Pasar de casi todo

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La vida de Bale se resume en tres actos: es baja con el Madrid, marca goles en Gales y critica a la prensa. Hasta el golf parece estar detrás de esos hobbies. Triturador de músculos, propios o ajenos, es también un devorador de metáforas. Se acaban: repetidor sentado en la última silla, doctor Jekyll o míster Hyde, prejubilado que tacha los días que quedan para los 65, Bartleby y su “preferiría no hacerlo”. Si acaso queda una última figura literaria en esa evolución de adolescente desganado a casi pensionista que se frota las manos. Bale está atrapado en los últimos días de oficina, todo lo atrapado que se puede estar cobrando una millonada.

El sudapollismo es un movimiento fascinante, liderado por personajes magnéticos, sobre todo si no eres tú el encargado de pagarles. Cada cierto tiempo aparece un titular de la noticia que nos obliga a clicar: “Funcionario de Valencia llevaba 10 años sin presentarse en su puesto de trabajo”. De Bale se podía decir lo mismo. Ya no se sabe si tiene morro o es el nuevo símbolo del anticapitalismo. Lo bueno para él es que lo vieron en los momentos indicados: la cena de empresa, el acuerdo con un nuevo cliente, la mañana del simulacro de incendio. Fue puntual cuando le sacó la cadena de la bici a Bartra, llegó a la foto finish para ser el protagonista de La Décima y acaparó los focos con la chilena contra el Liverpool.

Precisamente contra el Liverpool disputará su último partido, sin saber en realidad si lo disputará ni si será su último partido. Enigmático hasta en las despedidas, en el camino entre estas dos finales se entiende el pasotismo de Bale. De brillar la noche en la que se fue Cristiano Ronaldo a no tomarle nunca el relevo.

Hasta a los más desganados siempre hay algo que les motiva. Una serie. Unas vacaciones. Una riñonera nueva. Bale ya hace tiempo que demostró que entre sus prioridades, ordenadas metódicamente, no estaba el Real Madrid. Convocado con Gales, sin saber si se despedirá y con la duda de si ya ha dicho su última palabra con el Madrid. Es el sudapollismo, no traten de entenderlo.

Imagen de portada: licencia Creative Commons

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