suyos. Así que los británicos eran atacados por unos y otros. Profundamente religiosos, los militantes de Beitar creían en organizaciones políticas con formación militar e incluso se inspiraron en el fascismo italiano antes de que Mussolini adoptara un discurso de odio contra los judíos. En sus primeros años, algunos judíos italianos fueron destacados fascistas. Y Jabotinsky miró con buenos ojos un nacionalismo de derechas poco democrático como ese.

Los hinchas más radicales del Beitar de Jerusalén suelen ser nacionalistas racistas que protagonizan ataques verbales o físicos contra árabes. Cuando ficharon hace pocos años dos jugadores rusos que resultaron ser chechenos musulmanes, estos fueron amenazados de muerte por sus propios hinchas, que consideran su Beitar un símbolo del Israel que sueñan: un Israel puro. Una pancarta que suelen mostrar dice: “El Beitar siempre será puro”. O sea, sin árabes. Así, cuando Sadayev, uno de los chechenos, debutó con un gol, los miembros del grupo radical del Beitar, llamado ‘La familia’, no lo celebraron y se largaron. Además, amenazaron de muerte al propietario del club, Eli Tabib, el hombre que compró el club en 2013 a Arkady Gaydamak, empresario de origen ruso y padre del tipo que compró al Portsmouth. Tres miembros fueron detenidos por incendiar las oficinas de su propio club como protesta, pues Eli Tabib había sido propietario del Hapoel de Tel Aviv y no querían alguien que dejaba claro que invertía en clubes por negocio, no por amor. Algunos de esos detenidos tenían antecedentes por agresiones a ciudadanos árabes, normalmente después de partidos en casa. Los años de Tabib como presidente el Beitar se partieron en dos. Por un lado, estaban los hinchas que aceptaron que quizás era el momento de fichar jugadores sin preguntar a qué Dios rezan. En el opuesto, los radicales. Y en un giro de guion sorprendente, Tabib intentó mejorar su imagen cuando anunció que el club se llamaría oficialmente “Beitar Trump Jerusalén”, en honor a Donald Trump. El anuncio llegó en la semana que el Gobierno de Donald Trump trasladó la Embajada de Estados Unidos de Tel Aviv a Jerusalén. Como tanto Palestina como Israel sienten Jerusalén como su capital y la reclaman, la comunidad internacional apostó por una fórmula en la que actuaran como capitales Ramala y Tel Aviv, manteniendo la neutralidad de la ciudad santa. Aunque Israel, al controlar el territorio, la ha proclamado como capital. Casi nadie lo había reconocido, hasta que llegó Trump y trasladó la embajada. El Beitar, por tanto, usó su nombre para dejar claro que apoya esta decisión, intentando ganar el corazón de su hinchada más radical. A Tabib no le funcionó el invento. El Beitar recuperó su nombre pronto y Tabib vendió las acciones, cansado de las amenazas.

El comprador fue Moshe Hogeg, un emprendedor de 40 años que pasa tanto tiempo en Estados Unidos como en Israel. Defiende que la criptomoneda tiene futuro, le encantan los formatos digitales, la música electrónica y, hasta hace poco, en su perfil de Twitter se definía como “Barça fan” con sede en “Tel Aviv New York”. Tanto le gusta el Barça que este verano casi consigue organizar un amistoso Beitar-Barça, partido que finalmente no se jugó. Hogeg llegó hace dos años al club y dejó claro que el Beitar debía superar su discurso de odio. Anunció que ficharía jugadores sin pensar en su raza o credo. Sin apoyo de los radicales, aunque sí de buena parte de la hinchada, Hogeg anunció que buscaría inversores para que el club pudiera aspirar a ganar títulos. Y en otro giro de guion sorprendente, estos inversores resultaron ser árabes. O sea, el club con radicales que no querían ver ni un árabe en su estadio, de repente veían como su presidente quería vender acciones a empresario árabes. Y en parte, todo estos gracias a Donald Trump.

Cúpula bizantina de de la Iglesia del Santo Sepulcro. Foto: Tsiky bajo licencia Creative Commons 4.0
Cúpula bizantina de de la Iglesia del Santo Sepulcro. Foto: Tsiky bajo licencia Creative Commons 4.0

Un año antes de finalizar su mandato, Donald Trump presidió el acto de firma de los acuerdos entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos y Bahrein para restablecer relaciones diplomáticas, con la presencia del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. Si durante décadas los estados árabes no reconocían la existencia de Israel, poco a poco, con el apoyo de Washington, han firmando tratados donde los grandes derrotados son los palestinos. Israel obtiene reconocimiento y los estados árabes, vías de negocio. Hogeg se reunió con Hamad bin Khalifa Al Nahyan, miembro de la casa real de Dubai, para que este comprara el 49% del club a cambio de 28 millones de euros. Los hinchas radicales la lanzaron bombas de humo y un molotov en la ciudad deportiva, aunque la mayor parte de la hinchada del Beitar se mostró favorable al acuerdo. Aunque al final, no se firmó. Hogeg sospechó que ese miembro de la familia real de Dubai no tenia tanto dinero y no cerró el trato. El resultado ha sido que el Beitar no tiene el apoyo que quería y no ha armado un buen equipo esta temporada. Hogeg nota que los hinchas que antes le daban su apoyo ahora lo miran mal, pues no quieren sufrir en la parte baja de la tabla. Y justo ahora llega uno de los derbis más sorprendentes del planeta. En la ciudad más religiosa, hinchas ateos con símbolos comunistas que han creado un club de accionariado popular. Y un club con hinchas radicales judíos que no quieren que su presidente cierre un contrato con accionistas árabes.

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Foto de portada: Golasso bajo licencia Creative Commons 4.0.

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Una vez más, un placer leer una extraordinaria historia del fútbol israelí que siempre está lleno de sorprendentes notas donde el fútbol, la politica y la historia están presentes.
Yo acabo de publicar un libro donde hablo sobre uno de los mejores futbolistas de la historia del fútbol hebreo, Mordechai Spiegler, y donde trato el apasionante tiempo en el que vivió este futbolista junto a sus logros deportivos. Sorprendentes algunas cosas que encontré durante la investigación.

Por si a alguien le interesa el libro se titula “Las costuras rotas del balón”, y trata sobre once futbolistas que son autenticos mitos en sus paises pero desconocidos para el gran público en general, y donde se aunan gestas deportivas, historia, geopolitica y momentos y hechos historicos en los que fueron protagonistas.

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