Partido Polish Boyfriend: Un satélite en un derbi

Gomel

Para muchas personas, el Sputnik fue un satélite soviético. El Sputnik fue el primer intento exitoso de poner en órbita un satélite artificial alrededor de la Tierra. Estos últimos meses, también ha sido el nombre de la vacuna rusa contra el covid-19. Y en Bielorussia, donde siempre van a la suya, es el nombre de un equipo que debuta en la Primera División esta temporada.

Y esta semana, juega una especie de derbi. La última temporada, la región de Gomel no tenía equipos en Primera. Y ahora tiene un derbi regional, con el Sputnik intentando molestar al club de la gran ciudad. El Sputnik no es de Gomel, no. Es de Rechitsa, una urbe considerada como una de las ciudades más antiguas de Bielorussia. Y por tanto, ha sufrido mucho viendo cómo han pasado por aquí decenas de ejércitos. La ciudad ha sido saqueada por suecos, rusos, tártaros, alemanes, franceses, polacos… y ha sido habitada por comunidades que, en determinados momentos, fueron expulsadas, como lituanos o polacos. O asesinadas, como la activa comunidad judía. En el este de Europa, cuando escarbas un poco, encuentras historias llenas de dolor con lenguas desaparecidas.

Imagen del Banco Central de Gomel, en Bielorrusia. Foto: Andrei Suslov bajo licencia Creative Commons 3.0
Imagen del Banco Central de Gomel, en Bielorrusia. Foto: Andrei Suslov bajo licencia Creative Commons 3.0

La urbe también ha visto cómo su club de fútbol sufría, falleciendo y renaciendo una y otra vez. El equipo de Rechitsa ha sido refundado en ocho ocasiones. Y ha sufrido más de 11 cambios de nombre, pues en tiempos soviéticos se modificó su onomástica muchas veces. Fundado en 1952 con el nombre de Krasnoye Zhamya (Bandera roja), después fue llamado Dneprovets, Dnepr, Neftyanik, Sputnik, Vedrich… cada pocos años, diversos nombres. El club, siempre en ligas regionales en tiempos soviéticos, fue elegido para formar parte de la primera Segunda División bielorrusa independiente, en 1991, consiguiendo el ascenso y un subcampeonato de copa. Después de algunos descensos y bancarrotas, en 2017 nació el Sputnik de Rechitsa comprando la plaza de un equipo modesto de la ciudad de Gomel, el FC DYuSSh-DSK Gomel. O sea, cuando juega contra el Gomel, lo hace con el club de la ciudad donde tiene en parte sus raíces. Fundado en 2017, en 2021 ya ha ascendido a Primera. Un ascenso meteórico, como ese del Sputnik. Un nombre acertado, por tanto, en una tierra, Bielorussia, que tiene una relación de amor y odio con su pasado soviético.

Domingo 21 de marzo, 15:00h, Gomel-Sputnik

El derbi contra el Gomel se jugó la pasada temporada en Segunda. Y ahora, por primera vez, en Primera. Gomel es una ciudad que también ha sufrido de lo lindo, como Rechitsa. Gomel ha sido controlada por lituanos, polacos, austríacos, alemanes, ucranianos o rusos con el paso de los siglos. Gomel era una ciudad bien situada, en un cruce de caminos que venían de diferentes países y facilitaban el comercio. Aunque poco queda de la vieja Gomel. Cada guerra la destruía. En la Segunda Guerra Mundial, el 90% de los edificios fueron destrozados. Ahora la arquitectura es la funcional del estilo soviético de los años 50. Más del 50% de los habitantes fallecieron. La comunidad judía fue exterminada. Los ucranianos o polacos que quedaban, muertos o exiliados. Gomel renació con más gente llegando en tren de otras zonas de Bielorrusia o Rusia para levantar una nueva ciudad. Y el Lokomotiv de Gomel, el club local, llegó a soñar con ascender a Primera División en una época en que competía con el Dinamo de Minsk para ser el mejor club bielorruso. La buena época acabó en los años 70 cuando el club abandonó el paraguas de la red de ferrocarriles y pasó a ser el Gomselmash, gestionado por una empresa de construcción estatal. El equipo poco a poco perdió peso. Si como Lokomotiv era un club de la Segunda División, como Gomselmasch acabó en Tercera y, finalmente, en Cuarta, en 1990. Aunque no fue casual. La ciudad sufrió una crisis económica muy fuerte porque millares de personas emigraron a partir de 1986 escapando de la radiación de Chernobyl. Los jugadores no querían jugar en este club, los equipos rivales se negaron a jugar en Gomel y el estadio se vació. Los últimos años del Gomselmash estuvieron marcados por la radiación. No fue un hundimiento casual.

Estación de trenes de Gomel, en Bielorrusia. Foto: Misha787 bajo licencia Creative Commons 4.0
Estación de trenes de Gomel, en Bielorrusia. Foto: Misha787 bajo licencia Creative Commons 4.0

Pero la caída de la URSS permitió al club pasar de la Cuarta División soviética a la Primera División bielorrusa en pocas semanas. En 1992, el club se modernizó con el nombre de FC Gomel y debutó en la nueva liga bielorrusa. Fueron años muy duros. A mediados de los 90, Gomel era la ciudad más pobre de Bielorrusia. Sin salida, sin luz. Y el FC Gomel llegó a descender a Segunda, aunque renació. En 1998 volvió a Primera con una nueva directiva. Con el gobierno regional detrás, el FC Gomel empezó a mejorar gracias a unas autoridades que poco a poco invertían más dinero en la región. El presidente bielorruso Lukachenko ordenó invertir dinero en Gomel para sacar a la región del infierno de Chernobyl y el deporte local creció rápidamente. La vida volvió. Las familias regresaron. Y llegaron inversiones que permitieron al FC Gomel tocar el cielo cuando ganó la liga en 2003. Además, alzaría dos copas y jugaría incluso contra el Liverpool en la Europa League, cuando perdió por 3-0 en Anfield. Y solo por 0-1 en su remodelado estadio. Todo parecía ir bien, por fin.

Pero en estos últimos años, el gobierno regional ha dejado de invertir tanto, en parte por un cambio de dirigentes después de un caso de corrupción. En 2015, el Gomel bajó a Segunda, aunque rápidamente volvió a ascender. Pero en 2019 llegó otro descenso, con las arcas cada vez más vacías, aunque pudo volver a Primera con jugadores de la casa. El Gomel siempre vuelve. Como la ciudad, que siempre se levanta. En esta zona son gente dura. Su gran victoria es esta, aguantar, resistir, a dictadores, guerras y accidentes. Soñando con tocar el cielo algún día, como el Sputnik.

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Foto de portada: Andrei Suslov bajo licencia Creative Commons 3.0.

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